LA
COMUNIDAD EUROPEA, EL MAGREB Y ESPAÑA
El Autor
ALBERTO NAVARRO GONZÁLEZ (Santa Cruz
de Tenerife, 1955) es Director General de Coordinación
Jurídica e Institucional comunitaria de la Secretaría
de Estado para las Comunidades Europeas del Ministerio
de Asuntos Exteriores desde abril de 1991. Licenciado
en Derecho por la Universidad de Salamanca, ingresó
en la Carrera Diplomática en 1980. Después
de unos meses en la Dirección General de Iberoamérica
del Ministerio de Asuntos Exteriores ha estado destinado
en Honduras (1980/1982), en Checoslovaquia (1982/1985)
y en la Representación Permanente de España
ante las Comunidades Europeas en Bruselas (1985/1989).
En 1989, antes de ocupar su puesto actual, fue nombrado
Subdirector General de Programas Comunitarios de Cooperación
en la Secretaría de Estado para la Cooperación
Internacional y para Iberoamérica.
Introduccion
Es evidente que el Mediterráneo tiene para la Comunidad
una gran importancia, tanto política como económica.
Es el tercer socio comercial de la Comunidad Europea —después
de los países de la Asociación Europea de
Libre Comercio (EFTA) y los Estados Unidos-- con el que
anualmente obtenemos un superávit de 7.000 millones
de ecus en los intercambios comerciales. Y la Comunidad
tiene, lógicamente, también un interés
de primer orden en asegurar la estabilidad política
y social de estos países.
Consciente de estos intereses políticos
y económicos, asi como de los graves problemas
de desarrollo que afectan a estos países, la Comunidad
Europea hace ya más de 20 años, en la Cumbre
celebrada en París en octubre del año 1972,
estableció las bases de lo que después se
ha denominado "Política Mediterránea".
Esta Política Mediterránea ha
tenido como objetivo principal el de contribuir al desarrollo
económico y a la estabilidad política y
social del Mediterráneo. Para ello la Comunidad
Europea ha concluido una serie de Acuerdos de Asociación
o de Cooperación con todos sus vecinos mediterráneos,
a excepción de Libia:
— Países del Magreb (Marruecos,
Argelia y Túnez).
— Países del Mashrek (Egipto, Jordania, Líbano
y Siria ).
— Israel, Turquía, Ex-Yugoslavia, Chipre
y Malta. Estos Acuerdos, como veremos más adelante,
responden todos ellos a un esquema muy similar, que incluye,
junto a un marco institucional que permite asegurar el
diálogo político (reuniones ministeriales),
un trato muy preferencial desde el punto de vista comercial
(libre cambio industrial y concesiones agrícolas)
y Protocolos financieros integrados por subvenciones con
cargo al presupuesto comunitario y préstamos del
Banco Europeo de Inversiones (BEI). Y su objetivo prioritario
es el desarrollo de estos
países, contribuyendo de este modo a su prosperidad
y estabilidad.
Cómo se habrá observado, esta
Política Mediterránea se limita al Magreb
strictu sensu integrado por Marruecos, Argelia y Túnez,
sin incluir a Libia, país con el que la Comunidad
no mantiene relaciones, ni a Mauritanía que -desde el
punto de vista de la cooperación comunitaria —
forma parte del Convenio de Lomé.
Precisamente el análisis, desde una
perspectiva española, del presente y del futuro
de las relaciones entre la Comunidad Europea y estos tres
países del Magreb va a ser el objetó principal
de este estudio.
Para ello nos ocuparemos, en primer lugar,
de los factores qué Condicionan el desarrollo económico
del Magreb y que deben estar muy presentes a lo largo
de todo nuestro análisis: el impresionante ritmo
de crecimiento demográfico, los altos índices
de desempleo, la necesidad de introducir plenamente una
economía de mercado y la pesada carga de la deuda
exterior.
A continuación expondremos las distintas
reformas que, desde él año 198 3 en el caso
de Marruecos, y unos años más tarde en Túnez
y Argelia, se han puesto en marcha a fin de asegurar un
crecimiento económico estable y sostenido. Cerraremos
este primer capítulo de estudio de las economías
del Magreb con un breve balance del resultado de estas
reformas en las que nunca debe de olvidarse su dimensión
social y humana.
En el segundo capítulo pondremos de
relieve, con algunos datos de intercambios comerciales
y de interdependencias, algo que es evidente: la necesidad
de "anclar" aún más al Magreb
en Europa ofreciéndole una perspectiva razonable
de futuro.
A continuación pasaremos a estudiar
a los distintos protagonistas de esta cooperación:
la Política Mediterránea de la Comunidad
Europea, Marruecos, Argelia y Túnez. En cada uno
de ellos haremos también un breve balance de esta
cooperación que, como veremos, ha sido claramente
insuficiente —pese a sus evidentes logros—
en relación con la magnitud de los desafíos
a los que debía hacer frente.
En el cuarto capítulo expondremos el
contenido y objetivos de la Política Mediterránea
Renovada, actualmente en aplicación, qué
es la respuesta comunitaria a estas carencias é
insuficiencias. Á pf0- puesta del Comisario Abel
Matutes, el Consejo de Ministros aprobó en diciembre
de 1990 este salto cualitativo y cuantitativo en las relaciones
entre la Comunidad Europea y el Magreb.
Pero precisamente la aceleración histórica
que hemos vivido estos últimos años en nuestro
continente (unificación alemana, recuperación
de la libertad política y económica en los
países de Europa central y oriental, desintegración
de la URSS y de Yugosla- vía ) ha contribuido a crear
un cierto sentimiento de marginación en el Magreb.
Al mismo tiempo, la Comunidad se ha confirmado
como el principal factor de estabilidad política
y económica de Europa así como un centro
de atracción para todos sus vecinos. Por ello se
ha hecho necesario un nuevo enfoque en estas relaciones:
el Partenariado euro-magrebí.
En el quinto capítulo estudiaremos
este concepto de asociación o partenariado euromagrebí
que debería contar con nuevos instrumentos y ámbitos
de cooperación y con un nuevo marco contractual:
los futuros Acuerdos euro-magrebíes.
Finalmente esbozaremos unas conclusiones que
no pueden ser otras que las de insistir en la necesidad
de asegurar, con los medios a nuestro alcance, el desarrollo
económico y político de los países
del Magreb.
Y es que en la Comunidad -al igual que en
España-- fto podemos pensar en su desarrollo y
prosperidad, a todos los niveles, SÍ no contamos
con un entorno estable. Porque, como se ha repetido tantas
veces, la estabilidad, la prosperidad y la seguridad del
Zagreb es también la nuestra. Y ha llegado el momento,
como veremos más adelante, de dar a esta política
de vecindad la coherencia y los instrumentos necesarios
que nos permitan asegurar un futuro común a ambos
lados del Mediterráneo.