UNA
POLÍTICA EXTERIOR PARA EL PRÓXIMO CUATRIENIO
FRANCESC HOMS
I PERRET
Ensayo INCIPE nº 12
Francesc Homs i Ferret Diputado por Barcelona
Madrid, Marzo de 1996
1. INTRODUCCIÓN
La política exterior en España
viene condicionada por todo el proceso ya realizado y
el todavía pendiente, en relación con la
construcción de la Unión Europea. Sólo
hace 10 años que España entró en
la Comunidad Europea y ya parece que sean muchos más,
que siempre hayamos estado en este contexto. Difícilmente
se pueda hoy prever un marco distinto de integración
de España en un contexto internacional que no sea
la Unión Europea. Para un político nacionalista
catalán, reflexionar sobre la simbiosis entre España
y Europa y nuestra conjunta proyección hacia el
siglo XXI, produce siempre satisfacción. Porque
para Catalunya, participar en la construcción europea
siempre ha sido una prioridad política, por razones
de identificación ideológica, por necesidades
económicas y por semejanzas culturales y sociales
de primer orden. Antes de entrar en la descripción
de las características que a mi juicio debe tener
la política exterior de España en los próximos
años, deseo transmitirles algunas reflexiones de
orden general que, de alguna forma, estoy seguro que condicionarán
las estrategias futuras, tanto de nuestro país
como de otros países del continente europeo. La
primera reflexión hace referencia a que, a lo largo
del siglo XXI que próximamente comenzaremos, los
grandes cambios van a operarse más en los países
del entorno de la Unión Europea que en los propios
países de la Unión Europea. Estoy seguro
de que el siglo XXI terminará de forma muy distinta
a como lo vamos a comenzar. Tal y como ha sucedido en
el siglo XX: que la Europa de hoy era inimaginable en
el comienzo de nuestro actual siglo XX.
Se ha producido un gran progreso en 100 años,
en el ámbito tecnológico, económico,
social y político. Pero estoy seguro de que en
el siglo XXI los cambios más profundos van a operarse
no tanto en la Unión Europea como en los países
de la Europa del Este y en los países del Sur del
Merditerráneo. Personalmente deseo que sea así,
porque de lo contrario el proyecto europeo podría
quedar, a lo largo de este siglo XXI, aislado en sí
mismo y, por consiguiente, amenazado por las desigualdades
que mantendría en relación con los países
de su entorno. No podemos prever ni desear, a lo largo
de las próximas décadas, una Europa que
cada vez vaya incrementando sus diferencias en relación
con los países de nuestro entorno inmediato, porque
ello sería el origen de nuestra futura decadencia.
Por ello deseo, en unos momentos en que vamos a traspasar
la frontera de este siglo XX y a adentrarnos en otro siglo,
que toda la política exterior que se desarrolle
en las próximas décadas, ya sea desde España
como desde la propia Unión Europea, permita reducir
nuestras diferencias tanto económicas como sociales
o culturales con los países de nuestro entorno.
Lo cual constituirá la base de nuestro futuro crecimiento,
progreso y bienestar social. Toda la política exterior
europea y también la particular de cada unos de
sus estados miembros debe orientarse a poner las bases
de un crecimiento económico futuro para los países
de la Europa del Este y para los países del Magreb.
Europa debe ofrecer, además de mercancías
y servicios, capitales y tecnología a los países
de nuestro entrono. Sólo así Europa puede
prever, en las próximas décadas, el inicio
de un nuevo período de crecimiento y progreso que
le permita avanzar en el nivel de bienestar de sus ciudadanos.
Ésta será, a mi juicio, la condición
necesaria para que Europa pueda desarrollarse establemente
sin entrar en tensiones y en desequilibrios que pudieran
amenazarla.
Una segunda observación previa es la
de que cada vez más la política exterior
española debe configurarse en estrecha relación
con la estrategia económica a desarrollar en el
mercado internacional. Política económica
y política exterior, para Convergéncia i
Unió deben formar un binomio indisociable. Es así
en los principales países occidentales como Estados
Unidos y El Japón. En estos países no se
define una sin la otra y no se concibe la otra al margen
de la primera. Los países occidentales están
internacionalizando su actividad económica a ritmos
cada vez mayores. El mercado de los países desarrollados
es, cada vez más, el mercado internacional y la
circulación de los capitales, las mercancías
y las tecnologías en este ámbito está
transformando todas las comunicaciones, en un marco global
planetario, hasta el punto que muy posiblemente llegará
a sustituir en un cierto grado la circulación de
las personas, a no ser que éstas se trasladen por
motivos de ocio, intercambio cultural o social. No puede
concebirse en España una política exterior
al margen de una determinada política económica
para proyectar nuestra economía en el ámbito
europeo y mundial. Es más, hoy difícilmente
los sectores económicos -agrarios e industriales-
no pueden configurar sus estrategias de expansión
exterior sin una cierta connivencia y apoyo del gobierno
y de la política económica para contrarrestar
la competencia que desde otras instancias gubernamentales
se desarrollan en favor de los intereses económicos
de otros países con los que nos corresponde competir.
Esta, si me lo permiten, ha sido una gran asignatura pendiente
de la política exterior española y muy concretamente
de la desarrollada en los últimos 13 años.
Es cierto que el balance de la integración de España
en la Unión Europea es positivo, sin duda. Sin
embargo, no ha sido gratuito.
En una primera etapa, desde 1986 a 1993, la
integración tuvo mucho de penetración de
Europa hacia España y poca de España hacia
Europa. Las importaciones aumentaban más deprisa
que las exportaciones; la inversión extranjera
compraba nuestras empresas sin que nuestros empresarios
hiciesen lo mismo en Europa; la continuada sobreapreciación
de la peseta prometía ganancias financieras, pero
la economía productiva española se situaba,
cada vez más, en una débil coyuntura, forzándola
a su disolución o a la pérdida de los mercados
internos. Afortunadamente, desde 1993 hasta ahora la situación
ha cambiado. La nueva orientación de la política
económica que hemos contribuido a definir, ha permitido
mejorar este flujo de relación entre España
y Europa. Desde 1993, cada día la economía
española se internacionaliza más, expandiéndose
hacia el exterior, consolidando posiciones en Europa y
en otros continentes, incrementando las exportaciones
mucho más que las propias importaciones. Hago estas
dos reflexiones porque considero que cada vez más
la política exterior de España estará
condicionada por las prioridades de la política
exterior europea, pero singularmente por las prioridades
de la política económica y, muy concretamente,
por la política de expansión económica
internacional de nuestra economía.
2. PRINCIPALES ACTUACIONES A IMPULSAR
DESDE LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA SEGÚN
CONVERGÈNCía I UNIÓ
Este proceso simbiótico de España
dentro de la Unión Europea debe de continuar y
reforzarse en los próximos cuatro años,
pero con una orientación muy clara hacia las prioridades
que mantiene nuestra economía en la política
exterior. Éste es un aspecto clave.
Hasta ahora el turismo era lo que más
nos importaba desde la visión económica
de la política exterior; ahora toda nuestra economía
está impregnada de actividad internacional. Por
este motivo éste constituye el eje vertebrador
del programa de Convergéncia i Unió en política
exterior. A grandes rasgos, planteamos cuatro prioridades:
1. Participar plenamente en la construcción política,
económica y monetaria de la Unión Europea.
2. Capitalizar la política europea mediterránea
para reequilibrar Europa y incidir en el Magreb. 3. Afrontar
la internacionalización de los desafios mundiales
(económicos, políticos, sociales, de seguridad).
4. Otorgar mayor dimensión a nuestra política
de cooperación con el desarrollo. Es, para Convergéncia
i Unió, en el contexto de estos grandes ejes de
actuación que nuestro país podrá
aprovechar sus mayores potencialidades de crecimiento
y de participación en una política europea
que en este cambio de siglo está obligada a asumir
desafíos importantes frente a las demás
potencias internacionales como Estados Unidos, Japón,
la China o los países asiáticos.
3. PARTICIPAR PLENAMENTE EN LA CONSTRUCCIÓN
POLÍTICA, ECONÓMICA Y monetaria DE LA UNIÓN
EUROPEA
3.1. Incorporar España en la Unión
monetaria La Unión Europea tiene que dar el paso
esencial de unificar sus monedas. De lo contrario, el
mercado interior europeo puede entrar en etapas de inestabilidad
económica.
A España le conviene que la peseta
entre en la Unión monetaria y hoy, aún no
cumpliendo los actuales cuatro requisitos que se establecen
en Maastricht, creo que desarrollando la política
que Convergéncia i Unió propugna, podemos
cumplir los compromisos exigibles e incorporarnos en la
Unión monetaria en el calendario previsto. No es
a Europa a quien le interesa que España cumpla
estos compromisos, sino a nuestra economía, y especialmente
a la economía productiva. En los próximos
años el mercado europeo se concentrará en
los países que se integren en el núcleo
duro de la Unión monetaria, puesto que en esta
área la actividad económica tendrá
mayor estabilidad y menores riesgos. En los próximos
dos años, la política económica española
deberá conseguir: - Bajar la inflación,
y ello interesa a la economía productiva. - Bajar
los tipos de interés, y ello es lo que más
conviene a la economía productiva. - Racionalizar
el gasto público de nuestra economía puesto
que ello es imprescindible para reducir el déficit
público. Cumplir con los compromisos de Maastricht
va a garantizar que nuestra economía sea más
competitiva y a su vez que nos integremos en el núcleo
más estable de crecimiento en Europa. Ello es la
condición previa para poder definir, en la próxima
década, las bases del crecimiento económico
de los países de nuestro entorno europeo. Toda
la política exterior y la política económica
deberán ponerse al servicio del objetivo de incorporar
nuestra economía a la Unión Económica
y monetaria Europea y para ello, 1996 y 1997 van a ser
dos años clave en este proceso.
Alcanzar este objetivo va a requerir ciertos
consensos políticos en la reducción del
déficit público y en la disminución
de la deuda acumulada. De lo contrario, será difícil
que en tan poco espacio de tiempo podamos realizar el
esfuerzo que debe llevase a cabo para incorporarnos al
mayor proyecto económico que jamás ha experimentado
el continente europeo.
3.2. Mejorar la implicación de la ciudadanía
europea en la construcción de Europa Conflictos
como el acaecido hace pocos días respecto a la
no extradición de presuntos terroristas por parte
de Bélgica no beneficía la implicación de
la ciudadanía en la construcción europea.
La construcción de Europa hasta ahora ha venido
vinculada a la Europa de los Estados y, probablemente,
así debía ser por la cesión de soberanía
que comportaba. Sin embargo, en el futuro, la sociedad
así como las instituciones locales y las regiones
deberán tener una participación mucho más
activa en la articulación de la política
europea, lo cual permitirá una más estrecha
implicación de los ciudadanos en la construcción
de Europa. Las instituciones deben aproximarse al ciudadano.
Demasiado a menudo se ha reconocido el alejamiento de
las instituciones europeas respecto a la democracia directa
que se aplica en otros ámbitos legislativos y administrativos
de los propios países europeos. Los ciudadanos
necesitamos el acercamiento de las instituciones.
La política exterior española
deberá conducir en esa dirección buena parte
de sus actuaciones para aproximar el proyecto europeo
a la ciudadanía de nuestro país. La próxima
Conferencia Intergubernamental debería no defraudar
a la ciudadanía europea en esta dirección.
3.3. Vigilar la ampliación. Equilibrar
Europa Convergéncia i Unió acepta el proceso
de ampliación de Europa. La actual Europa de 15
miembros deberá seguir creciendo y ampliarse. Sin
embargo, debe evitarse que Europa concentre excesivamente
sus esfuerzos de integración y su contribución
al desarrollo de los nuevos países miembros del
centro y del este y que descuide la contribución
al desarrollo de su frontera sur y mediterránea.
Europa debe crecer equilibradamente y otorgar al área
mediterránea un mayor protagonismo en la construcción
europea. Ésta es la vía de reequilibrio
que España debe liderar en el marco de la construcción
de la Unión Europea.
3.4. Revisión de la financiación
Para avanzar en la construcción de la Unión
Europea será preciso revisar la financiación.
Los criterios contributivos deberán basarse preferentemente
en una mayor participación de aquellos países
que mantienen una mayor riqueza. Probablemente deberán
revisarse las variables que determinan las aportaciones
económicas de los estados miembros y combinar la
aportación en base al Impuesto del Valor Añadido
con la corrección en base al nivel de Producto
Interior Bruto de cada país miembro.
3.5. Reforzar el principio de subsidiariedad
La integración europea debe desarrollarse con el
mayor respeto a la distribución de competencias
entre la Comunidad, el Estado y las regiones. Es en este
contexto donde la reforma del Tratado debe otorgar al
Comité de las Regiones una mayor relevancía como
institución comunitaria. Desde la perspectiva española
para CiU es necesario garantizar a las Comunidades Autónomas
una participación más estrecha en la definición
de la política exterior del Estado, especialmente
en lo que se refiere a la Unión Europea. 9 Asimismo,
convendrá modificar el marco jurídico para
favorecer la creciente actuación exterior de las
Comunidades Autónomas y, en particular, aspectos
como la cooperación interregional y transfronteriza.
4. POLÍTICA EUROPEA Y MEDITERRÁNEA
La Conferencia Mediterránea de Barcelona
y posteriormente la Cumbre de Madrid han sido dos hitos
que valoramos muy positivamente para equilibrar Europa
hacia el Mediterráneo. Estos dos acontecimientos
han permitido establecer una contribución de Europa
a la política mediterránea cifrada en más
de 1 billón de pesetas destinados a aportaciones
y créditos para garantizar un crecimiento económico
y una cooperación política y social que
resultan fundamentales para garantizar la estabilidad
del área mediterránea. Desde CiU hemos contribuido
activamente a uno de los principales logros de la política
exterior española de los últimos años
como es el refuerzo de la política europea mediterránea.
En el futuro seguiremos impulsando un mayor desarrollo
de esta política de cooperación. Para ello
será necesario impulsar a partir de la política
euromediterránea de la Unión Europea un
desarrollo sostenible de toda la cuenca mediterránea
y especialmente de los países de la zona sur de
la ribera mediterránea. Intensificar el cumplimiento
del convenio Marpol para residuos vertidos en el Mediterráneo,
así como la constitución de un centro de
iniciativas para la producción neta en el área
mediterránea (convenio PNUMA) o la ubicación
en España de organismos europeos para canalizar
la cooperación y la contribución positiva
al crecimiento económico de 10 los países
del Magreb son aspectos que deberán tenerse muy
presentes en la política exterior española
de los próximos años.
5. AFRONTAR LA INTERNACIONALIZACIÓN
DE LOS DESAFÍOS MUNDIALES
5.1. Participar en la internacionalización
de los desafíos La globalización y la internacionalización
de las economías y de las actuaciones políticas
ha sido uno de los aspectos más relevantes que
han modificado el escenario mundial durante las últimas
décadas. El final de la Guerra Fría ha venido
acompañado de una creciente interdependencia económica
y de la proliferación de diferentes conflictos
políticos y desafíos sociales, territorialmente
localizados a veces, pero con una importante incidencia
internacional sobre todo el mundo.
Para CiU, la Unión Europea debe reforzar
su política exterior y de seguridad para contribuir
a participar y dar respuesta a los grandes retos y conflictos
europeos y mundiales. Necesitamos una política
europea de defensa y seguridad capaz de prevenir conflictos
y gestionar crisis regionales; una política de
defensa y seguridad que otorgue una especial atención
a la situación de la Europa del Este y del Área
Mediterránea. Es por ello que hoy Convergéncia
i Unió plantea ya la transformación del
ejército voluntario hacia un ejército profesional,
para integrarlo plenamente en la UEO y defender los intereses
generales de España y de la Unión Europea.
Necesitamos una política comercial
que nos permita unas relaciones económicas más
estrechas y también más justas con todos
los países y bloques económicos mundiales.
Necesitamos reforzar los esfuerzos multilaterales
para la protección del medio ambiente y para el
desarrollo de estrategias de política medio ambiental
para un crecimiento mundial sostenible.
Necesitamos una política de cooperación
al desarrollo más eficaz, más orientada
a la promoción de la estabilidad, de la democracia,
que contribuya a un mayor crecimiento económico
y a una mejora del nivel de renta de los países
a los que se dirige.
5.2. Especializar nuestra internacionalización:
Mediterráneo e Iberoamérica
Los programas políticos y económicos
se han internacionalizado, las soluciones también.
En este contexto, un país de tamaño limitado
como España debe lograr una cierta especialización
de sus actividades. En nuestro caso la opción es
especializarnos en dos direcciones: la primera es la ya
citada política mediterránea, con directa
incidencia sobre la cooperación con los países
del Magreb y, la segunda, la cooperación con los
países de América Latina. Debemos impulsar
acciones de cooperación con las reformas económicas
puestas en marcha en los distintos países latinoamericanos,
favoreciendo las inversiones españolas y la cooperación
industrial, científica y tecnológica. Para
ello será necesario que España adopte internamente
una serie de cambios estructurales en los ámbitos
fiscal, comercial y institucional, para favorecer la localización
de las instituciones económicas europeas que preferentemente
deseen desarrollar sus actividades con los países
iberoamericanos o los países del norte de Á
frica, con los que nos pueden unir mayores relaciones
históricas.
5.3. Reforzar Europa en las relaciones con
Estados Unidos, Japón y demás bloques económicos
Durante los últimos años han
proliferado los grandes acuerdos comerciales y económicos
entre países de una misma área para facilitar
el redimensionamiento de sus mercados en competencia con
los productores de otras áreas comerciales. A la
progresiva construcción de la Unión Europea
se han añadido procesos de integración internacional
de gran magnitud como son: el acuerdo NAFTA en América
del Norte, o el acuerdo MERCOSUR en América del
Sur, o la Asociación de Naciones del Noreste Asiático
(ASEAN), o también el Grupo APEC (Asian Pacific
Economic Cooperation). Frente a esta sectorialización
mundial de las relaciones comerciales la política
exterior española debe priorizar el apoyo y refuerzo
a la política exterior común europea.
5.4. Racionalizar la política migratoria
Los movimientos migratorios serán protagonistas
singulares de las relaciones internacionales durante las
próximas décadas. Europa será receptor
neto de emigrantes procedentes de los países del
Este, pero principalmente procedentes de los países
del Magreb y de África. CiU promoverá una
política migratoria en España en estrecha
consonancía con la de la Unión Europea que primará
el control de los flujos migratorios poniendo una especial
atención en la capacidad de integración
de los inmigrantes y de sus familias en la sociedad acogida.
Plantear correctamente desde ahora la integración
de los inmigrantes debería ser una cuestión
prioritaría para los próximos años. Procurar
por una correcta enseñanza de la lengua, garantizar
el apoyo educativo y cultural, favorecer el acceso a la
vivienda y a la sanidad de las personas inmigradas. Todo
ello contribuirá a una correcta integración
de los inmigrantes y evitará actitudes racistas
y xenófobas.
El control de las migraciones debe ser también
compatible con la agilización administrativa para
otorgar permisos de residencia y de trabajo. Por este
motivo, será preciso afrontar una profunda revisión
de la Ley de Extranjería con el fin de garantizar
efectivamente los derechos y libertades de los extranjeros.
6. UNA POLÍTICA DE COOPERACIÓN
AL DESARROLLO MÁS SOLIDARIA
Mejorar la cooperación internacional
con el desarrollo constituye uno de los retos más
urgentes que deben afrontar y solucionar los países
desarrollados. La cooperación debe constituir una
respuesta global a un problema global que priorice los
principios de solidaridad y de justicia internacional.
En el caso de la política de cooperación
española con el desarrollo deberíamos destinarla
preferentemente a los países de América Latina,
del Magreb y de la África Subsahariana mediante programas
o proyectos de cooperación que contribuyan a un desarrollo
integral de estos países receptores al objeto de
impulsar un desarrollo económico sostenible en los
mismos. Nuestro objetivo es el de poder destinar el 0,7%
del PIB como contribución española a lo que
se llama ayuda oficial al desarrollo. Este es el compromiso
que tenemos suscrito todas las fuerzas políticas,
sin embargo, todos sabemos de las dificultades de destinar
a esta finalidad un volumen que dobla sobradamente los recursos
que hoy destinamos a la cooperación con el desarrollo.
Para evitar caer en la contradicción de alguna fuerza
política que está tan dispuesta a afirmar
este compromiso como a incumplirlo, nos proponemos un segundo
objetivo menos ambicioso pero más realista y no exento
de esfuerzo económico. Se trata de garantizar que
en 1996 vamos destinar el 0,35% del PIB a la cooperación
con el desarrollo, este es el porcentaje medio que destinan
los países miembros del Comité de Ayuda al
Desarrollo de la OCDE; y vamos a garantizar que anualmente
incrementaremos el conjunto de recursos económicos
destinados a esta finalidad en un mínimo del 10%.