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Conferencia: " La OTAN tras la cumbre de Praga"

Madrid 30 de Enero de 2003

Texto Integro

Transcripción de la Conferencia pronunciada por el General Félix Sanz Roldán en el Salón de Actos del INCIPE el día 30 de enero de 2003. Texto reproducido con autorización del conferenciante. Edición a cargo de Vicente Garrido Rebolledo, Director del INCIPE.

El objeto de esta conferencia es aproximarnos a los resultados de la Cumbre de Praga, algo que vamos a hacer desde el pragmatismo de un militar que lleva ya más de cuarenta años de servicio.

Las decisiones que los Jefes de Estado y de Gobierno adoptaron en Praga en noviembre pasado, son y lo serán durante mucho tiempo, importantes para la Organización. Praga, en este caso, no es una referencia geográfica. Es exclusivamente una referencia temporal: lo que pasó el 21 de noviembre, precisamente en esa capital.

Vamos a tratar, al comentar Praga, de deducir la realidad que encierra la OTAN hoy; una OTAN infinitamente más complicada que la que conocimos hace unos años, y todo ello, en un momento singularmente especial, porque la crisis de Iraq esta poniendo de manifiesto diferentes percepciones de los Aliados respecto a un problema. Algunos ya están exclamando, incluso, que esta crisis representa el fin de algo que tantas veces hemos mencionado a lo largo de nuestras carreras: el "vínculo transatlántico". Esperemos que al final de la conferencia podamos tener la idea de que la crisis no es el fin del vínculo transatlántico, aunque desde luego, algo le puede afectar.

Antes me gustaría referirme a unos breves antecedentes para saber dónde nos encontrábamos en los momentos anteriores a Praga y, desde luego, en estos antecedentes, lo que si voy a hacer es olvidar aquéllos cincuenta años de la historia de la Alianza en la que nos enfrentábamos, dentro del marco de la Guerra Fría, a dos maneras de concebir la vida y nos poníamos ante procedimientos, medios y políticas muy diferentes a las de hoy.

Las transformaciones más importantes de la Alianza se han producido muy recientemente. Muchos tratadistas piensan que la Alianza ha tenido dos transformaciones importantes en los últimos años, y algunos hablan de una primera y una segunda transformación. La primera transformación realmente importante fue en Washington en 1999. Coincidiendo con la celebración de su cincuenta aniversario, y simultáneamente con la ampliación de la Alianza a tres nuevos socios, cambiamos su carácter y pasamos de tener una Alianza exclusivamente defensiva, a tener una organización de seguridad colectiva. Es una gran cambio conceptual que viene inmediatamente seguido de otro gran cambio, como es el de mantener la paz y la estabilidad en el área del Atlántico; área voluntariamente indefinida, pero que nos habla ya de algo muy superior al territorio tradicional de la Alianza. En Washington aparecen nuevas misiones; aparece la defensa colectiva, no ya en el marco de la Alianza, sino mucho mas atrás; aparecen nuevos riesgos y misiones, no ya artículo 5, de gestión de crisis. Además, se le da un espaldarazo notable a la Identidad Europea de Seguridad y Defensa. El documento más importante de Washington, pienso yo, fue el "Nuevo Concepto Estratégico" —algunos de los presentes contribuyeron activamente en su definición y, por lo tanto, debemos darles esta pequeña muestra de reconocimiento de un buen trabajo—, porque realmente el Concepto Estratégico de la Alianza del 99, que se hizo con el concurso de muchas ideas nacidas desde España, genera la primera transformación de la Alianza.

La segunda transformación, sin duda, es Praga, que es de lo que vamos a hablar. Praga estaba trazada como la Cumbre de la esperanza para muchos de los países europeos que querían venir a estar bajo la Alianza, pero, realmente, por los sucesos del 11 de Septiembre cambia radicalmente su concepción y define unas líneas nuevas que, de nuevo, traza estrategias diferentes para la Organización. Quiere detener la amenaza que constituye el terrorismo y que está muy recientemente visualizado a través de los episodios de Nueva York y Washington y, de nuevo, pasa de ser una organización puramente defensiva o de seguridad colectiva (creo que esto es un punto importante de la transformación de la OTAN en Praga), a una organización ofensiva, contra el terror "allá donde sea preciso y en el momento que sea preciso". Pocas frases de los documentos generados en Praga, antes, durante y después de la Cumbre, han tenido una contestación mayor o han gozado de un favor mayor de otros como la que señala que "la Alianza luchará contra el terrorismo donde sea necesario y cuando sea necesario". Y también Praga, en esta nueva transformación como "Alianza ofensiva contra el terror", decide que es necesario dotarse de nuevas capacidades.

Praga y Washington han constituido también dos ampliaciones. La primera, a tres nuevos miembros que entraron en Washington y que demostró que la OTAN no es un club cerrado. La política de puertas abiertas que se definió antes de Washington sigue siendo válida hoy, y por eso en Praga, de nuevo, siete países tienen acceso a la nueva Alianza. La OTAN tiene aquí también un sentido muy específico, porque dice que pretende garantizar la seguridad de todos y contando con todos. Esta es una frase extraída del propio documento de la Cumbre, y pone bien patente la idea que ilumina a la Alianza en este momento, dejando clara la idea de que la ampliación era posible, lo fue y que quizá siga siendo posible en el futuro.

La OTAN antes del 11 de Septiembre había encontrado una nueva razón de ser: se dedicaba a la expansión de estabilidad, a consultas políticas, a operaciones de gestión de crisis en el área Euroatlántica. Hasta ese momento, la Alianza seguía una evolución que un amigo mío inglés comparaba a la "carrera del zorro". Parece ser que los zorros, cuando van corriendo corren mucho, pero miran con mucha frecuencia hacia atrás. Pues bien, la OTAN seguía la "carrera del zorro", progresaba, pero miraba mucho hacia atrás, llega a Praga y deja de mirar hacia atrás, comenzando a correr hacia adelante en sus nuevas misiones, en una nueva concepción de su estrategia.

Los antecedentes más próximos que tenemos de Praga, sin duda, son lo que ocurre en Septiembre del 2001, aparece un nuevo enemigo, que es el terror, que golpea precisamente al aliado más poderoso de la Alianza, y que emplea nuevas tácticas, ante las cuales, la Alianza no está preparada. El 11-S genera a la Alianza, primero, un sentido de responsabilidad, porque todos en aquel momento, tanto los Estados Unidos como los propios aliados, nos sentimos en la necesidad de hacer algo. Un aliado había sido atacado, es cierto que a través de unos procedimientos y con unos medios que no nos imaginábamos durante los cincuenta años anteriores, pero todos los aliados en aquel momento sentimos que debíamos hacer algo, como aliados. Y en realidad, lo que hicimos, fue invocar al artículo 5 del Tratado de Washington por primera vez en la historia. La Alianza se puso a disposición por primera vez del aliado agredido y la verdad fue que, gracias a la capacidad del aliado agredido, lo que le pidió a la Alianza fue realmente poco.

Pero también apareció una nueva opinión en la Alianza y una nueva sensibilidad, porque éramos conscientes de que la invocación al artículo 5 y el empleo de nuestra fuerza de Awacs para proteger el cielo de Nueva York no era realmente la idea que teníamos de la Alianza, en ese momento sucede algo que nos genera otra crisis, en nuestras propias capacidades. Y luego comienza también la creación de un estado de opinión dentro de la Alianza, cuando se dice que "el instrumento que tenemos ahora a mano no nos sirve para muchos de los riesgos a los que estamos haciendo frente". Es decir, lo que nos ocurre después del 11 de Septiembre en la Alianza es que los aliados dejamos de tener confianza en el instrumento militar del que disponemos y que genera el Tratado del Atlántico Norte. No dejamos de tener confianza en el foro de consultas políticas, ni en la posibilidad de que a través de los sistemas aliados se genere alguna otra cosa que nos sea útil ante la nueva amenaza que se nos presenta.

Es cierto que después del 11-S Estados Unidos ejerce una presión importante sobre la Alianza, al igual que también lo es el hecho que en algún momento, en el seno de la propia OTAN , se genera una opinión que debemos evitar convertirnos, como Alianza, en un aliado más de los Estados Unidos. En aquel momento, lo que queremos es seguir siendo un conjunto de aliados. Es cierto que admitimos -lo habíamos admitido hace mucho tiempo- que los Estados Unidos son una figura líder en la Alianza, pero sin que ello significase que la Alianza era un aliado de los Estados Unidos. La realidad es que en aquel momento, incluso en este momento, que es un momento crítico para la Alianza, ese hecho sigue siendo el paradigma de la seguridad. Y el 11 de Septiembre también todos los países antiguos miembros del Pacto de Varsovia quieren seguir siendo aliados. En mi pueblo, que es muy pequeño, dicen: "algo tendrá el agua cuando la bendicen"; pues bien, algo tendría la OTAN que incluso en esas circunstancias difíciles del 11-S los que querían ser miembros de la Alianza, lo querían ser a pesar de que había muchas cosas que se habían puesto en entredicho.

Es cierto que lo más importante en aquel momento, a mi juicio, es que la Alianza reconoce que ha llegado el momento de la transformación en el plano operativo. La OTAN nos sirve, después del 11 de Septiembre, y su sistema de toma de decisiones, su Consejo Atlántico, su artículo 5, y el resto del Tratado de Washington y el concepto estratégico del 99, y tantos otros instrumentos como nos habíamos dotado a lo largo del tiempo nos sirven después del 11-s, en mejor o peor manera. Lo que reconocemos como grave carencia en la Alianza después del 11 de Septiembre es su incapacidad de actuar con la misma eficacia que se le supone en los años anteriores contra estos nuevos riesgos y amenazas. En consecuencia, había que acometer, especialmente después del 11-S, la transformación de la OTAN hacia una Alianza eficaz para hacer frente a estos nuevos riesgos y a estas nuevas amenazas que ya se había asumido de forma ligera o superficial en el Concepto Estratégico del 99, pero que se hacen muy patentes y muy claras el 11 de Septiembre de 2001. Por lo tanto, es importante destacar, en mi opinión, que la agenda de Praga esta tremendamente influenciada por el 11-S. La OTAN se reconoce en Praga con suficiente capacidad como foro de consultas políticas y de toma de decisiones. No reconoce en cambio que tenga la misma capacidad para hacer frente a los nuevos riesgos y a las nuevas amenazas en el plan operativo.

En consecuencia, para muchos (para los países bálticos, Rumania, Bulgaria. .. ), la Cumbre de Praga, era y sigue siendo la Cumbre de la esperanza. Pero para la mayor parte de los europeos, la Cumbre de Praga ya no es la Cumbre de la ampliación, es la Cumbre que dará forma a nuevas capacidades de la Alianza para hacer frente a los nuevos riesgos. Y así se va a Praga, con esta agenda: un cambio en lo operativo de la Alianza. En el fondo, alguien dijo: "la Cumbre de la Alianza es la Cumbre de la lucha contra el terrorismo". Yo creo que es mejor decir que "la Cumbre de la OTAN en Praga es la Cumbre de las capacidades en el plano operativo de la Alianza para hacer frente a estos nuevos riesgos".

En consecuencia, la Agenda que va por este camino, y si es válido este razonamiento que hasta ahora he realizado, tiene dos desarrollos fundamentales. En primer lugar, un desarrollo conceptual, es decir, el concepto de la lucha contra el terrorismo. Es el único documento sólido, serio -no es que los demás no lo sean- y que costó mucho pulir, que se aprueba en Praga. Naturalmente en una Cumbre estaría como siempre el comunicado final, los comunicados de prensa y todos los documentos que genera una Cumbre, pero para mí, lo más importante que genera la Cumbre de Praga es el MC/472 -MC son las siglas de cualquier documento que genera el Comité Militar- que, además, se llama el "concepto militar de la lucha contra el terrorismo".

Sé que en España les ha dado mucho que pensar el título: "concepto militar de la lucha contra el terrorismo", como el hecho de que haya sido el Comité Militar el que haya generado este documento. Todos sabemos la percepción que en España se tiene de la lucha contra el terrorismo y quién la tiene encomendada. El hecho que se encomendara a las autoridades militares, en general, este documento dio la impresión que iban a ser las fuerzas militares quienes, a partir de ese momento, tendrían el protagonismo en la lucha contra el terrorismo. La realidad no es así, está en línea con el razonamiento anterior. La OTAN esta pensando en la constitución (o reconstitución ) de sus capacidades militares para hacer frente a una nueva amenaza, que es el terrorismo, y en consecuencia, encargan a los expertos en el seno de la Alianza que den forma a esas nuevas capacidades militares para hacer frente al nuevo riesgo. También es cierto que, aunque el documento es del Comité Militar, el impulso que recibió de las capitales siempre fue un impulso político hasta tal extremo que, en un momento determinado de su redacción, los Jefes de Estado Mayor de la Defensa se paran y dicen: "necesitamos directrices políticas para continuar". Y son los Ministerios de Defensa, las Cancillerías, los Ministerios de Exteriores y los órganos de decisión política más altos de cada Nación los que envían a las autoridades militares sus directrices políticas para que continúen con el estudio, que finalmente se aprueba en Praga. El desarrollo conceptual, es por tanto, uno de los elementos fundamentales de Praga.

El segundo de los elementos no podía ser otro que las herramientas para implantar y hacer activo el desarrollo conceptual citado. Y las herramientas, aunque hay más de una cosa que podríamos omitir, realmente cuentan con tres elementos fundamentales. En Praga se aprueba la "Nueva Iniciativa de Capacidades de la Defensa", el concepto "Fuerza de Respuesta de la OTAN " y, finalmente, el establecimiento de una "Nueva Estructura de Cuarteles Generales de la Alianza", de acuerdo con unos parámetros que se fijan. Para mí, los dos grandes elementos de la Agenda de Praga son: el desarrollo conceptual (el MC/472) y las nuevas capacidades.

Por lo que respecta al desarrollo conceptual, debo decir que, en puridad, no acepta nuevas misiones. El Concepto Estratégico del 99, aunque escondido en su famoso artículo 24 y en alguno más, ya hablaba del terrorismo. Incluso, si queremos hablar de armas de destrucción masiva, podemos ir hasta la Cumbre de Bruselas del 94. En el año 1994, por primera vez, en una Cumbre de la Alianza se habla de las armas NBQ. Pero lo cierto es que hasta Praga, nunca habían aparecido de forma tan explícita el terrorismo y las armas de destrucción masiva en un documento conceptual. Sin embargo, es necesario decir que en Praga no hay nada nuevo, porque cambia efectivamente el nivel de interés que le dedican los documentos aliados a esos asuntos que, no obstante, ya figuraban en el Concepto Estratégico del 99. Se redefine el terrorismo (había definiciones del terrorismo en la Alianza Atlántica, desde las propias AP, hasta en montones de documentos) y, creo que esto es algo en lo que se ha querido progresar, al amparo del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

Es importante destacar, leyendo el MC/472, el número de veces que se hace mención a la Comunidad Internacional, a la Carta de las Naciones Unidas, a las resoluciones del Consejo de Seguridad, al respeto de los derechos humanos… Se articula doctrina respecto a la lucha contra el terrorismo. El MC/472 señala dos cosas muy importantes: la primera, que no existirán "santuarios para los terroristas. ..; allá donde haya o exista la amenaza del terrorismo o de las armas de destrucción masiva podrá actuar la Alianza". Con ello, en el fondo, estamos desbordando el área Euroatlántica indefinida y que, en cambio, en el Concepto Estratégico del 99 sí teníamos una idea más o menos precisa de lo que podía ser. El MC/472 añade un segundo elemento doctrinal, también hoy en cuestión, y que viene a decir: "es preferible prevenir que curar". Cuando sepamos de la existencia de terroristas en un determinado lugar, y cuando se sepa que sea inminente el empleo de medios que nos puedan aterrorizar, está asegurada la posibilidad de contrarrestarlos.

Los que no leen completo el MC/472 son aquellos que después, al amparo de estos dos principios, dicen que la Alianza, en el concepto militar de la lucha contra el terrorismo, da "barra libre" a las fuerzas militares para que hagan lo que quieran y donde quieran. Ello no es verdad, porque los dos principios mencionados los asume el MC/472 en el marco del respeto a la Carta de las Naciones Unidas. El primer principio, el que se refiere a la extensión de los límites geográficos o bien, el segundo, la posibilidad de realizar acciones preventivas, son siempre contemplados por el MC/472 con el criterio de excepcionalidad, bajo el respeto absoluto a la legalidad internacional y, lo que es más importante, tras una decisión de todos los aliados reunidos en el Consejo del Atlántico Norte. Estas son las reservas establecidas en el MC/472 y son, además, en las que hay que fijarse si se quiere entender completamente el documento conceptual.

El Ministro Español de Defensa dijo en Praga, y quiero citar textualmente: "no se trata de militarizar el tratamiento del terrorismo, sino de que todos los aliados tengamos un concepto unitario y dispongamos de los mecanismos necesarios para luchar contra la principal amenaza que hoy existe contra los valores democráticos". Esta es, sin duda, la pequeña exégesis que puedo hacer del documento conceptual de Praga.

Pero dijimos que Praga había desarrollado el concepto y también había intentado desarrollar los mecanismos para hacer frente a esta lucha que emprendíamos. Decíamos, que, en la cuestión de capacidades, intentó crear una fuerza, equiparla y establecer los medios y procedimientos para conducirla en operaciones con estos tres medios: fuerza, equipo y puestos de mando. Por lo tanto, "vestimos el concepto" y, además, mostramos nuestra determinación de hacerlo de forma válida.

La fuerza de respuesta rápida fue una novedad tan solo unos días antes de la propia Cumbre de Praga. En una reunión ministerial informal de la Alianza en Varsovia el Ministro de Defensa de los Estados Unidos hizo la propuesta. Los Ministros de Defensa -puesto que era una reunión informal- no tomaron decisiones al respecto. Se "trajeron el concepto a casa", lo comprobaron básicamente con los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas de cada Nación y todos tuvimos la oportunidad de decir lo que nos gustaba y lo que no nos gustaba de él. Finalmente, en Praga se da forma a un documento sobre la fuerza de respuesta de la OTAN , que estará constituida por una fuerza reducida. Se habla del tipo de una brigada (como mucho dos), con los necesarios apoyos y medios aéreos y navales, pero señala una serie de características que tiene que tener y que es difícil encontrar hoy en las fuerzas de la Alianza (salvo en la de los Estados Unidos. En resumen, dicha fuerza tiene que ser de alta disponibilidad, tecnológicamente avanzada, desplegable en poco tiempo, interoperable y lista para actuar allí donde el Consejo Atlántico decida.

Pero lo verdaderamente importante de la fuerza de respuesta rápida de la OTAN es que va a evitar los costosísimos procedimientos de generación de fuerzas cada vez que haya que ir a una operación. Es uno de los problemas más graves que tiene la Alianza en la actualidad y es el problema que tuvo también en los días posteriores al 11 de Septiembre, cuando la OTAN pretendió hacer una operación en Afganistán. Los procesos de generación de fuerzas se eternizan y, en consecuencia, a veces, la participación de la Alianza en operaciones reales, desde que se toma la decisión en el Consejo Atlántico hasta que la fuerza está en condiciones de desplegarse, pasan cinco o seis meses. Ello es debido a que todas las Naciones quieren aportar a esa fuerza lo que les proporciona mayor visibilidad y lo que les cuesta menos de aportar. Pero entonces, todos aportamos lo mismo y cuando vamos a generar una fuerza, nos encontramos que nadie proporciona aviones de alta capacidad, o de reabastecimiento en vuelo, o municiones guiadas de precisión, o satélites, o el transporte aéreo estratégico... Y todos vamos con nuestros batallones de infantería (que es lo que tenemos muy a mano), y nos parece que es una aportación razonable. Pero como todos pensamos del mismo modo, los procesos de generaciones de fuerzas se eternizan hasta que buscamos a alguien que nos ofrece esa capacidad escasa.

Con la fuerza de respuesta rápida a mí me parece que obtendremos fuerzas en muy poco tiempo. Y eso es algo que, aunque parezca que la Alianza lo tenía resuelto el 11 de Septiembre, incluso hoy, no es cierto. Yo creo que esa es su principal virtud. Pero dicha fuerza, además, hay que equiparla. Habíamos hecho ya un intento en Washington, con la Iniciativa de Capacidades de Defensa, dirigida especialmente a los europeos para que invirtiéramos más en defensa y adquiriéramos más tecnología para nuestras unidades de tal forma que fueran interoperables con las fuerzas norteamericanas de una parte y, de otra, para que las pudiéramos dedicar con la eficacia adecuada a misiones puramente europeas. La realidad es que la Iniciativa de Capacidades de Defensa se formuló en términos muy grandilocuentes y no pasó de unos cuantos papeles. Es necesario, en consecuencia, hacerla eficaz y, en ese caso, se elabora una nueva Iniciativa de Capacidades de Defensa, se reducen al máximo las capacidades indispensables que hemos de tener los europeos para que nuestras unidades estén más en línea con las americanas y, desde luego, puedan actuar con la rapidez y la eficacia debida ante los nuevos riesgos. Esta iniciativa, más limitada, es a la que nos vemos forzados de nuevo a hacer frente, debido a las decisiones adoptadas en Praga.

Me veo en la obligación de señalar que España está interviniendo en estas "Nuevas Capacidades de Defensa", aceptando una media de compromisos muy superior a la del resto de los aliados. De especial mención es, sin duda, el hecho que España lidere el grupo que adquirirá para los europeos la capacidad de reabastecimiento aéreo en vuelo, que es una carencia vital para poder desplegar fuerzas en zonas lejanas.

Una vez obtenida la fuerza, y dotada, lo que hace falta es que exista la capacidad de mandarla, y eso viene con una nueva estructura de mando y fuerzas que también lo estamos viviendo en estos días

Han ocurrido cosas desde el 11 de Septiembre que Praga ha aceptado y que nunca hubiéramos podido soñar que iban a suceder. Me refiero, por ejemplo, a la desaparición del Mando Aliado del Atlántico. En este momento, ya está aceptado que existirá un solo mando en la OTAN. El antiguo Mando Aliado del Atlántico se va a dedicar a cuestiones de tipo conceptual, de evaluación, generación y preparación de la fuerza. Ninguno de los dos mandos, en consecuencia, dadas las misiones tan dispares, va a tener una zona de responsabilidad. Toda la zona de responsabilidad de la Alianza para los aspectos operativos las llevará el Mando Aliado en Europa, y toda la zona de la Alianza para los aspectos de dotación de las fuerzas, desarrollo de conceptos, evaluación, ejercicios… estará bajo el actual Mando Aliado Pero, además, con una particularidad, y es que el mando que va a ejercer en la Alianza todo el desarrollo conceptual es a la vez el mando que tiene la misma misión en los Estados Unidos de América. Existe una probabilidad muy escasa que vayamos por desarrollos conceptuales diferentes en los Estados Unidos y en la Alianza.

Es cierto también que la propia estructura de Cuarteles Generales va a quedar mucho más reducida y eso nos afecta de forma muy directa al Cuartel General que tenemos establecido en nuestro territorio, en Retamares, y nos puede afectar también en otras posibilidades, porque también es cierto que podemos tener sobre nuestro territorio algún Cuartel General del nuevo mando que se crea y que se denominará "Mando Estratégico de Transformación ".

Con esto, la cuestión de las capacidades queda, en parte, resuelta o trazada en Praga. También quedan salvados los tres principios del "tomismo" que tanto tiempo planean sobre toda la doctrina y los procedimientos militares: "el querer, el saber y el poder". Los tres quedan manifiestamente contemplados en Praga y, ahora, sólo deberíamos desarrollarlos.

Pero Praga no sólo se ocupó de nuevos conceptos, de riesgos y de nuevas capacidades; hubo también otras cosas. Inmediatamente antes de la Cumbre, Rusia se había sentado como miembro de pleno derecho, dependiendo de la agenda, en los Consejos Atlánticos. Ya se había establecido el Consejo a veinte, que unido a siete nuevos Estados que se invitan en Praga, dará como resultado un Consejo a veintisiete. No debe sorprender, por lo tanto, que la Alianza esté en estos días considerando la posibilidad de establecer algunos procedimientos de toma de decisiones que no sean los habituales.

Y queda también la interacción con otras Organizaciones, que como en el caso de la Unión Europea, es un asunto pendiente. La pregunta es cómo vamos a poner en línea el "Headline Goal" u "Objetivo Global" de la UE con la fuerza de respuesta de la Alianza. Es decir, ¿cómo vamos a poner en paralelo el plan de acción de capacidades para dotarnos los europeos de capacidades para nuestras fuerzas con los grupos de capacidades de la Alianza? ¿Hasta dónde vamos a conseguir que las acciones que los europeos desarrollamos, en beneficio de la Alianza, o en beneficio de nuestro propio desarrollo de seguridad y defensa, sean, cuando menos, complementarias y, desde luego, cómo vamos a implantar el uso de capacidades de la OTAN para operaciones de la UE, que todos conocemos como el elemento "Berlín Plus" -y que curiosamente se desbloquea en las inmediaciones, no geográficas, pero sí temporales de Praga, en el Consejo Europeo de Copenhague-?

No podía dejar de tratar hoy la cuestión del "vínculo transatlántico". Parece que los aliados europeos se dividen ante la posibilidad de un ataque a Iraq y el apoyo a los Estados Unidos. Yo creo que es cierto que en ambos lados del Atlántico aparecen diferentes percepciones a la seguridad, como también lo es que aparece como una realidad "el riesgo terrorista", que antes no había aparecido con tanta crudeza. También es cierto que hoy sólo hay una potencia hegemónica en el mundo y, al mismo tiempo, también es patente -y yo creo que estas cuatro cuestiones que acabo de mencionar son las que más influyen en las diferentes percepciones a la seguridad- la falta de resultados tangibles en la construcción de la defensa europea. Europa esta mucho más dedicada a lo social que a sus intereses de seguridad.

De este modo, si reconocemos que estas percepciones son legítimamente diferentes, también el terrorismo propiamente dicho tiene percepciones diferentes. En Estados Unidos la lucha contra el terrorismo la sitúan siempre en el entorno internacional y no tienen ningún rubor en aplicar fuerzas militares. En Europa, en cambio, es un problema más doméstico, al que se aplican fuerzas policiales. En consecuencia, si son ciertas esas diferentes percepciones, no nos debe extrañar que tengamos en estos momentos algo de que hablar en diferentes tonos a los dos lados del Atlántico.

Pero también es cierto que tenemos un elemento fundamental de cohesión, que también definió ya con cierta sabiduría la Alianza en el Concepto Estratégico del 99, que son los intereses comunes de seguridad. Y por este término creo yo que es por el que se inicia la carta o el artículo que publican hoy todos los diarios y que constituye la toma de posición al respecto de siete Presidentes y/o Jefes de Estado de países europeos ante esta situación. Dice, lo leo también textualmente: "el vínculo que une a los Estados Unidos y Europa son los valores que compartimos, la democracia, la libertad individual, los derechos humanos y el Estado de derecho". Compartiendo estos valores, es cierto que en algún momento puede haber un resentimiento en el vínculo transatlántico, pero no cabe duda que podemos seguir hacia delante, con el apoyo mutuo que los dos tenemos que darnos. A quiénes interpretan las diferentes posiciones de los aliados hoy respecto a la cuestión de Iraq como una prueba de desunión en el seno de la Alianza en cuestión, de los norteamericanos en su relación con Europa, yo creo que les conviene leer a Churchil, cuya frase en la última Guerra Mundial recobra hoy un inusitado valor: "es preferible discutir de manera difícil con los aliados que no tener aliados con quienes discutir".

Voy a terminar diciendo que a Praga fuimos con una Alianza en crisis, sin duda. Una crisis de confianza, una crisis en la que parecía que la Alianza no era un instrumento de todos, sino de algunos aliados más que de otros. Una ampliación que dejó su espacio protagonista a la lucha contra el terrorismo y las armas de destrucción masiva. Fuimos también con ilusión y yo creo que de Praga volvimos con una ilusión sin defraudar, porque acometimos de forma sería —sin que quiera decir que el proceso esté terminado— una transformación que la Alianza necesitaba.

Un país tan cercano a las fuentes de riesgo como España y que está enfrentado a áreas de potencial inestabilidad creo que debe entender muy bien los retos de Praga. Praga, cuna de Kafka, quién siempre se debatió entre una inseguridad permanente en el futuro, también decía que se nos anunciaba siempre una realidad más estable. Pues esa "duda kafkiana" hoy la debemos tratar con un poco menos de cuidado e idealizar un poco menos y debemos, en mi opinión, estar seguros de que progresamos de forma notable hacia el logro de un gran sueño, que es un mundo, o al menos una Europa, más segura y más estable. Yo creo que todos debemos seguir manteniendo vivo este sueño.

 

 

Alberto Aguilera 7 - 6º dcha. 28015 Madrid (España)

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