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II. Canadá y Estados Unidos

A. Componentes de una política de inmigración

Ensayos INCIPE No 5

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Las políticas inmigratorias de Canadá y Estados Unidos están articuladas en leyes de carácter nacional y su ejecución corresponde a agencias u organismos gubernamentales encargados de su aplicación. En Canadá existe un departamento de inmigración denominado "Inmigration and Employment Canadá", cuyo titular tiene rango de ministro del gabinete. En consecuencia, los problemas relacionados con la inmigración reciben consideración en las deliberaciones del Gobierno sobre política exterior e interior. En Estados Unidos las cuestiones de inmigración se tratan a nivel de subgabinete. Las funciones de inmigración que han de desarrollarse dentro de las fronteras del país son responsabilidad de una oficina dependiente del Departamento de Justicia; las del extranjero son competencia de los consulados, cuyo trabajo está dirigido por una oficina perteneciente a la Secretaría de Estado (ministerio de Asuntos Exteriores). Esta estructura se traduce en una política más dispersa y menos unidad de acción en el tratamiento de los problemas migratorios, a la vez que un mayor control por parte del poder legislativo.

Dejando aparte los aspectos organizativos, ambas políticas de inmigración responden a tres cuestiones básicas: quiénes, cuántos y de dónde.

1. ¿Quiénes?

Las políticas de inmigración establecen pautas de admisión basadas en objetivos sociales, humanitarios y económicos.

Los objetivos sociales se cumplen con la admisión de familiares de los inmigrantes. La unidad familiar ha sido, y continúa siendo, la piedra angular de las políticas de inmigración de Canadá y Estados Unidos. Ahora bien, qué parientes deben considerarse como "familiares", desde el punto de vista de su aceptabilidad como inmigrantes, es un tema que todavía sigue siendo objeto de debate. La tradición de las sociedades receptoras favorece las definiciones limitadas a la familia nuclear —padres e hijos solteros— mientras que los grupos de inmigrantes presionan para que se extienda la definición a miembros de la familia amplia: abuelos, hijos casados y nietos.

Un segundo punto de debate en cuanto a la generosidad de las políticas de unidad familiar es la preocupación por que las familias inmigrantes reciban en lugar de contribuir económicamente. Además, se alega que la inmigración basada en la unidad familiar es un medio ineficaz de selección de trabajadores, que contribuye al descenso del nivel de destreza profesional de la mano de obra. En gran parte, este argumento hace una estimación errónea del carácter de la inmigración familiar. Los familiares de los inmigrantes también son trabajadores. Por regla general, las personas admitidas en función de las medidas de reunificación familiar pueden llegar a capacitarse prácticamente en cualquiera de las ocupaciones técnicas y profesionales especificadas en las leyes de inmigración. La reunificación familiar es también una vía indirecta de admisión de trabajadores cualificados.

Más importante aún, sin embargo, es el papel económico y social que juega la familia en la adaptación del inmigrante. La familia ayuda a superar los considerables trastornos sociales y culturales provocados por la inmigración y, al servir de intermediario con la sociedad anfitriona, facilita la adaptación del recién llegado. Las estructuras familiares y domésticas son también factores fundamentales a la hora de promover un mayor éxito económico. Son fuente crucial de recursos para la creación de negocios de inmigrantes, que a menudo revitalizan distritos urbanos e incluso sectores económicos especializados. El éxito de estos cambios sociales y económicos sienta las bases necesarias para que los hijos de los inmigrantes puedan convertirse en ciudadanos y trabajadores de provecho en la generación siguiente (12).

Los objetivos humanitarios se satisfacen mediante los programas de asentamiento y asistencia a refugiados. Estos programas atañen frecuentemente a grandes números de personas afectadas por emergencias de orden internacional, como la crisis de los barcos de refugiados ("boat people") de 1979, en el Sudeste Asiático. Estados Unidos admitió en el plazo de un año a más de 140.000 personas procedentes de los campos de emergencia que se establecieron en la región. A través de los programas de asentamiento, que en algunos casos se han prolongado durante décadas. Estados Unidos ha llegado a albergar hasta el diez por ciento o más de la población de algunos países, como Cuba. Estos programas se han ocupado de cientos de miles de individuos huidos de los regímenes comunis- tas, para quienes no existía ninguna esperanza realista de regresar algún día. Al mismo tiempo, los generosos programas de admisión para los fugitivos del comunismo, que eran recibidos como héroes, estaban en consonancia con los objetivos geopolíticos generales de Occidente. Con el fin de la Guerra Fría, el fundamento político de tales esfuerzos ha desaparecido, y aún no ha sido reem- plazado por un nuevo paradigma.

Ha sido, en cambio, la aparición de casos de asilo político en grupo lo que ha dominado el debate sobre los refugiados en la década de los ochenta, planteando algunas cuestiones espinosas sobre cómo llevar a cabo los objetivos humanitarios de la política de inmigración en circunstancias nuevas, en las que son más bien los propios refugiados quienes pretenden entrar en el país, en lugar de ser é ste quien los seleccione antes de permitir su entrada.

Los objetivos económicos, que siempre han formado parte de la política de inmigración, han llegado a ser un elemento clave en su planeamiento. Aunque con mecanismos de selección distintos, tanto Canadá como Estados Unidos han establecido recientemente incrementos en sus cuotas de inmigración al ampliar de forma significativa las oportunidades para personas con profesiones en las que existe demanda.

Los efectos de la inmigración en los mercados laborales y su lugar en el futuro económico de estas sociedades indican una respuesta a las corrientes fundamentales de la historia y a la interdependencia económica global.

En la práctica, los contactos entre los futuros inmigrantes y sus empleadores tienen lugar generalmente antes de que el solicitante pase por las formalidades de la inmigración. Esto ocurre de varias maneras. Muchos entran en el país ilegalmente, encuentran trabajo y empleadores que solicitan su admisión legal. Otros, que se

12 Robert L. Bach y Doris M. Meissner, America's Labor Market in the 1990S: What Rol Shouid Immigration Play? (Carnegie Endowment for International Peace, Washington, junio de 1990). encuentran en el país con un visado temporal (como, por ejemplo, los estudiantes extranjeros), establecen una relación profesional con determinados empleadores a través de programas de formación o de estudios para post-graduados.

Por tanto, a menudo la inmigración con fines económicos no es un punto de partida, sino un paso intermedio en un proceso de respuestas del mercado laboral que tiene su origen en políticas que no guardan relación con la inmigración. Hay una parte significativa de los inmigrantes que ya ha tenido experiencias en el país y ha establecido contactos con algún sector de la sociedad o de la economía que después son ratificados por el proceso formal de inmigración, frente a la selección realizada por el Gobierno o los empleadores entre un colectivo de emigrantes que aguardan en el extranjero.

2. ¿Cuántos?

Durante más de un siglo, Canadá y Estados Unidos han impuesto límites numéricos anuales a los flujos de inmigración. Para Canadá, el establecimiento de estos límites fue durante algún tiempo un elemento distintivo de los objetivos de la política demográfica, que perseguía la colonización de las regiones escasamente pobladas de sus provincias occidentales.

Más recientemente, Canadá ha introducido una cuidadosa proporcionalidad entre las distintas corrientes de familiares de inmigrantes, refugiados y buscadores de trabajo. Este último grupo está aún más aquilatado, mediante la regulación de la tasa de trabajadores admitidos para cada sector, para evitar que deter- minadas ocupaciones se vean saturadas por inmigrantes. De esta forma, los nativos no quedan en desventaja frente a los emigrantes en los distintos mercados de trabajo. Tales mecanismos ofrecen vías de solución a la pregunta ",:Cuántos?". Estados Unidos nunca ha pretendido ex profeso establecer conexiones entre sus niveles de inmigración y otros objetivos nacionales. Su sistema de admisión de inmigrantes, basado en cuotas, es de sobra conocido. Las cuotas, o topes numéricos, rigen la admisión de las diversas categorías de inmigrantes. Pero esos topes han sido sumamente arbitrarios. El Congreso los establece como una respuesta política equilibrada a las peticiones de los representantes de los empleadores y de las comunidades étnicas, que desean una política de inmigración que satisfaga sus necesidades. La consecuencia es que, aunque de forma inadvertida, la inmigración se ha convertido en un factor esencial del crecimiento demográfico, en una tendencia que está aminorando el ritmo de envejecimiento de la sociedad estadounidense.

Los observadores suelen afirmar que los niveles de inmigración deberían reflejar de algún modo la capacidad de absorción de una nación. Como los inmigrantes se congregan en comunidades o regiones determinadas, servicios fundamentales (como la vivienda y la educación) pueden verse seriamente colapsados por los altos niveles de inmigración.

Aunque hay excepciones, la capacidad de absorción es algo más psicológico que científico. Si una sociedad siente afinidad, lealtad o relación histórica con determinados grupos de inmigrantes, un elevado número de ellos podrá ser integrado con éxito, independientemente de las estimaciones objetivas de la capacidad de absorción. Casos relevantes de este tipo son la salida de los judíos de la Unión Soviética hacia Israel, a partir del año 1989, y el éxodo hacia la moderna Alemania de personas de origen alemán procedentes de los territorios cedidos en el Este.

El caso contrario también es cierto. Números relativamente bajos de inmigrantes pueden llegar a resultar aparentemente indigeribles para sociedades que son incapaces de abrir sus estructuras sociales y de movilidad económica a pueblos con diferentes tradiciones y valores. Tal es el caso de ciertas poblaciones musulmanas en algunas partes de Europa.

3. ¿De dónde?

Hasta 1965, Estados Unidos basó la distribución geográfica de los países fuente de inmigración en una fórmula que reflejaba los orígenes nacionales de su propia población. Este sistema no sólo favorecía enormemente la inmigración de los europeos, sino que también excluía de forma explícita a los asiáticos. A través de mecanismos diferentes, pero con resultados similares, Ganada profesó una política de inmigración de "sólo blancos" hasta finales de la década de los 60.

Hoy día, estas leyes se consideran anacrónicas y han sido reemplazadas por otras en las que no influye el país de origen. La emigración a Canadá y Estados Unidos está dominada por asiáticos y latinoamericanos debido a que: a) las prioridades de selección basadas en la unidad familiar favorecen automáticamente a los grupos de emigrantes más recientes; y, b) el origen de la inmigración ha cambiado, predominando en general la procedente de regiones del mundo menos desarropadas.

Aún así, las poblaciones establecidas suelen sentirse inquietas ante la dominación de grupos nuevos y desconocidos de inmigrantes. En Estados Unidos se han añadido "visados de diversidad" a la legislación vigente. Son vías de acceso especialmente diseñadas para países que están infra representados en las actuales corrientes de inmigración. Aunque aparentemente inocuas, tales medidas no son distintas en la práctica de las preferencias de origen nacional. Muestran la arrolladora tendencia de las poblaciones a intentar perpetuarse más que a transfor- marse. Como la inmigración es un fenómeno de transformación, las respuestas a las preguntas de quién, cuántos, y de dónde tienen profundas implicaciones.

Aunque las pautas y tradiciones inmigratorias de Canadá y Estados Unidos tienen en común muchas características, ambas naciones son distintas y enfocan la cuestión de modo a menudo bastante diferente.

 

II. Canadá y Estados Unidos

A. Componentes de una política de inmigración

1. ¿Quiénes?

2. ¿Cuántos?

3. ¿De dónde?

B. Canadá

1. Perfil del sistema

2. Cuestiones de especial relevancia

C. Estados Unidos

1. Inmigración ilegal

2. Política de refugiados

3. Integración de los inmigrantes

4. Integración económica regional

 

 

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