III.
La Comunidad Europea
A.
Europa y la inmigración, hoy
3.Presiones Sur-Norte
Ensayos INCIPE No 5
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Más antiguas y arraigadas
que las presiones migratorias del Este son las que proceden
del Sur. Para Europa, la presión migratoria Sur-Norte
proviene fundamentalmente de las naciones de la cuenca
mediterránea, aunque hay también flujos
regulares procedentes de países más distantes,
como Irán, Sri Lanka y Filipinas.
Á frica presenta el
cuadro más terrible. Su población —hoy
día la que crece con mayor rapidez de todo el mundo—
pasará de 642 millones en 1990 a casi 1,6 billones
en el 2025. Al mismo tiempo, las tasas de fertilidad en
el norte de Á frica están declinando, aproximándose
a las europeas, y el África subsahariana alcanzará
su máxima tasa de natalidad al final del siglo,
iniciando un descenso a continuación.
Subproducto del colonialismo,
la emigración internacional es una tradición
fuertemente arraigada en muchos países del continente
africano, especialmente la emigración con fines
educativos. Siempre ha habido quienes después de
marchar a Europa y otras partes no volvían, pero
la tendencia actual es que salga un número creciente
de los más preparados. De 1960 a 1975, emigraron
africanos de alto nivel de instrucción a un ritmo
de 1.800 por año. Es decir, que los beneficios
de las inversiones educativas en recursos humanos hechas
por los países pobres los están obteniendo
los países desarrollados, donde pasa los años
produc- tivos de sus vidas un creciente número
de los que han recibido educación.
Los países del Magreb
son la principal fuente de africanos que van a Europa.
La motivación es fundamentalmente económica.
Algunos entran legalmente a través de las políticas
de unificación familiar. Muchos más llegan
y engrosan la población clandestina. De los 223.000
emigrantes ilegales que se registraron para beneficiarse
del programa italiano de amnistía de 1990, la mayoría
eran del norte de África y de Asia. Se estima que
una elevada proporción de la población de
inmigrantes ilegales de Europa procede de África.
A la larga, el tamaño de la población ilegal
en Europa parece tender a incrementarse más deprisa
que otras categorías de emigrantes. Un número
cada vez mayor procede del África subsahariana
y utiliza los países del Magreb como vía
de acceso a Europa.
Más problemáticas
que su número son, quizá, las características
de los propios emigrantes. Debido a la gran diferencia
racial y religiosa de los países de la cuenca mediterránea
con respecto a Europa, la migración Sur-Norte hace
más patente la inmigración y sus implicaciones
para las sociedades europeas. Como resultado están
surgiendo graves problemas sociales, y la violencia contra
los emigrantes se ha dirigido desproporcionadamente contra
los que proceden de las naciones menos desarrolladas.
La crisis en el mundo menos
desarrollado es cada vez más profunda y exige mayor
atención. Europa no tiene otra elección
que comprometerse en el esfuerzo de reducir las grandes
diferencias económicas con las sociedades del área
mediterránea. Es probable que esta ayuda adopte
la forma de una cooperación económica más
estrecha, en lugar de la estrategia más amplia
de integración económica que está
aplicándose en las zonas donde existen presiones
Este-Oeste. Tanto Tur- quía como Marruecos han
solicitado la integración en la Comunidad Europea,
aunque Marruecos ha pospuesto actualmente su petición.
Se considera que tales solicitudes tienen muchas menos
posibilidades que las que en su día harán
países como Hungría, Polonia y la República
Checa.
No obstante, un compromiso
activo para combatir las causas de la migración
Sur-Norte requeriría una política mediterránea
renovada y de mayor alcance que el actual Convenio de
Lomé, que se aplica a los Estados de África,
Caribe y el Pacífico, mucho más lejanos
que el norte de África. La asociación formal
con las naciones del Magreb debería rebajar las
barreras comerciales comunitarias, facilitar el acceso
a créditos de apoyo para equilibrar la balanza
de pagos, y promover Otras medidas similares. Deberían
establecerse áreas económicas especiales
—como ya se ha realizado con éxito en Túnez—
según el modelo de desarrollo ensayado en la costa
china.
Un acuerdo de asociación
CE-Magreb comenzaría, con toda probabilidad, por
Marruecos. Francia y España deberían asumir
el liderazgo comunitario en los esfuerzos para establecer
acuerdos de asociación con otras naciones norteafricanas.
España ha firmado con Marruecos un acuerdo de readmisión
que está funcionando satisfactoriamente. Marruecos
ha tomado también medidas para prevenir la inmigración
ilegal a la CE (47) Turquía es
otro país candidato evidente, con el que Alemania
desempeñaría el papel principal.
Hay tres grandes fronteras
migratorias en el mundo: el río Grande, entre los
Estados Unidos e Iberoamérica; el Oder-Neisse,
que divide Europa occidental y Europa oriental; y el Mediterráneo,
que separa a Europa de África y Oriente Medio.
El Mediterráneo podría dejar de serlo a
largo plazo. Con enérgicos esfuer- zos de desarrollo,
el Magreb, Egipto y Turquía podrían prosperar
con relativa rapidez. La línea divisoria pasaría
entonces a ser el Sahara. Esta línea enere el norte
de África y el África subsahariana es la
verdadera brecha del desarrollo para el sur de Europa.
47 El presidente tunecino
Ben Ali (que es también el actual presidente de
la Unión del Magreb Árabe), en un discurso
del 22 de ¡unió de 1993 en el Parlamento
Europeo, propuso la elaboración de un Estatuto
euromagrebí que definiera los derechos y deberes
de los inmigrantes de los paises del Magreb en la CE.
Véase Agence Europe, 22 y 23 de junio de 1993.
Las estrategias económicas
globales de Europa y Estados Unidos, aunque por razones
más generales, probablemente conducirán
a la creación de zonas más prósperas
al otro lado de estas tres grandes fronteras, zonas que
absorberían hasta cierto punto las presiones migratorias
procedentes de áreas más lejanas. Así,
México podría ser una zona de este tipo
para el resto de Norteamérica; y Polonia, la República
Checa, Hungría, el Magreb y Turquía, para
Europa occidental.
De esta forma, las áreas
de extrema pobreza se alejarían de las naciones
industriales avanzadas. Probablemente esto es lo que lleva
ocurriendo en Europa occidental durante los últimos
25 años. La integración económica
europea ha tenido éxito en la elevación
de los niveles de vida en Portugal, España, el
sur de Italia y Grecia, por lo que las presiones migratorias
ya no provienen de países vecinos dentro de la
Europa occidental, sino de lugares más distantes.
Esto incrementa la posibilidad de conseguir, con el tiempo,
una regulación más efectiva de los flujos
migratorios.
A. Europa y la inmigración,
hoy
1.
La cuestión de los extranjeros
2.
Presiones Este-Oeste
3.
Presiones Sur-Norte
4.
La crisis del asilo