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V. La comunidad internacional y los refugiados:diferentes contextos, distintos enfoques

D. Haití

Ensayos INCIPE No 5

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Desde mediados de la década de los 70, Haití ha dado origen a un flujo mixto de emigrantes, característico también de otros desplazamienros en diversas partes del mundo durante los años 80. Con objeto de contener la salida de emigrantes en barco. Estados Unidos negoció un acuerdo con Haití para un interdicto marí- timo, por el cual los boat people eran llevados a bordo de los guardacostas estadounidenses, interrogados superficialmente para determinar el estatuto de refugiado, y devueltos a Haití (103). Los cubanos, quienes también se han embarcado a menudo para ganar la costa de Estados Unidos, se benefician tanto de una excep- ción especial de la ley estadounidense —que les concede la residencia en el plazo de un año a partir de su llegada— como de su política de no deportación a un país comunista. El contraste se ha hecho cada vez más agudo e indefendible.

En 1991 un golpe militar, acompañado de una escalada de violencia política, siguió a las primeras elecciones democráticas de la historia de Haití. La consecuencia fue una masiva salida de embarcaciones, desbordando la capacidad de los Estados Unidos para rescatar e interrogar a un número cada vez mayor de personas. A fin de contener la espiral, el presidente Bush ordenó que se recogiese a todos los embarcados y se les devolviese sin ser entrevistados. Al mismo tiempo, Estados Unidos desacreditaba públicamente el derrocamiento de la democracia en Haití y proclamaba la ilegalidad de los dirigentes del golpe, respaldando enérgicamente a la Organización de Estados Americanos (OEA) en sus iniciativas diplomáticas para derrocar a los golpistas e imponer un embargo comercial.

Esta contradicción no pasó desapercibida para Bill Clinton, cuya postura durante la campaña electoral fue que los haitianos merecían una investigación justa. El poder y alcance de los medios de comunicación es tal que, cuando fue elegido presidente, los haitianos comenzaron a construir embarcaciones anticipándose a un cambio político que ellos interpretaban como una invitación a entrar en Estados Unidos. Ante la posibilidad de otra llegada masiva de barcos al tomar el relevo la nueva administración, la revisión de la política relativa a Haití se convirtió para ésta en una cuestión prioritaria.

La política de la administración Clinton se centra en las condiciones que originan la emigración irregular, a la vez que ofrece reasentamiento como refugiados a individuos en peligro. Sus características esenciales son:

— En colaboración con la OEA y la ONU, establecer en Haití una presencia inter- nacional de defensa de los derechos humanos a fin de suprimir las flagrantes violaciones de los mismos. Después de muchas negociaciones, las autoridades haitianas se plegaron a esta iniciativa y han sido enviados a la isla 500 supervisores.

103Entre 1981 y finales de 1990, de los más de 20.000 haitianos interceptados e interrogados en el mar, sólo en seis casos se determinó que reunían los requisitos para solicitar el estatuto de refugiado y fueron llevados a Estados Unidos para una investigación más exhaustiva. Véase "Cast Away", The American Lawyer, octubre de 1992. — Prestar fuerte apoyo y ayuda a los esfuerzos del enviado especial de la ONU para negociar una solución diplomática que permita el regreso a Haití del Presidente electo y siente las bases para instaurar un proceso político democrático.

— Ampliar los procedimientos de determinación de la condición de refugiado en el país de origen, de modo que existan centros repartidos por todo él. Esto proporcionará a quienes se encuentren en situaciones de riesgo inminente una vía para solicitar su asentamiento en Estados Unidos alternativa a los peligrosos viajes en barco.

Entre las nuevas cuestiones suscitadas por el caso de Haití destacan las siguientes:

Las migraciones de emergencia no reguladas a países desarrollados, incluso cuando incluyen a verdaderos refugiados, están siendo tratadas como una amenaza que requiere una atención prioritaria de la política exterior.

— Los problemas migratorios tradicionales están desencadenando iniciativas políticas más amplias que apuntan a las causas subyacentes de las huidas. La importancia concedida a Haití por la nueva administración estadounidense demuestra la orientación tan distinta que pueden adoptar los intereses nacionales y de seguridad en el mundo posterior a la Guerra Fría. Naciones como Haití, que no han tenido ningún interés estratégico para las principales potencias de la Trilateral —excepto el de mantener su condición de país no comunis- ta—, están comenzando a ser objeto de atención porque su pobreza y la opresión que padecen generan una inestabilidad que puede desencadenar migraciones considerables. Tales desplazamientos migratorios de emergencia e incontrolados pueden, a su vez, socavar el bienestar de los Estados vecinos.

La "esperanza e incertidumbre" de nuestra era está dando lugar a cuestiones que, en conjunto, constituyen un importante punto de partida para el estudio y puesta en marcha de una nueva política migratoria, al menos en cuanto a actividad humanitaria se refiere. Las condiciones en los distintos focos de conflicto están extendiendo el papel de las organizaciones humanitarias internacionales hacia áreas que van más allá de sus mandatos y experiencia. La diversidad de for- mas en que se presentan las cuestiones migratorias, y la manera en que están siendo tratadas, tienen consecuencias que afectan a un amplio espectro de teorías establecidas, desde las interpretaciones de la soberanía nacional hasta la propia definición de interés nacional. Aunque la atención a los problemas que rodean a los movimientos de refugiados se ha decantado hacia las estrategias de ayuda en el país de origen, es evidente que este tipo de solución es, por sí sola, tan inadecuada como lo fue en su momento la concesión de asilo cuando ésta era la única forma de respuesta inter- nacional. Las ayudas en el país de origen constituyen hoy una parte importante del presupuesto del ACNUR y los donantes se han mostrado receptivos a las peticiones de ayuda. Por consiguiente, se ha dado un paso excepcional en la toma de conciencia de la necesidad de combatir los problemas de refugiados en su raíz. Sin embargo, se están destinando proporciones cada vez mayores de los fondos humanitarios para cubrir la seguridad del personal de asistencia y para la entrega de suministros, más que para los propios refugiados. Esto resalta la necesidad de alcanzar un equilibrio entre las dos tendencias, así como de utilizar y promover una amplia gama de respuestas políticas, incluidas las oportunidades de asilo.

Las cuestiones sobre refugiados se han introducido en el orden del día de la política internacional y los gobiernos se han vuelto hacia el sistema de las Naciones Unidas en espera de soluciones, del mismo modo que están pidiendo a esta organización que asuma un papel mucho más relevante en funciones como el mantenimiento de la paz, la vigilancia de los derechos humanos, negociaciones de paz, organización de elecciones, etc. Pero, en último término, la ONU no es más que un instrumento de los gobiernos de los países miembros, que son los que tienen que proporcionar el necesario soporte político y financiero. El com- promiso y la capacidad de éstos para afrontar hoy los problemas de mañana determinará los resultados finales.

V. La comunidad internacional y los refugiados: diferentes contextos, distintos enfoques

A. Las repercusiones de la Guerra del Golfo

B. Camboya

C. La ex-Yugoeslavia

1. Nuevos dilemas

2. Nuevas realidades

D. Haití

 

 

 

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