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LA CONFERENCIA IBEROAMERICANA


Inocencio Arias,
Secretario de listado para la Cooperación internacional
y para Iberoamérica

1 LA CONFERENCIA IBEROAMERICANA por INOCENCIO ARIAS

2 DECLARACIÓN DE LA CONFERENCIA IBEROAMERICANA

INOCENCIO ARIAS es Secretario de Estado para la Cooperación y para Iberoamérica desde 1991. Licenciado en Derecho, ingresó en la Carrera Diplomática en 1967. Ha estado destinado en Bolivia (1967-1971), Argelia (1971-1975) y Portugal (1975-197S). En 1979 fue nombrado Subdirector General de la Oficina de Información Diplomática, y después de un breve paso por el Ministerio del Portavoz del Gobierno como asesor del mioistfo volvió a la O.I.D, como Director General en 1981. En 1983 era Vicepresidente del Instituto de Cooperación Iberoamericana, y a continuación Director General de la O.I.D. por segunda vez. En 1988, antes de supuesto actual, fue Subsecretario de Asuntos Exteriores.

I
La Conferencia Iberoamericana


A un mes exactamente de su comienzo en Madrid, creo estar en condiciones de poder explicar con cierto pormenor todo aquello que España piensa llevar a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, sin perder de vista la operación de amplísimo alcance político y cultural que se inauguró prometedoramente en México el año pasado.

Pretendo así evitar la impresión de que el que es para mí, sin duda, el acontecimiento internacional más relevante que se celebrará este año en España, se reduce a una reunión de la que poco más que unos discursos de buena voluntad iban a llegar a la opinión pública. Intentaré, pues, en la medida de mis modestas posibilidades, convencerles de la envergadura de esta empresa y de su extraordinaría importancia para nuestro país.

Me parece necesario situar el proceso que nace en Guadalajara en sus coordenadas históricas.

Este irelanzamiento de la Comunidad Iberoamericana hubiera sido inimaginable sin las transformaciones por las que ha atravesado nuestro país en los últimos quince años. En efecto, era preciso que España se reconciliara consigo misma y que anclara fírmemente su posición en Europa para que se produjera esa recuperación de confianza que ahora alienta nuestra proyección internacional. Esta evolución ha producido igualmente efectos sobre la percepción que desde América se tiene de España. A partir de la adhesión española a la Comunidad Europea, la idea que tengan de nosotros en Iberoamérica es inseparable de nuestra pertenencia a un conjunto de países que se cuentan entre los más libres y los más prósperos del mundo.

El gran reto de las repúblicas americacias desde su independencia ha sido la búsqueda de vial, hacia la modernidad política, económica y social, a partir 4e los valores culturales propíos. Por ello, la mayor contribución española para el éxito de estos proyectos de modernización en Iberoamérica es precisamente el que nosotros mismo vayamos encontrando respuestas pragmáticas y positivas para todas aquellas interrogantes que en tiempos no tan lejanos acompañaban a lo que se llamó "El problema de España".

Al compartir de esta manera con los iberoamericanos la confianza en nuestro futuro como nación y como comunidad, avanzamos en el camino hacia una mayor identificación y comprensión entre ambos Lados del Atlántico.

Por Otra parte, el proceso que nace en Guadalajara tiene lugar en medio áe profundos cambios en el panorama internacional. Desaparece un orden bipolar y se abre una fase de tránsito hacia una nueva configuración de las relaciones internacionales. Pasan a un primer plano los conflictos de naturaleza económica y parece afirmarse la tendencia hacia la consolidación de bloques económicos continentales. En este contexto, la iniciativa de las Américas contribuye a abrir nuevas perspectivas de integración regional y subregional en el Continente, que se plantean con criterios de pragmatismo y de apertura hacia el exterior. Sin embargo, los mismos países iberoamericanos que apuestan decididamente por estas estrategias también se esfuerzan por diversificar y equilibrar su proyección internacional. No es casual por tanto, sino todo lo contrario, que México, en pleno proceso de negociación para su incorporación al área norteamericana de libre comercio, fuera el anfitrión de la primera cumbre iberoamericana.

Para entrar a analizar los antecedentes que condujeron a la primera Cumbre Iberoamericana, cabe preguntarse si nuestra Constitución ha abordado esta cuestión en algunos de sus preceptos. Es decir, como apunta Luis Ignacio Sánchez, si es posible constitucionalmente la existencia de un modelo asociativo de este tipo. Se puede afirmar, en todo caso, que la idea de una comunidad iberoamericana está permanentemente presente en la cultura política y en el pensamiento jurídico español. Y sí bien es cierto que la Constitución no la recoge plenamente, sí señala unas vías que reconocen la existencia de unas relaciones privilegiadas.

Me refiero de un lado al Artículo 11.3 cuando establece que:
" El Estado podra concertar tratados de doble nacionalidad con los países iberoamericanos o con aquellos que hayan tenido o tengan un particular vinculación con España. En estos mismos países, aun cuando no reconozcan a sus ciudadanos un derecho recíproco, podrán naturalizarse los españoles sin perder su nacionalidad de origen".

Este precepto constitucional se plasma también en el Artículo 23 del Código Civil en los siguientes términos:
" La adquisición de la nacionalidad de países iberoamericanos, Andorra, filipinas, Guinea Ecuatorial y Portugal o de aquellos con los que se concierte un tratado de doble nacionalidad española de origen cuando el interesado así lo declare expresamente en el Registro Civil una vez emancipado".


Por otra parte, el Artículo 56.1 señala:
" El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la mas alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes".
En resumidas cuentas, desde un punto de vista español existía un reconocimiento legal de los vínculos que nos unen a los demás países iberoamericanos, pero sin que se produjera todavía una acogida formal del concepto de comunidad.

Antes de que esta idea se abriera definitivamente camino en Guadalajara, hubo un proyecto inicial de reunir en España a los 500 años del descubrimiento, a los presidentes de los países iberoamericanos. Esta primera iniciativa fue madurando y transformándose hasta que, en perfecto acuerdo con México, fue decidido que tuviese tugar en Guadalajara una primera cumbre iberoamericana a la que seguiría en 1992 la de Madrid. Brasil, Colombia y Argentina se ofrecieron más tarde para ser anfitriones en los años sucesivos.


Me parece importante insistir en esta idea de continuidad que configura un proceso abierto hacia el futuro. La comunidad iberoamericana se articuló, según quedó establecido en Guadalajara, a través de lo que llamamos Conferencia Iberoamericana. Es la Conferencia Iberoamericana una entidad con vocación de permanencia que, si bien se proyecta fundamentalmente en las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno, también comprende una reunión anual de cancilleres. Igualmente podría abarcar, si sus miembros así lo deciden, todos aquellos encuentros sectoriales a los que se encomienden tareas específicas.


La declaración de Guadalajara también resuelve la cuestión de quiénes son miembros de la Conferencia Iberoamericana: los estados soberanos de América y Europa de lengua española y portuguesa, es decir, las naciones iberoamericanas en la segunda acepción qué da a este término el Diccionario de la Lengua. Para tener las cosas claras puede ser útil que precise lo que no es la Comunidad Iberoamericana.


En primer lugar, como ya se ha puesto de manifiesto anteriormente, la Cumbre de Madrid no es un acto de celebración del Quinto Centenario. El proceso se inicia el año antes en Guadalajara y su prolongación hacia el futuro queda asegurada con las cumbres ya previstas en Brasil, Colombia y Argentina. Ya no nos encontramos, pues, ante una reunión conmemorativa del máximo nivel, sino ante un eslabón en un proceso histórico.

En segundó lugar, no se trata de una organización que tenga como objetivo la unión económica y política como lo es la Comunidad Europea. Si a alguna institución europea se parece (mucho más en su estructura que en sus objetivos) es a la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa que arrancó de los acuerdos de Helsinki. Tanto esta Conferencia europea como la iberoamericana adoptan sus decisiones por unanimidad, decisiones que no tienen carácter automáticamente vinculante.

En tercer lugar nuestra Conferencia Iberoamericana no pretende sustituir a los procesos de cooperación y de integración que han surgido en el continente americano. Se trata de estimular y completar estos procesos, en modo alguno de duplicar esfuerzos.

En cuarto lugar la opción iberoamericana de España no es incompatible con su opción europea. Si ser iberoamericanos es nuestra especial manera de ser europeos, hemos de buscar en Europa nuestro modo singular de ser iberoamericanos. Esta doble vocación española es enriquecedora para Iberoamérica y para Europa.

Finalmente conviene disipar la idea de que la cumbre de Madrid y su documento de conclusiones constituyen una tarea fun- damental o exclusivamente española. España, como país anfitrión, ocupa durante un ano la Secretaría de la Conferencia Iberoamericana y como tal ha llevado a cabo una serie de consultas con los demás países iberoamericanos a fin de llegar a una concertación de objetivos y tareas. Hay que tener en cuenta que la conferencia iberoamericana no es un foro para airear discrepancias sino para buscar coincidencias.

Por otra parte, está totalmente superada la idea -y los países iberoamericanos parecen haberlo comprendido así- de que España albergue, con la creación de la Comunidad Iberoamericana, un designio neocolonialista. Nuestra comunidad, a diferencia de la Commonwealth o la Francofonía, surge más de un siglo y medio después de la desaparición de nuestro imperio colonial. En este tiempo ha desaparecido todo resquicio de los vínculos que unen a la metrópoli con sus dependencias y las relaciones se plantean desde un plano de estricta igualdad.

Si debemos lamentarnos de algo es precisamente de la debilidad de nuestras relaciones económicas con Iberoamérica. Para citar nada más que unas pocas cifras, España vendió a toda América Latina en el primer semestre de 1991 mercancías por valor de 101.613 millones de pesetas. , una cantidad inferior a nuestras ventas a Estados Unidos (144.174 millones) y prácticamente igual que lo que vendimos a Bélgica y Luxemburgo, cifras, como se ve, modestísimas. Nuestras compras a la región fueron en este mismo período de 220.198 millones de pesetas, lo que hace que tengamos una cobertura del 46,1%, que si bien es superior a la que tenemos con Estados Unidos (36,3%), es muy inferior a la existente con la comunidad europea (78,8%) o el Magreb (92,6%), con el doble objetivo de aumentar las exportaciones españolas y de ayudar a los países iberoamericanos en su despegue económico en la delicada coyuntura de fines de los ochenta, España ha hecho un importante esfuerzo financiero en dos campos. Uno son los tratados de amistad y cooperación, que llevan implícita la apertura de líneas de crédito en cantidades relevantes: 1.000 millones de dólares en el caso de Argentina, 800 en el de Chile, 1.500 millones en el de México y 1.200 millones para el acuerdo con Venezuela. Próximamente se firmarán acuerdos con Uruguay, Brasil, y se negocía uno de características similares con Colombia. El otro campo al que me refería es la creación del Fondo Quinto Centenario, mecanismo financiero dotado por España por valor de 500 millones de dólares, más una cuenta de compensación de 150 millones de dólares, y que administra el Banco Interamericano de Desarrollo (o B.I.D.). Los recursos del Fondo financian proyectos de desarrollo en países miembros del B.I.D., en condiciones que se establecen en función del nivel de renta de cada país. La cuenca de compensación sufragará parte de los intereses de los préstamos del fondo.

Pero volvamos a la Cumbre de Madrid.

Los Jefes de Estado y Gobierno se reunirán los días 23 y 24 de julio. En una primera sesión de trabajo tomarán brevemente la palabra cada uno de ellos sin que inicie un intercambio de puntos de vista. Este intercambio tendrá lugar en las dos sesiones a puerta cerrada y tratará sobre cuestiones como la situación política internacional y en Iberoamérica, el desarrollo social, económico, educativo y cultural. Respecto a los resultados de la Cumbre, que se reflejarán en un documento final de conclusiones, podemos decir lo siguiente:

La declaración de Guadalajara tiene carácter fundacional, podemos decir constituyente. En Madrid lo que hemos de hacer es confirmarla y desarrollarla con acciones concretas de acuerdo con los objetivos marcados en Guadalajara.

Se dijo en Guadalajara que nuestra comunidad se asienta en la democracia, el respeto a los derechos humanos y en las libertades fundamentales. A su vez, la estabilidad de los regímenes democráticos depende en no poca medida de que nuestros países afronten con éxíto los retos que conlleva el desarrollo económico, para que sus beneficios nos afecten a todos. Por eso, será objetivo de la Cumbre de Madrid realizar una conjunción tangible en esta dirección mediante la aprobación de proyectos en sectores prioritarios del desarrollo.

Por otra parte, el ministro Fernández Ordóñez ha dicho en más de una ocasión que nuestra comunidad implica el nacimiento de un nuevo espacio político. Este espacio político, aunque carezca de la articulación jurídica de otros, presenta dos características singulares. En primer lugar porque rebasa la fisura Norte-Sur, que después del final de la guerra fría parece sustituir a la fenecida confrontación Este-Oeste. En segundo lugar la presencia de Portugal y de España en la Comunidad iberoamericana da a ésta un carácter trans-continental. Puede cumplir por ello una función muy positiva de amortiguación de la rigidez de los bloques económicos regionales.

En este sentido, no es poco lo que se ha hecho, desde la adhesión de España y Portugal a la Comunidad Europea, para impulsar la cooperación con América Latina. Podemos citar la decisión de separar las líneas presupuestarias correspondientes a America Latina y a los países en vías de desarrollo de Asia ; la concesión de un trato comercial preferencial a los países andinos, como una medida de apoyo en su lucha contra el narcotráfico; la ampliación a Centroamérica de este trato preferencial; la incorporación de Haití y de la República Dominicana al conjunto de países beneficiarios del convenio de Lomé; la apertura de oficinas de la Comisión en buena parte de los países del área y la renovación de toda una serie de acuerdos de cooperación suscritos con países de la región. A estos avances hay que añadir ahora la decisión, adoptada bajo la presidencia portuguesa, de ampliar a América Latina el ámbito de actuación del Banco Europeo de Inversiones. Nos gustaría que estos progreso sean analizados por los Jefes de Estado y de Gobierno en Madrid.

Se puede decir por tanto que nuestra comunidad funciona hacia fuera y hacia dentro. Hacía fuera, como un conjunto de países que quiere dejar oír su voz en el escenario mundial. Hacía adentro, mediante acciones de cooperación que demuestren la responsabilidad solidaria de los países más desarrollados hacia los menos favorecidos.

El núcleo de la Cumbre de Madrid, con la que quedará demostrada la voluntad colectiva de los países iberoamericanos de marchar hacia adelante, son los proyectos específicos, que deberán responder a las demandas de modernización de las instituciones económicas, sociales y administrativas.

Es nuestro propósito, compartido por los demás países iberoamericanos, presentar en Madrid proyectos que sean al mismo tiempo viables y significativos. Se trata de evitar programas excesivamente numerosos y ambiciosos y también aquellos que, sin carecer de interés, no sean sin embargo suficientemente relevantes. Con este objetivo, el de evitar que nuestros esfuerzos se dispersen, ha parecido conveniente que la Cumbre madrileña se centre de manera prioritaría en la educación al servicio de la modernización.

Los ministros de educación iberoamericanos que se reunieron en Guadalupe estos días pasados han decidido patrocinar y elevar a la cumbre de Madrid una serie de actuaciones en las que la educación se constituye en factor impulsor del desarrollo:

1. Televisión educativa a través del satélite Hispasat; el lanzamiento del satélite será en septiembre y, a partir del año que viene, uno de sus canales podrá emitir diariamente tres horas de programación educativa para toda América.

2. Programa de alfabetización, en principio de dos países iberoamericanos con altos índices de analfabetismo: Salvador y Guatemala, o Salvador y Bolivia, o Guatemala y Nicaragua, etc. Más tarde se ampliará el esfuerzo a otros países.

3. Movilidad de postgraduados; financiará los estudios de posgrado de unos 400 estudiantes iberoamericanos en 20 ó 30 universidades o instituciones iberoamericanas de prestigio.

4. Promoción de la investigación científica y la innovación tecnológica; asegurando la continuidad y la potenciación del pro- grama CYTED-D.

En estos programas concretos, que requieran el esfuerzo cualitativo de todos los países, España estará dispuesta a jugar un papel catalizador que contribuya a ponerlos en marcha, asegurando una parte sustancial de su financiación.

Además de estos programas centrados en él área educativa, la Cumbre de Madrid aprobará otros proyectos directamente relacionados con el desarrollo social. El más importante de ellos es el "Fondo Indígena", cumpliendo así el mandato de la declaración de Guadalajara, que en su punto número 8 afirmaba: "Reconocemos la inmensa contribución de los pueblos indígenas al desarrollo y pluralidad de nuestras sociedades y reiteramos nuestro compromiso con su bienestar económico y social, así como la obligación de respetar sus derechos y su identidad cultural".

Precisamente en estos días ha tenido lugar en U Paz una reunión técnica con objeto de preparar el texto definitivo del convenio para la creación del "Fondo Indígena". El organismo que se configura tendrá una burocracía mínima y sus actividades estarán centradas en la ejecución de proyectos que cubran necesidades básicas de las comunidades indígenas en todo el subcontinente. Esta iniciativa de Guadalajara nace de una sugerencia del Presidente boliviano, Jaime Paz Zamora. España se esforzará por que el Fondo nazca en Madrid con bases sólidas, tratando de evitar que aparezca como un proyecto estrictamente hispano-boliviano.

Otro sector prioritario en el que presentarán programas a la Cumbre es el de la sanidad y el de la seguridad social. La semana pasada se reunieron en Madrid los ministros responsables de la seguridad social y perfilaron un proyecto de acuerdo con las bases de lo que podría ser un código iberoamericano de protección social, que someterán a la atención de los jefes de estado y de gobierno.

En el área de la salud, hemos trabajado conjuntamente con la Organización Panamericana de la Salud con vistas a financiar un fondo destinado a preparar proyectos de mejora de las infraestructuras, especialmente aquellas relacionadas con el tratamiento de las aguas. Se trata, en efecto, de una cuestión cuya gravedad se ha puesto de manifiesto con motivo de la epidemia de cólera que han sufrido, y aún sufren, no pocos países de la región.

Pienso que la Cumbre debería abrir Otro ambicioso programa de cooperación en el terreno de la protección al medio ambiente, y que España debería hacer una sustancial contribución ai mismo. La Cumbre de Río ha servido como mínimo para mentalizar a dirigentes y opinión pública mundial sobre la imperiosa necesidad de preservar nuestro entorno. Es claro que los países en vías de desarrollo no podrán hacerlo por sí solos. Nuestro presidente del gobierno anunció en ese cónclave mundial el propósito decidido de nuestro país de triplicar las cifras de ayuda al desarrollo. Estas cantidades deben ir destinadas prímordialmente a Iberoamérica y al Magreb, y una parte no despreciable de los mismos tendrá que ser dedicada a proyectos medioambientales de los que España empieza a tener ya una fructífera experiencia en Iberoamérica. Creó que España aprovechará la reunión del 23 de julio para anunciar un programa de varias decenas de millones de dólares para la preservación de la naturaleza iberoamericana.

Algunos encuentros sectoriales están previstos para celebrarse dentro de este año pero después de la cumbre de Madrid. Respecto a ellos pueden aprobarse mandatos por recomendaciones. Pienso en la reunión de organismos de vigilancía de los Derechos Humanos a invitación del Defensor del Pueblo y en el encuentro de ministros iberoamericanos de justicia que abordará la necesidad de fortalecer una institución, como es la Administración de justicia, cuyo funcionamiento es clave para la consolidación de los estados de derecho.

He dejado para el final, pero en modo alguno carecen de importancia, las aportaciones de la sociedad civil. En el campó del desarrollo económico tendran especial interés el encuentro de empresarios iberoamericanos organizado por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CBOE) en vísperas de la Cumbre madrileña. Las Cámaras de Comercio organizarán un encuentro que ha de reunir a los iberoamericanos con los europeos. Los ingenieros civiles iberoamericanos reunidos en Guadalupeenviaron a la Secretaría española de la Conferencia Iberoamericana propuestas de gran relevancía para el desarrollo iberoamericano a través de la mejora de sus infraestructuras. Todas estas iniciativas son las que van insuflando una nueva vitalidad a esta comunidad que viene de lejos en el tiempo y está demostrando su voluntad de proyectarse hacia el futuro.

El presidente Felipe González afirmaba recientemente durante su visita a un país iberoamericano que nuestra historia ha creado un entramado familiar, más que un entramado de intereses que siempre hemos descuidado. Nuestra ambición es que la Comunidad Iberoamericana vaya tejiendo una tupida red de intercambios e intereses que se añadan a aquellos vínculos que siempre nos han unido.

 

 

Alberto Aguilera 7 - 6º dcha. 28015 Madrid (España)

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