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Ministerio de Defensa de Francia :Henri Zipper de Fabiani

TERCEROS ENCUENTROS ESTRATÉGICOS FRANCO-ESPAÑOLES
25 de octubre de 1999

• Henri Zipper de Fabiani, Director Adjunto de Asuntos Estratégicos, Ministerio de Defensa de Francia (resumen). Mesa redonda:

"Política Exterior y de Seguridad Común: Las lecciones de Kosovo".


Sobre el tema de las lecciones a sacar de la crisis de Kosovo, deseo hacer dos series de comentarios. Por un lado, sobre la crisis misma en la que Europa estuvo presente políticamente, aunque militarmente fue demasiado dependiente respecto a los EE.UU. En segundo lugar, me referiré a la cuestión de la armonización de nuestros necesarios esfuerzos a partir de lo decidido en Colonia .

Es cierto que Europa estuvo presente políticamente en Kosovo y que su dependencia militar fue demasiado grande. Sin embargo, en último término, los europeos han sabido ponerse de acuerdo para defender incluso por la fuerza sus valores propios. En este contexto, las circunstancias parecen haber sido positivas para la construcción de la Europa de la defensa. En efecto, la inversión militar europea muestra que los países europeos constituyen 4/5 partes del contingente desplegado actualmente en Kosovo, ejercen la responsabilidad de la fuerza y controlan cuatro de los cinco sectores de la KFOR. Igualmente, durante la campaña aérea, algunos países contribuyeron relativamente de forma significativa, como el caso de Francia, primera contribución europea, que realizó el 12% de las misiones ofensivas y el 20% de las misiones de reconocimiento aéreo. La fuerza de extracción en Macedonia ha sido toda europea, hemos sabido asegurar inicialmente su mando, lo que ha confirmado que el éxito no estaba condicionado a la pertenencia a la estructura militar de la OTAN.

A título nacional, Francia abordó la prueba de Kosovo a mitad de camino de la profesionalización de sus Fuerzas Armadas. Se han constatado progresiones significativas en materia de información, de tiro de precisión diurna y nocturna, en la interoperatividad del material y en la aptitud de oficiales y soldados para actuar en una cadena operativa interaliada de mando.

Esto prueba que las disparidades, todavía grandes, pueden ser atenuadas y que la distancia tecnológica -en gran parte presupuestaría - podrá ser ampliamente reducida. No hay que hacerse, sin embargo, muchas ilusiones, pues hay lagunas que no se pueden ocultar. La auditoría de la UEO ha demostrado que si las capacidades europeas son importantes sobre el papel, la suma de lo que hay nada los datos reales. Lo que importa es pensar en términos de capacidad real: en ello hemos progresado respecto al nivel que teníamos en la guerra del Golfo.

Las lagunas en cuanto a capacidades se sitúan en el terreno de la información, de la planificación en tiempo real, en el de la proyección, de la capacidad de librar un combate de alta intensidad, de resistir en el tiempo y de ser verdaderamente interoperativos.

Ahora bien, los europeos han comenzado a reaccionar a base de reforzar sus capacidades autónomas de intervención, de adaptar las eurofuerzas y, sobre todo, con la decisión de transformar el cuerpo europeo en una fuerza de reacción rápida en manos europeas dentro del contexto de la decisión de Colonia a fin de poner aquél de manera operativa en las manos de la UEO. Y el presidente de la República Francesa ha anunciado la ambición de asegurar un próximo relevo de la KFOR gracias al Eurocuerpo renovado.

Un tercer aspecto es el de la necesaria sinergía, aún no encontrada, entre la OTAN y la UE, ya que desde las decisiones de la cumbre de Berlín, los europeos podrían haber utilizado recursos del interior de la OTAN en el con- texto de la Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD). Esto no ha sido posible, tanto por la inadaptación de la UEO como porque la OTAN no ha llevado a cabo la evolución necesaria.

Debemos recordar que la UE tiene ya, en el marco de Amsterdam, la capacidad (claro que teórica) de realizar misiones de Petersberg, según la terminología de la UEO, y que en Washington se reconoció la facultad futura para los europeos de disponer de medios preidentificados en el seno de la Alianza.

Cón la iniciativa franco-británica de Saint-Malo y tras la cumbre de Colonia existe otra modalidad identificada: el recurso a los medios autónomos europeos. Este es un punto capital, si bien el realismo hace que se cuente con los medios de la OTAN. Estos medios están previstos, pero no siempre automáticos, por lo que las circunstancias pueden llevarnos a recurrir un día, en total armonía y transparencia con los EE.UU, a realizar operaciones verdaderamente autónomas europeas.

Después de la cumbre de Colonia , se plantea la cuestión de cómo seguir en busca de una convergencia respecto a la armonización de esfuerzos, capacidad militar y medios para ponerlos en práctica.

Quiero subrayar que la construcción de la Europa de la defensa debe progresar en tres frentes: 1.- El reforzamiento de las capacidades militares de los estados miembros; 2.- La emergencia de una política común en materia de armamento; y 3.- La adaptación del cuadro institucional.

Insistiré sobre los dos primeros puntos. La necesidad de robustecer la capacidad de defensa de los estados miembros fue reconocida plenamente en Colonia . Debemos ser al mismo tiempo ambiciosos y prudentes. No podemos equivocarnos. Hay que abrir perspectivas políticas, pero sobre la base de una lógica militar infalible.

Es razonable imaginar que los europeos, en un plazo no muy largo, podremos proyectar juntos el equivalente a un cuerpo de ejercito -más o menos lo que hay ahora en Kosovo- en un plazo suficientemente corto, de alrededor de dos meses, puesto que la rapidez de reacción es absolutamente necesaria, así como la capacidad de mantenerse. La capacidad de relevo de las fuerzas es un tema también muy difícil.

En este sentido, se pueden prever diferentes evoluciones, tomadas tanto nacional como bilateral o multilateralmente. Así, podemos mencionar el cuerpo europeo o la búsqueda de la multinacionalización de los estados mayores estratégicos para los países que los tienen (Francia y Gran Bretaña), que permitirían contribuir a la planificación de operaciones militares.

A la larga, los tres aspectos mencionados en Colonia constituyen objetivos importantes: 1.- La mejora de nuestra capacidad de obtención de información ; es decir, la forma de adquirir los medios de evaluación estratégica; 2.- La capacidad de transporte y proyección estratégica; y 3.- La capacidad de mando y de control.

Desde este punto de vista se plantea la cuestión de la complementariedad, la compatibilidad con otros esfuerzos realizados, especialmente en el marco de la OTAN , y pienso en la Identidad Europea de Seguridad y Defensa. Es importante que los europeos no se limiten a ser lo que se ha llamado "clientes honrados" de la Alianza Alántica, sino que busquen mayores posibilidades de interoperatividad.

Hay ahí una tenue frontera entre la necesidad de reforzar nuestras capacidades de defensa y la definición última de una política de defensa común.

Más allá, la necesidad de desarrollar una Europa de armamento es una evidencia. Es un campo esencial en el que hemos ido marcando hitos desde el comienzo del conflicto de Kosovo, con la firma de la LOI, hace poco más de un año, el lanzamiento de la OCCAR (Organización Común de Cooperación de Armamento). Los recientes avances en materia de acercamiento industrial nos dan esperanzas de ver constituirse la base industrial de una Europa de la defensa, evocada en la declaración de Colonia .

La necesidad de ver reunidos a los ministros de Defensa es reconocida generalmente con la finalidad de definir los objetivos de convergencia y velar por la coherencia del conjunto de medidas a tomar para el objetivo de la realización de las misiones de Petersberg.

Por otra parte el Estado Mayor europeo es un tema central para la autonomía de acción de la UE, puesto que un COPS sin medios a su disposición no sería sino la expresión de una PESC sin la fuerza de convicción que ha tenido hasta ahora en muchos casos. El Estado Mayor debe ser capaz de utilizar al máximo la experiencia militar a disposición de la UE, con objeto de saber, decidir y dirigir. Debe ser, en fin, el punto focal que permitirá comprender las evoluciones en curso, tener una vigilancía estratégica y proponer las opciones estratégicas a los políticos, al COPS y al Consejo Europeo, dialogando inteligentemente con los Estados Mayores nacionales, multinacionales o nacionales multinacionalizados.

En conclusión, la crisis de Kosovo ha servido de catalizador al gran proyecto de la defensa europea y a la afirmación de una capacidad europea de gestión de crisis autónoma, reposando sobre capacidades militares creíbles.

La Alianza Atlántica debe sentirse más sólida, ya que el reforzamiento de las capacidades y de la determinación política de los europeos sólo puede reforzar el lazo transatlántico en una asociación más equilibrada. Europa en su conjunto se beneficiará lo mismo. Lo mismo Rusia, siempre necesaria para la estabilidad del continente y que aspira a asociaciones más diversificadas, y el conjunto de los países mediterráneos, entre los que Francia y España cuentan múltiples amigos para los que la relación euro-mediterránea es, desde muchos puntos de vista, esencial.

 

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