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III. La Comunidad Europea

A. Europa y la inmigración, hoy

4.La crisis del asilo

Ensayos INCIPE No 5

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De todos los temas y nuevas cuestiones que las migraciones internacionales están planteando a las naciones europeas, ninguno es más urgente o explosivo que la crisis del asilo. Los números de solicitantes de asilo han aumentado en los países europeos en proporciones alarmantes. En 1980, el número de casos anuales no llegaba a 20.000. En 1992, ha alcanzado los 560.000 (véase la Tabla 7), más del doble de los que se han producido desde el año 1988. El coste de los trámites de solicitud y de otros servicios garantizados a los peticionarios de asilo se estimó en 6.000 millones de dólares en 1991, por lo menos cinco veces el presupuesto del ACNUR para atender a más de 17 millones de refugiados en todo el mundo (48).

Las primeras oleadas de peticionarios de asilo del este de Europa que se produjeron cuando cayó el telón de acero se han apaciguado, y ahora para la mayoría de los europeos del Este no presenta riesgos volver a sus países de origen, porque éstos se han convertido en democracias donde no hay ya persecución política. La población asilada más problemática es la formada por los solicitantes de países menos desarrollados. Hace cinco años, se aprobaba cerca del 40 por ciento de las solicitudes de asilo. Esa proporción cayó al 25 por ciento en 1991. Aunque existen considerables diferencias entre Estados (la tasa de aprobación en algunos de ellos es tan baja que llega al dos o tres por ciento), tres cuartas partes de la población global en busca de asilo ve desestimada su petición por considerarse que no lo necesita, incluso después de agotar por completo los a menudo largos procedimientos de apelación. No obstante, el 80 por ciento de los que han sido rechazados se quedan a pesar de todo. Las demoras y la incapacidad para expulsar a las personas que han sido declaradas no aceptables para obtener la condición de refugiados son tan per-

48 Widgren, "The Need to Improve..

judiciales como el vertiginoso crecimiento del número de solicitudes. Se convier- ten, en sí mismas, en un incentivo adicional para la emigración.

La política más censurable a ojos de la opinión pública es la que hace que una nación parezca incapaz de controlar un elemento básico de la soberanía como es la elección de quién reside en el país. Esta renuncia a elegir se refleja en la acumulación de los casos de asilo, y la larga estancia de las poblaciones asiladas sim- boliza la vulnerabilidad nacional.

Los regímenes de asilo que no pueden emitir decisiones justas y rápidas, y que no son capaces de expulsar a los no admitidos, son en la práctica sistemas de inmigración según los cuales los individuos seleccionan al país, en vez de ser éste el que selecciona a cuantos han de integrarse en su sociedad. Cuando esto sucede, como así ha sido en Europa, se pone en grave peligro la protección a los refugiados legítimos porque la gente cree que se está explotando su generosidad. Quienes pretenden abusar de los procedimientos de asilo se sienten alentados a hacerlo porque no se les penaliza. Asimismo, los ciudadanos pier- den la confianza en la capacidad del Gobierno para llevar a cabo sus funciones esenciales. Las consecuencias de todo ello van mucho más allá de los propios asuntos migratorios.

Esto es lo que está ocurriendo en Alemania, la cual, con más de dos tercios de los solicitantes de asilo de Europa, ha padecido la peor parte de la crisis. En menor grado, su experiencia es típica de la mayoría de las regiones de Europa occidental. La población asilada en Alemania se compone entre otros de gitanos rumanos (roma y sinri), turcos, búlgaros, iraníes, nigerianos, vietnamitas, afganos y srilankeses. En 1991 fueron más de 438.000 las solicitudes pendientes; en 1992, se alcanzó un total de 590.000. En el primer cuatrimestre delas nuevas solicitudes se presentaban a un ritmo de más de 1.400 por día (49).

La población asilada no es sino un aspecto de un fenómeno de inmigración más amplio. Desde 1988, Alemania ha recibido algo más de 1,5 millones de individuos de origen alemán procedentes de Polonia, Rumania y la ex Unión Soviética (50). A esto hay que añadir el número de alemanes orientales que se han trasladado al Oeste como parte del proceso de reunificación (51). Es probable que estas altas tasas sean transitorias. No obstante, la crisis del asilo es el pararrayos que absorbe la insatisfacción pública por estos cambios histó- ricos, y se ha convertido en uno de los temas más destacados de la política interna alemana.

Entre las controversias y enfrentamientos que ha provocado destacan los siguientes:

— Los actos violentos cometidos por grupos derechistas contra extranjeros sumaron 2.285 en 1992 según la policía federal, lo c¡ue representa un fuerte incremento en relación con el año anterior. En el primer cuatrimestre de 1993 se produjeron 670 agresiones, en comparación con las 420 ocurridas durante el mismo período de 1992. En 1992 se produjeron 17 muertes; en mayo de 1993 eran ya nueve. Los autores eran jóvenes airados sin ideología política, a excepción de una minoría de neonazis (52).

— Entre los incidentes más ominosos están el lanzamiento de bombas incendiarias contra un albergue de solicitantes de asilo de Rostock y contra el hogar de unos turcos residentes desde hace mucho tiempo en Mülln, produciendo é ste último la muerte de dos adolescentes nacidas en Alemania y la de su abuela. Más recientemente, cinco miembros de una familia turca murieron quemados en Solingen. La familia llevaba viviendo veintitrés años en el país (53).

La policía y las autoridades han sido criticadas con extrema dureza por la

49 Las cifras de solicitudes pendientes han sido proporcionadas por Ruprecht von Arnim, representante regional del ACNUR en Bruselas- Véase "Deputles Face Protests as Bonn Debates Asylum Laws", Financia) Times, 22 de mayo de 1993. Véase también "Germán Lawmakers, Amid Threats, to Vote on Asylum Bill", Washington Post, 26 de mayo de 1993.

50 Las cifras anuales son las siguientes: en 1988, 203.000; en 1989, 720.000; en 1990, casi 400.000; y en 1991, alrededor de 222.000. Citadas en Clapp y Lyman, "A U.S. Perspective...".

51 Los ciudadanos de la ex RDA continúan dejando sus hogares a un ritmo aproximado de 10.000 al mes. Desde la apertura del muro en noviembre de 1989, alrededor de 1,1 millones se han mudado a Alemania occidental.

52 "Youths Adrift in a New Germany Turn to Neo-Nazis", New York Times, 26 de septiembre de 1992; " Disable Germans Fear They'll be the Next Target", New York Times, 19 de enero de 1993; y "Turks Death Dash Optimism in Germany", Washington Post, 31 de mayo de 1993,

53 "Turks Death Dash Optimism in Germany", The Washington Post, 31 de mayo de 1993. falta de protección adecuada a los extranjeros (54). Los dirigenres empresariales alemanes han advertido que el aumento del racismo está dañando la inversión extranjera y el turismo. Millones de personas se echaron a la calle para expresar su repulsa frente a estos ataques. Desde Munich a Hambur- go, cadenas de luces se encendieron en las ciudades como símbolo de la tolerancia, y para expresar el rechazo a los prejuicios raciales y al antisemitismo.

— Desde el incidente de Molln, el Gobierno se ha movilizado para prohibir los grupos neonazis, acción legal amparada por la Constitución alemana. Se ha identificado a diez de estas organizaciones, dos de las cuales están ahora fuera de la ley (55). Las autoridades tomaron otra serie de medidas para endurecer la respuesta del Gobierno. En un mes, el número de ataques pasó de 250 a 75 (56). No obstante, las estadísticas más recientes han provocado que se alcen voces reclamando un contraataque sin condiciones, como el llevado a cabo contra los terroristas de izquierda en los años 70.

La tragedia de Solingen ha movilizado a la tradicionalmente pacífica comunidad turca, que asciende a 1,8 millones de personas y es la minoría más numerosa de Alemania. Sus líderes consideran a Solingen como punto de inflexión en sus esfuerzos por lograr la aceptación, exigiendo derechos en lugar de la simpatía oficial (57).

Sólo unos días antes de los sucesos de Solingen, el Bundestag alemán aprobó una serie de cambios profundos en su política de asilo al adoptar un acuerdo entre los distintos partidos para modificar la Constitución. El día de la votación, los oponentes al cambio rodearon de barricadas el edificio del Parlamento. Para poder acceder a él y votar, muchos de sus miembros tuvieron que recurrir a helicópteros y barcos. La escena reflejó perfectamente la virulencia del debate que se ha entablado en Alemania en torno a la crisis del asilo.

54 Algunos responsables políticos han hecho frente enérgicamente a la violencia. El ministro del Interior de Sajonia creó una comisión especial sobre el extremismo derechista, que resolvió el 92 por ciento de los delitos violentos cometidos en su jurisdicción. El número de ataques descendió rápidamente a casi la mitad. Véase "Germany Blocks a Big Neo-Nazi Rally Near Berlin", New York Times, 16 de noviembre de 1992.

55 Estos grupos son el Frente Nacionalista, organización de alrededor de 130 miembros que pide la expul- sión de todos los extranjeros, y Alternativa Alemana. Además, al Partido Republicano, de extrema derecha, con más de 25.000 miembros y representantes electos en varios órganos legislativos locales y estatales, se le impidió celebrar recientemente una Convención en Hannover sobre la base de que la reunión habría " puesto en peligro la seguridad y el orden público". Véase "Germany Outlaws a Neo-Nazi Group", New York Times, 28 de noviembre de 1992; y "Germany Moves to Ban a Second Neo-Nazi Party", New York Times, 11 de diciembre de 1992.

56 "Acceptance Urged of Germans: President Criticizes Anti-Foreigner Acts", Wasnington Post, 25 de diciembre de 1992.

57 "Germany's Turks Erupt with Pent-up Anger", Washington Post, 2 de junio de 1993.

"Las personas perseguidas por motivos políticos disfrutarán del derecho de asilo", reza la Constitución de 1949, llamada Ley Fundamental. Esta protec- ción estaba destinada a prevenir la repetición de los abusos de los nazis. Se interpretaba que dicha provisión significaba que no se podían establecer limitaciones al derecho de asilo. Se daba por sentado que cualquier extranjero que llegara y pidiera asilo estaba legitimado para ello (y, por tanto, se le proporcionaba alojamiento y se atendían sus necesidades) mientras una investigación no demostrara lo contrario. Esta provisión, en otro tiempo motivo de orgullo nacional, debía cambiarse de acuerdo con el 70 por ciento obtenido en los sondeos de opinión (58).

Para los socialdemócratas —cuyo apoyo necesitaban los democristianos en el poder para alcanzar la -mayoría de dos tercios requerida— cambiar la Constitución representaba una vergonzosa concesión a la brutalidad neonazi. Sin embar- go, después de un prolongado debate y de un largo punto muerto, los socialdemócratas acabaron respaldando la postura de su por entonces líder, Bjorn Eng- holm, que había manifestado su intención de enfrentarse al canciller Kohl ante las urnas en las elecciones de 1994. Esto despejó el rumbo de las discusiones para llegar al acuerdo pluripartidista necesario para la modificación parcial de la Constitución.

La nueva ley, en vigor desde el 1 de julio de 1993, limita las vías legales disponibles para los solicitantes de asilo y rechaza la admisión en la frontera de las personas procedentes de países considerados seguros. También recorta en un 25 por ciento las ayudas a los solicitantes. Un líder político observó sobre la aprobación: "esta decisión es crucial para la paz interna de nuestro país (59).

La nación que soporta la mayor carga de asilo de Europa es también la que ha dado ahora, en respuesta, los pasos más radicales y traumáticos. Aun así, cam- biar las leyes y procedimientos de asilo, tanto en Alemania como en cualquier otra parte de Europa, no será suficiente. Sería sensato por pane de los políticos no prometer un final para el problema del asilo, porque los sistemas de asilo están soportando la carga no sólo de refugiados y de los que entran como refugiados, sino de las presiones migratorias en conjunto.

El asilo actúa como una importante vía legal de acceso a Europa para los que dejan sus países por razones humanitarias o económicas. Dada la escasez de otros medios de acceso legítimo y la debilidad de los mecanismos de expulsión, el sistema de asilo no solamente selecciona refugiados, sino que funciona tam- bién como un sistema de inmigración. Desgraciadamente, es un sucedáneo de sistema de inmigración que permite a los recién llegados seleccionarse a sí mis- mos.

58 "Bonn Ends Asylum Right", Washington Post, 27 de mayo de 1993.

59 "Bonn Ends Asylum Right", Washington Post, 27 de mayo de 1993.

 

 

A. Europa y la inmigración, hoy

1. La cuestión de los extranjeros

2. Presiones Este-Oeste

3. Presiones Sur-Norte

4. La crisis del asilo

 

 

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