LA
COMUNIDAD EUROPEA, EL MAGREB Y ESPAÑA
1. El Magreb: nuestro vecino inmediato
Actualmente las diferencias entre los niveles
de desarrollo de la Comunidad y del Magreb son de 10 a
1 y se están haciendo cada vez mayores.
Es evidente que el crecimiento económico
de los países del Magreb —y en concreto de
Marruecos, Argelia y Túnez, en los que concentraremos
este estudio- es claramente insuficiente para asegurar
el trabajo y la prosperidad a una población en
constante aumento. Existe, pues, el riesgo de alejar al
Magreb cada vez más del desarrollo político,
económico, social y cultural que se está
llevando a Cabo en Europa. En un momento en que la Comunidad
Europea avanza en una doble dirección de profundización
y ampliación sería una actitud suicida olvidar
nuestra frontera Sur. Y hay que tener en cuenta que un
Magreb marginado sería cambien, antes o después,
un Magreb inestable.
La urgencia de ofrecer a estos países
una perspectiva de anclaje a largo plazo en Europa y de
estimular su desarrollo económico ha sido puesta
de relieve en numerosas ocasiones, como por ejemplo en
el Consejo Europeo de Lisboa de junio de 1992.
Pero para ello es conveniente analizar previamente
los factores que condicionan el desarrollo económico
de escos países así como el alcance de los
procesos de reforma que han iniciado hace unos años.
Los factores condicionantes de sus
desarrollo económico
Enere los factores que condicionan actualmente
el desarrollo económico de los países del
Magreb merecen destacarse el crecimiento demográfico,
la necesidad de introducir una economía de mercado,
el desempleo y la deuda exterior. El crecimiento demografico
El crecimiento demográfico del Magreb
sigue siendo excesivo para que sea posible asegurar un
desarrollo económico sostenido en estos países.
Según las últimas cifras del Banco Mundial,
la población de Marruecos, Argelia y Túnez
se duplicará en los próximos 35 años,
como pone de reflejo el cuadro
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Fuente: Comisión de ¡as Comunidades Europeas.
Es evidente qué no será posible mejorar
las condiciones de vida de estas poblaciones, respondiendo
a las crecientes demandas de infraestructuras, educación
y empleo, si se mantienen en los próximos años
las altas tasas actuales de crecimiento demográfico
(entre el 2,1% anual en Túnez y el 2,8% en Argelia
).
Sólo en Marruecos hay 250.000 nuevas
solicitudes de empleo cada año, un 50% de adultos
analfabetos y más de 3,7 millones de niños
sin escolarizar. En Argelia la tasa de analfabetismo entre
adultos, que es también del 50%, llega hasta el
63% en las mujeres.
Las presiones sociales son evidentes, acrecentadas
incluso por lai proximidad de Europa que, a través
de la televisión, acelera la toma de conciencia
de su atraso económico y crea un sentimiento de
frustración que da lugar a la emigración
o al auge del fundamentalismo.
Actualmente hay ya más de 5 millones
de emigrantes magrebíes en la Comunidad y es evidente
que las medidas de control policial y de visados no podrán
solucionar a medio y largo plazo este problema. Es necesario,
pues, hacer frente a las causas de esta emigración
(que en algunos países es un factor implícito
de su política de desarrollo) promoviendo desde
la Comunidad el desarrollo económico de estos países
y concentrando la ayuda en sectores creadores de empleo.
La economía de mercado
El establecimiento de una economía de mercado es
también, como el control del crecimiento demográfico,
una condición necesaria para el desarrollo económico
de los tres países y por ello la incluímos
entre los factores que condicionan su futuro.
El objetivo principal de las reformas que
están teniendo lugar actualmente en los tres. países
es el de volver a integrar sus economías en la
economía mundial. Y, al mismo tiempo, liberalizarlas
fomentando un mayor protagonismo y dinamismo del sector
privado.
Para conseguir estos objetivos se están
poniendo eti marcha, como veremos con cieno detalle más
adelante, programas de ajuste que incluyen privatizaciones,
nuevas políticas monetarias y reformas financieras,
fiscales, comerciales, de liberalización de precios
y de fomento de las inversiones extranjeras.

Estos programás de reformas se están enfrentando
también a una serie de condicionantes qué
tienen tina doble vertiente interna y externa: el alto
índice de desempleo y el volumen de deuda exterior.
El desempleo
En el plano interna, el elevado ritmo de crecimiento
demográfico y las consiguientes necesidades sociales
(salud, educación, alimentación ) han presionado
fuertemente sobre los presupuestos públicos. El
incremento de la mano de obra ha exigido también
un crecimiento muy fuerte del empleo y un papel preponderante
del Estado, con el fin de evitar un paro excesivo.
Aunque las tasas de desempleo son difíciles
de evaluar, sé estiman actualmente en el 18% de
la población activa en Marruecos, el 25% en Argelia
y el 20% en Túnez, aunque estas estadísticas
no reflejan la existencia de un importante subempleo.
La deuda exterior
En el plano externo estas economías
tienen que luchar al mismo tiempo con una deuda externa
muy elevada. Tomada en su conjunto, la deuda de Argelia,
Marruecos y Túnez ha pasado de 32.500 millones
de dólares en 1980 a 52.000 millones en 1990 aunque,
como es lógico, la situación de cada país
es distinta.
ASÍ, en Marruecos la crisis de los
pagos exteriores se desencadenó en 1983 y este
país tuvo que recurrir al Fondo Monetario Internacional
(FMI) para acordar un programa de ajuste y renegociar
su deuda pública. Desde entonces se han sucedido
los acuerdos con el FMI, lo que ha facilitado al mismo
tiempo la reestructuración de la deuda con los
acreedores públicos del Club de París y
de los Bancos comerciales del Club de Londres. El servicio
de la deuda de
Marruecos supone actualmente el 30% de sus exportaciones
de bienes y servicios.
Túnez tuvo que recurrir también
en 1986 a los créditos del FMI y del Banco Mundial
aunque ha conseguido evitar hasta ahora el reescalonamiento
de su deuda. En Túnez menos del 6% de su deuda
se debe a acreedores privados y el peso del servicio de
la deuda supone el 25%' de las exportaciones de bienes
y servicios. La consolidación de la imagen exterior
de solvencia del país sigue siendo una de las principales
preocupaciones de las autoridades tunecinas que han llegado
a proponer un sistema de cogestión para reciclar
en el país, en proyectos de desarrollo, una parte
del pago de la deuda.
Por último, en Argelia, la bajada de
los precios del petróleo en 1986 supuso un duro
golpe para una economía que depende en un 60% de
sus ingresos corrientes de los hidrocarburos. A diferencia
de Túnez, en Argelia casi él 75% de la deuda
es con acreedores privados y actualmente su servicio alcanza
el 71 % de las exportaciones de bienes y servicios (cifra
que puede compararse con el 35% en 1980 y el 80% en 1988).
Esta situación sólo ha podido mantenerse
recurriendo las autoridades argelinas a nuevos préstamos
comerciales cuyos vencimientos han sido cada vez más
cortos y a la solicitud de refínanciación
de la mayoría de los préstamos comerciales
no garantizados.
Como conclusión de este apartado cabe
señalar que, aunque las situaciones de endeudamiento
varían mucho de un país a otro, la deuda
exterior va a seguir pesando mucho en el desarrollo de
cada uno de los países del Magreb y es un factor
—al igual que el creci- miento demógráfíco
o el desempleo que debe tenerse muy en cuenta al valorar
las reformas económicas que examinaremos a continuación.
Los procesos de reforma
Más adelante nos ocuparemos de la situación
económica y perspectivas de futuro de cada uno
de estos tres. Ahora vamos a exponer las distintas reformas
emprendidas en los últimas años.
Las autoridades de los (res. países
han comprendido desde hace tiempo que era urgente liberalizar
las economías, estableciendo una economía
de mercado y abriéndola cada vez más al
exterior. Pero es justo reconocer que fue Marruecos el
primer país en iniciar las reformas con la Ley
de Presupuestos de 1983.
Túnez y Argelia han seguido esta misma
senda, en ocasiones con mayor celeridad y en otras con
más lentitud, desde 1986 y 1988 respectivamente.
Las reformas fiscales
Estas reformas, muy vinculadas a las reformas financieras
y monetarias que luego mencionaremos, tratan de incrementar
los ingresos del Estado y al mismo tiempo favorecer aquellas
actividades económicas que se consideran prioritarias
(agricultura, atracción de inversiones extranjeras
y estímulo de las exportaciones).
En Marruecos la reforma fiscal se ha desarrollado de forma
lenta y progresiva a partir de la Ley promulgada en 1984,
por la que se introduce el IVA (con tipos del 7 al 30%).
El impuesto de sociedades se establece en 1987 y finalmente,
tras largos debates parlamentarios, un polémico
impuesto sobre los ingresos en 1989.
Como era previsible la reforma fiscal no está
siendo fácil de aplicar al existir un importante
sector de economía sumergida (se cifra en más
del 25%), grupos sociales que no desean renunciar a sus
privilegios y hábitos muy arraigados que dificultan
su introducción.
En Túnez las reformas se introducen
unos años más tarde que en Marruecos, a
la luz de esta experiencia y de las recomendaciones del
Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
El IVA es creado en 1988, aplicándose
sobre todos los productos excepto los alimentos más
esenciales y dos años más (arde se introduce
un impuesto sobre las personas y las sociedades.
Aunque existe, como en el caso de Marruecos,
una economía sumergida muy importante, no debemos
olvidar que poco a poco deberá ir saliendo a la
luz, generando de este modo nuevos ingresos.
En Argelia no se ha puesto aún en práctica
completamente la reforma fiscal que ha sido objeto de
preparación durante años. Cuando sea adoptada
incorporará lógicamente elementos muy similares
a los de Marruecos y Túnez (un IVA y un impuesto
sobre las personas).
Las reformas monetarias
De una manera paralela a la introducción
de las reformas fiscales se han ido adoptando nuevas políticas
monetarias en los tres países. Las medidas incluyen
una relativa independencia del Banco Central en relación
con el Tesoro, reformas del sistema bancario, la creación
de mercados bursátiles y una creciente líberalícacíón
de los tipos de interés.
Aunque no puede afirmarse que en el ámbito
monetario o financiero exista aún un clima de libre
competencia comparable al de la Comunidad Europea es evidente
que se han logrado avances importantes también
en estos sectores.
Las reformas comerciales y de precios
Como complemento indispensable a las reformas
fiscales y monetarias se ha llevado a cabo en Marruecos
(1984) y Túne2 (1987), con mayor decisión
que en Argelia (1990), la progresiva liberalizacíón
de casi todas las importaciones y precios.
Así, en Marruecos los tipos máximos
de los aranceles y de los impuestos a la importación
se han reducido por cuatro y por cinco, al tiempo que
se suprimían algunas restricciones cuantitativas.
Es evidente que esta liberalización comercial afecta
directamente, por un lado al nivel de ingresos y de recaudación
del Estado (que se trata de compensar con la introducción
de nuevos impuestos como el IVA) y por otro lado a la
inflación, facilitando una mayor competencia con
los productos fabricados en el país.
La culminación con éxito de
la Ronda Uruguay del GATT (Acuerdo General sobre Comercio
y Aranceles) y, especialmente, la negociación del
futuro Acuerdo euro-magrebí entre la Comunidad
Europea y Marruecos —que analizaremos con detalle
más; adelante— deberán reforzar esta
liberalización comercial y contribuir a una mayor
reducción de aranceles y restricciones.
En Túnez se ha producido una reducción
similar de los tipos máximos de los aranceles a
lo largo de cinco años (pasando del 236% al 35%)
y del nivel de protección medio de su economía
(del 35% al 23%'). La paralela reducción de restricciones
cuantitativas ha permitido el ingreso de Túnez
en el GrATT en abril de 1990. Marruecos, por su parte,
lo había hecho ya en junio de 1987, desempeñando
desde entonces un papel muy activo.
Por último, en Argelia se suspendió
parcialmente en 1988 el monopolio que hasta entonces ostentaba
el Estado sobre el comercio exterior. Sin embargo, no
se ha alcanzado un nivel de liberalización comercial
comparable al de Marruecos o Túnez.
Las licencias de importación a las
empresas se han cambiado por un control, a través
del Banco Central, de las divisas que los distintos bancos
prestan a estas empresas. La existencia de una importante
emigración en Europa, especialmente en Francia,
que envía productos ya pagados y la apertura de
cuentas en divisas en la propia Argeiía han permitido
también reducir algo más el preponderante
papel del Estado argelino en el comercio exterior de su
país.
Por lo que se refiere a la liberalización
de los precios ésta no alcanza aún a los
principales productos básicos (para valorar la
importancia política y social de algunas subvenciones
basta recordar las "revueltas del pan" en Túnez).
Pero también en este ámbito
se han producido en los tres países importantes
avances en los últimos siete años.
A través de la progresiva liberalización
de los precios en las economías magrebíes
se consiguen varios objetivos, todos ellos positivos:
- una mejor asignación de los recursos
en sus economías con un incremento de la competencia,
- un importante estímulo a los operadores y a la
producción
local, que se mantenía desíncentÍvada
en muchos casos, -especialmente la agrícola-, por
los precios "artificialmente" bajos, y —
un ahorro para el gasto público al reducir o suprimir
las subvenciones a muchos productos.
las privatizaciones y las inversiones
extranjeras
Como complemento a todas estas reformas era
necesario crear las condiciones que permitieran atraer
al capital extranjero, a su tecnología y de este
modo incrementar las inversiones y el empleo.
Estas condiciones son a la vez objetivas (el
tipo de legislación existente, ayudas fiscales
y de otro tipo, infraestructuras, coste de la mano de
obra, etc.) y subjetivas (estabilidad política,
económica y social del país y confianza
del inversor).
Las economias del Magreb han
tenido hasta la fecha unos mercados muy fragmentados (los
intercambios intramagrebíes no superan el 5% del
total) y con escaso dinamismo, lo que explica en gran
medida la escasa inversión extranjera procedente
de Estados Unidos o de Japón. Baste para comprenderlo
comparar las cifras de inversión extranjera durante
los últimos años en el Magféb con
las de países como Egipto o Turquía:

Estas inversiones contribuyen de modo especial
al desarrollo de la economía al reactivar la inversión
privada, que puede así ir sustituyendo a la inversión
pública, y vienen además acompañadas
del traspaso de Know-how y de nuevas tecnologías.
Y aunque hay que reconocer la creciente importancia
que están teniendo las inversiones europeas en
un país como Marruecos, no debe olvidarse que los
países de Europa Central y Oriental también
compiten ya por estos capitales por lo que es preciso
seguir mejorando las condiciones de acogida.
En Marruecos, desde 1983 —año
en que se aprobó una ley sobre garantías
de las inversiones industriales— se permite ya que
el 50% del capital de una empresa pertenezca á
extranjeros. Se ha tratado también posteriormente
de ampliar las desgravac iones fiscales y ventajas financieras
no sólo al sector industrial, sino también
al de servicios —especialmente el turismo—
y, con bastantes limitaciones, a la agricultura.
Paralelamente, y desde él año
1990, se han puesto en marcha nuevas zonas francas con
importantes ventajas fiscales y un régimen comercial
muy liberal.
Por lo que se refiere a Túnez, desde
1987 se ha liberalizado también el régimen
de inversiones extranjeras, intentando promocionarlas
a través de exenciones fiscales, simplificación
de trámites administrativos (se ha creado una Agencia
de Promoción de Inversiones) y la posibilidad de
disponer de todo el capital social €& proyectos
industriales (el límite del 50% del capital social
en manos extranjeras se mantiene en el sector agrícola).
En Argelia se han dado también pasos
muy importantes en los últimos años en el
sector de las inversiones extranjeras, no requiriéndose
ya la necesaria participación del sector público
con el 5 \% del capital social de una empresa mixta.
Se han liberalizado los movimientos de capital
y las inversiones —tanto directas como en cartera—
pudiendo repatriarse sin obstáculos el principal
y los beneficios o rentas obtenidos por la inversión.
Por último, se ha autorizado finalmente el establecimiento
en el país de bancos extranjeros, poniendo así
fía a la prohibición existente desde 1967-
Por lo que se refiere a los procesos de privatización,
estos avanzan con cierta lentitud y no exentos de problemas,
en los tres países. Y, debido a la magnitud que
alcanza el sector público en el Magreb (es sin
lugar a dudas el primer suministrador de empleo), una
mayor privatización va a resultar necesaria si
realmente se desea liberalizar estas economías.
La función que en este ámbito
puede desempeñar el capital extranjero es decisiva
puesto que actualmente se ha puesto ya de relieve en muchos
casos la insuficiencia del capital privado nacional para
adquirir algunas de estas empresas.
Las reformas politicas
Aunque el análisis de la situación política
en cada uno de estos países no es el objetivo principal
de este estudio, es evidente que la historia nos ha demostrado
en numerosas ocasiones la correlación que existe
entre la liberalización política y la económica,
especialmente si el objetivo es un desarrollo estable
y sostenido a largo plazo. Y ello con independencia de
los imperativos éticos que justifican el que una
sociedad se organice sobre la base del respeto a la libertad
y a los derechos más elementales de la persona.
También en el ámbito de la liberalización
política se han producido en los últimos
años ciertos avances —no sin riesgos ni dificultades
como ha puesto de relieve el caso de Argelia — que
la Comunidad Europea debe también sin lugar a dudas
apoyar. Posteriormente analizaremos con cierto detalle
el apoyo comunitario a estos procesos de reforma y el
nuevo enfoque que se pretende dar a las relaciones Comunidad
Europea-Magreb.
Baste señalar ahora que el acercamiento
progresivo del Magreb a Europa no es sólo económico
y técnico, sino también político.
Lo que debe alcanzarse por ambas partes es el establecmiento
4e una cooperación lo más amplia posible
(política económica, comercial, social y
cultural) basada en un mejor conocimiento recíproco
y en la confianza mutua. Y ello soló será
posible entre sociedades económica, pero también
políticamente, abiertas.
Un balance provisional
¿Qué conclusiones podemos extraer
de todo este arsenal de reformas que tratan de ponerse
en práctica en el Magreb en unos momentos que también
son de cambio y mutación en el escenario europeo
e internacional?
Aunque sea difícil hacer una evaluación
precisa del alcance y resultado de las reformas no podemos
dejar de reconocer su amplítud y profundidad. Se
está llevando a cabo una verdadera revolución
de los aparatos e instrumentos económicos aunque,
como en todo proceso de ajuste estructural, existe también
una dimensión social que no puede dejarse de lado
sin más.
Y aquí se plantean los mismos problemas
que ya se han experimentado en otros países en
vías de desarrollo.
Por un lado, es evidente que queda aún
mucho por hacer para conseguir la completa liberalización
y modernización de estas economías, para
que las voluntades políticas se trasladen a las
mentalidades y a las prácticas de los agentes económicos
y sociales del Magreb- Para conseguirlo, lo lógico
sería aconsejar una aceleración y profundización
de las reformas.
Pero, por otro lado, es evidente que si las
condiciones económicas, políticas y sociales
se degradan demasiado (es decir, si se descuida la denominada
"dimensión social del ajuste") pueden
ponerse en peligro los procesos de liberalización.
Todos sabemos que las reformas se traducen
a menudo en políticas de austeridad que pueden,
a corto plato, incrementar el desempleo y deteriorar las
condiciones de vida de grandes capas de la población.
La crisis de identidad de los sectores más jóvenes
que se enfrentan a nuevas formas de vida, qué costumbres
y tradiciones de siglos, podría facilitar también
la alternativa del fundamentalismo. Ante estas actitudes
y riesgos lo más sensato sería recomendar
la prudencia y la moderación en el ritmo de las
reformas.
Ante estas disyuntivas, y desde el respeto
a las opciones que decida seguir cada país, la
contribución más útil que puede proporcionar
la Comunidad Europea a las economías magrebíes
siguiendo el apoyo específico y decidido a los
procesos de ajuste economico. Y para ello deberá
utilizar coda una panoplía de instrumentos que puedan
adaptarse a la situación y a las necesidades de
cada país.
Asi pues, la conclusión que podemos
sacar de este primer capítulo es que, por un lado
Argelia, Marruecos y Túnez deben seguir impulsando
con decisión la modernización y liberalización
de sus economías y, por otro lado, la Comunidad
Europea debe apoyar estos procesos de reforma con codos
los medios a su alcance. Porque, como decíamos
al principio, no es concebible un desarrollo sostenido
de la Comunidad con un encornó inestable. Y somos
los países del sur de Europa los que mayor responsabilidad
e interés tenemos en ayudar a Jos países
del Magreb a anclarse en Europa.