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Comentario sobre Latinoamérica

Los profundos y dramáticos cambios que se están experimentando en el sistema de las relaciones internacionales plantean muchos interrogantes acerca del papel que Latinoamérica debe jugar en él. Superada ya la llamada “década perdida de los 80” y avanzados, en gran medida, los procesos de paz y democratización en la región, son todavía muchos los problemas que acucian al subcontinente, especialmente, los relativos a la marginación y a la pobreza. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en promedio, los países de la región se ven afectados por la mayor desigualdad del mundo en materia de ingresos.
 
A pesar del dinamismo adquirido por los procesos de integración regional, lo cierto es que la economía latinoamericana sigue siendo débil y muy vulnerable a las crisis mundiales, como la crisis asiática de los ‘90. Todo ello deriva, en último término, de una crisis económica que viene sin resolver desde hace ya varias décadas y que se materializó en la constante acumulación de una ingente deuda externa por parte de estos países, circunstancia que la deficitaria gestión pública de sus sucesivos gobiernos ha contribuido a agudizar en exceso. Son muchos los grupos que a lo largo de los años han solicitado a los países desarrollados la condonación de una deuda, que nunca ha llegado a materializarse.

Por otro lado, las crisis de los últimos meses en Argentina (que apunta hacia un acuerdo negociado con el FMI), Colombia y Venezuela, aunque diferentes en su naturaleza y sus perspectivas y opciones de superación, tienen en común el haber demostrado que el problema básico que afronta Latinoamérica no es otro que la organización estable de la convivencia social y política. La elevada inseguridad ciudadana existente en la mayor parte de estos países, junto al rebrote de violencia que amenaza a Colombia son claros ejemplos de lo anterior.

Todavía quedan muchos pasos por dar para una verdadera consolidación y profundización de la democracia en estos países. La necesaria transformación política debe hacerse desde dentro, con procesos de reflexión y toma de conciencia que conduzcan a renovadas transiciones democráticas, lo que requiere un esfuerzo colectivo de las sociedades implicadas y un liderazgo clarividente. Pero por otra parte, desde él deben potenciarse estos procesos desde el exterior y España está especialmente bien situada para apoyarlos de manera decidida y continuada, liderando propuestas de cooperación biregional en una UE tradicionalmente alejada de Latinoamérica y centrada actualmente en el diálogo sobre seguridad en el Mediterráneo y la ampliación a los Países del Este y Centro de Europa (PECO).
 
Conviene destacar que desde los años ’60 la UE ha venido desarrollando relaciones políticas y comerciales y concluido acuerdos de cooperación con los países latinoamericanos en tres niveles: el primero, el bilateral con la firma de un Acuerdo de Asociación y Libre Comercio con México y otro similar con Chile; el segundo, el  regional, con varios logros concretos: el diálogo político de San José con Centro América (creado en 1984), el diálogo político con la Comunidad Andina (centrado en la lucha contra las drogas e institucionalizado en la Declaración de Roma de 1996) y el Acuerdo de apoyo técnico e institucional con MERCOSUR, organización con la que la UE está estudiando la posibilidad de concluir un Acuerdo de Libre Comercio al que se llegaría, en todo caso, con posterioridad a la finalización de la Ronda del Milenio de la OMC;  y finalmente, el nivel subcontinental en el que destacan el diálogo político con el Grupo de Río (establecido en 1986) y el proyecto de asociación estratégica entre la UE y América Latina y El Caribe, lanzado en la I Cumbre UE/ALC de Río de Janeiro (1999) y confirmado en la II Cumbre celebrada en Madrid en mayo de 2002.

No obstante, las relaciones entre la UE y América Latina no pueden en ningún caso suplir la necesidad de seguir avanzando y desarrollando nuevos procesos de integración regional. En este sentido, el proyecto de la Comunidad Iberoamericana de Naciones debería ser reforzado y convertido en un verdadero foro de debate y decisión, más allá de la pura retórica política que caracteriza a este tipo de reuniones, en el que, sin dejar de lado las cuestiones culturales, educativas y lingüísticas, se debatan cuestiones de naturaleza política, e incluso las referidas a la seguridad y la defensa, temas tan sensibles para muchos países de la región.

Luisa M. García García

Enlaces interesantes en internet:

- MERCOSUR: www.mercosur.org 
- CAN: www.comunidadandina.org
- SICA: www.sgsica.org
- CARICOM: www.caricom.org

 

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