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LA COMUNIDAD EUROPEA, EL MAGREB Y ESPAÑA

V. Un nuevo enfoque:

La asociación euro-magrebí


El 6 de abril de 1992 el Consejo decidió iniciar un debate en profundidad sobre las relaciones entre la Comunidad y el Magreb. Para ello encargó a España y a la Comisión (en la persona de Abel Matutes) la preparación de sendos informes sobre los aspectos políticos y económicos, respectivamente, del futuro de estas relaciones.

Estos debates, en una primera fase, han culminado con la "Declaración sobre el futuro de las relaciones euro-magrebíes" adoptada el 27 de junio de 1992 por el Consejo Europeo de Lisboa, y cuyo texto se recoge como Anejo a este estudio.

El nuevo enfoqué comunitario se basa en la idea fundamental de que ha llegado el momento de pasar de una lógica de "cooperación al desarrollo" a una lógica de "asociación " en la que ambas partes asumen compromisos recíprocos.

La Comunidad, por un lado, debería comprometerse a la reactivación económica del Magreb, demostrando con hechos su confianza en el futuro de la región; y los países del Magreb, por otro lado, asumirían el compromiso de seguir adelante con los procesos de reformas.

La comunicación que ha presentado al Consejo el Comisario Abel Matutes propone concretar este nuevo enfoque de la asociación o partenariado euro-magrebí en tres direcciones esenciales:

Nuevos instrumentos de cooperacion

— Asistencia técnica. Por su carácter flexible y de rápida ejecución la asistencia técnica permite, con bajo coste, intervenir en sectores esenciales para el despegue económico de estos países (creación de Bolsas de valores, reformas fiscales, privatizaciones, etc...). Se seguiría en buena medida la experiencia de la asistencia técnica comunitaria a Europa central y oriental.

— Préstamos a la balanza de pagos. Al igual que también se ha hecho en varios países de Europa central y oriental (Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, o Rumania ), la Comunidad podría conceder garantías y préstamos de apoyo a la balanza de pagos. Para ello se creará en el presupuestó comunitario, a partir de 1993, una reserva específica destinada a cubrir estas garantías. Argelia, por decisión del Consejo Europeo, recibió ya en 1991 una ayuda de este tipo de 400 millones de ecus, siendo el primer país no europeo en obtenerla.

— Banco de desarrollo euro-magrebí. La Comisión propone tamibiéfl la creación de una nueva institución financiera especializada para los países del Magreb, en línea de lo que supone el BERD para los países de Europa central y oriental (y del que Marruecos es socio fundador). Y al igual que en el ca$o del BBRD Ü Comunidad ostentaría la mayoría del capital social, estando abierto a la participación de terceros países (Estados Unidos, Japón, Canadá...).

Aunque esta iniciativa es defendida con firmeza por España, Italia y Portugal, va a ser muy difícil que sea finalmente adoptada atíte la oposición de una mayoría de Estados miembros que no consideran necesaria una nueva institución financiera.


Nuevos ambitos de cooperacion


— Ámbito social. Debería establecerse un diálogo y una cooperación en torno a cuestiones como las migraciones, el crecimiento demo- gráfico o la influencia de determinadas políticas en él mercado laboral.

— Cultura y comunicación. Masía ahora se ha concedido escasa importancia a la percepción que los países magrebíes tienen de la cooperación comunitaria y que en la mayoría de los casos consíderan qué tiene únicamente un alcance económico o técnico. Para remediarlo deberían financiarse programas destinados a los universitarios ("Med-Campus"), los jóvenes o los medios de comunicación que contribuyan a un mejor conocimiento recíproco y a un acercamiento entre ambas regiones. Este tipo de proyectos, de escaso volumen financiero, conceden sin embargo una importante dimensión humana a la cooperación.

- Derechos humanos. La relación entre derechos humanos, demo cracía y cooperación al desarrolo se está poniendo de relieve cotí énfasis creciente por la Comunidad Europea. El IV Convenio de Lomé firmado en 1989, los Acuerdos Europeos de Asociación con Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria o los Acuerdos llamados de "tercera generaciótt" con Argentina, Chile, Uruguay, etc., contienen codos ellos una referencia expresa a los derechos humanos y también (a excepción de Lomé) a la democracia.

No ocurre así con los vigentes Acuerdos de Cooperación entre la Comunidad y los tres países del Magreb puesto que fueron firmados en unos años (1976-1978) en que la dimensión "derechos humanos y democracia " no era tan prioritaría como hoy.

Este nuevo enfoque de las relaciones deberá corregir esta anomalía y en los futuros Acuerdos euro-magrebíes habrá que hacer también una mención expresa al respeto a los derechos humanos como fundamento de la cooperación. No hay que olvidar que la Comisión está ya impulsando la financiación de un programa de promoción de los derechos humanos en el Mediterráneo.

Y es que la lógica de esta nueva Asociación euro-magrebí pro- puesta por la Comisión implica que se establezca un diálogo entre ambas partes sobre todos los temas de interés mutilo, sin excluir a priori a ninguno de este.

1 Un nuevo marco contractual

Los nuevos instrumentos y los nuevos ámbitos de cooperación que hemos mencionado deberían plasmarse en nuevos acuerdos, denominados Acuerdos euro-magrebíes, que serían el símbolo de este nuevo enfoque comunitario.

Desde un punto de visca español es urgente que la Comunidad ponga rápidamente en práctica este nuevo enfoque con nuestros vecinos del Sur si realmente queremos responder a los desafíos que, como hemos visto, nos plantean su estabilidad y su desarrollo económico.

Por ello España impulsó, durante la Presidencia portuguesa de la Comunidad, en el primer semestre de 1992, el debate sobre el futuro de las relaciones Comunidad-Magreb y esta nueva idea de partenariado o asociación.

El primer fruto obtenido ha sido la Declaración del Consejo Europeo de Lisboa de junio de 1992 sobre las relaciones euro- magrebíes. En ella el Consejo Europeo "reitera su solidaridad con los países del Magreb y su firme voluntad de proseguir su política global para contribuir a la estabilidad y a la prosperidad de la región mediterránea sobre la base de una concepción que da prioridad a las relaciones de partenariado".

A continuación se destaca la importancia del respeto a los derechos humanos y la necesidad de impulsar el diálogo político y la cooperación económica, social y cultural, dedicándose a cada uno de estos ámbitos un apartado de la extensa Declaración reproducida en el Anejo.

Y termina afirmando que "a través del partenariado, el Consejo Europeo manifiesta su firme voluntad de situar las relaciones euro- magrebíes en el nivel de importancia y de intensidad que corresponde a los lazos fraguados por la vecindad y la historia ".

Pero, como todas las declaraciones, hasta ahora no es más qué una manifestación de voluntad -cierto que adoptada al más alto nivel comunitario- a la que debemos dotar de contenido para asegurar al Magreb una clara perspectiva de futuro.

Para ello la Comisión ha mantenido conversaciones exploratorias con Marruecos, primer país del Magreb que ha pedido este acercamiento a la Comunidad y con el que lógicamente se firmará también el primer Acuerdo euro-magrebí. Y estos contactos han puesto de relieve que estos acuerdos podrían basarse en cuatro elementos principales:

1. El diálogo político. Hay muchas razones que hacen del Zagreb un socio objetivo de Europa y de Occidente, tanto en el plano regional como internacional, con el que es necesario impulsar el diálogo político a toaos ios niveles (Gobiernos, Parlamentos, Ayuntamientos, etc.,,). En el caso concreto de Marruecos, por ejemplo, no se trata sólo de su situación geográfica, sino también de sus posiciones en casos como la crisis del Golfo, las sanciones a Libia o los contactos entre Israel y el mundo árabe.

2. La cooperación económica, técnica y cultural. También estos ámbitos de la cooperación deberían tener el mayor contenido posible con el fin de favorecer la aproximación entre ambas partes, el mejor conocimiento mutuo y con ello las interdependencias.

Esta filosofía de crear un "colchón de intereses" disuasorio de eventuales crisis y verdadero mecanismo de seguridad, es la que inspira ya la actuación de la Comunidad y de España en la región.

3. La cooperación comercial. El comercio y la ayuda financiera son los dos pilares sobre los que se ha basado hasta ahora, y tendrá que seguir basándose en gran medida en el futuro, la cooperación comunitaria.

El objetivo en el ámbito comercial será el de establecer a plazo una zona o espacio económico abierto, que fomente los intercambios y la estabilidad. Y para ello es necesario que los países del Magreb avancen decididamente en la liberalización de su comercio y en la apertura exterior de sus economías.

Debe tenerse en cuenta que actualmente la Comunidad concede ya a los países del Magreb el libre cambio industrial (cón escasas excepciones en el sector textil que deberán desaparecer en breve) y un trato muy ventajoso en el ámbito agrícola, difícilmente mejorable si tenemos en cuenta los imperativos de la política agrícola común y de la preferencia comunitaria.

Por ello, el principal esfuerzo de apertura comercial deberá corresponder a los países del Magreb, aunque lo importante no van a ser sólo las ventajas comerciales sino sobre todo la obligación de asegurar una política económica que ofrezca confianza a los operadores locales y europeos y haga irreversible la elección de una economía de mercado.

4. Cooperación financiera. La cooperación financiera y técnica prevista en los cuartos Protocolos para los años 1992-1996 (1.072 millones de ecus para Marruecos, Argelia y Túnez), aunque haya supuesto un incremento del 40% sobre los protocolos anteriores –y a la que se sumarán los fondos de ajuste y cooperación horizontal—, es claramente insuficiente para hacer frente a las necesidades de estos países.

La ayuda comunitaria supone escasamente, como hemos visto, el 5% de toda la ayuda exterior del Magreb y representa, en subvenciones 2,5 ecus por habitante y año. Ésta última cifra puede ser comparada con los 7 ecus por habitante y año que está destinando la Comunidad a los países de Europa central y oriental o con los 4,5 ecus que reciben los países ACP (África, Caribe, Pacífico) del Convenio de Lomé.

Cón el fin de poder reequilibrar en favor del Magreb esta situación actual, España ha solicitado en el denominado "Paquete Delors II" por el que se establecerán las perspectivas financieras de la Comunidad para los años 1993-1997, que se conceda identico incremento de fon- dos al Magreb que a los países de Europa central y oriental.

No obstante, la importancia de esta ayuda financiera, con independencia de la cifra que sea finalmente acordada, no debe ocultar la propia responsabilidad de los Gobiernos y sociedades magrebíes. Es evidente que la Comunidad Europea solo podrá incentivar y completar —pero nunca sustituir- a los programas y acciones de estos países.

Como parte incegrance de este nuevo enfoque de Partenariado la Comisión está financiando un estudio sobre el coste de la ausencia de integración regional o "el coste del no Magreb" y otro estudio sobre el lugar del Magreb en una nueva división internacional del trabajo.

Ambos informes deberían tener un impacto sobre las sociedades y gobiernos magrebíes similar al que rovo en 1988 en la Comunidad el informe sobre "el coste de la no Europa" para movilizar voluntades en favor de la simultánea integración regional y apertura al exterior de sus economías.

 

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