"El
sistema de Cumbres Iberoamericanas:
La
XIII Cumbre Iberoamericana y el cuestionamiento del neoliberalismo"
Luisa M. García García
Diplomática
Investigadora Asociada del
INCIPE
Bajo
el lema "La inclusión social como factor de
desarrollo" dio comienzo el 14 de noviembre de 2003
la XIII Cumbre Iberoamericana de Naciones en Santa Cruz
de la Sierra (Bolivia ). La Cumbre estuvo fuertemente
marcada por la crisis boliviana, que se saldó con
un cambio presidencial determinado por una vasta protesta
ciudadana. La reunión fue presidida por el Secretario
General de Naciones Unidas, Kofi Annan, quién asistía
por vez primera a una Cumbre Iberoamericana. Uno de los
elementos más importantes de la Cumbre ha sido
la configuración institucional del sistema, al
decidirse por unanimidad la creación de una Secretaría
Permanente, con base jurídica en el informe encargado
al ex presidente de Brasil, Fernando Enrique Cardoso,
durante la Cumbre celebrada en la República Dominicana
en 2002.
La
importancia de las Cumbres Iberoamericanas de Naciones
reúnen a veintiún Estados (diecinueve de
América, junto a España y Portugal). comenzaron
su andadura en 1991, en la ciudad de Guadalajara (México).
Su objetivo consiste en establecer un marco de diálogo
y cooperación que contribuya al proceso de desarrollo
social y económico de los Estados miembros.
La
idea de reunir a los mandatarios iberoamericanos en una
Cumbre fue propuesta por vez primera por España,
a finales de la década de los '70. Sin embargo,
el imperio de los regímenes dictatoriales en América
Latina determinó que fuese necesario esperar a
la consolidación de los procesos democratizadores
de la década de los '80 para que pudiese celebrarse
la primera reunión. Desde entonces, el sector que
más avances ha experimentado ha sido el de la cooperación.
Las Cumbres promueven y coordinan la cooperación
horizontal y multilateral entre sus Estados miembros,
además de determinadas acciones en el ámbito
de las Relaciones Internacionales. Como señala
Hipólito Mejía: "Las Cumbre Iberoamericanas
(...) han constituido uno de los esfuerzos más
consistentes y positivos, como plataforma para impulsar
la integración y la cooperación entre los
países de la Comunidad Iberoamericana" [1].
Si bien es cierto que "no sólo de cooperación
vive esta Comunidad" [2].
Muchos
son los factores que justifican la continuidad de las
Cumbres. El más importante: la contribución
a los procesos de pacificación y normalización
política en América Latina. Ese sería
el caso de las reuniones informales entre representantes
de la guerrilla y del gobierno de El Salvador con mandatarios
de otros países, en el marco de la I Cumbre celebrada
en 1991 y que sentó las bases para el restablecimiento
de la paz en este estado centroamericano. Del mismo modo,
la Cumbre de Oporto de 1998 supuso un importante paso
hacia adelante en el proceso de paz entre Perú
y Ecuador, así como de cara a la resolución
del ya antiguo litigio fronterizo entre Chile y Argentina.
Por su parte, los actos conmemorativos del Quinto Centenario
tuvieron también una influencia positiva al respecto.
Sin embargo, no será hasta la VII Cumbre, celebrada
en 1996 en Santiago de Chile, cuando se planteé
la constitución de una Comunidad Iberoamericana
de Naciones, lo que, en teoría , implicaba ir más
allá de tradiciones culturales e intereses económicos
para adentrarse en el plano de una política concertada.
Ya en la reunión de 1995, celebrada en Bariloche
(Argentina) se había decidido conceder una importancia
especial a aquéllos temas relacionados con el comercio,
la política y la gobernabilidad. La reunión
de Oporto de 1998, se dedicó al análisis
de un tema por entonces recurrente: la globalización,
primero, en su dimensión política y, más
tarde, en la económica. En el marco de dicho debate,
el que fuera Secretario Permanente de SELA, Carlos Moneta
acuñó el término gobernabilidad económica.
La
importancia que este tipo de Cumbres tiene en las agendas
de la política exterior de los Estados se manifiesta
en el hecho que sea precisamente en el marco de las Cumbres
en dónde se conciertan encuentros bilaterales.
Así, México y Uruguay han cerrado un Acuerdo
de Libre Comercio (negociado durante los quince meses
anteriores a la última Cumbre). Dicho acuerdo es
el primero que, de forma bilateral, concluye un país
miembro MERCOSUR con México. Asimismo, se ha dado
un nuevo impulso a las relaciones entre España
y Brasil, a través del establecimiento de una Asociación
Estratégica que, a solicitud brasileña,
pone el acento en tres ejes esenciales: la lucha para
la reducción de la pobreza; la erradicación
del hambre y, el aumento del empleo, además de
otras cuestiones trasversales, como la cooperación
en el ámbito de las operaciones de paz o la lucha
contra el terrorismo.
La
institucionalización de las Cumbres. Desde un punto
de vista institucional, las Cumbres contaron desde un
primer momento con una Secretaría Pro Tempore,
dirigida por una especie de "troika", al estilo
de la presidencia del Consejo de la Unión Europea
y formada por tres Estados: el organizador anual de la
Cumbre, el anterior y el país anfitrión
del año siguiente. Sin embargo, pronto se manifestó
la necesidad de una mayor institucionalización.
Dado que la cooperación es el sector más
dinámico del sistema, dicha necesidad se plasmó
en la creación de una Secretaría Permanente
de Cooperación, establecida en la Cumbre de La
Habana de 1999. La Secretaría tiene su sede en
la capital de España.
Siete
años antes, en la Cumbre de Madrid de 1992, se
había creado un Fondo de Desarrollo de los Pueblos
Indígenas, con el objetivo de conseguir fondos
para subvencionar programas y proyectos nacidos a iniciativa
de dichos pueblos, con vistas a promover su propio desarrollo.
Parco en sus resultados, el Fondo se encuentra en la actualidad
en proceso de relanzamiento. Un claro exponente de dicha
preocupación es el hecho que, por vez primera en
la historia de las Cumbres, se haya admitido la presencia,
junto a los máximos dignatarios nacionales, de
un representante indígena (el médico Eduardo
Medina) en representación de los pueblos nativos
latinoamericanos, quién reivindicó los derechos
de dicho pueblo en el marco del Encuentro Social Alternativo,
un foro paralelo y alternativo a la Cumbre. El Foro denunció
también que cuatro de cada diez habitantes latinoamericanos
se debaten entre la pobreza y la indigencia, en un proceso
que tiende a agudizar aun más el drama de las desigualdades
sociales [3].
Otros
programas de interés en dónde la Secretaría
Permanente desempeña un papel fundamental son:
la cooperación en materia de educación y
la cultura; la creación de pequeñas y medianas
empresas (PYMES); la promoción del cine y la televisión;
o la sociedad de la información.
La
nueva institución viene a reforzar la actual Secretaría
Pro Tempore (que desaparecería, una vez comience
a funcionar como órgano la Secretaría General),
actuando como elemento continuador y de enlace de las
diferentes Cumbres. Con ello, la Secretaría Permanente
consigue otorgar una mayor entidad a estas últimas,
coordinando los preparativos logísticos y la cooperación
entre los Estados miembros, pero, sobre todo, como instrumento
base de concertación política. Según
el Presidente boliviano, Juan Ignacio Siles, el aspecto
más cuestionado de las Cumbres es el que se refiere
a su nuevo formato, especialmente, en lo relativo a los
tiempos y ritmos [4].
Pero
quizás, lo más destacado de la última
reunión sea la institucionalización de Cumbres
presidenciales anuales, similares a las que España
viene celebrando con Francia, Alemania o Marruecos.
Algunas
cuestiones para el debate. La Cumbre emitió un
comunicado que solicitaba encarecidamente a España
y Portugal que defendiesen, en el marco de la Unión
Europea, la eliminación de los subsidios agrícolas
o, cuando menos, la disminución de los mismos.
Los Estados que más insistieron en dicha reivindicación
fueron los miembros de MERCOSUR, la Comunidad Andina y
los centroamericanos.
Desde
el punto de vista del enfoque teórico-orientador
de los planes de desarrollo para la región, durante
la Cumbre se cuestionó el éxito de las políticas
neoliberales diseñadas para América Latina
e impuestas por el "Consenso de Washington"
a mediados de los 90. Dicho debate ha significado la culminación
de un proceso en el que, en los últimos años,
han ido ganando terreno los postulados de aquéllos
movimientos contrarios a las políticas neoliberales
impuestas por EE UU en la región. Precisamente,
para esos grupos, esas políticas son las causantes
de la agudización de la pobreza en América
Latina. Por su parte, Enrique Krauze, afirma que hay quien
considera que las políticas liberales no han sido
instrumentadas con la suficiente amplitud y profundidad
que se requería, ni tampoco han contado con el
tiempo suficiente como para poder mostrar sus beneficios.
Para este escritor mexicano, "todos los países
latinoamericanos buscan seguir enganchados al tren de
la modernidad occidental, pero saben que, sin un crecimiento
económico sostenido y equitativo, la frágil
y joven democracia está en peligro y podría
precipitar la convergencia de un (neo)militarismo revolucionario,
populista y estatista"[5]. Finalmente, otros consideran
que es necesario perfeccionar aun el modelo de liberalización
para que pueda ser aplicado con un cierto éxito
en la región.
Lo
cierto es que al elegir como tema central de la Cumbre
la necesidad de la integración social, subyace
en ésta cierto tono de autocrítica implícita,
de cuestionamiento del neoliberalismo. En el documento
final de la Cumbre se mencionan objetivos de marcado contenido
social, en áreas como la educación, la salud,
la vivienda, la agricultura y la alimentación y
cuyo cumplimiento implica, implícita o explícitamente,
la concesión de un papel protagonista al Estado,
en contra de las políticas de privatización,
tan extendidas en la región a lo largo de las últimas
décadas. Tal y como se reconoce en la declaración
final, en muchos casos, las llamadas "reformas económicas
estructurales" no han tenido el éxito suficiente
en la disminución de las desigualdades y la exclusión
social. El texto, según el cual, la exclusión
y la pobreza son "campos fértiles para la
desestabilización social y política",
añade que, por el contrario, "las políticas
aplicadas en algunos casos han significado retrocesos
y la profundización de los males sociales"[6].
En
resumen: la exclusión social adquiere un carácter
estructural y la pobreza ya no se resuelve exclusivamente
con planes asistenciales, sino que impera una creciente
necesidad de reducir las altas tasas de desempleo. En
esa línea, la declaración final de la Cumbre
se pronuncia a favor de las políticas solidarias
de desarrollo sostenible con vistas a erradicar la extrema
pobreza, dotar de servicios básicos a la población,
mejorar la calidad de vida de la misma, proteger el medio
ambiente y facilitar un uso sostenible a los recursos
naturales. Asimismo, en el documento se señala
la urgencia, a la hora aplicar políticas públicas
para incrementar el grado de participación ciudadana,
de todos aquéllos sectores excluidos de la población.
En la declaración final existe también un
componente importante de autocrítica, como es el
reconocimiento expreso del fracaso en Latinoamérica
de las políticas de justicia social. Por último,
la declaración subraya la importancia de la fiscalización
sobre los recursos financieros destinados a dar cumplimiento
a dichas políticas.
Conclusión.
Teniendo en cuenta el nuevo escenario internacional y
los resultados negativos obtenidos por las políticas
clásicas aplicadas en la región, puede afirmarse
que América Latina sólo podrá salir
de su crisis actual cuando se planteen también
propuestas innovadoras a sus problemas. Cuando se celebró
la I Cumbre Iberoamericana en México, la entonces
URSS se desmembraba y la bipolaridad tocaba a su fin,
mientras que la mayoría de los países de
la región adoptaba la democracia liberal y abandonaba,
al menos parcialmente, cuatro poderosos paradigmas de
atraso histórico: el militarismo, el marxismo revolucionario,
el caudillismo populista y la economía estatalizada
y cerrada [7]. En la actualidad, comienza a haber gobiernos
y movimientos sociales sólidos que ponen en tela
de juicio dicha orientación: "Lula",
Chávez, Kirchner o Castro. Todos ellos ponen objeciones
al "Consenso de Washington", mientras que la
izquierda avanza en Colombia y Bolivia.
En
América Latina ha ido creciendo un profundo descontento
hacia EE UU, quien tras haber exigido a los Estados de
la región una mayor apertura de sus mercados a
los productos estadounidenses, sigue manteniendo frente
a los procedentes de los países latinoamericanos
medidas proteccionistas. Por otra parte, hemos visto en
el seno de las Cumbres cómo los Estados de América
Latina solicitan a EE UU el fin del bloqueo impuesto a
Cuba, a la vez que critican la no ratificación
por parte de Washington del Estatuto de la Corte Penal
Internacional.
Por
otra parte, los Estados de la región intentan ofrecer
un contrapeso frente a la influencia del "coloso
estadounidense", tendiendo al mismo tiempo un puente
hacia la UE. En este contexto, España actúa
como una especie de "bisagra" en la región:
con su acercamiento a EE UU en materia de política
exterior, intenta hacer ver a Washington que ambos son
socios y amigos, pero también competidores en el
mercado latinoamericano. No en vano, el presidente Aznar
ha sostenido públicamente que, "para tener
una presencia importante en Latinoamérica, España
debe trabajar codo con codo con la superpotencia ".
Mientras tanto el gobierno brasileño, junto a otros
latinoamericanos, intentan maniobrar entre el poder de
EE UU y la UE. En definitiva, entre el dólar y
el euro[8].
Madrid, 18 de diciembre
de 2003
-
-
-
[3] "ONG y representantes
de varios países americanos participan en la
Cumbre Social de Bolivia ",
El Mundo, edición
digital (
www.elmundo.es),
13 de noviembre de 2003.
-
[4] "Los delegados
iberoamericanos cierran el documento base de la Declaración
de Santa Cruz",
El Mundo, edición
digital (
www.elmundo.es),
14 de noviembre de 2003.
-
[5] KRAUZE, Enrique, "América
Latina: los paradigmas de su atraso", El
País, 15 de noviembre de 2003.
-
[6] ROBLES SAOSA, M., "Sabor
autocrítico en la declaración final
de la XIII Cumbre Iberoamericana",
www.prensalatina.
com.
-
[7] KRAUZE, E., América
Latina, op. cit.
-