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SEMINARIO
"EL
FUTURO DE LA DEFENSA EUROPEA"
23 de septiembre de 1999
• Ignacio Cosido, jefe del Gabinete
Técnico del Director General de la Guardía Civil
Comprendo el escepticismo histórico
de Manuel Coma, incluso lo comparto en alguna medida, pero
creo que aquí nos puede pasar algo como con Pedro
y el lobo, que se ha dicho tantas veces que viene la defensa
europea, que viene la defensa europea, que verdaderamente
el día que vaya a llegar todos vamos a decir: estamos
instalados en el mismo discurso. Y en ese sentido creo que
coincido más con Rafael Bardají en que algo
se está moviendo; todavía no está muy
perfilado y todavía no hemos pasado de los discursos
a los hechos, o hemos pasado en muy limitada medida, pero
hay algunas decisiones importantes que ya se están
adoptando.
Estamos en un momento en el
que por primera vez, tras muchos intentos que ha habido
de tratar de construir algo parecido a una defensa europea,
nos encontramos en un camino que puede llevar a alguna realidad,
aunque la realidad tenga todavía contornos muy difíciles
de precisar. Este hecho se explica porque la situación
actual es distinta, no ya al período de entreguerras,
sino, fundamentalmente, a todo el período de guerra
fría. Han cambiado demasiados elementos y, por tanto,
hay una situación nueva en el que un experimento
de este tipo puede enraizar en mucho-mayor medida de lo
que podría hacerlo en un escenario de guerra fría.
La primera pregunta que me hacia,
cuando planteábamos la cuestión (para qué
queremos una defensa europea? ), la respondía señalando
que es evidente que no la queremos para defender nuestro
territorio, porque creo que hoy no hay ninguna amenaza que
percibamos que ponga en riesgo nuestra integridad territorial.
Ni siquiera el caso de Rusia, cuya potencia militar creo
que cada día se encuentra mas cuestionada y que,
si supone alguna amenaza, es una derivada de los propios
efectos de la disgregación y del desmoronamiento,
pero no como una capacidad real de afectar a nuestra seguridad,
al menos en términos territoriales.
Por otra parte, tampoco creo
que fuera estrictamente necesario una defensa europea para
realizar operaciones humanitarias, aun cuando fueran muy
alejadas de nuestro territorio (para ir a Timor, por ejemplo).
Depende también de la dimensión, pero yo creo
que no es estrictamente necesario. Tienen que ser operaciones
de una mayor envergadura, tienen que ser operaciones bajo
el paraguas de Naciones Unidas, pero más que una
misión de interposición, una misión
que implique la utilización de la fuerza. Ahí
es donde los europeos encontramos nuestros auténticos
límites. Por tanto, yo entiendo una defensa europea
con el objetivo de salvaguardar los intereses europeos.
Lo que ocurre es que tengo mucha dificultad para identificar
cuáles son esos intereses europeos. Y lo que sí
percibo es que en todo el entorno estratégico de
Europa, miremos en la dirección en que miremos, salvo
si miramos, lógicamente, al Atlántico, existe
un deterioro de la situación ; es decir, creo que
el Caúcaso está en llamas ahora mismo, creo
que los Balcanes, quizás hayan superado la etapa
más aguda de la crisis, pero siguen existiendo rescoldos
que amenazan con que el fuego pueda volver a prender, acaso
por elementos más colaterales de lo que hasta ahora
se ha quemado -Croacia, en primer lugar. Bosnia en segundo,
Kosovo en tercero-, pero que hay todavía material
inflamable para que el incendio, si no se controla, pueda
resurgir; y respecto a la situación en el Norte de
África y en general en el Mediterráneo, incluyendo
Oriente Medio, también hay una situación de
inestabilidad, aunque con mejores perspectivas, tanto en
el medio Oriente como en Argelia ; sin embargo, siguen existiendo
factores susceptibles de desencadenar una crisis.
La defensa europea debe estar
dirigida a ese entorno inmediato de lo que es Europa. No
es realista pensar en una defensa europea con intereses
globales o con capacidad de intervención global,
pero sí creo que puede ser necesaria una defensa
europea para intervenir en ese entorno inmediato. Con la
dificultad de identificar esos intereses comunes y de crear
mecanismos de solidaridad que en un momento determinado
permitieran a Noruega participar en una operación
a desarrollar en Argelia, si es que llegase el caso, y convencer
a España o a Portugal de la necesidad de tomar parte
en una operación que se pueda producir en Estonia.
Eso tiene sus dificultades, pero en cualquier caso, me parece
que la definición de esa agenda de intereses comunes,
sería una de las asignaturas previas a la construcción
de una defensa europea. Quedaría siempre la cuestión
de la voluntad, que creo que es un elemento muy importante.
Se precisan tres grandes bloques para construir la defensa
europea: necesitamos unas capacidades, necesitamos unos
instrumentos de decisión comunes, pero, al final,
necesitamos una voluntad política. Tengo para mí
que ese quizá sea el elemento más difícil
de construir, porque eso es prácticamente imposible
de improvisar; existe o no existe. Sea como fuere, su desarrollo
requiere un tiempo mucho mayor.
También me asaltaba una duda, como justificación
estratégica para la necesidad de construir una defensa
europea: gestamos conformes o no con la naturaleza unipolar
que ha adoptado el mundo tras la guerra fría? Hemos
pasado de la bipolaridad a un mundo unipolar, con algunas
correcciones, porque también hay potencias regionales
que son emergentes; pero, no está claro si hay alguna
justificación de construir algo porque no estemos
conformes con el hecho de que EE.UU. sea la única
potencia capaz de intervenir en cualquier lugar del planeta
y de algún modo mantener esa primacía política
de los EE.UU., y si la defensa europea puede tener alguna
justificación para dotarnos de una mayor autonomía
frente a esa gran potencia. Es algo que dudo. Porque, en
principio, no estoy excesivamente disconforme con el mundo
uni polar; creo que es un mundo en el que se vive aceptablemente
bien, pero entiendo que puede haber argumentos en contra,
que tal panorama puede generar sus peligros a largo plazo.
Hasta ahora me he referido a
una lógica externa para intentar construir una defensa
europea, en la medida en que haya que defender unos intereses
europeos, lo cual tampoco tengo demasiado claro. Creo que
es mucho mas poderosa la lógica interna, es decir,
la necesidad de la unión política en la que
se ha convertido hoy la Unión Europea. La unión
económica, por supuesto, pero también política
debe complementarse con unas capacidades militares comunes
y con una política de defensa común. De lo
contrario, la propia arquitectura -si es que se puede hablar
de eso- de la construcción europea, adolecería
de una carencia inicial en el proyecto y el edificio que
se quiere elevar sería un edificio que se demostraría
inestable, porque le faltaría uno de los pilares,
una de los soportes básicos sobre los que construirle.
Entiendo que hoy esa lógica interna es mucho mas
determinante a efectos de construcción europea que
la lógica externa.
Otra duda no resuelta: en qué
medida es posible seguir afirmando lo que todos los políticos
europeos han venido hasta ahora afirmando con todo rotundidad:
que la construcción de una defensa europea no sólo
no es alternativa a la Alianza Atlántica, sino que
incluso la fortalece de algún modo;'
Desde un punto de vista meramente
racional o académico, tiendo a pensar que la construcción
de una defensa europea no tiene por qué ser sustitutoria
de una defensa transatlántica; pero sí que,
en efecto, tiene un elemento de mayor autonomía y
un elemento de sustitución parcial de lo que había
sido la defensa transatlántica, porque si no, no
le encuentro mucho sentido. Esto es algo percibido por los
propios EE.UU. y, de algún modo, asimilado y aceptado;
es decir, que la construcción de una defensa europea
lleva consigo un cierto desplazamiento de la OTAN , al menos
del escenario europeo, en el cual se supone que esa defensa
europea sería donde tendría su mayor desarrollo,
y eso creo que es un elemento que llama en el fondo a mucha
precaución por parte de los líderes europeos,
porque -ya se ha comentado antes- es apostar por algo que
está todavía por hacer y que todavía
no existe, a costa de arriesgarse a debilitar algo que sí
existe y que ha demostrado que puede funcionar.
En cualquier caso, lo que resulta
evidente es que el gap entre las capacidades militares de
EE.UU. y las capacidades militares europeas se está
incrementando hasta niveles peligrosos en la medida en que
afecta, no solamente a la autonomía o capacidad europea,
sino a la propia interoperatividad de los europeos con los
americanos. Así, puede llegar un momento en que nuestros
equipos estén tan desfasados que seamos más
un lastre que una ayuda para las operaciones que desde la
Alianza Atlántica se puedan decidir y activar.
Cuáles son las tres líneas
de trabajo, por así decirlo, para tratar de reducir
ese creciente desfase de las capacidades militares. Situaría
en primer lugar la necesidad de dar mayor competitividad
a la industria europea. Una buena parte de la explicación
de por qué EE.UU, con sólo un 30% más,
consigue capacidades militares mucho mayores que lo que
representa ese porcentaje, es porque la industria europea
es mucho menos competitiva que la industria norteamericana
a la hora de dotar a su proceso con sistemas de armas, y
como el sistema de adquisiciones está muy viciado
por un criterio político de desarrollar la industria
europea, eso hace que, por ejemplo, el F-2(XX) sea mucho
más caro y menos capaz de lo que pueda ser un avión
estadounidense; y eso es bastante extrapolable, sobre todo
respecto a aquellos equipos que tienen un componente tecnológico
alto.
Es indudable que ganar en competitividad
pasa por la dimensión, pero yo creo que no solamente
por ella; es más, si hubiera un criterio estrictamente
político de compra europeo y vamos a una concentración
de la industria europea, yo no estoy muy seguro de cuál
pueda terminar siendo el resultado, porque si eliminamos
toda clase de competitividad o de competencia en la industria
europea de defensa, creo que a medio plazo habremos cometido
un grave error. Así, la dimensión es un requisito
imprescindible y es imperativo un proceso de concentración
de industrias, pero creo que habrá que crear mecanismos
alternativos de competencia, y, en última instancia,
al igual que ocurre en el mercado, habrá que mantener
una cierta apertura para que si un producto es muy caro
y muy malo, no se compre y adquiramos en otros mercados,
porque de lo contrario puede ser peligroso.
En segundo lugar, creo que tenemos
unos ejércitos muy burocratizados en Europa; es decir,
que consumimos una ingente cantidad de recursos en mantener
las estructura burocráticas de cada uno de los países;
y, también, coincidiendo con Rafael Bardají,
muy dimensionados. Es en torno a un 4 más de personal
del que tiene en su conjunto EE.UU., y con menos presupuesto.
En mi opinión, deberíamos ir a un ejército
más reducido aún que el que tiene EE.UU, porque
además tampoco necesitamos unos ejércitos
muy numerosos para construir la defensa europea y, por tanto,
ésa me parece otra línea de trabajo básica:
reducir, y además reducir sobre la base de una drástica
cura de adelgazamiento y una reordenación profunda
de nuestros ejércitos.
Y en tercer lugar, también
es imprescindible una racionalización de las capacidades.
Tenemos excesivas duplicidades y tenemos muchos pequeños
esfuerzos en áreas que necesitarían una concepción
mucho más global. Y está claro que en el área
de satélites y en el de transportes habrá
que ir a una concentración de las capacidades, al
igual que ocurrió con la cuestión de los AWACS
en la OTAN. Hay algunos elementos que o son comunes o no
serán, y, además, eso exigirá una racionalización
de nuestras políticas de defensa, o una estructura
muy modular, para saber lo que debe aportar cada país,
para que al final esa construcción tenga una mínima
coherencia. No hagamos todos las mismas piezas, sino desarrollemos
una especialización funcional. Esta coordinación
es, sin duda, extraordinariamente compleja. Pero estas tres
líneas de actuación me parecen esenciales
para poder poner coto al creciente desfase que existiría
entre nuestras capacidades y las de EE.UU.
Sobre los criterios, tiene que
haber criterios cuantitativos, porque al final algo tiene
que ser mensurable, pues de lo contrario es muy difícil
establecer criterio alguno; pero también debemos
introducir algunos criterios cualitativos, porque si no,
primero, la convergencia sería imposible y, segundo,
sería una convergencia falsa, ya que estaríamos
comparando cosas distintas. Creo que tiene que haber una
redefinición de lo que es gasto en defensa para poder
establecer algún criterio cuantitativo en materia
de presupuestos, porque seguimos teniendo una disparidad
importante en lo que unos países y otros consideramos
que es gasto militar y de este modo las comparaciones muchas
veces ofrecen divergencias. La base de cálculo de
la OTAN puede ser válida, pero acaso requiera alguna
adaptación, ya que incluso en la misma sigue habiendo
ciertas divergencias, que, reproducidas a una escala europea,
sería forzoso reconsiderar. Coincido en que quizás
el índice de equipamiento, es decir el gasto en inversión
por hombre, sea incluso más relevante que la mera
comparación de grandes magnitudes de gasto militar
respecto al PIB, aunque esa otra me parece que sería inevitable
como un elemento de referencia más. Y también
me parece esencial establecer unos criterios de convergencia
en I+D. Finalmente, parece difícil, pero sería necesario
desarrollar algo, ya veremos la dificultad, relativo a criterios
de operatividad. Pero eso me parece hoy por hoy terriblemente
complejo.
Querría hacer una última
reflexión sobre la posición española
en todo este debate, porque hasta ahora hemos hablado más
en términos generales. Simplemente, dos ideas en
torno a esta cuestión nacional. En primer lugar,
creo que sería muy interesante para España
poder ejercer un cierto liderazgo, considerando nuestra
dimensión, en este proyecto de construcción
de una defensa europea. Sería un debate en el que participaríamos
desde el principio, por el tamaño y peso de nuestro
país, no tanto las capacidades militares, pero creo
que sí al menos por nuestra posición y por
el peso político en general que España tiene
en el entorno. Es decir, no somos un socio irrelevante a
estos efectos. Sería un terreno en donde habría
una oportunidad de ejercer cierto liderazgo, lo cual creo
que hasta ahora lo hemos tenido bastante complicado y bastante
vetado en los demás terrenos. Y eliminaríamos
relativamente lo que decía Manuel Coma sobre las
dificultades del liderazgo: iniciativa que partan de España
generarían menos susceptibilidades que iniciativas
que partan de otros socios más poderosos. En cualquier
caso, sí estimo que debe ser un liderazgo compartido,
porque no tenemos tampoco peso específico para impulsar
esto solos, ni muchísimo menos, y me parece que en
este caso el Reino Unido sería un socio ideal, ante
los intentos anteriores que han estado capitaneados por
el eje franco-alemán. Estoy convencido de que si
los periféricos adoptáramos una iniciativa
para esta nueva fase de construcción de una defensa
europea, podría tener más garantías
de éxito. Y en ese sentido, creo que el trío
Italia -España-Reino Unido, con las limitaciones
políticas que tiene Italia, podría ser interesante
de cara a buscar aliados para lanzar iniciativas comunes.
En términos interiores,
la defensa europea es un arma de doble filo, porque, por
un lado, para la opinión pública española
Europa es un producto aceptado, o por lo menos no rechazado,
como sí lo era la OTAN o cualquier tipo de acuerdo
bilateral con EE.UU. Por consiguiente, es posible armar
un discurso que al menos suene bien, sin que eso por sí
mismo llegue en absoluto a convencer al ministro de Hacienda,
pero que al menos, no genere repulsa y suscite cierta adhesión,
dado el encanto y la atracción que Europa ejerce
aún en la opinión pública española.
El reverso de la moneda es que,
realmente, cuando miramos las tablas comparadas, aún
cuando lo hagamos con cierta imaginación, es decir,
viendo otras posibilidades que no sea el PIB con el gasto
en defensa, quedamos muy deprimidos, porque somos ciertamente
el último de la cola.
Es cierto que existe una convergencia
unilateral por parte de los que más gastan, es decir,
éstos claramente se encuentran en una caída
importante de sus presupuestos, aunque nosotros contribuimos
poco a la convergencia desde abajo. En cualquier caso, esa
convergencia se está produciendo de hecho. Pero mi
razonamiento iba en el sentido de si la defensa europea
exige de algún modo reabrir un debate de burdcn sharmg
en términos internos de la Unión Europea.
En una perspectiva exclusivamente interna sí es verdad
que hay cierta coincidencia entre una posible demanda por
parte de nuestros socios europeos de que realicemos una
mayor aportación a esa defensa europea y una racionalidad
interna en ese presupuesto, que si no se incrementa de cara
a los años 2002 y 2003, parece que puede tener algún
problema serio, que habrá que intentar arreglar de
algún modo. A estos efectos, no tanto por la presión,
que es un poco irreal, de la construcción de una
Europa de la defensa vaya a ejercer sobre el ministro de
Hacienda, sino como justificación a un incremento
que en cualquier caso me parece que se tiene que generar.
En caso contrario, puede producirse una quiebra del sistema
y podemos gestionar esa quiebra de algún modo, -esa
sería la alternativa-; pero si lo que queremos es
evitar ese descalabro, me parece que ahí habría
un enganche en el discurso europeo para tratar de justificar
un cierto aumento del gasto en defensa.
A pesar de todo, debo aclarar que no creo que esa quiebra
se pueda solucionar solamente a través del incremento,
sino que habrá que hacer también un replanteamiento
de los números.
Finalmente, como conclusión,
un comentario sobre la reflexión del gasto en defensa,
que consiste en dos o tres puntualizaciones:
1.- Creo que la convergencia
en términos económicos se va a producir a
la baja, nunca a la alta; basta observar cómo han
evolucionado Francia, el Reino Unido o Alemania. Nuestro
vecino es el que en menor medida ha reducido su gasto en
defensa, pero, desde luego, tanto Alemania como el Reino
Unido lo han hecho de modo considerable. Alemania está
en el 1,5% del PIB, es decir, está en cifras próximas
a las españolas. Y esta es una tendencia que incluso
no ha tocado fondo y puede ir a más.
2.- La racionalización
del gasto, sobre todo en materia de personal, en mi opinión
solamente se puede hacer a través de la restricción
de los ingresos en las diferentes escalas, porque todo lo
demás es costosísimo, genera frustración
y no reduce gastos, salvo a muy largo plazo. Esta reducción
de ingresos debe producirse no solamente en la tropa, sino
también en los mandos, por- que, si no, el volumen
de mandos va a ser desproporcionado en relación al
volumen de tropa que podamos tener. Así, habría
que optar con cierta rapidez por las franjas más
bajas que el modelo del Parlamento asumió en su momento,
ya que de lo contrario será difícil la sostenibilidad
económica a medio plazo de las Fuerzas Armadas con
las cifras actuales.
3.- Hay que hacer una labor
muy importante de desburocratización. Estamos ante
unas Fuerzas Armadas excesivamente b u roe rat izadas, como
he dicho antes. Hay también margen para racionalizar
los gastos de funcionamiento. Y para mí hay un ejemplo
muy claro: se gastan cantidades terribles de dinero en que
nuestras fuerzas vayan de maniobra o realicen misiones en
el extranjero, porque se pagan unas dietas a quienes se
desplazan, cuando ade- más ya se les proporciona
la comida y el alojamiento. Creo por tanto que si vamos
a un cierto grado de proyección, tenemos que reducir
mucho ese tipo de desembolso. Los británicos, los
americanos ya lo incluyen en el sueldo. Asumo que esto sería
terriblemente impopular dentro de las Fuerzas Armadas, pero
en la Guardía Civil ya se ha avanzado en esta dirección.
Es solo un ejemplo, porque habría otros, pero ahí
sí hay un campo para tratar de racionalizar el presupuesto
y cumplir el objetivo de gastar mejor. Ya que, insisto en
que soy escéptico respecto a que vayamos a gastar
mucho más: vamos a gastar un poco más, pero,
desde luego, un escenario de un repunte importante de gastos
de defensa no creo que sea muy realista. Debemos por tanto
movernos en este marco presupuestario restrictivo cuando
hagamos planteamientos en torno a la defensa europea.
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