LOS
NUEVOS RETOS DE LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES PERSPECTIVAS
Y PRIORIDADES DE LAS POLÍTICAS MIGRATORIAS EN NORTEAMÉRICA,
EUROPA, JAPÓN Y LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Ensayos INCIPE No 5
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Prólogo
Me complace presentar la versión española
de Los nuevos retos de las migraciones internacionales,
un informe a la Comisión Trilateral, al que quiero
añadir las reflexiones siguientes:
1) El informe adjunto —en el que he
tenido la oportunidad de colaborar como ponente europeo—
contiene un análisis riguroso de la situación
del fenó- meno migratorio desde la óptica
del mundo desarrollado. Doris Meissner, redac- tora del
informe (que al poco tiempo de finalizar este trabajo
tue designada máxima responsable de temas de migración
en la administración Clinton) ha sabido dar unidad
y coherencia a las tres áreas afectadas: Estados
Unidos y Canadá, Europa, y Japón, y ha sintetizado
los antecedentes y las claves de este fenó- meno
con gran lucidez y con total objetividad. Debe destacarse
asimismo la colaboración prácticamente permanente
de una mujer excepcional: Sadako Ogata, Alta Comisionada
de las Naciones Unidas para los Refugiados, que desde
el primer momento expresó su deseo de colaborar
en este estudio y que lo hizo con la misma fuerza, seriedad,
determinación e idealismo con que está llevando
a cabo su misión internacional. Fue un verdadero
privilegio tanto a escala humana como a escala intelectual,
tener la oportunidad de conocer a fondo su pensamiento,
su experiencia y sus objetivos, sobre uno de los temas
más fascinantes e inquietantes de la realidad actual.
El tema de las migraciones internacionales
es, en efecto, uno de esos temas que atraen intelectualmente
como fenómeno sociológico, pero que preocupan
— y a veces obsesionan y hasta fanatizan—
como problema humanitario, político, económico
y cultural de primer orden. Es éste un tema frente
al que no podernos cerrar los ojos y aún menos
el sentido de responsabilidad por más que resulte
complejo y difícil llegar a conclusiones seguras.
Uno de los objetivos principales de la Comisión
Trilateral al encargar este trabajo fue precisamente el
de poder ofrecer a las clases dirigentes del mundo occidental
aquellas ideas y datos esenciales que puedan facilitar
el establecimiento de estrategias concretas y la toma
de decisiones, con relación a un problema que sólo
podrá abordarse con eficacia y justicia si se aumenta
sustancialmente el nivel de información, de sensibilidad
y de conciencia. Confirmando esta idea, en el comunicado
final del último Consejo de Ministros de la OCDE
(París, 2 y 3 de Junio de 1993) se alude a la migración
como uno de los temas prioritarios de la agenda internacional
y se insiste en la necesidad de "continuar el análisis
de las tendencias migratorias, incluyendo su relación
con los mercados de trabajo y asimismo con la cooperación
para el desarrollo, el comercio internacional, la inversión
privada y los problemas urbanos". En el mismo sentido
se expresó el Grupo de los Siete en su reunión
de Tokio (7 a 9 de Julio de 1993) al afirmar en la declaración
política que "el crecimiento del número
de refugiados y de personas desplazadas asi' como también
los problemas que crea la emigración incontrolada
y las dificultades con las que se enfrentan las minorías
nacionales, son temas que requieren la atención
urgente de la comunidad internacional y deben ser tratados
estudiando las causas que los originan".
Esta idea figura asimismo destacada en el
informe 1993 de las Naciones Unidas sobre "El estado
de la población mundial", cuando afirma en
el capítulo de recomendaciones que "se necesita
más investigación sobre la distribución
de la población y sobre las causas y consecuencias
de la migración interna e internacional" y
solicita la creación de un "mecanismo internacional
que facilite una reflexión sobre el movimiento
de personas y sus implicaciones a nivel global, nacional
y regional."
Al publicar el informe adjunto, con la excepcional
colaboración del Instituto de Cuestiones Internacionales
y Política Exterior (INCIPE), la Comisión
Trilateral cree ayudar a estos objetivos y se atreve a
solicitar por ello a los poderes públicos, a las
universidades, a las instituciones privadas y a los medios
de comunicación su ayuda en la difusión
y en el debate de este trabajo.
2) Dentro del mundo desarrollado, la región
europea, y más en concreto la Europa comunitaria,
es ya y va a continuar siéndolo durante bastantes
años, el escenario donde el problema de emigrantes
y refugiados va a ser más inquietante, más
intenso y más dramático. Al estudiar la
situación europea, la primera conclusión,
la más inmediata y la más obvia, es la de
detectar que la no existencia de una política comunitaria
común y la diversidad de legislaciones y de actitudes
nacionales son factores profundamente negativos en el
intento de coordinar adecuadamente los procesos migratorios.
Esta situación ha generado y sigue generando en
la opinión pública de muchos países
la sensación de falta o de pérdida de control
por parte de los poderes ejecutivos, hecho que ya ha tenido
consecuencias políticas negativas de todo orden,
pero que podría llegar a generar climas de tensión
y violencia incontrolables si no afrontamos con decisión
los movimientos crecientes de xenofobia y racismo que
la extrema derecha ha puesto en marcha.
Le Pen, Haider y Schomhuber, entre otros,
han demostrado con absoluta claridad lo fácil y
lo rentable que es manipular la sensibilidad de muchos
ciudadanos hasta hacerles que se sientan amenazados e
indefensos ante una "invasión" incontrolada
de inmigrantes.
En los últimos meses, en parte por
convencimiento, en parte por razones políticas,
en parte por los hechos y los números y en parre
sin duda por la presión de la opinión pública,
Francia y Alemania, los dos países que han sido
y seguirán siendo los más afectados por
este problema, se han visto obligados a endurecer drásticamente
sus normas jurídicas en materia de asilo y de refugio
porque, en otro caso, la situación interna hubiera
podido degenerar gravemente. A su vez, el ejemplo de estos
países ha producido en el resto de Europa —además
de una sensación de alivio— un efecto mimético
cuyas consecuencias habrá que estudiar con sumo
cuidado porque nadie debe pensar que con estas actitudes
restrictivas se resuelven para siempre las cuestiones
planteadas. Habrá que hacer muchas más cosas
y además cosas muy distintas.
Como se indica en el informe, los líderes
políticos europeos se resisten a aceptar el hecho
de que Europa va a ser, lo queramos o no, nos guste más
o menos, una zona de inmigración si no masiva,
sí intensa, y que esta realidad requiere a su vez
una cohesión comunitaria muy profunda que pueda
convertirse en acciones que permitan regular, absorber,
integrar y hacer positivo el inevitable flujo de inmigrantes.
Las dos recomendaciones fundamentales del informe van
justamente en esta línea. La primera alude a la
necesidad de concentrar y no diluir los foros de debate
de estos asuntos (más de treinta oficiales y otros
tantos privados) y, asimismo, la concentración
de poderes en un Comisario para asuntos de inmigración
y asilo, que vendría a cumplir a nivel europeo
una función similar a la de la Sra. Sadako Ogata
a nivel mundial. La segunda recomendación, más
compleja y posiblemente más polémica, es
la de aplicar a nivel comunitario un sistema de cuotas
máximas de aceptación de inmigrantes —incluyendo
un procedimiento de distribución entre los países
miembros—, similar a los que se aplican en Estados
Unidos o Canadá y que al menos hasta ahora han
funcionado con eficacia y con éxito, sobre todo
en este último país. Como es lógico,
estas cuotas afectarían únicamente a los
llamados emigrantes económicos y en ningún
caso a los refugiados políticos.
Las dos recomendaciones anteriores se verían
grandemente facilitadas si el Convenio de Schengen, que
regula la abolición de las fronteras internas,
y el proyecto de Convenio sobre Fronteras Exteriores (paralizado
por el debate entre España y Gran Bretaña
sobre Gibraltar) llegaran a ser pronto normas operativas.
Es difícil ser optimista en este terreno
pero en algún momento tendremos que asumir en Europa
la necesidad de afrontar los problemas cara a cara, y
abandonar la práctica habitual de dar vueltas alrededor
de los mismos. Pensemos en este sentido que la situación
actual, ya de por sí preocupante, podría
agravarse aún más, mucho más, si
en el este o en el sur, o en ambos, se produjeran —y
los recientes acontecimientos en Rusia y las nuevas repúblicas
están acentuando esta posibilidad— graves
inestabilidades políticas y colapsos económicos.
En otros temas, quizá se pueda seguir
esperando. En éste, no. Si queremos defender y
enriquecer nuestra civilización y nuestros valores,
Europa debe tener una sola voz, una sola política
y unas reglas comunes.
3) Los problemas que plantea la emigración
no se van a resolver sólo con medidas legales y
aún menos con nuevas murallas de Berlín
o con nuevos telones de acero. El problema es ciertamente
más profundo y más complejo. En el año
2000 la población mundial ascenderá a 6.251
millones de los cuales 1.264 millones vivirán en
países industrializados y 4.997 millones en países
en vías de desarrollo. En el año 2025 la
población mundial crecerá hasta los 8.504
millones y su distribución entre unos y otros países
será respectivamente de 1.354 y 7.150. En la actualidad
se calcula en unos cien millones (alrededor del 2% de
la población mundial) el número de emigrantes.
Esta cifra podría fácilmente triplicarse
para el ano 2000.
Con estos datos básicos en la mano,
el mundo desarrollado, el mundo rico, tendrá que
replantearse las estrategias actuales y poner en marcha
nuevas ideas que faciliten el tránsito a una nueva
época en la que todos los diálogos y fundamentalmente
el diálogo norre-sur sean realmente auténticos.
Para ello habrá que empezar por poner en cuestión
muchos de nuestros esquemas dogmáticos defensivos
y renunciar a la fácil excusa de las dificultades
insalvables y aún de la imposibilidad, después
de haber vivido una época en la que se han producido
tantos acontecimientos que eran "técnicamente
imposibles", incluyendo entre ellos el inicio de
un diálogo constructivo entre israelíes
y palestinos. Como afirma el profesor Thomas McCarthy,
"una de las cosas que hemos aprendido sobre los valores,
por ejemplo, es que la gente razonable puede sostener
razonablemente concepciones diferentes del bien, que no
hay una forma de vida única cortada a medida de
todos los individuos y grupos y que, por consiguiente,
una cultura pluralista dentro de la cual sus miembros
puedan perseguir —dentro de ciertos límites—
sus ideas diferentes sobre la buena vida constituye el
acuerdo social más adecuado. Y este reconocimiento
nos fuerza a repensar el universalismo "ilustrado"
desde la nueva perspectiva del multiculturalismo".
Ahí podría estar la base de una lucha a
fondo contra el racismo y la xenofobia que aunque parezcan
sentimientos exclusivos de la extrema derecha, empiezan
a extenderse a otros muchos sectores ideológicos
tanto en el terreno político como sindical.
Como se indica en la introducción
del informe, el fenómeno migratorio siempre ha
sido un fenómeno positivo y un factor decisivo
del progreso de la humanidad. No podemos permitirnos el
lujo de que por abandono o inconsciencia, dicho fenómeno
"pueda convertirse en la crisis humana de nuestra
era" tal y como se nos advierte en el estudio de
las Naciones Unidas sobre "El estado de la población
mundial 1993".
La Comisión Trilateral confía
en que el informe adjunto ayude a reducir ese riesgo y
a encontrar nuevas soluciones en una nueva época.