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TERCEROS ENCUENTROS ESTRATÉGICOS FRANCO-ESPAÑOLES


25 de octubre de 1999

• Alejandro Muñoz-Alonso, Presidente de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados.

Palabras de clausura.

En los Encuentros se ha hablado de la defensa europea, y se ha hecho con realismo, dejando atrás la retórica en la que muchas veces anteriormente hemos estado presos. Creo que ya ha pasado la hora de limitarse a las palabras más o menos sonoras y bonitas y de poner los pies en la tierra y saber que es el momento, es la hora de la defensa europea. Y lo es porque se han producido una serie de acontecimientos que nos han llevado a la conclusión de que era absolutamente preciso que Europa iniciara el camino realista de la defensa. Creo que es una buena aportación la que se ha hecho cuando se ha planteado que lo mismo que hemos hecho con el tema de la moneda, para la Unión Económica monetaria, ese modelo de convergencia puede servirnos, de alguna manera, para avanzar en la defensa europea. Para pasar, en suma, de esa retórica, a que me refería hace un momento, hacia la voluntad política. No podemos seguir en esa situación. Se ha dicho que hemos subcontratado la defensa; Europa ya no puede seguir subcontratando la defensa y tiene que asumir como propia esa tarea. Creo que lo debería haber hecho hace ya mucho tiempo y que se deberían haber dado pasos efectivos en esa dirección ; pero cuando el objetivo es positivo, nunca es tarde, y creo que ese momento ha llegado ya.

Y ha llegado ya porque se perciben en el horizonte europeo, y casi diríamos que en el extraeuropeo, elementos muy positivos en esa dirección. Creo que han cambiado las voluntades políticas, o, mejor dicho, que ahora hay una voluntad política que antes no existía. Se ve muy claramente: los cambios que se han producido en el Reino Unido y los propios cambios que se han producido en Francia. No es casual que estos dos países, el Reino Unido y Francia, hayan tenido una iniciativa como la que se concretó en Saint-Malo. Y digo que no es casual, porque, al fin y al cabo, Francia y el Reino Unido son dos potencias nucleares europeas, las dos únicas potencias nucleares de Europa Occidental; son al mismo tiempo los dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y digamos que desde ese punto de vista les incumbe una responsabilidad quizá superior a la de otros países.

Pero inmediatamente quiero añadir que España no desea quedarse atrás. Por una serie de razones históricas bien conocidas, y que no es el momento deanalizar, España ha tenido un largo periodo de aislamiento y, si se quiere, de marginación de lo que ha sido el gran concierto europeo desde hace ya mucho tiempo, y ahora pretende, con una voluntad renovada, recobrar ese tiempo perdido y darle a su participación internacional un peso y una importancia crecientes. No quiero dejar de recordar que en la Directiva de Defensa Nacional actual, el primer objetivo es la plena participación de España, la plena integración de España en los organismos internacionales de seguridad y de defensa; y eso para España, creo que a la vista está, no es un simple deseo, si no que es una voluntad política decidida, y decidida, además, por todos los gobiernos que se han ido sucediendo en los últimos años, y eso está asimismo patente con la participación de España en las distintas misiones del mantenimiento de la paz o misiones de ayuda humanitaria en estos últimos años.

Cón realismo, se han visto los aspectos positivos y los aspectos negativos, lo que va bien y lo que va menos bien; pero me parece importante insistir en que no partimos de cero, con lo que quiero decir que tenemos la gran experiencia de la OTAN. La OTAN no es algo que deba ser superado, sino que es un elemento permanente en nuestro horizonte de defensa, y el mantenimiento del vínculo transatlántico me parece algo absolutamente indispensable, que no debe ser un pretexto para que no avancemos en la defensa europea, pero que, en todo caso, no debe ser una cosa de la que prescindamos y a la que olvidemos.

Y han cambiado, no solamente las voluntades políticas, sino que han cambiado y están cambiando los marcos jurídicos. Creo que el Tratado de Amsterdam, aunque sea todavía con algunas insuficiencias, da pasos importantes en ese sentido, no establece únicamente una serie de instituciones nuevas, como son el Alto Representante y la Unidad de Análisis y Previsión, si no cambien unos objetivos a largo plazo que me parecen importantes: cuando habla de la definición progresiva de una política de defensa, que además en su momento se podría transformar en una defensa común, creo que no lo debemos dejar en la pura letra de la ley en la pura letra del tratado, sino que he mos de poner voluntad y empeño en que se convierta absolutamente en una realidad. Y en ese sentido, me parece muy positiva -y así lo he defendido en estos últimos tiempos- la idea de una convergencia militar, la idea de que apliquemos ese modelo euro al ámbito de la defensa y que trabajemos para encontrar aquellos criterios de convergencia a los que debemos obligarnos, que posiblemente no hay por qué centrarlos en el fetichismo de las cifras, de los porcentajes del tema de la defensa europea, sino más bien en el de las capacidades; que debemos empezar por racionalizar entre todos el gasto de defensa que tenemos, y seguramente, no va a bastar eso: será necesario realizar nuevos esfuerzos. Tenemos que estar dispuestos a hacerlos y a explicar a nuestras opiniones públicas por qué debemos hacerlo así.

Y quiero decir, finalmente, que también me ha satisfecho mucho comprobar las convergencias grandes, muy importantes; me parece que mucho más que las divergencias o las disonancias, que es más suave, entre Francia y España, que también pueden existir. Pero no hay divergencias importantes; a lo sumo, puede haber puntos de llegada o puntos de trayecto distintos, como consecuencia de que partimos evidentemente de situaciones distintas. Francia ha sido un país fundador de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica, España se ha incorporado más tarde, pero como he dicho, lo hace con una voluntad renovada de recuperar ese tiempo perdido. Creo que Francia y España tienen una serie de intereses y, por supuesto, de valores en común, de los que quizá en algunos momentos no nos hemos dado cuenta, no hemos sido conscientes, y me parece muy positivo multiplicar las ocasiones que nos recuerden todo eso que nos une, que, como decía hace un momento, es mucho más que lo que nos puede separar.

 

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