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EXTRACTO Y RESEÑAS

"Una identidad europea de seguridad y defensa"
Javier Solana *

La unidad europea, aunque comenzó como proyecto económico, siempre ha tenido implicaciones de seguridad. Ha sido un marco pacificador para reconciliar a las mayores potencias europeas después de la devastadora experiencia de dos guerras mundiales.

La OTAN ha desempeñado un papel decisivo en el proceso de integración europea. Durante cuarenta años, la OTAN proporción ó una capa protectora a la Europa occidental, que avanzaba hacia la unión económica y, con el tiempo, política. Sin embargo, durante esos años, las relaciones entre la OTAN y el proceso de integración europeo fueron pasivas. La Alianza ofrecía seguridad a una Europa que -por buenas razones- se concentraba en áreas de integración más prometedoras. Esa división del trabajo tenía sentido mientras duró el conflicto entre el Este y el Oeste, pero desde entonces ha perdido gran parte de su razón de ser.

Los tratados de Maastricht (1991) y Amsterdam (1997) lo han cambiado todo. En la actualidad, la UE está desarrollando una política exterior y de seguridad común. En consecuencia, el papel de la OTAN ya no es resolver difíciles cuestiones de seguridad en beneficio de Europa. Lo que se necesita es un nuevo enfoque político que haga derivar más responsabilidades hacia los aliados europeos y facilite así un reequilibrio de los papeles de Estados Unidos y Europa.

Siempre he creído que la OTAN puede permitirse un papel europeo más firme. Bosnia y Kosovo han demostrado, sin duda alguna, que la OTAN es la institución militar dominante de Europa y que seguirá siéndolo en un futuro previsible. Por consiguiente, el objetivo no debe ser poner esto en duda. Más bien deberíamos avanzar para favorecer la vocación europea de identidad propia de seguridad y defensa dando a la OTAN una naturaleza más europea. El acuerdo de todolos aliados de crear una identidad de seguridad y defensa europea en la OTAN , y no fuera de ella, reconcilía las ambiciones europeas y las peticiones norteamericanas de que asuma un papel más activo en la defensa, efectuando el proceso dentro del sólido marco de la Alianza.

El camino seguido para conseguir esta reconciliación -reformar la estructura de mando de la OTAN para permitir operaciones de respuesta a las crisis dirigidas por europeos- responde a ciertas realidades fundamentales; que la proyección de la defensa militar es claramente demasiado costosa para una Europa ocupada aún en gran parte de los aspectos no militares de la integración ; que en un futuro previsible el poderío militar europeo seguirá dependiendo del apoyo militar de Estados Unidos; y que los otros miembros estratégicos no comunitarios, como Canadá, Turquía y los tres nuevos miembros de la OTAN , no deben ser marginados.

Al permitir que la Unión Europea Occidental (UEO) se apoye en los dispositivos "separables pero no separados" de la OTAN , la Alianza cumple su promesa de robustecer su pilar europeo, promesa hecha en 1996 en las reuniones de Berlín y Bruselas de los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de la organización. Sin embargo, la UEO es un marco demasiado estrecho para reflejar la amplitud de las relaciones transatlánticas o soportar el pleno alcance de una política amplia de gestión de crisis. Para ello se necesita una relación plenamente desarrollada entre las dos fuerzas impulsoras más importantes que dan forma a la evolución política y de seguridad europea: la OTAN y la UE, que tienen intereses estratégicos comunes en la formación de un entorno de seguridad propicio basado en los valores atlánticos de democracia, libertad individual e imperio de la ley. Por consiguiente, la OTAN y la UE, aunque formalmente separadas y autónomas, tienen un interés mutuo en sus respectivas políticas. A fin de potenciar al máximo su influencia, reducir al mínimo la duplicación y evitar la emisión de señales contradictorias en una crisis, es necesario para ambas instituciones lograr la congruencia de sus orientaciones.

En la reconstrucción de Europa suroriental tras la crisis de Kosovo, la interdependencia estratégica de la OTAN y la UE ha sido siempre evidente. Pero estoy convencido de que la coherencia entre la OTAN y la UE tendrá un efecto sinérgico en prácticamente todas las áreas de la gestión de seguridad . Al trabajar juntas hacia los mismos fines estratégicos, las dos instituciones podrían tener un efecto decisivo sobre la evolución de un Mediterráneo pacífico y económicamente dinámico, una Europa central y oriental segura y próspera y, finalmente, una Rusia que mire hacia el exterior, democrática y estable.

La identidad europea de seguridad y defensa será la más importante contribución a una favorable relación transatlántica. Pero hay más. Por ejemplo, el progreso tecnológico influirá también sobre las relaciones políticas de manera totalmente nueva. El desarrollo de las posibilidades de defensa ofrece un ejemplo significativo. Los aliados que no puedan actuar juntos en lo militar tendrán dificultades para cooperar en lo político. Debemos evitar una división del trabajo basada en la tecnología, en la que Europa proporcionaría los soldados para la gestión de crisis, mientras Estados Unidos contribuiría con su potencial aéreo y sus satélites. Necesitamos, por tanto, un foro para tratar asuntos relacionados con el más amplio diálogo industrial de defensa y cooperación a través del Atlántico. Por ello he insistido en la creación de tal foro. Ha llegado el momento.

La proliferación de armas de destrucción masiva es otro desafío para la comunidad transatlántica. Aunque las armas nucleares siguen siendo difíciles de obtener, no ocurre lo mismo con las biológicas y las químicas. A pesar de que con frecuencia se pone en duda su valor militar, ciertos regímenes delincuentes han demostrado su voluntad de usarlas. Además, su fácil adquisición aumentará también el daño potencial causado por agentes no estatales, como los grupos terroristas. La contención de la difusión de armas nucleares, biológicas y químicas y de los misiles capaces de transportarlas será uno de los principales desafíos para la seguridad en el siglo próximo. En la cumbre de Washington, los dirigentes aliados incluyeron la cuestión de la proliferación en la agenda de la OTAN. Igualmente, las actividades de cooperación de la Alianza con Europa central y oriental en general, y con Rusia en particular, y sus vínculos con otras instituciones pueden resultar determinantes en la búsqueda de una respuesta al problema de la proliferación.


* Del artículo "La OTAN y el futuro de la seguridad europea*, Política Exterior, 72 {noviembre/diciembre 1999).

la Reseña: "Una política militar europea común. Al fin serios?" Strategic Comments. International Instituce for Strategic Studies (IISS), Vol. 5 Issue 6 (julio 1999)


Una alianza militar de la UE debe tener su propia capacidad de planificación y mando. De no ser así, será débil y no será respetada ni podrá tener el necesario acceso a los recursos de EE.UU. Por otra parte, un mando multinacional de la UE molestará a Washington, que ha defendido siempre el mantenimiento de la hegemonía del mando de la OTAN.

Los europeos tratarán probablemente de lograr un compromiso, mezcla de recursos nacionales de mando y arreglos centrales ad hoc.

Los problemas de Grecia y Turquía llevarán probablemente a que se produzcan nuevas formas de asociación de defensa entre la UE y los no miembros de OTAN.

Queda por ver si habrá acuerdo sobre la identificación de nuevas responsabilidades europeas en el interior de la OTAN. Esta posibilidad puede dar pie a una oportunidad de que Francia reanude su acercamiento formal a la estructura militar de la OTAN.

Cada vez se hace más patente el hecho de que la mayoría de la fuerza europea de 1,9 millones de hombres está desplegada contra los países del Pacto de Varsovia que ya no constituyen peligro alguno. Igualmente, una gran mayoría de aquéllos son reclutas que, por ley, no pueden actuar en misiones "fuera del área" y que, por su corto servicio militar, no pueden ser entrenados en el uso de armamento sofisticado.

A instancias del Reino Unido, la UE está tratando de seguir dos caminos para mejorar el potencial militar de sus miembros:

En primer lugar, tratando de establecer criterios de convergencia de defensa. En segundo, realizando un proceso colectivo de revisión de su defensa lo que podría llevar a varios modelos de especialización y a abandonar, más rápidamente, el servicio militar obligatorio.

El caso alemán es básico en tal esfuerzo: Sin un ejército profesional y con una muy pequeña capacidad de proyección, sólo unos pocos miles de soldados (de sus 350.000) están capacitados para operaciones "fuera de área".

En teoría , la UE puede llegar a reemplazar a los EE.UU. en la fuerza de mantenimiento de paz en Kosovo pero los europeos deben hacer algo más que insistir en la participación norteamericana (in together, out together) para probar que la cooperación europea de seguridad se está haciendo, por fin, una realidad.

2a Reseña: CONFErencia celebrada los días 25 a 27 de junio de 1999 organizada por The Ditchiey Foundatión sobre Los instrumentos de la seguridad internacional en el siglo XXI. Informe de John G. COCKELL, Unidad de Análisis y Desarrollo de Conflictos, Departamento de Relaciones Internacionales de la LSE. Con participantes de Alemania, Australía, Canadá, Estados Unidos, Francia, Japón, Nueva Zelanda, OTAN y Reino Unido.)

El debate se centró, sobre todo, en la identificación de los futuros instrumentos de la comunidad internacional para la resolución de conflictos. Hubo acuerdo sobre la probabilidad de conflictos regionales en el futuro.
La principal consecuencia de Kosovo ha sido la de cambiar del concepto de soberanía nacional como elemento básico a la hora de intervenir en un conflicto, a la idea de derechos humanos universales.

El tema básico debatido fue el de la legitimidad de la intervención. Se pro- duce una tensión entre la defensa de la justicia del resultado y la legalidad de los medios. En otras palabras, si el fin justifica los medios. Hubo unanimidad en que hubiera sido preferible contar con la legitimidad que da el Consejo de Seguridad aunque hubo quien creyó que habría sido peor tratar de lograr aquélla y fracasar en el intento.

¿Existen nuevas estructuras o instrumentos? Tal vez el fideicomiso internacional. Los conceptos de federación y confederación son poca cosa para un mundo de 200 estados y 8.000 grupos lingüísticos.

La próxima crisis será distinta a Kosovo por lo que sería erróneo tratar de aplicarle las recetas pensadas para Kosovo.

Las coaliciones de intervención militar serán cada vez más necesarias en la vida internacional futura.

Las nuevas percepciones en la opinión pública occidental llevarán a decisiones de carácter militar más allá de la mera autodefensa. En efecto, cada vez hay más países que creen que en situaciones límites en terceros países hay que hacer algo, es decir, se debe intervenir.

La actividad aérea en Kosovo demostró que no hay sustituto para el control del terreno por la infantería. No puede excluirse que llegue a ser aconsejable un mayor o menor uso de las fuerzas de tierra o de aire, según los casos que pueden ser muy diferentes.

En conclusión, los ejércitos deben tener como primer objetivo de su entrenamiento y formación ser capaces de obtener la victoria en el combate. Otras capacidades o habilidades especiales, tal vez necesarias, vendrán por añadidura.

La Conferencia no trató específicamente de equipos militares. De lo que se dijo, se desprende un consenso en que el futuro ofrecerá más posibilidades técnicas a quien pueda financiarlas. El tema del armamento muy sofisticado constituirá un obstáculo para las coaliciones de intervención.

La guerra biológica y química puede tener un origen no estatal pero eso no debe descartar el que se produzca, con carácter estatal o sin él.

Por último, el debate puso un mayor énfasis en el mayor número de opciones a la hora de prevenir internacionalmente los conflictos, así como respecto a la gestión no militar de las crisis.

3 Reseña: "La Europa de la defensa en la Alianza Atlántica", Francois HEISBOURG. Politique Etrangere, 2/1999: 219-232.

Pese a su éxito, el futuro a largo plazo de la OTAN no está asegurado, y ello por dos tipos de motivos:


Uno relacionado con su misión: No sabemos cuál es su razón de ser ni hay acuerdo sobre las fuentes de la legitimidad de sus intervenciones.

En segundo lugar, hay una insatisfacción creciente sobre el reparto de tareas en el seno de la Organización. Además, sin la amenaza soviética, la búsqueda sistemática de un compromiso no será más un imperativo categórico.

La Alianza no será coherente mientras los europeos no desarrollen sus medios de intervención militar exterior en las zonas en que sus intereses están más comprometidos que los de Estados Unidos.

El retorno que los europeos obtienen de sus gastos de defensa es mediocre y, paralelamente, su capacidad de proyección de fuerzas (el tema actualmente más candente) es muy inferior a la diferencia entre sus gastos de defensa y los de EE.UU. Tampoco pueden los europeos controlar operaciones interejércitos exteriores de importancia.

No tiene sentido la diferencia los 1,9 millones de efectivos europeos y los 1,4 norteamericanos, cuando los EE.UU. tienen unas responsabilidades a escala planetaría.

La insuficiencia europea se debe a: 1.- la duplicación de medios nacionales, 2.- las diferencias respecto al reclutamiento y 3.- las disparidades de las situaciones estratégicas nacionales.

Hasta la declaración de Saint Malo, los objetivos de seguridad dependían de las opciones institucionales. A partir de ahora, éstas, a la inversa, dependerán de los objetivos buscados.

La mejora del rendimiento de la defensa podrá alcanzarse por
1) Una mejor capacidad de gestión de crisis. Que puede lograrse a base de:
— Transferir las reuniones ministeriales, funciones y órganos de la UEO a la UE.
— Diferenciar las reuniones de ministros de Defensa de las de Exteriores. — Abrir el Consejo de Defensa a los miembros de pleno derecho y no a los asociados. — Evitar el nacimiento de un "caucus europeo" en el seno de la OTAN.
2) Mayor convergencia hacia una proyección de fuerzas comunes. — Más fácil si se hace en un marco colectivo.
— Se debe seguir el ejemplo de la convergencia económica, pero con medidas a medio camino entre lo obligatorio y lo indicativo, a base de acordar criterios, zonas de convergencia, acciones comunes, etc., tales como:
- privilegiar la potencia de fuego y la proyección de fuerzas con baremos de convergencia que incluyan estos datos, — y compromisos de no reducción de gastos militares. — Es deseable que el artículo 5 del Tratado de la UEO se una a los tratados de la ÜE (cón cláusula de auroexclusión para algunos). La adhesión al artículo 5 sería necesaria para participar en las "acciones comunes" que podrían comprender:
— Puesta a disposición común de medios de aerotransporte.
— Adaptación del Eurocuerpo a misiones de proyección de fuerzas. — Puesta en marcha de un puesto de mando proyectable interejército capaz de dirigir una fuerza coaligada, de un volumen al menos igual al de la IFOR, a las órdenes del Deputy Saceur. — En todo caso, claridad y simplificación de objetivos. 3) Una organización colectiva de la demanda de equipos. Los europeos
comienzan ya a aportar sus inicios de respuesta a esta cuestión, avanzando en la:
— Racionalización y concentración de medios industriales. — Reforma de sistemas nacionales de adquisición de armamento.
— Puesta en marcha de la OCCAR entre Francia, Alemania, Gran Bretaña e Italia para asegurar Ja gestión integrada de los programas realizados en cooperación.

Tanto respecto a armamento como a la convergencia de las políticas de defensa, el factor tiempo se cuenta en décadas, por lo que la urgencia es aún mayor. Los tres años perdidos en Bosnia son una lección. Avanzar en este sentido, asegurará la perennidad de un "gran compromiso" euroamericano.

La OTAN ofrece un mejor campo de influencia sobre EE.UU. que un conjunto de relaciones bilaterales.

En la hipótesis de que los americanos se distanciaran de una gestión colectiva europea de crisis de nivel medio, los europeos debieran proporcionarse los medios adecuados de proyección de fuerzas. Tal hipótesis no debe descartarse pero nunca será resultado, sino al contrario, de las decisiones europeas derivadas de Saint-Malo.

4a Reseña: "De Amsterdam a Kosovo. Lecciones para el futuro de la PESC". Simón DUKE. Eipascope, 1999/2: 2-15 /EIPA: European Institute of Public Administration


Conviene concentrarse sobre la contribución que el Tratado de Amsterdam puede hacer a la resolución de futuras crisis.

Hay que ir más allá de las actuales estructuras de seguridad en Europa que, hoy por hoy, no son más que simples documentos.

Kosovo puede bien rejuvenecer la PESC y darle un carácter práctico y eficaz, bien continuar los modelos de la guerra fría y dejar que los EE.UU. lle- ven la delantera en lo que a iniciativa, armamento y hadership se refiere.

Las consecuencias de Kosovo acabarán demostrando la necesidad de dar una mayor atención a la prevención de crisis y a la necesidad de edificar una política común de defensa y seguridad. Esta demostrará que, en la mayoría de los casos, los EE.UU. y la UE comparten los mismos intereses, pero ello no implica una obligación de dirigir, para los EE.UU., ni de seguir, para los europeos.

Parece probable que continúe el mito de una seguridad europea construida sobre estructuras de papel, ineficaces, y un rol hegemónico, aunque más reducido, para los EE.UU.

Las respuestas descoordinadas y puntuales a las crisis de la post guerra fría han demostrado el poco valor de las coalitions of the willing. Lo que deben producirse son consensos regionales respaldados por mandatos claros a la luz del derecho internacional.

Los acuerdos ad hoc llegan siempre tarde. La prevención de conflictos, unida a una serie de opciones económicas, políticas y militares es la forma más eficaz y humana de tratar las crisis intraestatales.

Seguir apoyándose en la superioridad americana supone aceptar su Diplomacia y sus objetivos y dar por sentado que los EE.UU. estarán ahí siempre dispuestos a sacar las castañas del fuego a sus aliados europeos.

El Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, parece dispuesto a empujar a la UE hacia un compromiso de seguridad y defensa de sus miembros y sus vecinos.

Debe ponerse el énfasis en la creación de una capacidad europea creíble de prevención de conflictos. Ello permitirá el uso de una larga serie de medidas de las que el uso de la fuerza es la última. La OTAN puede resultar más útil como elemento de prevención de conflictos que de resolución de los mismos.

La tragedía de Kosovo es que todos los miembros de la UE deberían haber aceptado el principio de que la urgencia de aliviar el sufrimiento de las víctimas primaba sobre los puntos de vista nacionales. La PESC será útil en la medida en que proporcione a la UE un instrumento para defender los valores y objetivos del Tratado de Amsterdam. El coste económico que acarrearán la reconstrucción y los refugiados hará que parezca abordable el coste de crear una PESC verdadera.

 

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