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TERCEROS ENCUENTROS ESTRATÉGICOS FRANCO-ESPAÑOLES
25 de octubre de 1999

• Pascal Boniface, Director del Institut de Relations Intematitonales et Stratégiques (IRIS) (resumen). Mesa redonda:

"El futuro de la PESC”.

La gran cuestión es si, a largo plazo, la OTAN es compatible con la Identidad Europea de Seguridad y Defensa.

El futuro de la PESC depende de la idea que americanos y europeos se hagan de su relación recíproca. Ello comporta dos cuestiones: cuál será el grado de autonomía que los europeos quieran tener, y, en segundo lugar, cuál será el grado de autonomía europea que los americanos estén dispuestos a aceptar.

Se ha hablado mucho de la moneda. Es verdad que el euro tiene un papel estratégico; pero el euro ha sido posible porque solamente había monedas nacionales. Si los diferentes países europeos hubieran tenido el dólar como moneda, no se habrían esforzado en crear el euro. Ahora bien, en materia de defensa, la moneda común existe ya y es la OTAN. Supone una tentación fuerte para algunos europeos pensar que no hay que duplicar los medios y preguntarse para qué crear algo nuevo si ya funciona la OTAN.

Hay algunos que prefieren la dependencia aceptada, conocida y antigua de los EE.UU., una protección lejana y poderosa mejor que una relación de autonomía, más complicada, en la que algunos vecinos europeos tendrían un papel mas importante.

¿Cómo responder a esa pregunta? La primera respuesta vendrá dada por la forma en que los europeos lleguen a concebir esa idea. Los europeos no tienen todos la misma idea de Europa como potencia. Algunos desconfían, por razones diferentes, de Europa como potencia ya que ello daría, a sus ojos, la primacía a uno de ellos, siempre demasiado cercano. Prefieren una Europa más mercantil y más pacífica y si hace falta una potencia, ya existen los EE.UU.

En esta dirección queda mucho trabajo por hacer, incluso cuando desde hace, un año las buenas noticias priman sobre las malas. Lo que ha cambiado radicalmente, desde hace un año, es la actitud de los británicos que, con la declaración de Saint-Malo, han aceptado por primera vez el concepto mismo de identidad europea de defensa.

También ha cambiado la nueva Alemania, que ha descubierto la satisfacción de la soberanía. No hay que preguntarse si habrá una Alemania europea o una Europa alemana. Alemania es europea. No hay que temer que Alemania encuentre el espacio que le corresponde. No habrá una Europa como potencia con británicos fuera de ella y alemanes en una posición menor. Todos los europeos convencidos que desean una Europa más fuerte deben desear asimismo que británicos y alemanes desempeñen plenamente su papel. También España e Italia, favorables desde hace tiempo a este concepto y que no tienen las mismas tradiciones respecto a EE.UU. como la de otros europeos, han de dar prueba de una mayor voluntad de asociación.

¿Cómo pueden reaccionar los EE.UU. ante la Europa de la defensa? No debemos temer el aislacionismo americano, sino más bien el unilateralismo, como, por ejemplo, cuando piden a la Indía o a Pakistán que ratifiquen un tratado que ellos no ratifican.

Hay tres actitudes americanas: Primera, la de quienes afirman que en las actuales circunstancias los europeos no son de fiar ya que solo los EE.UU. tienen un destino manifiesto y son indispensables a la hora de defender valoresuniversales. Cualquier otro punto de vista acabará oponiéndose a esa premisa. Una segunda actitud, es la de quienes piensan que ya que los europeos nos piden algo, hagamos como que se lo damos. Se traca de dar compensaciones únicamente psicológicas, una apariencia de participación para que no protesten.

Hay una tercera actitud más responsable, más visionaría, más a largo plazo, aunque, desgraciadamente minoritaría. Según ella, los problemas del mundo son cada vez más difíciles de gestionar, por lo que europeos y americanos deben tratar conjuntamente -un pilar europeo y los EE.UU.- de arreglar los desperfectos y hacer que el mundo esté lo menos mal administrado posible.

En relación con las dudas americanas, ¿no será a largo plazo el interés bien encendido de los EE.UU. tener un socio, en una relación equilibrada, que pueda ser autónomo? La autonomía estratégica europea no es el final de la Alianza Atlántica -eso nadie lo desea-: es solamente mantener una asociación más equilibrada.

¿Por qué no pensar que los americanos puedan llegar a vislumbrar inteligentemente la ventaja de llegar a tener un socio así lo mismo que Francia ha sido capaz de verlo respecto a Alemania ?. A Francia le ha costado meses y años darse cuenta de que necesitaba a Alemania como socio autónomo. Espero que los EE.UU. no necesiten décadas para llegar a la misma conclusión respecto a los europeos.

 

 

 

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