IV. Japón
A. Escasez
de mano de obra y trabajadores extranjeros
Ensayos INCIPE No 5
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En 1992, Japón puso en marcha un programa
de formación de mano de obra extranjera que pretendía
proporcionar la necesaria fuerza de trabajo a determinados
empleadores japoneses a la vez que suministrar formación
y experiencia a trabajadores de países menos desarrollados.
El programa fue recomendado en 1991 al primer ministro
por un subcomité del llamado Comité Provisional
para la Promoción de la Reforma Administrativas
(82). La propuesta pretendía autorizar
la entrada de un número de trabajadores extranjeros
mayor que el previsto por la legislación vigente,
que sólo permite trabajadores cualificados. La
idea consiste en un sistema de formación mediante
el trabajo por el que los empleadores se harían
también cargo de la asistencia sanitaria y otros
beneficios.
El objetivo es formar a 100.000 extranjeros
por año. Cuatro influyentes ministerios del Gobierno
han creado conjuntamente un organismo denominado Organización
Japonesa de Cooperación Internacional para la Formación
Profesional (Japan Internacional Training Cooperación
Organization) con objeto de aunar los esfuerzos de gobierno
y empresas en materia de formación. Los miembros
pueden solicitar mano de obra cualificada a través
de la Organización, cuyo papel es servir de enlace
entre los países extranjeros y las empresas y grupos
miembros de la organización.
Un elemento clave del programa es el establecimiento
de centros de formación en determinadas naciones
emisoras de mano de obra. Estos centros no sólo
seleccionarían a los emigrantes, sino que también
les proporcionarían un breve período de
instrucción sobre las técnicas elementales
de producción industrial y sobre el idioma y las
costumbres de Japón. Acto seguido, esta mano de
obra trabajaría en Japón durante un período
de dos años, pasado el cual volverían para
ser reemplazados por otros trabajadores. A su regreso
en los países de origen, los centros de formación
podrían ofrecer servicios de bolsa de empleo e
intercambio (83).
1. El imperativo demográfico
Este programa de formación es la respuesta
del Gobierno a un intenso debate interno sobre la creciente
escasez de mano de obra y la demanda de ayuda por parte
de los empresarios. Japón se encuentra ante una
decisiva encrucijada demográfica y laboral, con
profundas implicaciones económicas para su futuro.
Des- pués de la Segunda Guerra Mundial, la fertilidad
experimentó un fuerte descenso y se ha mantenido
durante décadas por debajo del nivel del relevo
laboral. El envejecimiento de la población es más
rápido que en cualquier otra sociedad
82 "LetForeign Laborera StayandWorkifTrained,
Panel Urges", The Nikkei Weekíey, 4 de diciembre
de 1991.
83 Demetrios G. Papademetriou, "Japan
and Migration", informe para el Carnegie Endowment
for International Peace Board ofTrustees, noviembre de
1992. industrial avanzada. A finales de la próxima
generación se espera una inversión en la
pirámide de edad, con un ruin-iero significativamente
menor de mano de obra nueva al final de la década.
Los efectos de esta tendencia son ya visibles.
El índice de desempleo es de alrededor del dos
por ciento, lo que se considera como pleno empleo. Con
la reciente recesión económica, esta situación
se ha relajado en cierta medida. Algunos trabajadores
han perdido su empleo —especialmente los ilegales—
y se ha calmado el debate sobre la escasez de mano de
obra. Pero las perspectivas no varían: es probable
que a la vuelta del siglo, el déficit de mano de
obra alcance el millón de trabajadores (84),
casi la mitad de ellos en sectores clave de la economía
como la industria informática. En el mejor de los
casos, con unos planes agresivos de automatización
y de "recursos externos" se podría conseguir
reducir el déficit a la mitad (85).
Por otra parte, Japón no sufre una
carencia absoluta de mano de obra. La tasa de desempleo
entre los trabajadores de mayor edad es alta, y el pluriempleo
está muy extendido por la tradición de los
contratos laborales de por vida. Los índices de
participación laboral de la mujer son considerablemente
menores que en la mayoría de las sociedades industriales
avanzadas. Aún más, el despliegue de mano
de obra (mayoritariamente femenina) en empleos no cualificados
de la industria de servicios es un desperdicio según
los patrones occidentales. Por ejemplo, el personal de
servicios de bajo nivel japonés supera en cerca
de cuatro veces al de establecimientos comparables de
Estados Unidos.
No han aparecido las fuerzas sociales necesarias
para enderezar estos desajus- tes. La población
campesina excedente es reacia a trasladarse a centros
urbanos donde hay necesidad de mano de obra. La tradición
cultural frena cualquier iniciativa activa para potenciar
el papel económico de las mujeres.
La aparente falta de disposición del
gobierno para diseñar una estrategia a largo plazo
del mercado laboral contrasta con la postura mantenida
a fines de los años 60, cuando la economía
estaba en alza y las industrias pedían c]ue se
les per- mitiese contratar mano de obra extranjera para
afrontar las necesidades laborales. El gobierno se opuso
entonces, instituyendo políticas que reestructuraron
la fuer- za de trabajo interna y contribuyeron a una competitividad
a más largo plazo. Hoy en día, los sectores
más afectados por la falta de mano de obra asequible
son la pequeña y mediana empresa, Los apuros mayores
son para la industria del metal, la construcción
y el sector servicios. En 1991, la Japan Food Service
Association propuso la admisión de 600.000 trabajadores
extranjeros, cantidad equivalente al uno por ciento de
la mano de obra total. "Este problema afectará
a la propia existencia de nuestras industrias con alto
coeficiente de mano de obra", dijo un miembro de
la Asociación (86).
Estas quejas son inevitablemente exageradas
y no se oirían en un marco rece
84 "New Law Stirs Migrant Worker
Issue", The Japan Economic Journal, 9 de junio de
1990.
85 "Japan and Migration", de
Papademetriou,
86 "New Law Stirs Migrant Work Issue",
The Japan Economic Journal, 9 de junio de 1990.
sivo como el actual. No obstante, los japoneses,
especialmente los trabajadores más jóvenes,
rechazan los trabajos difíciles, sucios o peligrosos
(87). Prefieren las grandes compañías
que ofrecen un empleo para toda la vida y generosos beneficios.
2. Trabajadores ilegales
Por consiguiente, el empleo de trabajadores
ilegales ha aumentado espectacularmente, sobre todo en
los trabajos manuales y en los de baja categoría
del sector servicios. Las estimaciones sobre la población
ilegal muestran un incremento ininterrumpido,-de unos
160.000 en 1991 a 278.000 a mediados de 1992 (88).
Es un aumento muy importante, teniendo en cuenta que hace
sólo tres años no había más
que unas pocas decenas de miles. Otros datos reveladores
son la subida del 75 por ciento en la incidencia de permanencias
superiores a la per- mitida por el visado entre 1991 y
1992, y la de un 95 por ciento en el número de
extranjeros a los que no se permitió la entrada
entre 1990 y 1991. El grupo más numeroso al que
se aplicó esta medida procedía de Irán,
seguido de Tailandia y Malasias (89).
Otros pafses cuyos habitantes forman parte de la población
ilegal de Japón son Bangladesh, China, Pakistán,
Filipinas y Corea del Sur.
Esta población ilegal en principio
llegó a Japón en calidad de turistas, estudiantes
o artistas. Además, Japón tenía acuerdos
bilaterales con Bangladesh, Irán y Pakistán
para promocionar el comercio y el turismo. Estos acuerdos
permitían la libre circulación sin necesidad
de visados. Aunque actualmente han sido sus- pendidos,
muchos de los viajeros admitidos entonces se quedaron,
convirtiéndose en la mano de obra barata más
numerosa de Japón.
La emigración laboral entre naciones
está ampliamente extendida en toda Asia, y las
cifras son considerables si se tienen en cuenta los 11,82
millones de habitantes de países asiáticos
que han trabajado en otras naciones a lo largo de los
últimos 20 años (90). Debido
a las substanciales diferencias de nivel de vida entre
Japón y muchas de las naciones vecinas, la emigración
ilegal no debería resultar sorprendente ni inesperada.
En Japón, en una semana de trabajo en la construcción,
por ejemplo, un graduado universitario pakistaní
puede ganar el equivalente al salario de un año
en su país (91).
87Si en inglés se conoce a este
tipo de trabajos como "las tres des" -difficult,
dirty and dangerous- (nota del t.), en Japón son
"las tres kas": kitsui, kitanai, kiken.
88 "Japan and Internatonal Migration:
Challenge and Opportunities", Seminario patrocinado
conjuntamente por la "Organización Internacional
para la Migración (IOM), con sede en Ginebra, y
la Association for the Promotion of International Cooperation,
con sede en Tokio; octubre de 1992.
89 "Record Number of Foreigners
Denied Entry into Japan", The Nikkei Weekiy, 4 de
julio de 1992; y "Safeguards Needed to Assure Fair
Deal for Foreign Labor; Exploitation Serves Neither Japan
ñor Employers", The Nikkei Weekiy, 5 de octubre
de 1992,
90 '"Answer to Influx of Ilegal
Workers is Aid', says White Paper: Creation of Jobs in
Home Countries Urged", The Nikkei Weekiy, 11 de abril
de 1992.
91 "New Law Stirs Migrant Worker
Issue", The Japan Economic Journal, 9 de junio de
1990. Con todo, los trabajadores ilegales constituyen
un fenómeno nuevo a causa de la falta de nexos
culturales y étnicos de Japón con otras
naciones, y de la antipatía que siente el pueblo
japonés hacia los extranjeros. En Japón
están surgiendo actualmente las mismas cuestiones
y problemas que son un dilema ya familiar en otras sociedades
industrialmente avanzadas.
— Los derechos de los trabajadores
son violados constantemente, siendo muy frecuente la falta
de pago de los salarios.
— Los trabajadores ilegales no están
cubiertos por seguro médico o de accidente laboral,
y no pueden recibir asistencia a través del sistema
de salud pública. Las lesiones laborales, que se
dan con frecuencia debido a que estos trabajadores desempeñan
las tareas más duras y peligrosas, pueden llevar
a enfer- medades graves o incluso a la muerte por falta
de tratamiento.
— Es frecuente que estos trabajadores
tengan una jornada laboral de 11 o más horas diarias,
y que se les niegue el mínimo requerido del 25
por ciento adicional en concepto de horas extraordinarias.
Con la recesión, se les despide fácilmente.
— No reciben paga de vacaciones, ni
tampoco los incentivos semestrales que perciben los empleados
de las empresas.
Las trabajadoras ilegales se ven forzadas
algunas veces a ejercer la prostitución.
— Hay "agentes de empleo"
que, actuando como intermediarios, se aprovechan de la
situación ilegal de estos trabajadores.
Todas estas características del trabajo
ilegal colocan a los empleadores de industrias marginales
o con alto coeficiente de mano de obra en una posición
sumamente competitiva, permitiendo la supervivencia de
muchas de ellas, e incluso haciendo prosperar a otras
que de otra forma probablemente se hubiesen visto fuera
de juego.
3. La política del gobierno
En junio de 1990, entró en vigor una
nueva ley que: a) establecía por vez primera sanciones
para aquellos empleadores que contratan mano de obra ilegal;
b) liberalizaba las posibilidades de admisión de
trabajadores extranjeros cualificados, a la vez que prohibía
la entrada a los no cualificados; y, c) concedía
los derechos de trabajo y residencia a los extranjeros
de origen japonés. Esta última dis- posición
se aplicaba esencialmente a los latinoamericanos de ascendencia
japonesa. Fomentar su regreso representaba un esfuerzo
para introducir nueva mano de obra que, aunque no cualificada,
se suponía culturalmente compatible (92).
Más de 150.000 personas de origen japonés
se han aprovechado de estas disposiciones.
Dado que la ley prohibe la admisión
de trabajadores no cualificados, el programa del gobierno
para los trabajadores extranjeros se ha explicado no como
un programa de acogida de mano de obra foránea,
sino como un esfuerzo para ayudar al desarrollo y la formación
profesional en países exportadores de mano de obra.
Se dice que los beneficiarios —procedentes principalmente
de China, Tailandia, Corea del Sur, Malasia y Filipinas—
constituyen la base de la transferencia tecnológica,
y los costes se cubren con fondos para la ayuda al desarrollo.
Aunque insincero, este planteamiento resuelve una serie
de problemas políticos.
La importación de trabajadores ilegales
está prohibida por las leyes de inmigración,
pero no se considera trabajadores a quienes siguen los
cursos de formación.
• De acuerdo con la tradición
de migración laboral de la región, India,
Tailandia y Filipinas han venido presionando a Japón
para establecer programas laborales. Decir que no y mantener
al mismo tiempo unas buenas relaciones se estaba haciendo
cada vez más difícil.
La Comisión de Derechos Humanos de
las Naciones Unidas censuró a Japón por
los abusos cometidos con los trabajadores ilegales, y
algunas agrupaciones de ciudadanos del interior del país
han comenzado a hacerse eco de esta causa. Se consideró
urgente para la imagen pública de Japón,
tanto doméstica como internacional, proporcionar
una oferta laboral alternativa de trabajadores extranjeros
para quienes se estableciesen unas retribuciones y beneficios
justos.
La nueva política de formación
profesional ha suscitado el clásico debate económico.
Los que están a favor argumentan que aceptar trabajadores
contribuye al crecimiento económico de las naciones
en vías de desarrollo, ayuda al crecimiento de
la economía nacional y proporciona alternativas
al trabajo ilegal. Los que se oponen se preguntan si estos
programas de trabajadores son la mejor forma de alcanzar
el desarrollo; recuerdan que el crecimiento sólo
puede sostenerse a largo plazo mediante una competencia
leal, avances tecnológicos, innovación y
una mano de obra altamente cualificada y con un elevado
nivel de formación; y dudan de que Japón
pueda resolver los problemas que surjan de la fricción
social con las poblaciones foráneas residentes.
92 Las cosas no están funcionando
tan bien como se planearon. Los latinoamericanos de origen
japonés están sometidos frecuentemente a
las mismas condiciones laborales abusivas que los trabajadores
ilegales, a menudo no hablan japonés y su cultura
y costumbres son decididamente latinas, a pesar de su
aspecto fisico y herencia. Su situación es la de
"residentes de larga duración", que es
la misma que tienen los coreanos y vietnamitas en Japón.
Véase "Latín American 'Nisei' Fill
Labor Shortage: Other Foreign Workers Flee Tough New Law",
The Japan Economic Journal, 8 de diciembre de 1990.
Sea cual sea la etiqueta utilizada, los pasos dados por
Japón hacia la adopción del modelo de acogida
de mano de obra extranjera para afrontar su destino demográfico
presentan todas las características de la experiencia
europea de los años 60 y 70. Esta experiencia se
refleja muy bien en las palabras del escritor suizo Max
Frisch: "Pedimos trabajadores, pero vino gente".
Los síntomas son ya manifiestos.
- Ha surgido la necesidad de una formación
profesional incercultural en el caso de japoneses que
trabajan junto con chinos en las cadenas de producción.
- Las escuelas se ven por vez primera ante
escolares cuya lengua materna no es el japonés
y que necesitan instrucción bilingüe.
- Se elevan voces que expresan la preocupación
de que las relaciones con los países en vías
de desarrollo de la región se vean afectadas si
Japón trata a los trabajadores asiáticos
como mercancía desechable.
- Los sindicatos cuentan actualmente con
algunos miembros no japoneses que son vistos como una
cuerda de salvación, dadas las duras condiciones
en que trabajan muchos de ellos.
Al mismo tiempo, las últimas encuestas
muestran que sólo un dos por ciento de la sociedad
considera que el rápido incremento de trabajadores
extranjeros va a convertir a Japón en una sociedad
multirracial, o que va a haber una mayor predisposición
a aceptar mano de obra foránea (93).
Por lo tanto, parece que existe una sena divergencia entre
las expectativas públicas y las implicaciones a
largo plazo de las aparentemente inocuas acciones gubernamentales.
Ni el gobierno ni los empleadores parecen
inclinados a racionalizar la mano de obra o a reestructurar
los mercados laborales de baja remuneración para
superar el déficit demográfico. Las alternativas
que tiene Japón son: aceptar un crecimiento más
lento, una automatización aún mayor, estimular
a la aletargada fuer- za de trabajo femenina, o introducir
trabajadores extranjeros. Un crecimiento lento nunca ha
sido una alternativa aceptable para Japón. El uso
de robots tiene limitaciones, ya que no pueden resolver
muchos de los problemas que plantea la escasez de mano
de obra en el sector servicios. Por consiguiente, las
alternativas más viables son los trabajadores extranjeros
y la mayor participación de la mujer en el trabajo.
La introducción de mano de obra extranjera
sin antes preparar sistemáticamente a la opinión
pública para las importantes consecuencias que
puede tener en la vida japonesa, podría suscitar
serios antagonismos sociales y culturales. Por otra parte,
tal vez Japón sea capaz de contener los efectos
sociales de los progra-
93 " Current Growth Rates, Greater
International Role Expected", The Nikkei Weekiy,
25 de abril de 1992.
mas de acogida de mano de obra extranjera
mediante una cuidadosa separación del trabajo entre
japoneses y extranjeros, e imponiendo estrechos límites
(tales como la prohibición de que les acompañen
miembros de su familia) a la libertad de acción
de los trabajadores extranjeros mientras estén
en Japón.
Aunque de ámbito limitado, la aventura
en la que Japón parece haberse embarcado ofrece
al mundo desarrollado uno de los experimentos más
interesantes en política migratoria que se hayan
emprendido actualmente en los países de la Trilateral.
IV.
Japón
A.
Escasez de mano de obra y trabajadores extranjeros
1. El imperativo demográfico
2. Trabajadores ilegales
3. La política del
gobierno
B.
El papel internacional de Japón