Profesor de Historia
Contemporánea de la Universidad Complutense
EMILIO
DE DIEGO
Ensayo nº16
Le doy la palabra a Don Emilio de Diego, Profesor
de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense,
Académico correspondiente de la Real Academia de
la historia, Director de la Revista "Historia Abierta",
miembro del Consejo de Redacción de otras revistas,
autor de muchos trabajos sobre temas de historia contemporánea,
está trabajando últimamente mucho sobre
el tema del 98, sobre la administración española
en Puerto Rico en el siglo XIX. Ha dado conferencias en
distintas Universidades de Francia, Italia, y Argentina.
Ha estudiado el tema de Yugoslavia en "La desintegración
de Yugoslavia " y en otros trabajos sobre los Balcanes,
libros en colaboración como "Europa hoy",
además de una serie de artículos. Quiero
destacar la claridad de su exposición y la facilidad
con que se lee y con que quedan normalmente grabadas las
cosas que de él se pueden aprender. Tiene la palabra
el Profesor de Diego:
EMILIO DE DIEGO
Muchas gracias, Embajador Aguirre de Cárcer,
por la amable presentación y por la invitación
a participar en esta Mesa Redonda. Majestad, señoras,
señores:
Cuándo recibí la invitación
del Embajador Aguirre de Cárcer me pregunté
¿qué tiene que decir un historiador sobre
las perspectivas de estabilidad en el futuro en la Europa
danubiana y balcánica, sobre todo si ese historiador
está convencido de que la historia no es un proceso
cíclico y en consecuencia que no se repite, como
creo que es evidente, de manera mecánica y obedeciendo
a determinismos cerrados? Eso me planteó la primera
duda ¿qué decir? ¿qué hacer?
Pensé que aunque no se repita, y a pesar de que
incluso algunos factores considerados como de incidencia
casi determinante en el comportamiento histórico
(así, los asertos braudelianos sobre la geografía»),
son incluso menos constantes y menos resistentes de lo
que pudiera parecer, tampoco se producen cortes abruptos
en la secuencia histórica y, por ello, aún
cabe extraer alguna enseñanza provechosa del pasado;
quizá porque, en última instancia, mi confianza
es que la historia resulta simplemente, nada más
y nada menos que el ejercicio de la libertad allí
donde es posible.
Desde ese punto de vista, sí me atrevo
a hacer alguna reflexión con pretensiones de presente
y aún de futuro sobre un periodo histórico
de la Europa danubiana, y balcánica que iría
más o menos desde comienzos del siglo XX hasta
el estallido de la Segunda Guerra Mundial: que corresponde
más o menos a la etapa cronológica que el
Embajador me indicó como significativa pata lo
que aquí tratamos hoy. Además, al hilo de
lo expuesto por el Embajador Bregolat, y en paralelo también
con las palabras de presentación de Don Nuño
Aguirre de Cárcer, he tenido ya ocasión
de sentirme un poco más tranquilo sobre lo que
yo voy a tratar de exponer aquí. Porque he oído
términos como recelo, resentimiento, solidaridad,
y eso son elementos que podemos captar como claves en
la evolución del acontecer en la Europa danubiana
y balcánica tras una reflexión en la etapa
histórica a la que me voy a referir y por ello
mismo proyectables a la actualidad en que vuelven a aparecer.
Se ha dicho muchas veces que los elementos
geográficos, étnicos, culturales, religiosos,
e incluso las propias circunstancias internacionales han
actuado en este área suroriental de Europa a partir,
muy significativamente, de 1878, pero principalmente desde
1903, 1905, 1908 (podríamos elegir diversos umbrales
de partida) como factores de dispersión política
y como elementos de desestabilización. Pero no
es menos cierto que esos mismos factores geográficos,
étnicos, Culturales, religiosos, internacionales,
etc. han actuado también, en ocasiones, como vectores
de cohesión; han funcionado como agentes estabilizadores
cuando se ha impuesto la voluntad de conseguir la paz.
Porque ni aun la accidentada historia de esta parte de
Europa es un proceso esencialmente continuo sino discontinuo,
y no es continuo ni siquiera en el sentido negativo de
la frecuente inestabilidad, aunque ya el informe Carnegie
de la encuesta sobre los Balcanes de 1913» que señalaba
anteriormente el Embajador Aguirre de Cárcer, se
espantaba de los horrores y las tragedias casi permanentes
de la región, a pesar de que se haya acuñado,
como se ha puesto de manifiesto y repetido muchas veces,
una especie de círculo de horror de Sarajevo a
Sarajevo.
Ciertamente, la historia de esta región
esta marcada por la integración y la desintegración
política entre los distintos espacios europeos,
el declive otomano y los propios factores de aproximación
y de repulsión de los diferentes pueblos del Sureste
europeo y del área danubiana- Sin embargo, su trayectoria
no ha sido siempre de sentido único. Voy a hacer
un rapidísimo repaso tanto en el sentido de la
dispersión como en el de la concentración,
en el de la inestabilidad y de la estabilidad, del recelo
y del entendimiento, desde 1908 hasta 1939. A partir de
la anexión de Bosnia Herzegovina a Austria como
respuesta al radicalismo nacionalista que se venía
observando en Serbia tras el cambio de
Monarquía de 1903, tenemos ya uno de
los factores que van a impulsar el posicionamiento internacional
del resto de Europa, una primera línea de acción
desde el interior hacia el exterior y pronto a la viceversa
por la propia actuación austriaca desde el ámbito
exterior hacia el interior. La guerra económica
austro- Serbia, las tesis favorables en Austria a la liquidación
del peligro serbio antes de 1908, que dieron paso a la
mencionada anexión de Bosnia, provocan un movimiento
de desestabilización regional que va directamente
a influir en los acontecimientos subsiguientes hasta 1914.
Por otro lado, aún en ese primer tiempo tendríamos
también factores de aproximación paneslava,
de lucha violenta, pero de camino hacia la libertad de
los pueblos eslavos contra el imperio otomano.
El eje del proceso hay que buscarlo, sin duda,
en todos los casos, en el nacionalismo como elemento dominante.
A veces el sentimiento nacionalista incorpora como valor
superior el eslavismo y los demás caracteres diferenciales
se diluyen ante él. Lo eslavo se convierte en aglutinante
interior y límite frente a las aspiraciones hegemónicas
de otros nacionalismos (germánico, turco, etc.).
En otros momentos, cuando la amenaza exterior se debilita
o desaparece, los "hechos diferenciales" internos
se anteponen al común denominador paneslavista.
Hay, en el primer caso, una violencia hacia fuera; mientras,
en el segundo, se convierte en pugna fratricida.
La primera guerra balcánica pone de
manifiesto la capacidad de aproximación en búsqueda
de unos intereses de liberación en los que se aúnan
precisamente algunos de esos factores religiosos, algunos
de esos factores culturales, algunos de esos factores
étnicos, y se conjugan de manera positiva para
el caso de Serbia y de Bulgaria. La segunda guerra balcánica
demostrará o vendrá a representarlos límites
de esa conjunción pues el recelo y el resentimiento
se imponen a las otras consecuencias de la victoria común
sobre Turquía. El resentimiento tras la primera
guerra, después del Tratado de Londres, llevará
a la segunda guerra balcánica, a una guerra entre
los antiguos aliados contra Turquía, a un nuevo
reparto territorial. ¿Cómo entender entonces
la situación, cómo la continuidad de los
factores de aproximación o cómo la primacía
de los factores de conflicto?
Yo creo que podríamos verla como la
consecuencia del resentimiento de una historia hecha más
"contra" que "por", aunque no únicamente
"contra", y, sobre todo, interferida negativamente
por intereses exteriores que acrecientan las diferencias
internas. En toda Europa, en todo el mundo, probablemente
la historia tiene parcelas en las que prima el "contra"
como motor del devenir. En el sureste de Europa y el área
danubiana seguramente esta primacía ha sido clara;
aunque también, como acabo de apuntar, ha habido
momentos en los que podríamos decir que esa historia
se ha hecho con criterios integradotes, que esa aproximación
se ha hecho "por" o "para".
La Primera Guerra Mundial vuelve a poner de
manifiesto esta situación dentro del mundo eslavo;
de una parte la lucha de Serbia contra los imperios centrales
y paralelamente el posicionamiento opuesto de Bulgaria
por el resentimiento del desenlace de la etapa anterior,
de la segunda guerra balcánica, acentuando los
factores de desunión. Cuándo concluye la
Primera Guerra Mundial entre los países vencidos
estará ciertamente Bulgaria, es decir, entre los
países que tienen que pagar un alto precio por
esa alineación anterior; en el otro extremo, entre
los que han obtenido dividendos de su posicionamiento
adecuado, estarán ciertamente Serbia, Rumania y
algunos más. ¿Qué vuelve a imperar
inmediatamente entre los pueblos de la región que
nos ocupa? Pues inmediatamente vuelve a imperar el nacionalismo
exacerbado, vuelven a dominar los recelos, el resentimiento,
y con él la conflictividad inevitable.
Decía hace poco el Embajador Bregolat
que Rusia en la situación de debilidad actual tendría
que aceptar lo que se le impusiera en cuanto a la ampliación
de la OTAN , pero el peligro de resentimiento quedaría
ahí y las consecuencias a corto y medio plazo parecen
alarmantes. Los países vencidos en la Primera Guerra
Mundial quedaron en esa posición de tener que aceptar
lo que se les impusiera: el desmembramiento de Hungría
o el recorte de los territorios búlgaros, por ejemplo.
Evidentemente eso dejaba abierta la puerta al conflicto
de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, no fue éste únicamente
el sentimiento derivado de lo ocurrido entre 1914 y 1918.
Junto a los factores de confrontación y de dispersión,
volvemos a encontrarnos en la propia estela del desenlace
de la Primera Guerra Mundial con fuerzas que actúan
a la inversa en este mismo área, impulsos hacia
la concentración invocando siempre los mismos criterios
geográficos, religiosos, étnicos, culturales,
etc.
Así, en la estela de la Primera Guerra
Mundial estaría en condiciones de desarrollarse
el primer proyecto yugoslavo, una empresa de integración
y de esperanza paneslava. No obstante sería un
intento de integración que pronto, a su vez, daba
paso a nuevos y graves resentimientos. ¿Porqué?
Pues porque dentro de ese proyecto iba a primar el modelo
unitario impositivo de la monarquía Serbia en contra
de los intereses y de los anhelos de croatas y de eslovenos.
Entonces, conforme al esquema que aludíamos antes,
los elementos religiosos (ortodoxos, musulmanes o católicos)
tanto como los lingüísticos o culturales en
general que habían quedado en un segundo plano,
vuelven a desempeñar el papel de fuerzas de confrontación.
Es decir que la complejidad, que es la nota dominante
de todo proceso histórico, aquí puede alcanzar
límites muy superiores a los de cualquier otra
región, aunque sobre los esquemas que señalábamos
anteriormente. No obstante, en modo alguno esta circunstancia
nos puede llevar a hacer esa interpretación simplista
que, a mí modo de ver, se ha hecho a propósito
de los últimos acontecimientos de Yugoslavia, no
solamente estableciendo una polarización en buenos
y malos, tras la guerra mediática a que aludía
Aguirre de Cárcer, sino a través de los
intentos de explicación demasiado reduccionistas
achacando a algunas circunstancias históricas,
más o menos duraderas, más o menos resistentes
al cambio, una capacidad decisiva para imponerse a la
voluntad humana. No existe ningún determinismo
de tal entidad.
He oído también aquí
al principio algo que me ha parecido sumamente revelador
en relación con lo que yo quería plantear
aquí esta tarde. Por encima de Otros factores negativos,
aún de notable permanencia histórica, puede
actuar el buen sentido de los políticos. No siempre
ha de ocurrir a la inversa, también puede esperarse
la aplicación del sentido común aprendido
del pasado. Ese posible buen sentido de los políticos,
ese sentido común, es la parte esencial del ejercicio
de la historia en positivo como hazaña de la libertad,
como consecuencia de la capacidad de elegir de los hombres
y de los pueblos. Se trata de apostar por el entendimiento
y la paz aprovechando los elementos favorables del momento.
Estos pueblos del sureste de Europa y de la
Europa danubiana no están hoy, como vimos al repasar
la etapa de 1908 a 1939, ante la única oportunidad
en que hayan tenido que elegir en situaciones claves de
la historia reciente, pero si quizá ante la más
importante en función de ese otro plano al que
he venido haciendo mención hasta ahora, no sólo
el interior sino el de lo que ha significado el interés
de las grandes potencias a la hora de complicar o simplificar,
de desestabilizar o de estabilizar la situación
interna. En el periodo al que nos estamos refiriendo,
desde 1908 hasta 1939, está claro que esa situación
internacional ha incidido rotundamente de manera negativa
en la inestabilidad de la región, pues la apetencia
expansionista de Austria hacia peligrar el futuro de paz
en la región y la presencia de Rusia suponía
otra grave amenaza, en su afán de aparecer como
contrapeso del expansionismo germano hacia el sureste
de Europa, para esa misma paz. Todo ello culminaría
en la encrucijada de 1939puesto que en el periodo de entreguerras
asistimos a una escalada prácticamente continua
de una tensión a otra. Así, de 1919 a 1939,
más que de paz cabría hablar de esa etapa
preparatoria para el siguiente enfrentamiento, en función
de las claves de recelo y de resentimiento heredados a
los que aquí se ha aludido.
Las alianzas, los pactos, las relaciones internacionales,
la búsqueda de alguna salida de los distintos Estados
de esta región entre 1908 y 1939, han respondido
a un esquema de dominación influido desde dentro
(los factores locales) y desde fuera (los intereses internacionales)
hacia la confrontación, hacia la realización
de una historia "contra". En el posicionamiento
internacional que acaba polarizando Europa en los dos
grandes bloques previos a la Guerra Mundial, cada uno
de los países de este área busca una especie
de salvaguardia frente al exterior; pero, al mismo tiempo,
tratan de lograr el apoyo de sus pretensiones de imposición
en la propia región, nunca el entendimiento. En
el periodo de entreguerras ocurriría exactamente
igual y cuando producen algún tipo de alianza incluso
entre ellos, en una especie de espacio intermedio hacia
afuera y hacia dentro (la Petit Entente, por ejemplo),
siguen buscando esos mismos fines.
Tendríamos pues que entender que, en
buena medida, hasta la caída del muro de Berlín
y la desaparición de la radical dicotomía
Este-Oeste, no se ha dado una circunstancia histórica
más favorable que la actual para que estos pueblos
sean capaces de situarse en el lugar que como ejercicio
histórico, como ejercicio de libertad, prefieran.
La traumática liquidación de la Yugoeslavititoista
debe superarse aprovechando un marco internacional decidido
a facilitar la estabilidad hacia el futuro inmediato.
Este afín coordinado de las grandes potencias y
de las organizaciones supranacionales por la paz debe
ser el mayor activo para la futura estabilidad de la región,
siempre que no se olviden las enseñanzas de su
historia.
En tal sentido, dentro de un plano diferente,
pero complementario y siempre en el periodo al que nos;
venimos refiriendo, el desarrollo del primer proyecto
yugoslavo, tanto en la fase denominada Reino de Serbios,
Croatas y Eslovenos, como en el posterior tramo de la
Yugoslavia que llega a la Segunda Guerra Mundial; tanto
al amparo de la Constitución de 1921 como al de
la de 1931; tanto en la primera etapa de intento de régimen
parlamentario liberal como después en la dictadura
real y posteriormente la regencia subsiguiente al asesinato
del monarca, nos muestra otro de los factores claves para
entender la situación desde el punto de vista de
la desestabilización. Nos señala, entre
los agentes de la dispersión política y
de la violencia dominante, la absoluta falta de respeto
a las minorías. Este es, sin duda, otro de los
componentes históricos más enraizados en
la región. Ni los rumanos en Transilvanía,
ni los serbios en Yugoslavia, ni la mayor parte de los
pueblos que han tenido protagonismo en una o en otra circunstancia
política dentro de este espacio histórico,
han acometido la solución a las diferencias étnico-culturales
con un mínimo afán de entendimiento, con
un mínimo de Comprensión, como aquí
se ponía de manifiesto, hacia ese problema, hacia
ese ansía de libertad v de legítima afirmación
de las minorías.
Por último he oído hablar aquí
de otro factor capital para el logro de un futuro más
armónico y estable, que aunque no se ha mencionado
con este término, yo creo que puede denominarse
solidaridad. Se ha dicho aquí que para entender
el futuro de Rusia en términos esperanzadores,
para evitar ese resentimiento de Rusia, para demostrar
la sinceridad de que la ampliación de la OTAN y
todo el resto de la política occidental no se hace
contra Rusia, es imprescindible la solidaridad. Una solidaridad
entendida no únicamente o estrictamente como valor
moral, menos aún como moralina, sino como elemento
clave en el futuro económico. Así, se hablaba
de que podríamos perder empleo ante la necesidad
de concluir posibles acuerdos comerciales que permitiesen
la reactivación de la economía rusa. Pues
bien, si esto llegara a producirse habría que buscar
alternativas capaces de armonizar los intereses entre
Moscú y la Unión Europea sin imposiciones
por parte occidental aprovechando las difíciles
circunstancias en que vive Rusia . Esa es la clave de
futura estabilidad como factor de entendimiento, como
factor de comunicación, una solidaridad internacional
basada en una posible complementariedad que no ha habido
en ningún momento ni en ningún sentido en
la accidentadísima etapa histórica de 1908
a 1939 a la que nos hemos referido.
Si tomamos en cuenta la experiencia histórica,
probablemente los conflictos desatados por cuestiones
territoriales, por cuestiones de minorías, por
cuestiones de intransigencias en uno y otro plano, estarían
ahora ante mayores expectativas de entendimiento futuro
que lo estuvieron en ninguna parte de esa etapa del pasado,
a pesar de las secuelas del drama yugoslavo. Ante la caída
del comunismo, la liberalización de la región
balcánico-danubiana ofrece allí posibilidades
de construir un mundo más estable, democrático,
libre y justo. Habrá que aprovechar para lograrlo
lo mejor del pagado y superar los errores, desgraciadamente,
pero no inevitablemente repetidos.
No es ineludible hacer la historia "contra",
la historia se puede hacer "por" y muy seguramente
en la región de la Europa danubiana y balcánica
ha llegado el momento de asumir esta dinámica,
a pesar de los obstáculos existentes. No hay necesidad
de repetir, porque la historia no se repite ineludiblemente,
esos elementos de conflicto desestabilizador. No deben
invocarse como justificación de una determinada
peripecia histórica elementos que son conjugables
y superables por el buen sentido exigible a los políticos,
llámese en términos más amplios por
la buena voluntad» por la búsqueda de la
libertad y de la comprensión de los seres humanos,
protagonistas posibles y no esclavos inevitables de ningún
tipo de determinantes.
NUÑO AGUIRRE DE CÁRCER
Muchas gracias Profesor De Diego. Sé
ve claramente por su explicación cómo la
historia se repite; es decir, quieras o no, los datos
básicos están ahí: la geografía,
las razas, los sentimientos, y lo que hace falta es conocer
la historia. Hace poco estaba yo leyendo una biografía
del suegro de Evelyn Waugh, el escritor católico,
el novelista inglés. El suegro se llamaba Aubrey
Herbert, Diputado, hombre de mundo, también aventurero,
un pequeño Lawrence. Estuvo mucho en Turquía,
se llevaba muy bien con los turcos, anduvo también
en Albania, hasta el punto de que algunos de los comités
en Londres le sondearon para ofrecerle la Corona, que
el rechazó; se la dieron al Príncipe de
Wied, por poco tiempo. Pues bien, al leer sus explicaciones,
sus correrías, desde el norte, en Scutari, la región
católica, hasta abajo, en Argirocastro, la región
ortodoxa, parecía exactamente estar leyendo una
crónica del Financial Times de antes de ayer: los
mismos recelos, los mismos estímulos, las mismas
cosas difíciles, los mismos italianos que entran
y salen, van y vienen. De modo que ésa es la lección
de la historia, hay que tenerla presente.
Tengo que agradecer doblemente a Don Lluis
Foix que esté con nosotros, por haber venido desde
Barcelona expresamente para este acto. Tiene la doble condición
de catalán y de periodista y creo que por la doble
condición, el bonseny catalán (que también
tiene Bregolat) y la profesión de periodista, sabe
buscar en la actualidad aquellos datos que son relevantes
y que pueden abrir camino hacia la correcta información
que en un gran periódico como es la Vanguardia tienen
en él el mejor exponente.
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