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SEMINARIO

"EL FUTURO DE LA DEFENSA EUROPEA"


23 de septiembre de 1999

DEBATE

Florentino Portero (FP):- Quería retomar temas que han salido y que me parecen muy interesantes para poder avanzar. Concretamente, cosas que ha comentado Rafael Bardají y que luego ha recogido Elvira Sánchez. Estamos hablando de la Europa de la defensa, pero ¿cuáles son los objetivos?, ¿hacia dónde vamos? Rafael Bardají ponía un ejemplo: que seamos capaces de dos bosnias y media. Supongo que esto no viene, evidentemente, de un análisis de cuáles son los intereses y las capacidades, si no de algo mucho más sencillo que es el realismo político. Como en el medio plazo no podemos aspirar a mucho más, vamos a hacer esto y después ya veremos qué podemos hacer. Desde el punto de vista político, me parece que es una opción razonable y realista.

Desde un punto de vista de orden estratégico, conviene tener en cuenta algunos datos que ponen en duda la consistencia de esta política; y es que en un sitio como Bosnia se sabe cuándo se entra, pero no cuando se sale. Es decir, que teniendo en cuenta que no se entra y se sale en el plazo de seis meses y que las crisis se acumulan, con una política de objetivos de dos y medio en quince o veinte años, se acabó el juego, no tenemos capacidad para más. Esto en el mejor de los casos: que en veinte años sólo tengamos conflictos tipo Bosnia. Parece que la guerra con Irak fue antes de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, fue antes de ayer, y tenemos que estar preparados para un conflicto de este tipo. ¡Que puede ocurrir en Acerbaiyán! (A veces, para un españ ol, Acerbaiyán parece estar en Asia Central, pero resulta que la distancia entre la frontera turca y Acerbaiyán es nada, la OTAN está prácticamente ahí). En una palabra, la OTAN está en el Mar Negro, está en el Cáucaso, lo que ocurre en el Cáucaso y Asia Central, es otro polvorín; es decir, que tenemos un conjunto que nos puede plantear conflictos de mayor envergadura que los del tipo Bosnia. Por esto, en el fondo -y aquí tengo algo que decir a Ignacio Cosido, ¿hasta dónde va la defensa europea?, ¿hasta qué punto es complementaria o no de la OTAN ?. Evidentemente, -y aquí retomo lo que decía Rafael Bardají- los objetivos que nos estamos marcando, que son los realistas, que son los viables, en absoluto pueden dañar a la OTAN como pilar de la seguridad europea. No digo atlántica, sino europea. Aunque desde mi punto de vista, los intereses económicos, nos gusten o no, son globales. Porque estamos en todo el mundo, porque vendemos en todo el mundo, porque nos la jugamos en todo el mundo. Nuestras capacidades exclusivas, sin EE.UU., sin la OTAN , serían francamente limitadas en un medio plazo.

Rafael Bardají (RB).- En principio, voy a hacer un par de precisiones a lo que me ha dicho Florentino Porrero y lo que ya ha mencionado Elvira Sánchez.

Estamos aquí hablando de conflictos mayores y conflictos menores; para mí, cualquier conflicto en estos momentos, con la capacidad de los europeos, es mayor. Porque me cuesta movilizar todos mis recursos para poder poner ocho aviones en Kosovo, con lo cual, si eso no es mayor, ¿qué lo va a ser?. Es decir, cuando se plantea un conflicto en Asia Central,... es que a ese conflicto no voy, porque es un conflicto que se me escapa a todo tipo de lógica. No sé siquiera si la OTAN -salvo que por la OTAN entendamos los americanospodría actuar. No hay que perder de vista que para la defensa europea todo lo que exceda la defensa del territorio de los miembros, como la propia Alianza Atlántica, es una cosa muy pequeñita, es poder hacer una operación limitada en sus objetivos y en el tiempo. Es verdad en una operación de ayuda a la paz uno sabe cuando entra y no sabe nunca cuando sale, pero, efectivamente, dos bosnias y media no me parece tan exagerado, porque pueden durar veinte años. Ahora, evidentemente, si llega la tercera bosnia y me piden ayuda, tendré que decir que no puedo, sólo media. Pero lo que si quería decir es que hay que tener unos escenarios de actuación para poder decir, qué fuerzas necesito, en volumen, en equipo y en capacidades, y sobre eso concluir: pues no las tengo, ¿y cómo lo aporto? Es verdad que -como decía Elviravamos a tener una definición política. Pero yo creo que la racionalidad que ella nos exige, que es im- prescindible en el mundo analítico y académico, en el mundo político no es así. Y que las construcciones se van haciendo sobre la marcha, relacionando muchas variables externas e internas y que es el proceso el que es irracional desde el punto de vista académico, pero que es la lógica política. No podemos esperar a tener las idea claras, los escenarios claros, porque la realidad institucional, la realidad política, la realidad militar, va por otro terreno.

Ahora paso a contestar la cuestión planteada de qué es lo que hay que hacer y cómo. Diría que hay dos planos: el político y el operativo-militar. Y hay otras dos variables para cerrar un poco el cuadrante, el corto plazo y el medio o el largo plazo, como se quiera. Políticamente, hay un objetivo que para España es irrenunciable, en la línea de lo que mencionaba Ignacio Cosido: nosotros tenemos que ser parte de ese club que se está creando, semi-directorio, a modo de círculo privilegiado de cuatro países que se han trianguladoAlemania, Inglaterra y Francia, rompiendo los ejes tradicionales (se ha añadido Italia, porque son muy hábiles), y nosotros estamos aplaudiendo la constitución de ese nicho. Creo que el objetivo político y diplomático es que un país con cierta credibilidad europea, internacional, con un potencial importante, es decir, con unos parámetros que nos equiparan a estar entre los grandes, se enganche a ese grupo, y eso exige, por un lado, una visión -voy a estar con ustedes en estas líneas de actuación fuera de mi territorio, y también un compromiso -voy a afectar a esa operación global unos recursos que me sitú- en comparativamente en ese rango, lo cual no significa necesariamente incrementar mi ratio de PIB, que sería quizá deseable, sino que, por ejemplo, en vez de ocho aviones pondría ocho cazas, dos transportes, cuatro barcos y, además, me comprometo en x período de años a tener unas capacidades de transportes marítimos, etc. en su sitio. Creo, por tanto, que la fórmula sería visión más compromiso de ser capaz de dotar a ese empeño colectivo de unas capacidades reales.

¿Cómo lo haría a corto plazo? En primer lugar, tenemos una iniciativa Chirac en marcha para que se discuta en el Consejo de ministros de diciem- bre con la presidencia finlandesa. Bueno, pues yo apoyaría el principio de la iniciativa Chirac de dotar a la Unión Europea de unos nuevos comités políticos y de seguridad, que me parecen loables. Podemos entrar en detalles de có- mo se configuran o no, pero creo que hay que darle a la Unión Europea la capacidad de decisión en temas de seguridad y defensa: Comité Militar o el nivel de representación que se estime, pero creo que en principio es un buen punto de partida.

En segundo lugar, hay una iniciativa política más global como es Saint Malo, franco-británica, que creo que hay que sumarse a ella, mediante -como proponía Ignacio Cosidointentar gestionar una cumbre bilateral con el Reino Unido, o trilateral con el Reino Unido e Italia, y dejar claro que nosotros no sólo apoyamos esto, sino que nos parece que es el camino a seguir.

En el medio plazo, diría que toda la lógica que nos ha imbuido estos úl- timos años la política de seguridad y de defensa el Partido Socialista -muy europeísta frente al atlantismo ha llevado a pisar el acelerador junto con los franceses en el tema de la ESDI en la OTAN. Creo que habría que frenar un poco ese proceso hasta que se clarificara el rumbo que coma realmente la defensa en la UE, porque no tengo los medios para poner tantos huevos en tantas cestas; tengo que priorizar y, desde mi punto de vista, creo que hay que priorizar ahora en la ventana de oportunidad de la UE. Por lo tanto, la ESDI queda muy bien como una reivindicación dentro del seno de la Alianza Atlántica, pero no me gustaría que forzáramos nosotros la maquinaria institucional; es decir, crear una cuartel general bajo el deputy saceur en este momentos sólo para los europeos me parecería que mermaría la capacidad de transformar el eurocuerpo en un cuartel general a nivel europeo.

Creo que hay que apoyar también efectivamente, mencionando el eurocuerpo, toda la transformación y la racionalización de las unidades de fuerzas que existen a nivel europeo; es decir, el eurocuerpo es un cuerpo pesadísimo, hay que aligerarlo, hay que hacerlo proyectable, su cuartel general se puede abrir a los demás países miembros de la iniciativa, dependiendo de que ellos quiera participar o no en ciertas misiones, y convertirse en un embrión de cuartel general. Sin un cuartel general pienso que estamos hablando de cosas abstractas. Creo que hay que dar, no sólo decisiones políticas, sino también la cadena de mando para que esas decisiones sean traducidas en acciones concretas de las fuerzas. Hay un propuesta, asimismo francesa, de transformar el eurocuerpo en un año, y creo que, en efecto, el Gobierno español ya ha dicho que sí y hay que poner en marcha los pasos prácticos.

Hay otra iniciativa que entra ya en el terreno operacional en el seno de la Alianza Atlántica, que es, como ha mencionado Enrique Navarro, la Iniciativa de Capacidad de Defensa, que intenta sortear relativamente los dilemas a nivel tecnológico e industrial, sobre todo tecnológico. Creo que en principio me parece inevitable que la iniciativa siga adelante; aunque es com- plicada, porque supone gastar en una serie de cosas en la que la mayoría de los europeos no estamos gastando. Nosotros seguimos imbuidos de un espíritu más festivo que operativo real y nos gustan los grandes sistemas, muy bonitos, que lucen muy bien, trente a las cosas que no se ven, como pueden ser lascomunicaciones o los centros de mando y control; es decir, aquello que realmente es la sabia y la sangre de las Fuerzas Armadas. Por eso creo que la Iniciativa está bien (habrá que pnorizar dentro de los programas que tenemos en marcha) y me parece que exige a medio plazo una reflexión real también en el sentido que decía Ignacio Cosido de que no sólo es necesario gastar más, sino que hay que ver la priorización del gasto y cómo se gasta. Es decir, si comprometo el 90% de mi recurso de material en tres grandes sistemas, como es el EFA, el Leopard y las fragatas, habrá muchas capacidades de defensa a las cuales voy a tener que renunciar. Y ahí habrá que ver si, efectivamente, estamos jugando con sistemas legados de la historia pasada y no me estoy dotando de lo que realmente me hace ser eficaz en el conjunto europeo.

Por eso creo, por último, que habría que apoyar un plan de convergencia desde el punto de vista español que nos sirva para transformar y modernizar la estructura de fuerzas de los ejércitos, de la política de adquisiciones, y ponernos más en línea de esas unidades a las que no pongo límite de si es zona euroatlántica o no donde vamos a tener que actuar (Para mí, la UE podría actuar en Timor con total justificación o legitimidad): creo que la UE es un actor económico, político y, en política exterior, global, y no sé por qué no va a actuar en un momento dado cuando los sistemas regionales de seguridad no funcionan en ninguna parte. Podemos jugar a la escala global, si los miembros queremos.

Y lo último que quería decir es que cuando hablo de defensa europea no estoy prejuzgando que sea un proceso de comunkarización de la defensa con todos los sistemas de abstención, voto, directivas de la UE, sino simplemente que un grupo importante de miembros de la UE se pone de acuerdo para hacer una actuación o coalition of the will en una determinada misión. Creo que eso es lo que tenemos que buscar. Todo lo que suponga que la política de defensa se desnacionaliza, en el sentido de la soberanía, es poco realista, y estoy seguro de que ninguna de las capitales vamos a perder nunca la decisión última de someter a nuestras tropas a un riesgo, porque una autoridad abstracta y supranacional nos lo dicte. Si una autoridad así me informa y me sugiere dónde tengo que gastar, ya estoy haciendo bastantes concesiones. Pienso que ahí es donde tenemos que tener el margen de maniobra.

Ignacio Cosido (IC).- Creo que tienes razón en los intereses globales, pero también que no es lo mismo dos bosnias y media en Bosnia, que dos bosnias y media en Timor; es un problema de capacidades. Lo que decía es que, al menos, construyamos esas dos bosnias y media, en esas capacidades que quieres, pero en un entorno geográfico en el que todos tengamos cierta capacidad para proyectar fuerza. Y es que irnos a diez mil o quince mil kilómetros es mucho mas complicado.

Respecto a lo último que has dicho acerca de la coalición pequeña, al final, en la OTAN a nadie le obligan a ir a ningún sitio; se supone que todas las decisiones se toman por consenso, pero lo relevante es que todos los mecanismos de adopción de decisiones de algún modo convergen y permiten ir adoptando posiciones comunes por consenso: esa es un poco la gran virtualidad de la OTAN. Creo que sin poder ir a una pérdida de soberanía, en la que a un país, en contra de su voluntad, le tuercen a mandar soldados, lo cual es absolutamente irreal, sí que en el seno de la UE se podrían crear mecanismosque en ese sentido sean puramente intergubernamentales y, en ese modo, tipo OTAN , que de alguna manera ayuden a consensuar y a crear esa convergencia de intereses que permita adoptar decisiones.

RE.- Si se me permite una aclaración. Como decía Manuel Coma, cuando pones unas estructuras en pie con unos procesos internos de decisiones, en la UE lo que han creado son unos mecanismos reflejos de actuación; es decir, está claro que todo eso te va a ir, como un embudo, definiendo los límites, sin duda, y por ahí también hay la esperanza de que si se crea una institución, al final aparecerá la misión más o menos definida.

Manuel Coma (MC).- El órgano crea la función. RB.- Aunque no sepa cuál es la función. MC.- El órgano se inventa la función. Elvira Sánchez (ES).- Es arriesgado, es muy arriesgado eso.

MC.- La relación que ha dado Rafael Bardají me parece muy sensata y muy interesante, y lo que hay que hacer ahora es ir precisándola y añadiéndola, pero, la dinámica de la Unión Europea es ir muy lentamente hacía el federalismo europeo; el problema de fondo de la Unión Europea es que los estados nacionales son estados sólidos y con quince conciencias nacionales distintas, a ver cómo creas algo verdaderamente coherente. En fin, hay que suponer que el tiem- po quizá pueda ir creándolo. Pero de la misma manera que hemos renunciado a un enorme trozo de la soberanía a través de la moneda, con el peligro de las crisis asimétricas sobre nuestra cabeza, pienso que también hay que hacer concesiones de soberanía en esto. Entonces, a lo mejor, una de las propuestas que voy a añadir a tu lista es tener unidades que sean solamente europeas; es decir, que si podemos pagar satélites que son sólo europeos, si podemos pagar barcos de transportes logísticos que sean solamente europeos, ¿por qué no podemos pagar una división que no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, que tiene soldados de todas partes, porque se contratan en cualquier lugar de Europa y a lo mejor incluso, mercenarios de fuera de Europa, no lo sé, pero que, desde luego, es europea? Esto es, un núcleo de ejército europeo pagado por todos y que no pertenece a la soberanía de ninguno. No sé, lo digo para que me digáis qué os parece.

Volviendo un poco más acras. Cosas que aparecen continuamente. Vefa una cierta similitud entre la intervención de Elvira Sánchez y la Ignacio Cosido. Elvira Sánchez insistía en que hay que definir para qué crisis queremos el ejército europeo, porque no es lo mismo mini-crisis que grande. Ignacio Cosido decía que hay que definir cuáles son los intereses europeos. Definir los intereses, siempre ha sido muy difícil. Ahora, por ejemplo, vemos, en toda la reflexión americana sobre cuál es el posible futuro orden mundial y cuál es el papel de EE.UU: un continuo esfuerzo, pero cuáles son los intereses fundamentales de EE.UU.... Eso es muy difícil, aunque, desde luego, el primer interés es siempre la supervivencia. Entonces, el primer interés de Europa es sobrevivir en el mundo. Pienso que si se produce el esquema de evolución que prevén los realistas, que dan por supuesto que es imposible mantener una posición de hegemonía, de primacía, de monopolaridad, porque eso engendra coaliciones antes, entonces sería algo muy sensato proponerse como objetivo lo que hace ese libro de Br2e2Ínski tan mal interpretado: todo el mundo afirma que es el blue print para mantener la hegemonía americana, pero es el blue print para realizar la transición a un sistema de equilibrio multipolar de la manera más suave posible y, desde luego, menos lesiva para los intereses americanos. En ese caso, ¿cuál es el interés de Europa?: ser uno de esos cinco o seis o siete jugadores del equilibrio mundial, puesto que, individualmente, cada una de las naciones europeas no lo va a ser. Y es más, incluso aunque alguna pudiera serlo, suponiendo que Alemania lo fuera, las demás naciones europeas no querrían que Alemania en solitario lo fuera. De manera que ahí ya tenemos un objetivo.

En relación con Europa, efectivamente también veo complementariedad. El único criterio es competir con EE.UU. Porque, en efecto, uno puede decir que es muy cómodo que EE.UU. sea el policía o el sheriff mundo; pero también tiene sus efectos morbosos y también se ve en Europa, ese continúo, ese enfermizo antiamericanismo que nos domina. Nos dominan, pero luego vamos a buscarlos cuando pasa cualquier cosa. Creo que eso es un morbo para la construcción de Europa, y, desde luego, ese morbo habría que superarlo. Es importantísimo, porque en un sistema multipolar también hay alianzas y hay estados que son más afines: en la Europa pentapolar del siglo XIX, las potencias liberales, Inglaterra y Francia, estaban siempre mucho más próximas, y las llamadas tres cortes septentrionales, a su vez, tenían sus afinidades. Preservar la alianza con respecto a EE.UU. sería, por supuesto, un ob- jetivo fundamental. En la literatura americana que he leído sobre la relación atlántica, el argumento fundamental que se da es: si EE.UU. hiciese el retrato robot de cuál sería su aliado ideal en el mundo actual, saldría Europa. Pienso que a la inversa es igualmente cierto. Si pensamos cuál es el aliado universal, el aliado ideal para Europa, pues evidentemente es EE.UU. Por lo tanto, hacerlo de manera que no perjudique esa alianza, parece absolutamente fundamental.

Enrique Navarro (EN).- Siempre que hablamos de defensa o de seguridad, hablamos de política exterior y de seguridad; o sea, son dos variables de una misma estrategia. No hay una política exterior si no va acompañada, nos guste o no nos guste, de una cierta disuasión o de una cierta capacidad de ac- tuación. Y, evidentemente, donde existan intereses económicos, sociales, cul- turales europeos, allí tiene que haber una capacidad de proyección de fuerzas, porque si no esa acción exterior se queda coja, le falta un instrumento. Y eso nos implica, a veces, tener que participar en lugares que nos pueden parecer exóticos, como el mismo Timor. Es muy importante que Europa tenga un protagonismo allá donde pueda tenerlo defendiendo sus valores (Europa tiene una sensibilidad hacía las cosas distinta de la propia EE.UU), porque eso es lo que le va a dar protagonismo mundial, si quiere tenerlo; y a veces no quiere tenerlo. Creo que hay que tenerlo en cuenta a la hora de definir capacidades.

Cuando se habla de cómo solucionar, o qué se puede hacer para avanzar en ese sentido, o por lo menos para disponer de esos medios, creo que España en toda esta situación ha vivido un poco al margen de los problemas de la seguridad. Durante la Guerra Fría se mantuvo al margen, y de hecho a pesar de un régimen político de tipo militarista, no tuvo grandes gastos en defensa. Nuca hemos tenido una noción de inseguridad. Y esa noción de inseguridad se manifiesta en las propias encuestas, en las propias acciones políticas. De hecho, cualquier otro tema sugiere más sensibilidad social que el propio tema de la defensa. Ese es un problema con el que los políticos se encuentran todos los días: la necesidad de explicar las ventajas que tiene el invertir en seguridad, porque tiene muchas implicaciones de muchos tipos. Y creo que, además, cuando se va a los consejos europeos, a los comités, tenemos una cierta sensación en esas organizaciones de free rider, de que estamos allí usando la seguridad de los demás, pero sin estar dispuestos a participar o a asumir la cuota que nos corresponde. Y me imagino que cuando llegue el presidente o el ministro de Defensa a estos organismos, le dirán: "Bueno, usted quiere pescar, pero usted se moja; porque, claro, usted no puede tener un protagonismo en la defensa europea si no está dispuesto a asumir unos riesgos y unos costes". Lo que creo es que, en teoría, una defensa europea común debería ser más barata que una defensa. nacional individualizada. Porque, lógicamente, se ahorran costes de infraestructura, se ahorran costes de ejército, no es necesario un ejercito tan numeroso. Lo que ocurre es que se lo ahorran países que están haciendo un esfuerzo en defensa realmente importante.

Luego, a su vez, en este momento creo que surge un problema de liderazgo. El gran impulsor de Europa, ha sido Alemania, porque Francia ha tenido sus propios intereses y el Reino Unido ha tenido los suyos. Alemania ha sido quien ha puesto también el dinero y eso le ha permitido ser el impulsor. Ahora, la perdida de liderazgo de Alemania es brutal, porque su capacidad de defensa está disminuyendo de una forma monumental. Los anuncios de recortes están dejando al ejército alemán en una situación realmente de muy bajo nivel, de muy bajo perfil, y quizá esa haya sido una de las razones por las que se ha roto el eje franco-alemán. Francia ha sentido que en un momento dado Alemania le estaba fallando, porque estaba atendiendo cubrir una serie de demandas sociales, porque no olvidemos que Europa ha renunciado a la defensa, para permitirse un sistema de protección social al cual los norteamericanos no acceden, y nos hemos beneficiado de ese sistema de protección social, de ese paraguas europeo, y ya nadie quiere renunciar a él. O sea, queremos construir una Europa de Seguridad, pero sin renunciar a lo que tenemos. Y eso es muy complicado. Y de hecho Alemania, en este momento está desmontando su capacidad de liderazgo, porque no pone los recursos necesarios, y Francia y el Reino Unido son los dos grandes que están manteniendo unos recursos real- mente importantes, los que están dando el impulso. Pero son dos países que en muchos momentos mantienen posturas antieuropeistas. Francia tiene unos intereses estratégicos, fuera de los que son europeos, y los mantiene, y Reino Unido, igual. Entonces, tampoco son dos factores dispuestos a poner toda la carne en el asador de la Unión Europea.

En cuanto a lo que se ha hecho, evidentemente, yo creo que se ha avanzado mucho, sobre todo en el tema de fuerzas. Es necesario ir articulando, porque estos procesos son lentos, hay una barrera idiomática importante que hay que ir superando a la hora de coordinar ejércitos y de hecho tenemos fuerzas en muchos países, pero es un proceso muy complicado; articular un ejercito europeo no es nada fácil, porque la comunicación es la primera arma. De manera que ahí hay que mucho por avanzar y se está avanzando mucho en esa línea.

En relación a los presupuestos, yo creo que hay por lo menos dos puntos a tener en cuenta. Si es necesario un incremento presupuestario, en el caso español es insuficiente, es claramente insuficiente, y, de hecho, si no hacemos unas dotaciones presupuestarias superiores, vamos a perder capacidad respec- to a la situación actual en los próximos quince o veinte años. O sea, que hoy en día estamos sustituyendo fragatas que quizá son mucho más modernas, pero cuestan cuatro veces más de lo que costaron hace diez años, por lo que hay que hacer un esfuerzo por equilibrar los presupuestos de defensa con la tendencia natural de evolución de costes de estos nuevos sistemas. Creo que esto es algo que hay que explicar a la opinión pública, que esto está en línea con lo que es una política de defensa, que es' una carga que tenemos que asumir, si queremos estar en Europa (cosa que tampoco creo que sea muy bien entendida), pero creo que es importante. Y a su vez, creo que hay que hacer un esfuerzo, sobre todo en eficacia a la hora de gastar, hay que hacer mucha labor en el orden de la eficiencia, hay que centralizar mucho más, hay que armonizar mucho más las compras europeas. Se han dado pasos importantes, y, de hecho, la propia Iniciativa de Capacidad de Defensa habla de que la planificación de las compras de cada país tiene que estar subordinada, o por lo menos vigilada, por una organización supranacional. Eso es un avance enorme, porque ya no vamos a ser ni siquiera nosotros los que vamos a decidir qué com-

L prar. Pero eso es importante asumirlo e ir progresando en esa linea. Es im- portante beneficiarse de los ahorros de la Unión que son considerables en esta ocasión.

Por otra parte, tenemos un excesivo coste de personal que, por un lado, es consecuencia de la reestructuración brutal que se ha acometido en las Fuerza Armadas. De hecho casi nos gastamos en pagar personal que está sin prestar servicios, casi canto como en modernización de las Fuerzas Armadas. Si ese dinero que estamos dedicando a sufragar esa reestructuración lo dedicá- ramos a la modernización, no estaríamos hablando seguramente de muchas de las incapacidades que hoy en día tenemos. El caso de Portugal es paradigmá- tico. Portugal es un país que cuando se ven las estadísticas sale un coste enorme en relación con el PIB, pero está realmente pagando el coste de una reestructuración, de unas pensiones militares como consecuencia de ella. Es im- portante, pues, que cuando se habla de gasto se hable de gasto realmente operativo, y nosotros estamos por debajo del 1% del PIB en gasto real operativo dedicado a actividades. Eso sí sería un gasto a tener en cuenta, sacar de alguna forma de la contabilización de lo que es el gasto en defensa esa serie de gastos que son consecuencia de reestructuraciones. Cuando se dan, por ejemplo, casos de reestructuraciones industriales, no se cargan sobre la cuenta de resul- tados de la empresa, sino que los asume el propio Estado. Y ahí hay una labor que también conviene explicar, porque .....

RB.- Pero si sumas lo de industria y restas la reserva, más o menos sales parecido.

£N,- Cuando dices industria .....

RB.- ... La prefinanciación. EN.- No, no me refiero a eso. Cuando hago referencia a la reestructuración industrial, lo que quiero decir es que cuando, por ejemplo, Ensidesa despide a dos mil trabajadores el coste de esa reestructuración lo asume el Estado, no Ensidesa. En el tema de industria, creo que, evidentemente, sí ha habido una labor importante, cuando, normalmente, el Ministerio de Defensa está financiando a las empresas que suministran, porque no solamente les dice que les va a comprar, sino que les paga el diseño y el desarrollo de esa producción, que es un capital que luego las empresas hacen propio. O sea, en realidad como un regalo. Entonces, es importante, en ese sentido, que el Ministerio de Industria, que recibe muchos beneficios, a través de sus empresas, de esas compras, se implique en el proyecto, y, es más, creo que debería ir a una im- plicación mayor. Estamos realizando operaciones comerciales muy importantes, donde es necesario a veces establecer compensaciones presupuestarias. Tenemos la venta de fragatas a Noruega, una operación que va a depender de la capacidad del Ministerio de Defensa de adquirir productos noruegos.

Seguramente, hubiera sido mucho más barato que el propio Ministerio de Industria se implicase en esa operación que no tener que sufragar las pérdidas que va a tener Bazán como consecuencia de no obtener ese contrato.

Esto es, pienso que hay que buscar fórmulas para hallar puntos de eficacia y ahí hay todavía mucha labor por hacer: se pueden obtener todavía cantidades importantes con las que contribuir a estas capacidades, en las cuales se ve claramente que España está muy lejos de Europa y Europa muy lejos de EE.UU. y muchas potencias emergentes que están adquiriendo capacidades muy notables (de hecho, capacidades nucleares ya las tiene Irán, las tiene Pakistán, etc.). Realmente, vivimos en un mundo ni tan sencillo ni tan pacífico como parece y hay que realizar esfuerzos rápidos y añadidos para ponerse al día, porque tristemente los conflictos siempre están a la vuelta de la esquina.

RB.- Hay una variable que no hemos mencionado pero que creo que subyace a todo lo que se haga y da otra legitimidad pública de toda la defensa. Todos los ciudadanos europeos, o nacionales que forman la colectividad europea, entienden que la defensa de sus intereses vitales y de su territorio es una obligación del Estado; más o menos, o con más o menos diferencias por paí- ses, pero creo que ésa es una cuestión tradicional y que está siempre presente. Lo que aparece nuevo y c]ue nos exige más ahora es que hay una nueva legitimidad para que los Estados de la Unión y los Estados de la Alianza Atlántica, actúen más allá de los limites tradicionales de la defensa en favor de terceros países para pacificar una zona o salvar a unos cuantos. Creo que eso es como una cebolla: nos pone una capa más a la defensa, que ya tenemos que cumplir -tener unos ejércitos modernos y eficaces, además, hay que desgajar de esos ejércitos algo para cumplir con estas nuevas misiones, y eso es una demanda de carácter social y es la base además para poder hacer una serie de construc- ciones, porque es la única forma de justificarlo. Si no tenemos en cuenta el fac- tor de opinión pública en todo el debate, estaremos pendiendo una dimensión muy importante.

JE5'.- Quería comentar varias cosas que se han dicho aquí, y creo que las voy a agrupar en torno a dos. Dos ideas que me parece que pueden aparecer como poco desarrolladas en la discusión que hemos tenido. Una hace referencia a los valores europeos: democracia, respeto de los derechos humanos, cooperación para el desarrollo, etc. etc. Y otra que se refiere a la opinión pública:

qué es la opinión pública y lo que ella opina; partiendo de la base estamos en España de que tenemos una opinión pública, si es que se puede hablar de historia, en nuestro caso con referencia a Europa, a las relaciones con Europa, históricamente en estos últimos años europeizante y además con un cierto fervor, cuando en todos los países el euroescepticismo iba creciendo.

Sigo derivando más hacia lo externo que hacia los procesos internos y hacia la institucionalización. No voy a comentar sobre lo que se ha dicho, pero

sí creo que hace falta algún tipo de reflexión, teniendo en cuenta los valores europeos, valores que a medida que los procesos de ampliación se vayan ex- tendiendo van a quedar mas reafirmados y además más reafirmados en la am- bigüedad, con mayor dificultad para concretarlos. Creo que hay que huir de cierto tipo de lenguajes que aparecen inmediatamente que se hace referencia a asuntos de defensa. Que es poner el énfasis en lo militar, poner el énfasis en las situaciones de crisis, poner el énfasis en las amenazas. Lo digo porque esto incluso a niveles internos de la Unión Europea, pero evidentemente a niveles de los círculos concéntricos alrededor de Europapuede resultar molesto, sobre todo si, además, en la discusión sobre la política exterior de seguridad y de defensa europea no aparecen como descacados otros instrumentos de la política exterior y si el bargaining power que Europa desea tener como potencia global se orienta o se deja caer más en el aspecto de la proyección de fuerza, de fuerza militar, que es el concepto, no nos engañemos al que nos estamos refiriendo.

Eso por una parte, y por otra, el tema de la opinión pública. A dos niveles: de un lado, la relación entre la preparación, la adecuación a ese objetivo de conseguir de Europa una potencia con capacidad para actuar a varios niveles, no únicamente en el terreno militar, no olvidemos el terreno diplomá- tico, etc. etc. Y relacionándolo eso con los costos que tendría. Yo puedo com- prender la necesidad de reorganizar, de racionalizar, y aunque antes se haya dicho que es difícil racionalizar, creo que sí que se puede racionalizar la defensa, y, sobre todo, en términos económicos; pero creo que las opiniones públicas europeas son especialmente sensibles a un incremento de los coseos de la defensa, porc]ue siempre viene a traducido en términos de reducción del dinero para la sociedad, siempre tiene un costo social. Por lo tanto, aun pudiendo encender la necesidad de ese aumento en determinados aspectos del costo de la defensa (en determinados aspectos, no en todos los que se han mencionado), creo que haría falta pulir si lo que estamos pensando es en una profundización respecto a la contribución española a esa política de defensa europea, creo que habría que ser extremadamente cuidadosos con el lenguaje y con el mensaje que se está enviando a la opinión pública. Lo mismo respecto a la opinión pú- blica en relación con los instrumentos de la política exterior de seguridad y de defensa. La opinión pública clama a la OTAN y clama a la Unión Europea para que intervenga, pero porque, es mi percepción, le preocupan las situaciones que aparecen en los medios de comunicación de crisis humanitarias. Creo que la opinión pública reaccionaría de muy distinta forma en casos de posibilidades de intervención militar en crisis en donde el elemento humanitario no estuviera presente: por ejemplo, Irak u otras crisis, como una eventualidad respecto al Cáucaso. En consecuencia, ahí hay un diferente discurso desde lo político y desde la opinión pública. Aun entendiendo las razones de la política, creo que la política también tiene que entender y adecuarse a las razones de la opinión pública, porque si no, yo creo que el intento estaría condenado al fracaso desde su propio origen.

RB.- ¿Me permites una puncualización? El problema es que las operaciones frente a crisis de carácter humanitario, se diferencian muy poco de una guerra. Kosovo, que parte de una situación de crisis, de una catástrofe humana, se convierte, por el desarrollo de la propia naturaleza de la operación, en algo similar al bombardeo en Irak en diciembre del año pasado. Desde el punto de vista de la opinión pública, entiendo -y creo que es correcto lo que dices—, sólo nos van a legitimar actuaciones para salvar minorías o proteger derechos o valores que consideramos intrínsecos a nuestra cultura occidental. Pero, desde el punto de vista de la planificación de defensa, nos da igual; es decir, una vez que tengo el cheque de actuación, la planificación es como si fuera una guerra de alta intensidad,... porque realmente lo es. ES.- Sí, pero eso es condenar a la política exterior de seguridad y de defensa de la Unión Europea a una cierta opacidad no deseable. Yo creo que los políticos no pueden tener en estos momentos un cheque en blanco y actuar en términos de política exterior de seguridad y de defensa europea como se ha venido funcionando a nivel de las políticas de defensa estrictamente militar nacionales. Las dimensiones del proyecto son de tal envergadura, que creo que necesitan más conjunción sociedad-política. No se puede dar un cheque en blanco a los políticos, en estos momentos de la construcción europea, para que creen instituciones para que en esas instituciones definan objetivos concretos, definan misiones concretas, etc. etc. Creo que es muy arriesgado.

RB.- Pero si tenemos en cuenta que no va a haber —y nadie se lo está planteando en estos momentos— esa definición de objetivos, si no que se analizará caso por caso, esa casuística es una salvaguarda de los políticos para que de repente no se encuentren aislados de sus sociedades, entre otra serie de cosas. Porque si la sociedad española no hubiera tenido cerca del 52% de apoyo durante la campaña aérea en Kosovo, seguramente el lenguaje, la forma de plantear las cosas hubiera sido distinta; si no hubiera un clamor por ir a Timor, no se habría ido a Timor. Creo que, como va a examinarse caso por caso, todo va a estar muy medido. Ahora bien, el problema es que la Unión Europea no es un mecanismo estatal democrático con los controles que conocemos. Por eso, se va a retener la defensa como una política intergubernamental y lo que tengo es un control sobre mi gobierno, que es el único que me permiten ahora mismo.

ES.- Es el mismo caso que sucede ahora, y que se planteará en más profundidad en los próximos años, que es el elemento de la crisis de la legitimidad o el cuestionamiento de la democracia en el seno de instituciones donde hay un doble nivel de representación o un triple nivel de representación y al final acaba tomando decisiones alguien que, todos sabemos que, quizá haya sido elegido, pero no directamente, por los ciudadanos. (El papel del Parlamento Europeo en todos estos aspectos, etc. etc.) Limitar a lo intergubernamental la PESC, creo que es un poco la condena a un fracaso a medio plazo.

RB.- No lo veo así, pero bueno...

MC.- Tampoco veo tu punto, porque, entre otras cosas, tampoco propones la alternativa. Creo que si no se hace así, no se hace en absoluto. La alternativa no es hacerlo de una manera mejor, sino no hacerlo en absoluto. Creo que el peso de la opinión pública es enorme: se va a Kosovo porque se está hablando de Kosovo; se va a Timor por lo mismo. No se va a Liberia o no se va a Sierra Leona, donde pasan las mismas cosas o peores, porque no están las cá- maras de la TV allí.

ES.- No, no perdón. Vamos a entrar en un debate ya más animado. No me estoy refiriendo a Liberia. Me estoy refiriendo a una eventual acción, por ejemplo, en el Caúcaso, para proteger los oleoductos. Evidentemente, el im- pacto que tiene en la opinión pública la situación de Kosovo, no es el mismo impacto que puede tener la protección de oleoductos del Mar Caspio, o en la puerta del Caúcaso. Y la opinión pública no lo va a comprender. Y, evidentemente, Europa, si se plantea intervenir, no es en Liberia, no es en Sudán; son esos otros escenarios los que van a tener el peso.

RB.- No comparto la opinión de que sean esos escenarios los estratégicamente candentes a nivel de decisión política. Creo que antes voy a Ruanda que a defender el petróleo del Caspio, porque tengo mucho otro petróleo por muchas partes, desde el punto de vista de la opinión pública.

ES.- Creo que estamos entrando en un problema que es más propio de todas las políticas de defensa, porque la opinión pública es algo..., opinión pú- blica-opinión publicada, una influye en la otra y la otra en la una. Es muy dificil el tema cuando se habla en términos de defensa, porque la opinión pú- blica trabaja en el corto plazo. En el año 1939 la sociedad norteamericana no quería intervenir en Europa; intervino, con un coste enorme además, y luego lo aplaudió. El problema de la defensa es, primero, que la defensa, es una labor a muy largo plazo. Nosotros estamos comprando ahora, empezando a planificar sistemas que vamos a tener dentro de treinta años. O sea, tenemos que trabajar sobre hipótesis de conflictos transcurridos veinticinco o treinta años. Y, lógicamente, un criterio de prudencia aconseja ponerse siempre en lo peor. Es lo que debe ser y lo que siempre ha sido. Hay muchos ejemplos históricos de países que no han optado por este criterio y han sufrido las consecuencias. Lo que sucede es que es muy difícil establecer que la defensa actúe en función de criterios, diríamos, de opinión pública, porque es muy difícil manejarse. ¿ Y que opinión es pública? Incluso dentro de la propia Europa existen muchas opiniones públicas. Pero lo que no cabe duda es que la defensa exige criterios de decisión muy rápidos, muy ejecutivos. La defensa es algo ejecutivo. Y una vez que hay un problema y se decide intervenir -y ya es un problema la decisión—, sin duda, a partir de ahí, ya hay un cheque en blanco, porque es la única forma de funcionar.

Otra cosa, que también es importante, es que seguridad no es sólo defensa. Por supuesto. Europa está haciendo una labor de ayuda humanitaria o de ayuda internacional mucho más importante que Estados Unidos. Y a lo mejor eso tiene una implicación sobre la seguridad en mayor grado que el propio gasto en defensa. Pero de lo que no cabe duda es de que la opinión pública relacionada con temas de defensa es muy complicada, porque la opinión pú- blica nunca quiere gasto en defensa, salvo en sociedades que se sienten verdaderamente amenazadas y donde el incremento de un presupuesto en defensa constituye una baza electoral; pero las sociedades no ven esas amenazas. Esto es, el Caucase no es una amenaza hoy en día, pero puede llegar a serlo. Puede ser por los oleoductos, si bien tampoco es mucho el petróleo que hay allí. Sin embargo, ahí hay una serie de conflictos y el mundo no puede permitirse inestabilidades de ese volumen. Porque lo que ocurra, no ya en Timor, que es relativamente poco importante, lo que pueda pasar, por ejemplo, en Corea, puede colapsar la economía mundial. Por la interrelación que existe en todos los mercados (hoy día la economía la marcan los mercados financieros). Hay que estar en muchos sitios y hay que trabajar con muchos criterios de prudencia. Entonces, tener a la opinión pública, que es importante y existen unos procesos electorales para que se determine, es muy difícil a la hora de trabajar con la defensa, porque ésta es algo muy ejecutivo. Quizá sea la rama más ejecutiva de la política en un momento dado.

ES.- Completamente de acuerdo. Pero, evidentemente, no contar con la opinión pública, tiene un costo electoral para los gobiernos, en todos los paí- ses europeos.

MC.- Creo que, de hecho, en las democracias actuales el peligro viene por el lado contrario. No hay ningún gobierno que se atreva en contra de opiniones públicas del 70% adversas a tomar una iniciativa, en absoluto. Al contrario. En EE.UU., en vísperas de la guerra del Golfo, la cuestión estaba al 50%, y supuso mucho quebranto por parre de Bush el dar el paso, y eso históricamente, pues hay muchos casos parecidos. Pero, si hubiera tenido el 80% de partida, no lo hubiera hecho en absoluto. Entonces, más bien hoy día en las democracias lo que sucede, es que intervenciones que hubiera sido prudente hacerlas y que hubieran ahorrado mucha sangre, no se hace'n. En realidad, eso que se llama la comunidad internacional y terminan siendo los países occidentales, actúan siempre con retraso, siempre y sólo cuando se ha armado una gordísima...., si no la ha armado la propia presión democrática. Es decir, presionas a los indonesios o presionas al gobierno hutu de Ruanda a que de entrada a los tutsi y entonces se empiezan a hacer una serie de cambios. Hay una é lite antidemocrática que se considera perjudicada y desata el pandemonio. En Indonesia es el mismo esquema. De manera que la presión democrática crea una situación desastrosa y sólo interviene, y no siempre, después. Entonces, todos los sistemas del mundo tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Estoy con Churchill, pero no hay que llegar a que eso se erija en ningún inconve

niente. Y creo que los inconvenientes hoy día van por ese lado y no por polí- ticos elegidos democráticamente, pero que son autoritarios y tienen unas aspiraciones expansivas que toman decisiones agresivas y comprometen a sus sociedades en contra de su voluntad, yo creo que eso no se da en la actualidad.

ES.- Tampoco lo he dicho. Creo que es una deformación absoluta...

RB.- Solamente quería recordar a estas alturas el objeto de nuestro debate. Es decir, siempre tendemos, como buenos académicos, a arreglar el mundo. Simplemente, si los Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea se reúnen y deciden que van a actuar en Bosnia o donde haga falta, luego, qué hacen, ¿van cada uno a su capital y cogen de la oreja al ministro de Defensa respectivo y dicen: "vas a mandar a las tropas allí"?. Esto no es un mecanismo lógico hoy en día de decisión. Yo creo que, al menos, hay que involucrarles en lo que es la toma de decisión de la Unión Europea. ¿Quién va a saber mejor de las capacidades militares en teoría que los ministros de Defensa? No creo que los ministros de Asuntos Exteriores. Ese tampoco es el arranque de todo. ¿ Cómo aportamos, desde el punto de vista de la defensa, cierta lógica, cierta racionalidad a la toma de decisiones, con todos los problemas innatos al mundo de la defensa de hoy? ¿Qué es, que no tenemos dinero, que no tenemos capacidades, que la capacidad que tenemos no nos sirve para lo que tenemos que hacer, etc. etc.? Lo que ocurre es que me da la impresión, después de haber estado aquí departiendo amigablemente, es que estamos a punto de producírsenos como cuando los ordenadores se colapsan por exceso: nos vamos a quedar con la pantalla en blanco todos y sin poder dar soluciones.

 

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