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TERCEROS ENCUENTROS ESTRATÉGICOS FRANCO-ESPAÑOLES
25 de octubre de 1999

• Andrés Ortega Klein, Periodista, analista político de EL PAÍS. Mesa redonda:

"El futuro de la PESC".

En parte, la cuestión a debate me recuerda a ese cónclave de los carde- nales que se reúnen para elegir a un papa y uno de los viejos cardenales se acerca al más joven y le dice: "y usted cree en Dios, o ya conoce el secreto".

El secreto, está claro es que la PESC no existe; existen muchas cosas sueltas, existen acciones exteriores, pero la PESC no; y por eso debemos hablar de su futuro más que de su pasado, pero que no exista no quiere decir que sea absolutamente necesario. Lo voy a abordar mezclando un poco eso que se llama el pesimismo de la razón con el optimismo de la voluntad, porque casi todo hay que construirlo, hay que inventarlo. Creo que Solana va a tener una tarea más dura, mucho más dura, que en la OTAN ; y quizás los demás también.

EE.UU. tiene un PIB similar al de la Unión Europea, un comercio exterior similar, pero su influencia es mucho mayo: c"por qué? Porque es un Estado, primero, porque tiene el dólar, porque tiene unas fuerzas armadas capaces y porque tiene una política exterior, dejando aparte ahora si quien la define es el Sr. Clinton o el Sr. Jessie Helms. Europa, no. Aquí hablamos de la PESC , pero nadie habla de que en la ONU nadie renuncía a su derecho de veto, ninguno de los dos países europeos; lo más que se habla es de darle un asiento a Alemania como miembro permanente y sin derecho de veto. Es verdad que los europeos tienden a votar cada vez más juntos, pero eso no es la PESC, o no es sólo eso. Creo que también en las crisis importantes recientes de los últimos tiempos, realmente, no ha habido unidad europea, ni capacidad europea; ni siquiera en Oriente Medio, donde cuando las cosas se han reanudado no ha sido gracias a los europeos, aunque naturalmente contribuyan y puedan ejercer una labor de catalizador.

Quisiera recordar que ni siquiera la UEO quiso prestar su bandera para organizar la Operación Alba en Albania, que luego resultó bastante importante como se ha visto, por lo que ocurrió después en Kosovo. En Kosovo tampoco hubo un pleno acuerdo anterior, incluso en lo humanitario (esta insistencia en lo humanitario es también una manera de tapar la falta de coincidencia política). Que en la guerra de Kosovo se haya mantenido la cohesión de los europeos y de los aliados, no significa que haya habido una política exterior común; hubo Rambouillet, sí, pero cuando tuvo que ir alguien a negociar a Belgrado, fue un americano.

Construir la PESC va a ser muy difícil. Desde luego, había cosas en marcha antes, como Maastricht, Amsterdam, Saint-Malo, luego Colonia y su anexo III, y quizá lo más importante haya sido el nombramiento de Javier Solana, porque es una señal de voluntad política, y la intención, por lo menos expresada por Alemania y Francia, de que sea él quien presente en los consejos europeos los debates sobre política exterior, es positiva. Que acumule los mandatos de alto representante, secretario general del Consejo y secretario general de la UEO, también. Creo que todo esto le dará autoridad al Sr. Pese: pero costará llegar a eso que Kissinger decía de "cuando cojo el teléfono... a. quién llamar en Europa?". Creo que durante bastante tiempo más van a tener que seguir llamando a tres o cuatro; y prefiero no nombrarlos.

También creo que en esta construcción de la PESC hay ciertos problemas institucionales: hubiera preferido al Sr. Pese dentro de la Comisión, pero se ha querido alejar a la Comisión de la PESC. Con el Sr. Pese, el Sr. Patten, el Sr. Predi, la presidencia de turno, etc., puede haber problemas de protagonismo y de coordinación. En todo esto nos alejamos un poco del método comunitario que dio ciertos frutos y que quizá no conviene renunciar del todo a él.

Dicho todo esto, creo que, primero, los protagonismos nacionales en política exterior van a seguir existiendo. Es difícil concebir, de momento por lo menos, y por bastante tiempo, que España por ejemplo, deje de tener una po- lítica propia hacia América Latina, o Francia hacia alguna otra parte del mundo, o Grecia hacia Turquía, o Alemania hacia el Este. Aunque un apoyo general de la Unión Europea y una política común les permita a cada uno un efecto multiplicador de su acción.

En segundo lugar, creo que la PESC, para tener futuro y para empezar a funcionar tiene que ser muy selectiva. No tiene sentido intentar posiciones y posturas comunes y declaraciones en casi todo. Creo que es mejor concentrarse enunos pocos temas, entre otras cosas, porque la PESC, en un principio, no va a ser, como la moneda, una política única, sino una política común, que se superponga, pero que no elimine a las nacionales. Hay que centrarse en los temas importantes y los temas importantes no siempre vienen determinados de antemano.

En tercer lugar, ¿va a ser posible en una Europa de veinticinco o treinta Estados una PESC? Si ya es casi imposible a quince, yo creo que a veinticinco va a ser mucho más difícil; pero si no se articula antes, si no se articula en estos años, desde luego será absolutamente imposible.

En cuarto lugar, se habla mucho en esas intervenciones exteriores, en estas actitudes exteriores de la coalición de los que desean participar, la coalitión of the wtllmg, o de la abstención constructiva, es decir, que algunos países se abstengan, pero no dificulten que la PESC avance en algunos terrenos; pero curiosamente, la cooperación reforzada, eso que se metió en el Tratado de Amsterdam, se pensó, cuando se inició, justamente para la PESC, para el segundo pilar, y lo que ha hecho Amsterdam es dejarla en todos los lados, pero prohibirla en ese pilar, prohibirla para la PESC. Es algo que yo creo que habrá que corregir.

En quinto lugar, habría que mejorar los vínculos entre las distintas acciones exteriores de la Unión Europea, de los tres pilares: el pilar comunitario, el pilar PESC y el pilar de justicia e interior. De hecho, creo que ha sido un error crear eso sobre pilares, pero, en fin, va a ser muy difícil quitarlo. Pero la acción exterior, pese a Kosovo, va a ser cada vez más sobre temas que afectan a lo comunitario y a justicia e interior, a la inmigración, a la ayuda exterior. Y por eso conviene crear, por lo menos, buenos puentes entre los tres pilares. No estoy seguro de que las estrategias comunes sean el buen camino a seguir, por- que las estrategias comunes pueden desembocar en lugares comunes, más que en acciones precisas y contundentes.

Tampoco estoy seguro de que por mayoría funcionara mejor la PESC futura; es más una cuestión de tradición, de superar las tradiciones, de crear aparatos. Del tema institucional se ha hablado mucho y no voy a entrar en ello. Pero sé que hay que crear una cultura diplomática europea por encima de las nacionales, y que uno de los frenos a la PESC pueden ser los propios diplomáticos. El temor a perder sus propias prerrogativas nacionales como diplomáticos en beneficio de un cuerpo diplomático europeo futuro. Para colmo, en la Unión Europea creo que los ministerios de Asuntos Exteriores están perdiendo peso en beneficio de otros ministerios y principalmente de los de Economía y Hacienda. El Consejo de Asuntos Generales está perdiendo iniciativa, o puede perderla, en beneficio del ECOFIN, que se demuestra cada vez más importante (digo pese a Kosovo, porque creo que Kosovo va a ser una excepción ), lo cual de alguna manera eso es pernicioso, porque quien representaba el interés general europeo eran los Consejos de Asuntos Generales.

Finalmente, se ha hablado mucho de la Identidad Europea de Defensa. Brzezinski ha dicho claramente que Europa es un protectorado americano. Sin ningún ánimo antiamericano, lo que preguntaría es si queremos seguir siéndolo. Y no estoy seguro de la respuesta. Mi respuesta personal sería que no, pero no estoy seguro de que las poblaciones quieran, sobre todo las consecuencias que supone responder negativamente. En todo caso, como señala el documento franco-alemán, ningún desarrollo de la Unión Europea podrá remediar las carencias constatadas especialmente durante la guerra de Kosovo, si Europa no logra colmar sus déficits en materia de defensa para disponer llegado el momento de los medios necesarios. Va a ser necesario gastar mejor, primero, y probablemente gastar más en defensa.

Y en este entorno, también puede ser que, aunque hayan cambiado un poco de actitud, lleguen los neutrales a ser un problema, y también se plantea la cuestión esencial de quién va a mandar sobre todo eso. Porque hasta ahora mandaban los americanos y estábamos todos de acuerdo, pero quién o quiénes. Ahora, lo que es terrible es reconocer que ninguno de los estados europeos actuales, que no son pequeños, ni faltos de medios económicos, hubiera estado en condiciones por sí solo de ocupar Kosovo, no digamos ya de derrotar a la pequeña Serbia. Entonces, yo creo que va a haber un debate en Europa sobre por qué nos gastamos las cantidades que nos gastamos en defensa, que son pocas en términos de porcentajes comparados con otros países, pero que, en términos de efectividad, son muchas: si aplicáramos el análisis coste-beneficio que aplicamos, por ejemplo, en los gastos de educación al gasto militar, creo que el resultado sería tremendo, en contra de lo militar, por lo menos en algunos países, incluyendo España. Por lo tanto, hay que empezar a reestructurar, hay que empezar a pensar en convergencia de aparatos, de medios y, sobre todo, vuelvo al principio, si va a haber una voluntad. Si vamos a querer ser potencia o nos puede satisfacer ser potencia postmoderna como Japón, con una política exterior cuyo instrumento principal es el económico.

Finalmente, quería plantear dos simples dudas que tengo: si a la larga es compatible la OTAN con la Identidad Europea de Defensa, porque a lo mejor la OTAN actúa como inhibidor, y aunque es la estructura militar de la Unión Europea en estos momentos y nadie quiere, digamos, socavarla, a la larga a lo mejor eso puede ser un problema. Otro problema es que en Kosovo se ha visto un peligro que se puede acentuar en los próximos años: que EE.UU. se escape tecnológicamente y lleguemos ante una situación en que la tecnología militar americana sea incompatible con la europea y, por lo tanto, no pueda haber verdaderamente una alianza militar.

 

 

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