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ESTADOS UNIDOS DE AMERICA

 

La política actual de Estados Unidos no puede entenderse sin tener en cuenta los atentados del 11 de septiembre. De hecho, su política exterior es el resultado de un sentimiento de vulnerabilidad de la paradójicamente única superpotencia (o quizás haya que decir “hiperpotencia ”). Como algunos han apuntado, el principal problema es precisamente que, hoy día, EE.UU. tiene mucho más poder del que le conviene a nadie, incluido él mismo. Estados Unidos no tiene que rendir cuentas a casi nadie. Informa de sus acciones, presentándolas como hechos, a Naciones Unidas, en cuyo Consejo de Seguridad tiene derecho de veto permanente. Habla de los valores de la Comunidad Internacional sin tener en cuenta los casi 200 Estados que hoy día conforman dicha Comunidad, basada en el respeto al Derecho Internacional y en la necesidad de consentimiento para asumir una obligación de carácter internacional. Finalmente, consulta a los europeos, por si alguno desea unirse a la coalición de Estados en la lucha permanente contra el “eje del mal”.


 
Para Estados Unidos su particular guerra contra el terrorismo no ha sido entendida por Europa. Muchos países europeos (no es el caso de España) consideran la lucha contra el terrorismo internacional como una metáfora: la justificación perfecta que tiene EE.UU. para ofrecer una respuesta militar a problemas que no tienen una solución a corto plazo. Ello no quiere decir que los europeos no aborrezcan tanto o  más que EE.UU. el terrorismo. Con lo que muchos no están conformes, y es lo que crea fisuras en la llamada relación trasatlántica, es con el tratamiento que Washington hace del fenómeno terrorista, del que se deriva una visión particular del mundo. 


La tendencia a identificar enemigos externos, y a potenciar las capacidades militares de los norteamericanos están muy lejos de las preocupaciones europeas, que acentúan la cooperación internacional y la importancia de los foros multilaterales, como demuestra el apoyo decidido a la creación de la Corte Penal Internacional, el Protocolo de Kioto o la defensa hasta última hora, sin éxito, del mantenimiento del Tratado ABM. Dichas diferencias han vuelto a salir a la luz con motivo de una posible acción militar contra Irak. Algunos países europeos han planteado claramente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que corresponde única y exclusivamente a éste órgano decidir acerca de una posible utilización de la fuerza armada contra Irak, una vez analizado el grado de cumplimiento de las resoluciones dirigidas a ese país. Por lo tanto, tampoco existe consenso entre Estados Unidos y Europa acerca de lo que Washington comienza inquietantemente a denominar “acciones militares preventivas” en el marco de su nueva doctrina estratégica hecha pública en septiembre de 2002.


 
Tras las elecciones del 6 de noviembre de 2002, Bush ha logrado, además, un apoyo social sin precedentes que legitima en términos políticos, dentro de Estados Unidos, cualquier acción que la administración republicana pueda adoptar en su relación con el resto del mundo. Por otra parte, conviene recordar que, en julio de 2002, el presidente Bush logró plenos poderes por parte del Congreso estadounidense para negociar libremente acuerdos comerciales con países terceros.  


¿Qué pueden hacer los europeos, que gastan un tercio menos que EE.UU. en defensa y son 10 veces menos eficaces que el aliado americano? Primero, reconocer la superioridad norteamericana, es decir, aceptar que Europa no está aun en condiciones (tardará en estarlo, si  es que algún día lo está) de asumir un liderazgo mundial. Europa es una potencia económica pero no lo es política, ni mucho menos militar. En segundo lugar, del reconocimiento de su situación, insistir en el reforzamiento de la relación transatlántica y en la profundización de un diálogo abierto entre los aliados a todos los niveles. Sin perjuicio de cuáles sean los gobiernos a ambos lados del Atlántico, es crucial que los cauces de intercambio político y cultural sigan abiertos, ya que la alianza estratégica entre Estados Unidos y Europa es mucho más valiosa que los debates circunstanciales que ambas partes mantienen.

Vicente Garrido Rebolledo

Bibliografía reciente:

  • GARRIDO REBOLLEDO, Vicente, The future of the WMD No-Proliferatión regimes, Madrid, UNISCI Papers Nº 24-25, 2002.
  • HASSNER, Pierre, The United States. The empire of force or the force of empire, Chaillot Papers Nº 54, París, EU Insitute for Security Studies, 2002.
  • LINDLEY-FRENCH, Julian, Terms of engagement. The paradox of American power and the transatlantic dilemma post-11 September, Chaillot Papers Nº 52, París, EU Insitute for Security Studies, 2002.
  • PHILIPPART, Eric y WINAND Pascaline (eds. ), Ever closer partnership. Policy-making in US-EU relations, Bruselas, PIE-Peter Lang, 2001.

Enlaces interesantes en internet:
 
- Sobre estas cuestiones, pueden consultarse las páginas web oficiales de la Casa Blanca, del Departamento de Estado, y del Departamento de Defensa. Igualmente, la web del partido republicano, y del partido demócrata, o la página de la oficina de la Comisión Europea en Washington son útiles, así como la de algunas instituciones privadas que promocionan la relación transatlántica (como el German Marshall Fund).
 
Para saber más sobre el tema:

- "United States and the War against International Terrorism" por Damián R: Sanges d'Abadie.

- “Contemporary US Foreign and Security Policy” por Damián R. Sanges d'Abadie.

 

 

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