TERCEROS ENCUENTROS
ESTRATÉGICOS FRANCO-ESPAÑOLES
25 de octubre de 1999
• Manuel de
la Cámara, Director General de Seguridad y Desarme.
Ministerio de Asuntos Exteriores. Mesa redonda:
"Política
Exterior y de Seguridad Común: Las lecciones de
Kosovo".
Creo que es muy importante
que tenga lugar en este momento esta discursión
en el marco de estos Encuentros Estratégicos Franco-Españoles,
precisamente porque la realidad es que, como lo han expresado
recientemente nuestros máximos responsables políticos,
las posiciones de España y de Francia en relación
con la construcción de la seguridad y la defensa
europeas, están muy próximas y, por lo tanto,
es justamente esa proximidad la que da mayor relevancía
a estos intercambios de opinión.
Al hilo del tema de la política
exterior y de seguridad común a la luz de las lecciones
de Kosovo, quería hacer algunas reflexiones sobre
la propia acción de la OTAN en Kosovo y, después,
pasar a las reflexiones sobre la política exterior
y de seguridad común.
Sin duda, esta primera acción
militar de envergadura de la OTAN en Kosovo, a lo largo
de once semanas, fue una acción, desde el punto
de vista militar, de extraordinario éxito. La OTAN
fue capaz, no solamente de acabar con la actuación
del gobierno de Milosevic de limpieza étnica y
de deportaciones masivas, sino que, al mismo tiempo, fue
también capaz de hacer frente a la crisis humana
de cerca de un millón de refugiados, atenderles
a lo largo de varias semanas y hoy está haciéndose
cargo del mantenimiento de la paz, con un despliegue de
50.000 hombres en Kosovo. Creo que estos tres ámbitos
de actuación demuestran la extraordinaría capacidad
de la OTAN , que ha sabido ponerse al día desde
unos planteamientos estratégicos muy diferentes
de hace algunos años. Esta puesta al día
se consagra en el nuevo concepto estratégico aprobado
en la cumbre de Washington, en el cual se incluyen como
nuevas tareas fundamentales de la Alianza, además
de la defensa colectiva, el forzamiento de la seguridad
y la estabilidad en el área euroatlántica
mediante la contribución a la prevención
de conflictos y gestión de crisis, incluyendo la
respuesta a crisis.
Sin embargo, este éxito
de la Alianza exige, al mismo tiempo, una reflexión
sobre hacia dónde va esa misma Alianza y adonde
va la seguridad en Europa. La realidad puesta de manifiesto
a lo largo de esas once semanas es que existe una disparidad
enorme entre las capacidades de los aliados norteamericanos
y los aliados europeos. Creo que eso lo ha puesto de manifiesto
el ministro de Defensa esta mañana y con cuyas
conclusiones creo que no se pue- de sino estar muy de
acuerdo. La disparidad es enorme en capacidades militares,
tanta, que se ha llegado a producir a lo largo del conflicto
un problema de interoperabilidad, por ejemplo, en la falta
de sistema de comunicación o en elementos para
repostar en vuelo. Los europeos han puesto de manifiesto
sus insuficiencias en toda una serie de campos, como en
los misiles, la capacidad de despliegue y obtención
de inteligencia, el sistema de guerra electrónica,
mando y control, etc. La dependencia de las capacidades
norteamericanas ha sido inmensa. Y esto nos llama a la
reflexión, a mi modo de ver, sobre el hecho evidente
de que la adaptación de la OTAN a lo largo de los
últimos seis años desde la cumbre de Bruselas
de 1994 ha sido muy importante, pero no se ha completado.
El punto fundamental pendiente de esa adaptación
de la OTAN es precisamente el hecho del enorme desequilibrio
existente en las capacidades entre europeos y norteamericanos.
La realidad, como se ha puesto de manifiesto a lo largo
de la crisis de Kosovo, es que los europeos (yo diría
salvo algunos países muy concretos, entre los cuales
yo creo que se honra estar Francia ) no se han tomado
en serio a lo largo de muchos años el tema de la
defensa. Creo que es una cuestión acerca de la
que todos debemos reflexionar, puesto que la realidad
es que en Europa, a lo largo de tantos años, hemos
subcontratado nuestra propia seguridad, hemos subcontratado
nuestra propia defensa a unos aliados, en concreto a EE.UU.
En realidad, éste era un planteamiento muy cómodo
para muchos de nosotros, y nos hemos dejado llevar por
la comodidad, por el hecho de que la defensa, en verdad,
era un elemento que sí tenía cierta importancia,
pero evidentemente había otros aspectos de la actividad
del Estado que tenían prioridad. Hoy, después
de la crisis de Kosovo, nos damos cuenta de que, de hecho,
estamos en una situación muy difícil, debido
a que la falta de una responsabilidad clara en materia
de nuestra propia defensa nos hace que no seamos capaces
de poder disponer de nuestro propio destino. Creo que
esa es una reflexión importante, además
de las muchas importantes que ha realizado el ministro
de Defensa en su intervención de esta mañana.
En la cumbre de Washington
se decidió lanzar la Iniciativa de Capacidades
de Defensa, justamente porque lo aliados nos dimos cuenta
de que el aspecto del desequilibrio en esas capacidades
era uno de los elementos de debilidad de la propia defensa.
Los mismos norteamericanos nos advierten de que es posible
que esta situación no sea sostenible, que no están
seguros de que su Congreso y su opinión pública
estén dispuestos a seguir llevando una parte tan
importante del peso. Creo que los europeos debemos hacer
caso a lo que nuestros amigos americanos están
diciendo muy claramente y, precisamente por ello, es por
lo que las decisiones que se tomaron en el Consejo Europeo
de Colonia deben ser un punto de partida para seguir trabajando
sin descanso hacia ese objetivo de que Europa pueda ser
dueña de sus propios destinos.
Las decisiones del Consejo
Europeo de Colonia tienen quizá el precedente más
importante o más interesante en la reunión
de Saint-Malo en la cumbre franco-británica de
diciembre de 1998, donde se anticiparon muchos de los
elementos que luego han sido recogidos en Colonia . Para
nosotros, los elementos que están reflejados en
las conclusiones son un esquema de lo que debemos realizar,
un esquema de las actuaciones que debemos llevar a cabo
en los próximos meses y en los próximos
años.
España insistió
mucho en los meses que precedieron al Consejo Europeo
de Colonia en que sería importante marcarnos un
plazo definido para poder tomar las decisiones importantes
en materia de seguridad y defensa dentro de la Unión
Europea. De la misma forma que se hizo con respecto al
establecimiento de la Unión Económica monetaria,
pensábamos que había que señalar
un cierto plazo para que los europeos adoptáramos
las decisiones necesarias, y en ese sentido nos congratulamos
de que se estableciera el final del año 2000, coincidiendo
con la clausura de la presidencia francesa, para que la
Unión Europea esté en condiciones de asumir
las decisiones precisas. Decisiones que, en nuestra opinión,
deben estar centradas en varios campos: por un lado, en
el aspecto institucional, para que la Unión Europea
sea capaz de tomar las decisiones necesarias para poder
llevar a cabo esta nueva responsabilidad que ha decidido
asumir en materia de gestión de crisis. Nosotros
pensamos que es evidente que en todas las reuniones en
las cuales haya que discutir sobre cuestiones que tengan
relevancía sobre defensa, deberán estar presentes
los ministros de Defensa. Es una cuestión evidente,
sin su presencia no se podrán tomar decisiones
que tengan un cierto calado y una cierta coherencia.
Por otro lado, como todos
sabemos, en Colonia se habla de la posibilidad de establecer
un órgano permanente en Bruselas, un Comité
Político y de Seguridad. España apoya plenamente
la idea de la creación de este órgano. Pensamos
que este órgano debería ser claramente operativo
para llevar a cabo el día a día de la acción
de la OTAN en la preparación de su capacidad para
la gestión de crisis, y para que, cuando haya una
crisis en la cual esté interviniendo la Unión
Europea, pueda ser también el responsable del control
político y de la dirección estratégica.
Por ello creemos -y coincidimos en eso con Francia - que
este órgano debe estar constituido al máximo
nivel posible. Si es factible, con representantes a nivel
de embajadores. También pensamos que sería
útil que este órgano se constituyera cuanto
antes, sin esperar un largo plazo, puesto que, a nuestro
modo de ver, las soluciones provisionales son peligrosas
y nos pueden llevar a que la provisional idad s acabe
haciendo en cierto modo permanente: de ahí lo de
la mayor brevedad posible para su constitución.
Es cierto que puede que haga falta abordar la cuestión
jurídica sobre cómo ajustar este nuevo órgano
en el marco del Tratado de la Unión Europea. Es
un aspecto en el que, evidentemente, los juristas nos
tienen que ilustrar, pero seríamos partidarios,
como digo, de que se pusiera en marcha sin demora.
Este órgano debería
ya, tan pronto como sea posible, disponer de otros órganos
de asesoramiento militar, tal y como se indica en Colonia
: el Comité Militar, el Estado Mayor Militar y
algunos órganos de información y de asesoramiento
ya existentes, como son el Centro de Satélites,
por ejemplo, o el Centro de Situación.
En cuanto a la presidencia
de este órgano, pensamos que sería útil
que el propio alto representante para la política
exterior y de seguridad común, el secretario general
del Consejo, fuera el que presidiera este órgano.
Evidentemente, esto necesitará de un cierto grado
de coordinación y acoplamiento con la presidencia.
Tal vez el precedente que tenemos en la UEO nos sirva
algo, aunque no creo que exactamente sea el mejor. Entiendo
que, a la larga, debería ser sin duda el secretario
general del Consejo y alto representante el que lleve
la responsabilidad del trabajo del COPS (Comité
de Política y Seguridad) y de la creación
de consensos. El secretario general, en el período
interino hasta que desaparezca la UEO, tendrá la
responsabilidad también de dirigir esta organización.
El próximo 24 de noviembre terminará su
mandato el secretario general actual, José Cutileiro,
y en ese momento sería cuando el alto representante
podría hacerse cargo de esta responsabilidad.
Desde el punto de vista de
la estructura de mandos que se establecería, es
evidente que no parece que la Unión Europea vaya
a dotarse de una estructura militar como existe en la
OTAN. No pensamos que podamos llegar a establecer una
estructura redundante con la OTAN : sería una duplicación
acaso innecesaria. Sin embargo, es evidente que hace falta
establecer unos mecanismos de mando y control suficientemente
operativos, y en ese sentido, hay varias opciones que
se han ido apuntando, como la internacionalización
de los cuarteles generales nacionales, o la utilización
de los cuarteles generales multinacionales existentes.
España piensa que todas estas opciones son válidas,
se tienen que discutir, pero también deberíamos
pensar en la posibilidad de, en su momento, llegar a establecer
un cuartel general europeo. Un cuartel general que, porun
lado, tenga ese carácter emblemático europeo
y, por otro, sea el que realmente lleve el peso de la
preparación del planeamiento operativo, del planeamiento
de las operaciones y de su conducción. Por otra
parte, ese cuartel general tendría también
una cierta relación con la OTAN , en el sentido
de su vinculación posible con la estructura de
mandos, o al menos con el deputy saceur.
Desde el punto de vista industrial,
yo creo que el ministro de Defensa ha expuesto muy claramente
las ideas, plenamente compartidas por el Ministerio de
Asuntos Exteriores en lo que a mí respecta. Es
evidente que de alguna manera hará falta ir desarrollando
unos criterios de coherencia, si no de convergencia, de
coherencia, a la hora de establecer la política
en materia de armamentos y, eventual y obviamente, una
política industrial que lo apoye. Criterios de
coherencia que, por un lado, exigirán una gran
armonización en materia de requerimientos militares,
una armonización en el planeamiento de armamentos
y hasta llegar incluso a la puesta en común de
determinados medios de acción, como podrían
ser aviones de transporte estratégico, mecanismos
de información e inteligencia, satélites,
por ejemplo. Es decir, habrá que ir buscando fórmulas
para racionalizar nuestra actuación y ahorrar medios,
de forma que no tengamos que duplicar nuestras capacidades.
Es obvio que la cuestión
del gasto en defensa es algo que tendremos que abordar.
En mi opinión, de alguna forma habremos de comprometernos;
quizá no tanto en cuanto al porcentaje del PIB,
si no en el tipo de fuerzas armadas que vamos a requerir
y, como ha señalado el ministro, en las capacidades
militares que deberemos tener. En ese sentido, creo que
el esfuerzo y la rees- tructuración de nuestras
fuerzas armadas (en el caso de España, una profesionalización
de las mismas) nos va a llevar, sin duda alguna, al desarrollo
de nuestras capacidades y a un mayor esfuerzo en este
aspecto.
Y quisiera terminar indicando
que esta ocasión histórica es algo que debemos
aprovechar, y debemos aprovecharla precisamente porque
desde el otro lado del Atlántico ya nos están
advirtiendo de que ellos no van a poder seguir asumiendo
este peso desequilibrado, este peso desproporcionado de
la defensa común. Por todo ello creo que ha llegado
el momento de que los europeos asumamos finalmente nuestra
responsabilidad.