JORGE
FUENTES
Ensayo nº16
He pasado muchos anos de mi vida en los Balcanes.
A diferencia de lo que ha dicho el Profesor, que ha aprendido
casi todo en las aulas, y lo que ha dicho el periodista,
que lo ha aprendido casi todo en los libros, yo no voy
a citar ni un solo texto, porque voy a contarles la experiencia
vivida durante siete años en aquella parte de Europa
y las reflexiones allí gestadas. Viví en
ella desde la época en que Tito reinaba en Yugoslavia
y volví a ella cuando Glivorov, el Presidente de
la ex República Yugoslava de Macedonia, sufrió
el atentado que casi le cuesta la vida. Conocí
las grandes manifestaciones comunistas en la Bulgaria
de Jivkov y también la vuelta absolutamente triunfal
del Rey Simeón a aquel país en Mayo del
año pasado, y puedo decides y esto no es un elogio
que quiero hacer a Su Majestad, aquí presente,
que de todas mis experiencias en los Bal- canes en esos
siete años, ninguna me quedará en el recuerdo
tan vividamente y tan profundamente como aquellos gloriosos
días que vivimos codo a codo —debería
decir: yo tuve el privilegio de estar a su codo. Señor—-.
Pero para que ustedes sepan a qué atenerse,
y porque soy consciente de que uno de los problemas de
quien escucha es que no sabe cuánto va a tener
que aguantar la verborrea del orador, les voy a decir
que voy procurar ser breve, desarrollando mi ponencia
en cinco puntos de forma qué a cada capítulo
que vaya superando ya sabrán qué nos queda
uno menos por soportar.
El primero: ¿Por qué los Balcanes
son inestables, por qué Balcanía se ha convertido
en sinónimo de atomización, de división,
por qué se ha creado el sustantivo "balcanización
", que quintaesencia la inestabilidad y la fragmentación.
Estoy muy de acuerdo con lo qué ha dicho el Profesor
de Diego, aunque voy a intentar resumir su argumentación
desde otro ángulo. Se ha dicho que el origen de
la inestabilidad de los Balcanes está precisamente
en su tremenda diversidad. Diversidad de carácter
étnico —en la región conviven eslavos,
turcos, griegos, judíos, gitanos, latinos—-;
diversidad desde el punto de vista lingüístico,
ya que no sólo convergen diversas lenguas, sino
incluso diversos alfabetos, como el latino, el cirílico,
el griego. Existe, en fin, diversidad religiosa, conviviendo
las religiones católica, ortodoxa, islámica,
judía, etc.
Y sin embargo, pienso que toda esa diversidad
no es el origen, sino la consecuencia de los grandes problemas
de atomización y de enfrentamiento que ha habido
históricamente en los Balcanes. Porque en mi opinión
los orígenes son, por una parte, la presencia de
las grandes potencias europeas que en un momento determinado
se derraman sobre la región, principalmente el
Imperio Austro- húngaro, que llegó prácticamente
hasta la puerta de Belgrado.
En segundo lugar, la aparición sucesivamente
de toda una serie de potencias medías dentro y
fuera de los Balcanes; las que interesan aquí a
los efectos de inestabilidad son las potencias medias
balcánicas. Prácticamente todos los países
de la península balcánica han sido potencias
medias: la Gran Bulgaria, la Gran Serbia, la Gran Rumania,
de la Gran Albania, y esto sin mencionar al Imperio Bizantino
—es decir, el Imperio Helénico— y el
Imperio Otomano. Como consecuencia de ese deseo de engrandecimiento
y teniendo en cuenta que el queso de los Balcanes es inamovible
y que la superficie geográfica no se puede ampliar,
cada país que intentara ser grande no podía
serlo más que a costa de los demás. De esa
forma, la Gran Bulgaria lo fue recortando el territorio
de sus vecinos
rumanos, griegos y serbios; la Gran Serbia lo fue a costa
de todos lo spaíses de su entorno; la Gran Rumania
se tragó el norte de Bulgaria, la Dobrutcha; cuando
Grecia consiguió recuperar la Tracía que había
sido búlgara, perdió nada menos que Constantinopla.
Es decir, que la región se ve sometida a un continuo
vaivén en los cuatro sentidos geográficos
contribuyendo a la desestabilización regional.
El tercer factor fundamental fue la aparición en
la escena de una serie de potencias exógenas, ya
no potencias europeas como lo era el Imperio Austro- húngaro,
sino potencias extranjeras que se situaron en la región
física y materialmente o por el deseo de marcar
su influencia sobre el área, tal fue el caso de
Turquía y Rusia. Decir que Rusia no es una potencia
europea es un poco atrevido, pero cuando se piensa en
Vladivostok, se comprendé que Rusia es asiática,
y por el contrario desde Moscú o San Petersburgo
se está ante una Rusia Europea. Turquía
es un caso todavía mas excepcional, porque tratándose
de un magnífico país con una importante
cultura y civilización, tenemos la convicción
de que es una civilización excraéuropea.
Tanto Rusia como Turquía consiguen entrar en el
siglo XX, y lo harán sin duda en el XXI, con una
parte muy importante de su territorio en Europa, pero
esto no fue siempre así ni estaba escrito en ningún
lado que tuviera que ser así, pero así fue.
La presencia de Turquía y sobre todo del Imperio
Otomano en todo el sur de los Balcanes hizo que se formara
un quiebra casi orográfica entre la parte norte
austro-húngara y la parte sur otomana, siendo el
Danubio la línea separatoria de demarcación.
Aquí acabaría el capítulo primero
sobre los orígenes de la inestabilidad balcánica.
El capítulo segundo va a ser descrito
muy brevemente por ser su dramático contenido muy
conocido. Es el período que cubre todo el siglo
XX, principalmente desde la Primera Guerra Mundial, hasta
1989. Durante todo ese tiempo y como consecuencia de lo
dicho antes, se desarrollan en la región dos guerras
balcánicas y dos guerras mundiales que traen como
resultado que los Balcanes son objeto de la mayor fragmentación
—como decía Luis Foíx hace un momento-—
la mayor operación de cartografía que hemos
conocido en Europa.
Si desde España siempre hemos pensado
que la Península Ibérica era una región
anárquica y caótica, ello dista de reflejar
la realidad al comparar con otras partes de Europa: somos
el único subcontinente europeo en el que los dos
países miembros hemos tenido desde hace tiempo
participación en las mismas organizaciones internacionales.
Pensemos en lo que ocurre en los países escandinavos
o incluso entre las muy civilizadas Islas Británicas
e Irlanda, que cada una mira hacia un lado. En los Balcanes
la situación era extrema pues hasta 1990 Rumania
y Bulgaria eran miembros del Pacto de Varsovia, Grecia
lo era de la unión Europea y de la OTAN , Turquía
solo de la OTAN , Albania estaba totalmente aislada y
Yugoslavia era neutral y no alineada. He ahí un
ejemplo clarísimo de atomización, es decir,
de balcanización,
Parte tercera: los Balcanes tras: 1989, es
decir, tras la caída del comunismo. Encontraremos
en este período capítulos negativos y capítulos
positivos; no todo es bueno en él, ni todo es malo;
comenzaré por lo malo. Hemos pasado del viejo orden
al nuevo desorden. Como decía hace un momento Lluis
Foix refiriéndose a la caída del Muro de
Berlín; los nuevos tiempos nos iban a traer muchos
problemas. Los Balcanes proceden simultáneamente
a un encogimiento y a la proliferación de sus estados.
Se han encogido porque muchos de sus miembros parecen
estar queriendo escapar de esa especie de fatum trágico
que es el ser balcánico, es como si actualmente
nadie quisiera ser balcánico. Cuando muchos de
nosotros estudiábamos el bachillerato, los Balcanes
eran todo aquello que estaba al sut de Viena y por supuesto
incluían a Hungría, a todos los países
de Yugoslavia, a Rumania, Bulgaria, Grecia, Turquía
y Albania. Hoy escuchamos declaraciones según las
cuales Eslovenia ya no es balcánica, y Croacia
tampoco, Hungría por supuesto dejó de serlo.
De seguir por este camino sólo Bulgaria va a quedar
como país balcánico y ello porque la cordillera
balcánica atraviesa el país y el balcanismo
búlgaro es irrenunciable. Diré de pasada
que "Balean" significa "montaña".
Al mismo tiempo y con la fragmentación de Yugoslavia,
aparecen varios nuevos países como son Bosnia,
Macedonia, y Serbia -Montenegro.
Otro aspecto negativo: los países de la región
se encuentran en el peor momento de la transición
hacia la democracia, y ello porque han desaparecido ya
los pequeños y modestos colchones de seguridad
que proporcionaba el comunismo, sin que hayan aparecido
aún los grandes beneficios del capitalismo y la
democracia. El mismo igualó las sociedades a la
baja pero al menos impidió la gran pobreza y la
marginación que han brotado ahora.
Igualmente a incluir entre lo negativo, es que tendríamos
que distinguir entre la transición que se está
produciendo en los países del Norte del antiguo
Pacto de Varsovia, y lo que está ocurriendo en
la zona Sur. Los cuatro países de Visegrado están
consiguiendo hacer la transición con éxito.
Polonia, Hungría y Chequia están recuperando
buenos niveles de desarrollo y su aproximación
a la OTAN y a la Unión Europea es veloz. ¿Por
qué la zona sur no lo está consiguiendo?
Amigos en Bulgaria y Macedonia me dieron argumentos, yo
les voy a proporcionar uno por lo que valga. aunque no
estoy muy convencido de su razón. He de decir que
sobre este argumento que voy a dar, he visto confrontaciones
casi violentas en Bulgaria, ya que muchos de sus nacionales
no lo aceptaban.
El argumento es el siguiente: al llegar el
comunismo en 1945 a Europa, la zona Norte del continente
estaba en una posición avanzada, de desarrollo
industrial y económico. De hecho la República
Checoslovaca era uno de los países que tenía
el nivel de renta per cápita más elevado
de Europa y ciertamente lo tenía más alto
que Alemania. Con el ingreso en el Pacto de Varsovia,
y sobre todo en el Comecon, los países del norte
sufrieron una enorme regresión.
La situación de los países del
Sur habría sido la contraría, partiendo desde situaciones
semi rurales en muchos de los casos se habría ido
hacia un mejoramiento, un igualamiento con los de la zona
Norte en un punto medio. De hecho en la división
internacional del trabajo propugnada por el Comecon, Bulgaria
se especializó en alta tecnología llegando
al final del comunismo en una situación relativamente
favorable. Pues bien, sobre este argumento aparentemente
inocente, he sido testigo de discusiones muy vehementes
entre quienes defendían la posición y quienes
creían que Bulgaria estaba bien desarrollada antes
del comunismo siendo precisamente su advenimiento el que
empobreció el país.
Lo cierto es que después de 1989 hemos
asistido en la región Sur a un proceso de transición
hacia la democracia y hacia la economía de libre
mercado verdaderamente catastrófico, particularmente
en Bulgaria, donde en siete años se han sucedido
siete gobiernos cada uno intentando pequeños pasos
de acercamiento hacia una economía libre sin herir
demasiado a las capas inferiores de la población,
y buscando hacer un proceso lento creyéndolo viable.
Era como querer pasar de circular por la izquierda como
hacen en el Reino Unido a circular por la derecha como
hacemos en el Continente, pero hacerlo progresivamente.
En realidad un tal cambio tiene que ser súbito,
de la noche a la mañana: hoy se conduce por la
izquierda y mañana por la derecha. En Polonia,
el Plan Baldero-vicz aplicó una terapia de choque
que está funcionando, en tanto que las indecisiones
del Sur no han funcionado y su resultado son las pirámides,
quiebras generalizadas, empobrecimiento de la población
hasta niveles de un 2.000 por cien. El sueldo medio en
Bulgaria a principios de 1997 era de diez dólares
por persona y por mes.
¿Qué hay de bueno en la nueva
realidad? Consecuencia final de la situación que
acaba de describirse ha sido la toma de la calle por los
insatisfechos de la región. En Albania de forma
definitivamente violenta; pero también en Serbia,
en Macedonia y en Bulgaria con el efecto positivo final
de que en Bulgaria la calle consiguió forzar elecciones
con el triunfo de las fuerzas democráticas. Segundo
aspecto positivo: ha mejorado el paisaje urbano. Uno va
por las calles de Bulgaria, de Serbia, de Rumania y ve
tiendas, bares, restaurantes: es otro mundo. Hay una esperanza.
No todos pueden comprar los productos en venta —como
tampoco en Occidente— pero la esperanza está
abierta.
Tercero y fundamental aspecto favorable es que se está
en la buena línea; antes quizá las cosas
no fueran tan mal, pero era una línea sin futuro,
era un mundo que se hundía. La distancia enere
el Esté y el Oeste era cada vet más grande,
la brecha se agigantaba. Era una realidad que tenía
que acabar y acabó antes de lo que todos sospechábamos.
De pronto, por una serie de coincidencias históricas
aquello terminó y nos encontramos con esta nueva
situación, en la que por lo menos se avanza en
la dirección adecuada. Se sabe que siguiendo por
éste camino se llegará a un buen objetivo;
por el anterior, no. Porque en el fondo lo realmente positivo
es que por encima de todo, siempre es mejor el desorden
de la libertad que el orden de los gulags. Por lo tanto
es mucho mejor el desorden actual que el orden anterior.
En este punco quisiera hacer referencia al
factor monárquico y a las posibilidades de su restauración,
una cuestión de actualidad ya que no sólo
su Majestad el Rey Simón II volvió a Bulgaria
y fue el primero en hacerlo con éxito arrollador,
sino que después han seguido el ejemplo otros muchos
ex-monarcas, y digo ex-monarcas porque en el caso de los
restantes ya no son monarcas. El Rey Simeón II
fue entronizado rey cuando era un niño y nunca
renunció a la Corona. Tuvo que abandonar su país
por razones conocidas.
El caso de los restantes monarcas que han
intentado volver a sus países ha sido completamente
diferente porque todos ellos habían renunciado
o nunca habían llegado a ser reyes. Miguel de Rumania,
después de recibir unos cuantos portazos del régimen
aún no democratizado de su país, se ha convertido
en propagandista de la causa rumana, de la nueva democracia
rumana, pero partiendo de la base de que reiterara su
renuncía a la Corona y a todos los bienes que con- llevaba.
En el caso de Albania, Leka no podría volver a
Albania más que como resultado de una desesperanza
absoluta de su país.
La restauración de Bulgaria, que no
es en absoluto a descartar, pasa en mi opinión
por unas condiciones muy determinadas. Y es que si las
cosas van muy bien o si van muy mal en Bulgaria, la restauración
será imposible. Si van muy mal, porque difícilmente
el Rey podría remontar la crisis y sería
víctima de aunque nadie se acordaría de
un monarca que a fín
de cuentas no había sido necesario para ayudar
en el proceso de incorporación del país
a la Unión Europea, a la OTAN , etc. Por lo tanto
en la vía media se encontraría la única
posibilidad de restauración. Ello pasaría
además, en mi opinión, por una presencia
permanente o continuada del candidato en el país.
Es difícil recuperar la Corona a distancia, es
posible recuperarla desde dentro.
Punto cuatro y solo nos quedan dos: qué
hacer para el futuro. Europa debe propiciar la integración
de los países balcánicos en las instituciones
mencionadas, la Unión Europea, la OTAN , la ÜEO,
y no dejar a nadie en la sala de espera; debe dar pistas
claras a los países que no pueden integrarse ahora
sobre cuándo y bajo qué condiciones podrá
producirse la integración. Debe acabar con los
maniqueísmos y los prejuicios que hay respecto
a determinadas regiones. En Europa se prima al Oeste sobre
ffl Este y al Norte sobre el Sur sin que haya ninguna
razón para que ésto sea así. Europa
la hemos hecho entre todos, e incluso me atrevería
a decir que determinados países del Sur y del Este
han sido más europeos que algunos del Oeste, porque
nosotros en nuestra fértil prosperidad muchas veces
hemos tenido sueños extraeuropeos, hemos lanzado
nuestra aventura allende los mares mientras que ellos
no han tenido más sueños y mas esperanzas
que aquellos que estaban vinculados a Europa; esos países
sólo han vivido para y por Europa.
Al decir que no debemos aislar a nadie, me
.refiero también y sobre todo a Rusia y aquí
enlazo con la brillante exposición de Eugenio Bregolat
porque pienso que una involución en Rusia tendría
muy graves consecuencias no sólo para Rusia sino
para el resto de la región y en este punto disiento
de alguna afirmación que se ha hecho. Siempre he
pensado que la vuelta al comunismo en los países
ex- comunistas será imposible, a menos que hubiera
una vuelta atrás en Rusia. Si esto ocurriera, aquellos
países que todavía no estuvieran integrados
en Europa podrían sufrir graves retrocesos, siendo
ello particularmente cierto en lo spaíses balcánicos.
Porque la historia de Polonia y de Hungría es una
historia de recelos y de animadversión hacia Rusia
y hacia la Unión Soviética. También
de recelo hacia Alemania, pero en este caso combinado
con respeto. En cambio la historia del Sur es diferente:
hay agradecimiento en Bulgaria hacia Rusia porque Rusia
}a liberó de Turquía, aunque fuera por necesidades
geoestratégicas. De forma que si en Rusia hubiera
una involución y los Balcanes no estuvieran todavía
integrados, aquella arrastraría en su marcha a
buena parte de los países de la región.
Y con esto llego a mi último punto
con unas conclusiones. Europa es un pequeño continente
y pese a esa pequenez siempre hemos tendido a ser excluyentes
respecto a nuestros vecinos. Se decía muchas veces
que África empezaba en los Pirineos, lo que de
un plumazo dejaba a España y Portugal excluidas
del continente. Se ha dicho que el Reino Unido estaba
más cerca de Estados Unidos que de Europa, que
en cuanto había una tormenta en el Canal Europa
se quedaba aislada. Los países escandinavos eran
vistos como lejanos desdé el centro de Europa y
más aún los Balcanes, que eran una mezcla
de Oriente Medio y de África.
No puedo estar más en desacuerdo con
esas afirmaciones y estereotipos. Europa somos todos,
no cabe excluir a ningún país de la europeidad.
Pensemos en un país que tampoco tiene gran cartel
en Bruselas, como es Grecia. La balcánica Grecia
es, tópicos aparte, la cuna de la civilización
europea, y el Imperto Bizantino fue un magnífico
imperio que contribuyó muy decisivamente a la formación
de la civilización europeo-occidental.
Europa tendrá que hacerse entre todos
los países, sin que ni uno solo pueda verse excluido,
porque no tendremos paz en Europa si algunos países
se enfrentan en su perifería. No podríamos vivir
con unos vecinos que estén en continua guerra.
Desde la Unión podríamos ayudarles mejor.
Es decir, y con esto sí quacabo, Europa no podrá
serlo a seis, a doce o a quince: o la hacemos entre todos
o Europa nunca llegará a nacer.
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