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Conferencia:
" La OTAN tras la cumbre de Praga"
Madrid 30 de Enero de 2003
Texto Integro
Transcripción de la Conferencia pronunciada por el
General Félix Sanz Roldán en el Salón
de Actos del INCIPE el día 30 de enero de 2003. Texto
reproducido con autorización del conferenciante.
Edición a cargo de Vicente Garrido Rebolledo, Director
del INCIPE.

El
objeto de esta conferencia es aproximarnos a los resultados
de la Cumbre de Praga, algo que vamos a hacer desde el pragmatismo
de un militar que lleva ya más de cuarenta años
de servicio.
Las
decisiones que los Jefes de Estado y de Gobierno adoptaron
en Praga en noviembre pasado, son y lo serán durante
mucho tiempo, importantes para la Organización. Praga,
en este caso, no es una referencia geográfica. Es
exclusivamente una referencia temporal: lo que pasó
el 21 de noviembre, precisamente en esa capital.
Vamos
a tratar, al comentar Praga, de deducir la realidad que
encierra la OTAN hoy; una OTAN infinitamente más
complicada que la que conocimos hace unos años, y
todo ello, en un momento singularmente especial, porque
la crisis de Iraq esta poniendo de manifiesto diferentes
percepciones de los Aliados respecto a un problema. Algunos
ya están exclamando, incluso, que esta crisis representa
el fin de algo que tantas veces hemos mencionado a lo largo
de nuestras carreras: el "vínculo transatlántico".
Esperemos que al final de la conferencia podamos tener la
idea de que la crisis no es el fin del vínculo transatlántico,
aunque desde luego, algo le puede afectar.
Antes
me gustaría referirme a unos breves antecedentes
para saber dónde nos encontrábamos en los
momentos anteriores a Praga y, desde luego, en estos antecedentes,
lo que si voy a hacer es olvidar aquéllos cincuenta
años de la historia de la Alianza en la que nos enfrentábamos,
dentro del marco de la Guerra Fría, a dos maneras
de concebir la vida y nos poníamos ante procedimientos,
medios y políticas muy diferentes a las de hoy.
Las
transformaciones más importantes de la Alianza se
han producido muy recientemente. Muchos tratadistas piensan
que la Alianza ha tenido dos transformaciones importantes
en los últimos años, y algunos hablan de una
primera y una segunda transformación. La primera
transformación realmente importante fue en Washington
en 1999. Coincidiendo con la celebración de su cincuenta
aniversario, y simultáneamente con la ampliación
de la Alianza a tres nuevos socios, cambiamos su carácter
y pasamos de tener una Alianza exclusivamente defensiva,
a tener una organización de seguridad colectiva.
Es una gran cambio conceptual que viene inmediatamente seguido
de otro gran cambio, como es el de mantener la paz y la
estabilidad en el área del Atlántico; área
voluntariamente indefinida, pero que nos habla ya de algo
muy superior al territorio tradicional de la Alianza. En
Washington aparecen nuevas misiones; aparece la defensa
colectiva, no ya en el marco de la Alianza, sino mucho mas
atrás; aparecen nuevos riesgos y misiones, no ya
artículo 5, de gestión de crisis. Además,
se le da un espaldarazo notable a la Identidad Europea de
Seguridad y Defensa. El documento más importante
de Washington, pienso yo, fue el "Nuevo Concepto Estratégico"
—algunos de los presentes contribuyeron activamente
en su definición y, por lo tanto, debemos darles
esta pequeña muestra de reconocimiento de un buen
trabajo—, porque realmente el Concepto Estratégico
de la Alianza del 99, que se hizo con el concurso de muchas
ideas nacidas desde España, genera la primera transformación
de la Alianza.
La
segunda transformación, sin duda, es Praga, que es
de lo que vamos a hablar. Praga estaba trazada como la Cumbre
de la esperanza para muchos de los países europeos
que querían venir a estar bajo la Alianza, pero,
realmente, por los sucesos del 11 de Septiembre cambia radicalmente
su concepción y define unas líneas nuevas
que, de nuevo, traza estrategias diferentes para la Organización.
Quiere detener la amenaza que constituye el terrorismo y
que está muy recientemente visualizado a través
de los episodios de Nueva York y Washington y, de nuevo,
pasa de ser una organización puramente defensiva
o de seguridad colectiva (creo que esto es un punto importante
de la transformación de la OTAN en Praga), a una
organización ofensiva, contra el terror "allá
donde sea preciso y en el momento que sea preciso".
Pocas frases de los documentos generados en Praga, antes,
durante y después de la Cumbre, han tenido una contestación
mayor o han gozado de un favor mayor de otros como la que
señala que "la Alianza luchará contra
el terrorismo donde sea necesario y cuando sea necesario".
Y también Praga, en esta nueva transformación
como "Alianza ofensiva contra el terror", decide
que es necesario dotarse de nuevas capacidades.
Praga
y Washington han constituido también dos ampliaciones.
La primera, a tres nuevos miembros que entraron en Washington
y que demostró que la OTAN no es un club cerrado.
La política de puertas abiertas que se definió
antes de Washington sigue siendo válida hoy, y por
eso en Praga, de nuevo, siete países tienen acceso
a la nueva Alianza. La OTAN tiene aquí también
un sentido muy específico, porque dice que pretende
garantizar la seguridad de todos y contando con todos. Esta
es una frase extraída del propio documento de la
Cumbre, y pone bien patente la idea que ilumina a la Alianza
en este momento, dejando clara la idea de que la ampliación
era posible, lo fue y que quizá siga siendo posible
en el futuro.
La
OTAN antes del 11 de Septiembre había encontrado
una nueva razón de ser: se dedicaba a la expansión
de estabilidad, a consultas políticas, a operaciones
de gestión de crisis en el área Euroatlántica.
Hasta ese momento, la Alianza seguía una evolución
que un amigo mío inglés comparaba a la "carrera
del zorro". Parece ser que los zorros, cuando van corriendo
corren mucho, pero miran con mucha frecuencia hacia atrás.
Pues bien, la OTAN seguía la "carrera del zorro",
progresaba, pero miraba mucho hacia atrás, llega
a Praga y deja de mirar hacia atrás, comenzando a
correr hacia adelante en sus nuevas misiones, en una nueva
concepción de su estrategia.
Los
antecedentes más próximos que tenemos de Praga,
sin duda, son lo que ocurre en Septiembre del 2001, aparece
un nuevo enemigo, que es el terror, que golpea precisamente
al aliado más poderoso de la Alianza, y que emplea
nuevas tácticas, ante las cuales, la Alianza no está
preparada. El 11-S genera a la Alianza, primero, un sentido
de responsabilidad, porque todos en aquel momento, tanto
los Estados Unidos como los propios aliados, nos sentimos
en la necesidad de hacer algo. Un aliado había sido
atacado, es cierto que a través de unos procedimientos
y con unos medios que no nos imaginábamos durante
los cincuenta años anteriores, pero todos los aliados
en aquel momento sentimos que debíamos hacer algo,
como aliados. Y en realidad, lo que hicimos, fue invocar
al artículo 5 del Tratado de Washington por primera
vez en la historia. La Alianza se puso a disposición
por primera vez del aliado agredido y la verdad fue que,
gracias a la capacidad del aliado agredido, lo que le pidió
a la Alianza fue realmente poco.
Pero
también apareció una nueva opinión
en la Alianza y una nueva sensibilidad, porque éramos
conscientes de que la invocación al artículo
5 y el empleo de nuestra fuerza de Awacs para proteger el
cielo de Nueva York no era realmente la idea que teníamos
de la Alianza, en ese momento sucede algo que nos genera
otra crisis, en nuestras propias capacidades. Y luego comienza
también la creación de un estado de opinión
dentro de la Alianza, cuando se dice que "el instrumento
que tenemos ahora a mano no nos sirve para muchos de los
riesgos a los que estamos haciendo frente". Es decir,
lo que nos ocurre después del 11 de Septiembre en
la Alianza es que los aliados dejamos de tener confianza
en el instrumento militar del que disponemos y que genera
el Tratado del Atlántico Norte. No dejamos de tener
confianza en el foro de consultas políticas, ni en
la posibilidad de que a través de los sistemas aliados
se genere alguna otra cosa que nos sea útil ante
la nueva amenaza que se nos presenta.
Es
cierto que después del 11-S Estados Unidos ejerce
una presión importante sobre la Alianza, al igual
que también lo es el hecho que en algún momento,
en el seno de la propia OTAN , se genera una opinión
que debemos evitar convertirnos, como Alianza, en un aliado
más de los Estados Unidos. En aquel momento, lo que
queremos es seguir siendo un conjunto de aliados. Es cierto
que admitimos -lo habíamos admitido hace mucho tiempo-
que los Estados Unidos son una figura líder en la
Alianza, pero sin que ello significase que la Alianza era
un aliado de los Estados Unidos. La realidad es que en aquel
momento, incluso en este momento, que es un momento crítico
para la Alianza, ese hecho sigue siendo el paradigma de
la seguridad. Y el 11 de Septiembre también todos
los países antiguos miembros del Pacto de Varsovia
quieren seguir siendo aliados. En mi pueblo, que es muy
pequeño, dicen: "algo tendrá el agua
cuando la bendicen"; pues bien, algo tendría
la OTAN que incluso en esas circunstancias difíciles
del 11-S los que querían ser miembros de la Alianza,
lo querían ser a pesar de que había muchas
cosas que se habían puesto en entredicho.
Es
cierto que lo más importante en aquel momento, a
mi juicio, es que la Alianza reconoce que ha llegado el
momento de la transformación en el plano operativo.
La OTAN nos sirve, después del 11 de Septiembre,
y su sistema de toma de decisiones, su Consejo Atlántico,
su artículo 5, y el resto del Tratado de Washington
y el concepto estratégico del 99, y tantos otros
instrumentos como nos habíamos dotado a lo largo
del tiempo nos sirven después del 11-s, en mejor
o peor manera. Lo que reconocemos como grave carencia en
la Alianza después del 11 de Septiembre es su incapacidad
de actuar con la misma eficacia que se le supone en los
años anteriores contra estos nuevos riesgos y amenazas.
En consecuencia, había que acometer, especialmente
después del 11-S, la transformación de la
OTAN hacia una Alianza eficaz para hacer frente a estos
nuevos riesgos y a estas nuevas amenazas que ya se había
asumido de forma ligera o superficial en el Concepto Estratégico
del 99, pero que se hacen muy patentes y muy claras el 11
de Septiembre de 2001. Por lo tanto, es importante destacar,
en mi opinión, que la agenda de Praga esta tremendamente
influenciada por el 11-S. La OTAN se reconoce en Praga con
suficiente capacidad como foro de consultas políticas
y de toma de decisiones. No reconoce en cambio que tenga
la misma capacidad para hacer frente a los nuevos riesgos
y a las nuevas amenazas en el plan operativo.
En
consecuencia, para muchos (para los países bálticos,
Rumania, Bulgaria. .. ), la Cumbre de Praga, era y sigue
siendo la Cumbre de la esperanza. Pero para la mayor parte
de los europeos, la Cumbre de Praga ya no es la Cumbre de
la ampliación, es la Cumbre que dará forma
a nuevas capacidades de la Alianza para hacer frente a los
nuevos riesgos. Y así se va a Praga, con esta agenda:
un cambio en lo operativo de la Alianza. En el fondo, alguien
dijo: "la Cumbre de la Alianza es la Cumbre de la lucha
contra el terrorismo". Yo creo que es mejor decir que
"la Cumbre de la OTAN en Praga es la Cumbre de las
capacidades en el plano operativo de la Alianza para hacer
frente a estos nuevos riesgos".
En
consecuencia, la Agenda que va por este camino, y si es
válido este razonamiento que hasta ahora he realizado,
tiene dos desarrollos fundamentales. En primer lugar, un
desarrollo conceptual, es decir, el concepto de la lucha
contra el terrorismo. Es el único documento sólido,
serio -no es que los demás no lo sean- y que costó
mucho pulir, que se aprueba en Praga. Naturalmente en una
Cumbre estaría como siempre el comunicado final,
los comunicados de prensa y todos los documentos que genera
una Cumbre, pero para mí, lo más importante
que genera la Cumbre de Praga es el MC/472 -MC son las siglas
de cualquier documento que genera el Comité Militar-
que, además, se llama el "concepto militar de
la lucha contra el terrorismo".
Sé
que en España les ha dado mucho que pensar el título:
"concepto militar de la lucha contra el terrorismo",
como el hecho de que haya sido el Comité Militar
el que haya generado este documento. Todos sabemos la percepción
que en España se tiene de la lucha contra el terrorismo
y quién la tiene encomendada. El hecho que se encomendara
a las autoridades militares, en general, este documento
dio la impresión que iban a ser las fuerzas militares
quienes, a partir de ese momento, tendrían el protagonismo
en la lucha contra el terrorismo. La realidad no es así,
está en línea con el razonamiento anterior.
La OTAN esta pensando en la constitución (o reconstitución
) de sus capacidades militares para hacer frente a una nueva
amenaza, que es el terrorismo, y en consecuencia, encargan
a los expertos en el seno de la Alianza que den forma a
esas nuevas capacidades militares para hacer frente al nuevo
riesgo. También es cierto que, aunque el documento
es del Comité Militar, el impulso que recibió
de las capitales siempre fue un impulso político
hasta tal extremo que, en un momento determinado de su redacción,
los Jefes de Estado Mayor de la Defensa se paran y dicen:
"necesitamos directrices políticas para continuar".
Y son los Ministerios de Defensa, las Cancillerías,
los Ministerios de Exteriores y los órganos de decisión
política más altos de cada Nación los
que envían a las autoridades militares sus directrices
políticas para que continúen con el estudio,
que finalmente se aprueba en Praga. El desarrollo conceptual,
es por tanto, uno de los elementos fundamentales de Praga.
El
segundo de los elementos no podía ser otro que las
herramientas para implantar y hacer activo el desarrollo
conceptual citado. Y las herramientas, aunque hay más
de una cosa que podríamos omitir, realmente cuentan
con tres elementos fundamentales. En Praga se aprueba la
"Nueva Iniciativa de Capacidades de la Defensa",
el concepto "Fuerza de Respuesta de la OTAN "
y, finalmente, el establecimiento de una "Nueva Estructura
de Cuarteles Generales de la Alianza", de acuerdo con
unos parámetros que se fijan. Para mí, los
dos grandes elementos de la Agenda de Praga son: el desarrollo
conceptual (el MC/472) y las nuevas capacidades.
Por
lo que respecta al desarrollo conceptual, debo decir que,
en puridad, no acepta nuevas misiones. El Concepto Estratégico
del 99, aunque escondido en su famoso artículo 24
y en alguno más, ya hablaba del terrorismo. Incluso,
si queremos hablar de armas de destrucción masiva,
podemos ir hasta la Cumbre de Bruselas del 94. En el año
1994, por primera vez, en una Cumbre de la Alianza se habla
de las armas NBQ. Pero lo cierto es que hasta Praga, nunca
habían aparecido de forma tan explícita el
terrorismo y las armas de destrucción masiva en un
documento conceptual. Sin embargo, es necesario decir que
en Praga no hay nada nuevo, porque cambia efectivamente
el nivel de interés que le dedican los documentos
aliados a esos asuntos que, no obstante, ya figuraban en
el Concepto Estratégico del 99. Se redefine el terrorismo
(había definiciones del terrorismo en la Alianza
Atlántica, desde las propias AP, hasta en montones
de documentos) y, creo que esto es algo en lo que se ha
querido progresar, al amparo del artículo 51 de la
Carta de las Naciones Unidas.
Es
importante destacar, leyendo el MC/472, el número
de veces que se hace mención a la Comunidad Internacional,
a la Carta de las Naciones Unidas, a las resoluciones del
Consejo de Seguridad, al respeto de los derechos humanos…
Se articula doctrina respecto a la lucha contra el terrorismo.
El MC/472 señala dos cosas muy importantes: la primera,
que no existirán "santuarios para los terroristas.
..; allá donde haya o exista la amenaza del terrorismo
o de las armas de destrucción masiva podrá
actuar la Alianza". Con ello, en el fondo, estamos
desbordando el área Euroatlántica indefinida
y que, en cambio, en el Concepto Estratégico del
99 sí teníamos una idea más o menos
precisa de lo que podía ser. El MC/472 añade
un segundo elemento doctrinal, también hoy en cuestión,
y que viene a decir: "es preferible prevenir que curar".
Cuando sepamos de la existencia de terroristas en un determinado
lugar, y cuando se sepa que sea inminente el empleo de medios
que nos puedan aterrorizar, está asegurada la posibilidad
de contrarrestarlos.
Los
que no leen completo el MC/472 son aquellos que después,
al amparo de estos dos principios, dicen que la Alianza,
en el concepto militar de la lucha contra el terrorismo,
da "barra libre" a las fuerzas militares para
que hagan lo que quieran y donde quieran. Ello no es verdad,
porque los dos principios mencionados los asume el MC/472
en el marco del respeto a la Carta de las Naciones Unidas.
El primer principio, el que se refiere a la extensión
de los límites geográficos o bien, el segundo,
la posibilidad de realizar acciones preventivas, son siempre
contemplados por el MC/472 con el criterio de excepcionalidad,
bajo el respeto absoluto a la legalidad internacional y,
lo que es más importante, tras una decisión
de todos los aliados reunidos en el Consejo del Atlántico
Norte. Estas son las reservas establecidas en el MC/472
y son, además, en las que hay que fijarse si se quiere
entender completamente el documento conceptual.
El
Ministro Español de Defensa dijo en Praga, y quiero
citar textualmente: "no se trata de militarizar el
tratamiento del terrorismo, sino de que todos los aliados
tengamos un concepto unitario y dispongamos de los mecanismos
necesarios para luchar contra la principal amenaza que hoy
existe contra los valores democráticos". Esta
es, sin duda, la pequeña exégesis que puedo
hacer del documento conceptual de Praga.
Pero
dijimos que Praga había desarrollado el concepto
y también había intentado desarrollar los
mecanismos para hacer frente a esta lucha que emprendíamos.
Decíamos, que, en la cuestión de capacidades,
intentó crear una fuerza, equiparla y establecer
los medios y procedimientos para conducirla en operaciones
con estos tres medios: fuerza, equipo y puestos de mando.
Por lo tanto, "vestimos el concepto" y, además,
mostramos nuestra determinación de hacerlo de forma
válida.
La
fuerza de respuesta rápida fue una novedad tan solo
unos días antes de la propia Cumbre de Praga. En
una reunión ministerial informal de la Alianza en
Varsovia el Ministro de Defensa de los Estados Unidos hizo
la propuesta. Los Ministros de Defensa -puesto que era una
reunión informal- no tomaron decisiones al respecto.
Se "trajeron el concepto a casa", lo comprobaron
básicamente con los Estados Mayores de las Fuerzas
Armadas de cada Nación y todos tuvimos la oportunidad
de decir lo que nos gustaba y lo que no nos gustaba de él.
Finalmente, en Praga se da forma a un documento sobre la
fuerza de respuesta de la OTAN , que estará constituida
por una fuerza reducida. Se habla del tipo de una brigada
(como mucho dos), con los necesarios apoyos y medios aéreos
y navales, pero señala una serie de características
que tiene que tener y que es difícil encontrar hoy
en las fuerzas de la Alianza (salvo en la de los Estados
Unidos. En resumen, dicha fuerza tiene que ser de alta disponibilidad,
tecnológicamente avanzada, desplegable en poco tiempo,
interoperable y lista para actuar allí donde el Consejo
Atlántico decida.
Pero
lo verdaderamente importante de la fuerza de respuesta rápida
de la OTAN es que va a evitar los costosísimos procedimientos
de generación de fuerzas cada vez que haya que ir
a una operación. Es uno de los problemas más
graves que tiene la Alianza en la actualidad y es el problema
que tuvo también en los días posteriores al
11 de Septiembre, cuando la OTAN pretendió hacer
una operación en Afganistán. Los procesos
de generación de fuerzas se eternizan y, en consecuencia,
a veces, la participación de la Alianza en operaciones
reales, desde que se toma la decisión en el Consejo
Atlántico hasta que la fuerza está en condiciones
de desplegarse, pasan cinco o seis meses. Ello es debido
a que todas las Naciones quieren aportar a esa fuerza lo
que les proporciona mayor visibilidad y lo que les cuesta
menos de aportar. Pero entonces, todos aportamos lo mismo
y cuando vamos a generar una fuerza, nos encontramos que
nadie proporciona aviones de alta capacidad, o de reabastecimiento
en vuelo, o municiones guiadas de precisión, o satélites,
o el transporte aéreo estratégico... Y todos
vamos con nuestros batallones de infantería (que
es lo que tenemos muy a mano), y nos parece que es una aportación
razonable. Pero como todos pensamos del mismo modo, los
procesos de generaciones de fuerzas se eternizan hasta que
buscamos a alguien que nos ofrece esa capacidad escasa.
Con
la fuerza de respuesta rápida a mí me parece
que obtendremos fuerzas en muy poco tiempo. Y eso es algo
que, aunque parezca que la Alianza lo tenía resuelto
el 11 de Septiembre, incluso hoy, no es cierto. Yo creo
que esa es su principal virtud. Pero dicha fuerza, además,
hay que equiparla. Habíamos hecho ya un intento en
Washington, con la Iniciativa de Capacidades de Defensa,
dirigida especialmente a los europeos para que invirtiéramos
más en defensa y adquiriéramos más
tecnología para nuestras unidades de tal forma que
fueran interoperables con las fuerzas norteamericanas de
una parte y, de otra, para que las pudiéramos dedicar
con la eficacia adecuada a misiones puramente europeas.
La realidad es que la Iniciativa de Capacidades de Defensa
se formuló en términos muy grandilocuentes
y no pasó de unos cuantos papeles. Es necesario,
en consecuencia, hacerla eficaz y, en ese caso, se elabora
una nueva Iniciativa de Capacidades de Defensa, se reducen
al máximo las capacidades indispensables que hemos
de tener los europeos para que nuestras unidades estén
más en línea con las americanas y, desde luego,
puedan actuar con la rapidez y la eficacia debida ante los
nuevos riesgos. Esta iniciativa, más limitada, es
a la que nos vemos forzados de nuevo a hacer frente, debido
a las decisiones adoptadas en Praga.
Me
veo en la obligación de señalar que España
está interviniendo en estas "Nuevas Capacidades
de Defensa", aceptando una media de compromisos muy
superior a la del resto de los aliados. De especial mención
es, sin duda, el hecho que España lidere el grupo
que adquirirá para los europeos la capacidad de reabastecimiento
aéreo en vuelo, que es una carencia vital para poder
desplegar fuerzas en zonas lejanas.
Una
vez obtenida la fuerza, y dotada, lo que hace falta es que
exista la capacidad de mandarla, y eso viene con una nueva
estructura de mando y fuerzas que también lo estamos
viviendo en estos días
Han
ocurrido cosas desde el 11 de Septiembre que Praga ha aceptado
y que nunca hubiéramos podido soñar que iban
a suceder. Me refiero, por ejemplo, a la desaparición
del Mando Aliado del Atlántico. En este momento,
ya está aceptado que existirá un solo mando
en la OTAN. El antiguo Mando Aliado del Atlántico
se va a dedicar a cuestiones de tipo conceptual, de evaluación,
generación y preparación de la fuerza. Ninguno
de los dos mandos, en consecuencia, dadas las misiones tan
dispares, va a tener una zona de responsabilidad. Toda la
zona de responsabilidad de la Alianza para los aspectos
operativos las llevará el Mando Aliado en Europa,
y toda la zona de la Alianza para los aspectos de dotación
de las fuerzas, desarrollo de conceptos, evaluación,
ejercicios… estará bajo el actual Mando Aliado
Pero, además, con una particularidad, y es que el
mando que va a ejercer en la Alianza todo el desarrollo
conceptual es a la vez el mando que tiene la misma misión
en los Estados Unidos de América. Existe una probabilidad
muy escasa que vayamos por desarrollos conceptuales diferentes
en los Estados Unidos y en la Alianza.
Es
cierto también que la propia estructura de Cuarteles
Generales va a quedar mucho más reducida y eso nos
afecta de forma muy directa al Cuartel General que tenemos
establecido en nuestro territorio, en Retamares, y nos puede
afectar también en otras posibilidades, porque también
es cierto que podemos tener sobre nuestro territorio algún
Cuartel General del nuevo mando que se crea y que se denominará
"Mando Estratégico de Transformación
".
Con
esto, la cuestión de las capacidades queda, en parte,
resuelta o trazada en Praga. También quedan salvados
los tres principios del "tomismo" que tanto tiempo
planean sobre toda la doctrina y los procedimientos militares:
"el querer, el saber y el poder". Los tres quedan
manifiestamente contemplados en Praga y, ahora, sólo
deberíamos desarrollarlos.
Pero
Praga no sólo se ocupó de nuevos conceptos,
de riesgos y de nuevas capacidades; hubo también
otras cosas. Inmediatamente antes de la Cumbre, Rusia se
había sentado como miembro de pleno derecho, dependiendo
de la agenda, en los Consejos Atlánticos. Ya se había
establecido el Consejo a veinte, que unido a siete nuevos
Estados que se invitan en Praga, dará como resultado
un Consejo a veintisiete. No debe sorprender, por lo tanto,
que la Alianza esté en estos días considerando
la posibilidad de establecer algunos procedimientos de toma
de decisiones que no sean los habituales.
Y
queda también la interacción con otras Organizaciones,
que como en el caso de la Unión Europea, es un asunto
pendiente. La pregunta es cómo vamos a poner en línea
el "Headline Goal" u "Objetivo Global"
de la UE con la fuerza de respuesta de la Alianza. Es decir,
¿cómo vamos a poner en paralelo el plan de
acción de capacidades para dotarnos los europeos
de capacidades para nuestras fuerzas con los grupos de capacidades
de la Alianza? ¿Hasta dónde vamos a conseguir
que las acciones que los europeos desarrollamos, en beneficio
de la Alianza, o en beneficio de nuestro propio desarrollo
de seguridad y defensa, sean, cuando menos, complementarias
y, desde luego, cómo vamos a implantar el uso de
capacidades de la OTAN para operaciones de la UE, que todos
conocemos como el elemento "Berlín Plus"
-y que curiosamente se desbloquea en las inmediaciones,
no geográficas, pero sí temporales de Praga,
en el Consejo Europeo de Copenhague-?
No
podía dejar de tratar hoy la cuestión del
"vínculo transatlántico". Parece
que los aliados europeos se dividen ante la posibilidad
de un ataque a Iraq y el apoyo a los Estados Unidos. Yo
creo que es cierto que en ambos lados del Atlántico
aparecen diferentes percepciones a la seguridad, como también
lo es que aparece como una realidad "el riesgo terrorista",
que antes no había aparecido con tanta crudeza. También
es cierto que hoy sólo hay una potencia hegemónica
en el mundo y, al mismo tiempo, también es patente
-y yo creo que estas cuatro cuestiones que acabo de mencionar
son las que más influyen en las diferentes percepciones
a la seguridad- la falta de resultados tangibles en la construcción
de la defensa europea. Europa esta mucho más dedicada
a lo social que a sus intereses de seguridad.
De
este modo, si reconocemos que estas percepciones son legítimamente
diferentes, también el terrorismo propiamente dicho
tiene percepciones diferentes. En Estados Unidos la lucha
contra el terrorismo la sitúan siempre en el entorno
internacional y no tienen ningún rubor en aplicar
fuerzas militares. En Europa, en cambio, es un problema
más doméstico, al que se aplican fuerzas policiales.
En consecuencia, si son ciertas esas diferentes percepciones,
no nos debe extrañar que tengamos en estos momentos
algo de que hablar en diferentes tonos a los dos lados del
Atlántico.
Pero
también es cierto que tenemos un elemento fundamental
de cohesión, que también definió ya
con cierta sabiduría la Alianza en el Concepto Estratégico
del 99, que son los intereses comunes de seguridad. Y por
este término creo yo que es por el que se inicia
la carta o el artículo que publican hoy todos los
diarios y que constituye la toma de posición al respecto
de siete Presidentes y/o Jefes de Estado de países
europeos ante esta situación. Dice, lo leo también
textualmente: "el vínculo que une a los Estados
Unidos y Europa son los valores que compartimos, la democracia,
la libertad individual, los derechos humanos y el Estado
de derecho". Compartiendo estos valores, es cierto
que en algún momento puede haber un resentimiento
en el vínculo transatlántico, pero no cabe
duda que podemos seguir hacia delante, con el apoyo mutuo
que los dos tenemos que darnos. A quiénes interpretan
las diferentes posiciones de los aliados hoy respecto a
la cuestión de Iraq como una prueba de desunión
en el seno de la Alianza en cuestión, de los norteamericanos
en su relación con Europa, yo creo que les conviene
leer a Churchil, cuya frase en la última Guerra Mundial
recobra hoy un inusitado valor: "es preferible discutir
de manera difícil con los aliados que no tener aliados
con quienes discutir".
Voy
a terminar diciendo que a Praga fuimos con una Alianza en
crisis, sin duda. Una crisis de confianza, una crisis en
la que parecía que la Alianza no era un instrumento
de todos, sino de algunos aliados más que de otros.
Una ampliación que dejó su espacio protagonista
a la lucha contra el terrorismo y las armas de destrucción
masiva. Fuimos también con ilusión y yo creo
que de Praga volvimos con una ilusión sin defraudar,
porque acometimos de forma sería —sin que quiera decir
que el proceso esté terminado— una transformación
que la Alianza necesitaba.
Un país
tan cercano a las fuentes de riesgo como España
y que está enfrentado a áreas de potencial
inestabilidad creo que debe entender muy bien los retos
de Praga. Praga, cuna de Kafka, quién siempre se
debatió entre una inseguridad permanente en el
futuro, también decía que se nos anunciaba
siempre una realidad más estable. Pues esa "duda
kafkiana" hoy la debemos tratar con un poco menos
de cuidado e idealizar un poco menos y debemos, en mi
opinión, estar seguros de que progresamos de forma
notable hacia el logro de un gran sueño, que es
un mundo, o al menos una Europa, más segura y más
estable. Yo creo que todos debemos seguir manteniendo
vivo este sueño.
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