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"La Cumbre de Guadalajara Unión Europea-América Latina y Caribe: ¿Hacia una Asociación Estratégica para el siglo XXI?"

Borja Cortés-Bretón Brinkmann
Diplomático

Investigador Asociado del INCIPE

América Latina y el Caribe han mantenido vínculos en distintos ámbitos con la Unión Europea desde la década de 1960. Las relaciones entre ambas regiones se han revelado cada vez más importantes, especialmente desde la entrada de España y Portugal en la por aquel entonces llamada “Comunidad Europea” en 1986. El fundamento último de estas estrechas relaciones ha sido la defensa común de unos mismos valores en lo que se refiere al respeto de los Derechos Humanos y los principios democráticos; la economía de mercado; el reparto equitativo de las fuentes de la globalización y los beneficios derivados de las nuevas tecnologías. Estos mismos valores y principios que se hallan intrínsecamente ligados a una concepción de vida y una manera de concebir la comunidad internacional, han permitido a los Jefes de Estado y de Gobierno de ambas regiones – reunidos todos ellos por primera vez en Río de Janeiro en 1999 - la creación de una asociación estratégica biregional y la definición de prioridades, para actuar de manera coordinada en el ámbito político, económico y social. La última expresión de esta voluntad de cooperar estrechamente para la consecución de unos mismos valores en la comunidad internacional, impulsando conjuntamente una serie de proyectos, ha sido precisamente la cumbre que tuvo lugar en Guadalajara (México) los pasados 28 y 29 de mayo.

Las relaciones de los países latinoamericanos y caribeños con la Unión Europea se han desarrollado a niveles binacional, subregional y regional, logrando fortalecer sus vínculos políticos y comerciales, y negociando paralelamente acuerdos de cooperación. Centrando nuestra atención en las relaciones biregionales, no cabe duda de que las mismas surgen gracias a una determinada coyuntura histórica. El proceso de pacificación de Centroamérica, así como las transiciones del autoritarismo a la democracia del Cono Sur en los años ’80, desafiando la estrategia de signo contrario de la Administración Reagan, habilitaron una creciente institucionalización de las relaciones entre nuestro continente europeo por un lado, y América Latina y el Caribe por otro. Gracias a la creación – en 1986 - y posterior participación de toda América Latina y el Caribe en el llamado “Grupo de Río” y en las Cumbres UE-Grupo de Río, se irían forjando progresivamente los lazos entre ambas orillas del océano Atlántico.

Estos lazos estrechos repercutirán positivamente en la evolución de las dos regiones, tanto desde el punto de vista de la estabilidad política como desde la vertiente del progreso socio-económico. Tan es así, que la Unión Europea se ha ido consolidando como el segundo socio comercial y el primer inversor en la región de América Latina y el Caribe. En este sentido, y adoptando una visión evolutiva de los hechos, los intercambios comerciales entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe han ido aumentando notablemente desde 1980, aunque la mayor parte de su aumento se ha producido durante la última década. Así, en 2002, las importaciones de la Unión procedentes de América Latina y el Caribe ascendieron a 53.700 millones de Euros y las exportaciones a esta región supusieron 57.500 millones de Euros . Si se examinan más de cerca las tendencias que siguieron los intercambios comerciales durante los últimos 5 años, se deberá subrayar que las importaciones de la Unión Europea procedentes de América Latina y el Caribe han aumentado con mayor rapidez que las exportaciones de la Unión hacia la región, que ha estado reduciendo de este modo de manera constante su déficit comercial con la Unión Europea.

Las productos principales exportados por América Latina y el Caribe hacia la Unión Europea son principalmente productos agrícolas, aunque también se exporta material de transporte y energía. La estructura de las exportaciones de América Latina y el Caribe no está todavía muy diversificada y sigue dominada por los productos agrícolas. Todo ello explica, como se verá más adelante, las dificultades por concluir definitivamente el Acuerdo de Asociación Unión Europea-Mercosur. La “Política Agrícola Común” (PAC) comunitaria trata precisamente de proteger por la vía de las subvenciones y de la protección arancelaria los productos agrícolas producidos por los Estados miembros de la Unión. El fracaso de Cancún que se enmarca dentro de la Ronda de Negociaciones de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC), encuentra una de sus explicaciones en este enfrentamiento UE-América Latina y Caribe. Las exportaciones de la Unión Europea, por su parte, han sido tradicionalmente más variadas, siendo los principales productos maquinaria, material de transporte, así como productos químicos.

Adoptando, en segundo lugar, la perspectiva de las inversiones, hay que resaltar que la Unión Europea ha sido tradicionalmente el primer inversor en la región. Las inversiones extranjeras directas europeas alcanzaron su punto máximo en el 2000, y se han reducido desde entonces. España se convertiría, por su parte, en 1999 en el primer inversor mundial en la zona, por delante de los Estados Unidos. No obstante, la inversión europea acumulada en América Latina y el Caribe sí ha ido aumentando, superándose en el 2002 los 200.000 millones de Euros.

Haciendo hincapié, por último, en la vertiente clásica de la cooperación al desarrollo, habría que resaltar que la Unión Europea es el principal donante de América Latina y el Caribe, prestando ayuda en forma de subvenciones y préstamos. Al margen de las contribuciones de los Estados miembros de la Unión, desde 1996 el presupuesto comunitario viene destinando a América Latina más de 500 millones de Euros al año. Junto a las aportaciones consagradas en el presupuesto, tampoco se debería subestimar la importancia del nivel de colaboración entre la Comisión y las principales instituciones internacionales en este ámbito. En este sentido, estas instituciones (a saber, Banco Europeo de Inversiones, Banco Mundial o incluso la estrecha cooperación que existe en ocasiones con el Fondo Monetario Internacional) se erigen como socios adicionales para llevar a buen término la política europea de cooperación, centrándose, como tales, en la formulación de proyectos de interés común, como la lucha contra la pobreza y la consolidación de la democracia.

La Unión Europea y América Latina y el Caribe llegan en un momento especial de sus relaciones a la “cita de Guadalajara”, lo que subraya nuevamente la importancia del evento . En primer lugar, hay que advertir que la UE trata de reforzarse como potencia política y económica mundial. La reciente ampliación a 25 Estados miembros, así como la elaboración definitiva de un auténtico marco jurídico plasmado en los preceptos de la Constitución Europea, son ejemplos ilustrativos en este sentido. Por otro lado, América Latina y el Caribe pasan por una crisis de consolidación de sus avances políticos y económicos en un número importante de países. El fenómeno del populismo que se vislumbra en determinados Estados; la inestabilidad que siguen ocasionando agentes paraestatales en el interior de los Estados democráticos; o las crisis económicas cíclicas que han afectado a un gran número de Estados de la región, está poniendo en cuestión el papel de América Latina como actor internacional.

Además, ambas partes – tanto la Unión Europea como América Latina y el Caribe – se enfrentan con las negociaciones sobre la seguridad, en particular con las concepciones que tiene en esta materia los Estados Unidos. También deben abordar el capítulo comercial después del fracaso que supusieron en el seno de la OMC las negociaciones en Cancún, continuación de la Ronda iniciada en Doha (Qatar). Finalmente, ambas partes tratan de esforzarse en mantener vigente la relación con los Estados Unidos en el marco del denominado “Triángulo Atlántico”, manteniendo las diferencias en política internacional y la estrecha dependencia, particularmente económica y militar, que los vincula.

La III Cumbre UE-América Latina y Caribe celebrada en Guadalajara (México) el 28 y 29 de mayo pasados, trata de consolidar y profundizar la “Asociación Estratégica” entre ambas orillas del Atlántico, tal y como subraya el primer punto de la llamada “Declaración de Guadalajara”. La Cumbre de Guadalajara sigue el mismo formato y dinámica que las dos Cumbres precedentes – la de Río de Janeiro de junio de 1999 y la organizada por la Presidencia europea española en mayo de 2002 - aunque tratará de fijarse objetivos cada vez más delimitados. Además, hay que tener en cuenta la nueva coyuntura histórica en que se produce la referida Cumbre, ya que será la primera vez que la Unión Europea acuda a la cita con 25 Estados miembros, fruto de la reciente ampliación hacia el Este.

La ampliación ha sido contemplada con reticencias desde la otra orilla del Atlántico . Los lógicos esfuerzos de cohesión a los que se verán sometidos los Estados miembros, podrían conducir a medio plazo a que Europa dé su espalda a América Latina, preocupándose por la evolución socio-económica y la estabilidad política de sus propios socios comunitarios. No obstante, no habrá que olvidar que la ampliación refuerza el papel y la posición de la Unión en el mundo, influyendo, por consiguiente, también positivamente en las relaciones de amistad y cooperación que mantiene con sus socios, entre otros, con América Latina y el Caribe. Así, desde un punto de vista estrictamente comercial, los países socios de la Unión se beneficiarán con su ampliación de un mercado común ampliado, con la aplicación de un conjunto de normas comerciales comunes, derechos aduaneros idénticos y procedimientos administrativos unificados en el territorio de 25 países. Por otro lado, y desde un punto de vista político, al aumentar la potencia y la cohesión de la Unión y su influencia en el plano internacional, la ampliación reforzará la posición de la Unión Europea frente al reto de la globalización, lo que permitirá reforzar y defender el modelo social europeo. En el plano internacional, el peso de la UE ampliada beneficiará a sus socios, entre los que se encuentran los países de América Latina y el Caribe, cuando sea necesario defender conjuntamente los valores comunes compartidos y la importancia del multilateralismo.

El objetivo primordial de la III Cumbre UE- América Latina y Caribe ha sido el de profundizar la “Asociación Estratégica” biregional, en un momento en el que parece haber un desgaste del mecanismo de reuniones cumbre. Persiguiendo precisamente un fortalecimiento del formato Cumbre para años venideros, se propuso por parte de determinadas delegaciones la institucionalización de las mismas por la vía de la creación de una Secretaría General con sede en Madrid. No obstante, esta idea no logró el suficiente apoyo para plasmarse entre los puntos que destaca como prioritarios la “Declaración de Guadalajara”. Por otro lado, cabe resaltar la ausencia de distintos Jefes de Estado y de Gobierno por motivos varios. Así, tanto los Primeros Ministros Tony Blair (Reino Unido) y Silvio Berlusconi (Italia) faltaron a la citada Cumbre. Por otro lado, también cabe resaltar la ausencia de gobernantes latinoamericanos, entre ellos Fidel Castro, el Presidente peruano Alejando Toledo o el argentino Néstor Kirchner.

De la “Declaración de Guadalajara” acordada por parte de los Jefes de Estado y de Gobierno al término de la Cumbre UE-América Latina y Caribe se desprenden 3 prioridades principales, a saber, la importancia del multilateralismo ante las amenazas y desafíos globales que caracterizan nuestros tiempos; la cohesión social como uno de los instrumentos para erradicar la pobreza, la exclusión y la desigualdad, que suponen afrentas a la dignidad humana; y el fomento de las relaciones biregionales que se proyectan a través de los acuerdos entre la Unión Europea y las subregiones de América Latina y el Caribe.

El multilateralismo es, en efecto, esencial para el logro de la paz y la seguridad internacionales, el desarrollo sostenible y el progreso social. Afirma el 10º punto de la “Declaración de Guadalajara” que los Estados comparten“ la creencia fundamental en el sistema multilateral de seguridad colectiva consagrado en la Carta de las Naciones Unidas”. Además se subraya “el firme apoyo a los órganos de las Naciones Unidas en el ejercicio de sus plenas responsabilidades, funciones y poderes de acuerdo con la Carta”. No cabe duda de que la expresa referencia al esquema de seguridad colectiva consagrado en la Carta de las Naciones Unidas se debe interpretar teniendo presentes las divisiones que suscitó la intervención en Irak. Teniendo en cuenta estos mismos acontecimientos, se condena enérgicamente todas las formas de abuso, tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes contra las personas, incluyendo los prisioneros de guerra. También se expresa la más profunda solidaridad con las víctimas del terrorismo y sus familias, incluyendo aquellos que sufrieron los ataques terroristas en Madrid el 11 de marzo de 2004.

Aparte de abogar y promover el multilateralismo, la Unión Europea y América Latina y el Caribe – teniendo como trasfondo la inoperabilidad manifiesta de las Naciones Unidas en crisis anteriores como Kosovo o el propio Irak – reconocen la necesidad de hacer más ágil y efectivo el sistema multilateral. En este sentido, destaca el compromiso por reformar y revitalizar las Naciones Unidas, incluyendo la Asamblea General y el Consejo de Seguridad .

“El nivel actual de marginación social en América Latina y el Caribe es insostenible” . Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina es la región del mundo con mayores desigualdades; en el 2003, casi el 45% de su población vivía en la pobreza. Más allá de las consideraciones morales, la exclusión social es causa subyacente de las crisis políticas que frecuentemente se producen en América Latina. Siguiendo este mismo razonamiento, un estudio reciente del PNUD, financiado por la Comisión Europea, ha destacado que los países democráticos de la región están perdiendo el apoyo de sus ciudadanos debido a las desigualdades y la falta de creencia en las instituciones democráticas del Estado. Esta situación llegaría al extremo de que la mitad de los ciudadanos latinoamericanos respaldarían a un gobierno autoritario si éste solucionara sus problemas económicos.

Ante esta circunstancia, la Unión Europea reitera su compromiso por alcanzar los denominados “Objetivos del Milenio” para el año 2015, subrayando su determinación de construir sociedades más justas a través del fortalecimiento de la cohesión social, teniendo especialmente en consideración el principio de responsabilidad global común. Según se hace hincapié en el apartado 40 de la Declaración, “se reitera la responsabilidad primaria de nuestros Gobiernos, junto con sus sociedades civiles, de dirigir procesos y reformas orientadas a aumentar la cohesión social, a través del combate a la pobreza, la desigualdad y la exclusión social”.

Uno de los resultados inmediatos fruto de la pasada Cumbre de Guadalajara ha sido la adopción del Programa EUROsociAL, cuyo objetivo es promover intercambios de experiencias, conocimiento especializado y buenas prácticas en el campo social entre las dos regiones, en particular en los sectores educativo y de salud, que son fundamentales para aumentar la cohesión social. El BID contribuirá a lo que debe ser un esfuerzo conjunto, aportando cooperación técnica y apoyo financiero. El Programa EUROsociAL se une así a otras dos grandes iniciativas biregionales lanzadas con ocasión de la pasada Cumbre de Madrid el 17 y 18 de mayo de 2002. En esa ocasión, la Comisión Europea puso en marcha dos grandes programas en los sectores prioritarios de la educación y la sociedad de la información; de esta forma, el Programa ALBAN proporciona becas de tercer ciclo a los estudiantes de América Latina que desean estudiar en Europa, mientras que el Programa @LIS está destinado a fomentar el uso de las tecnologías de la información y la comunicación.

Finalmente, hay que resaltar la vertiente de la integración regional y de los acuerdos de asociación como una de las prioridades básicas para tratar de encauzar las consecuencias de la globalización. La historia europea reciente pone ampliamente de manifiesto los beneficios que derivan de la creciente interdependencia entre vecinos como fórmula para garantizar la paz y el desarrollo económico. Los Acuerdos de Asociación con México en el 2000 y con Chile en el 2002 han supuesto verdaderos hitos en las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe. El establecimiento de Acuerdos de Asociación con dos de los países latinoamericanos con mayor experiencia y capacidad para relacionarse con Estados y economías desarrolladas, constituye una oportunidad para que el resto de los países de la región puedan comprobar las ventajas que tienen estos acuerdos, por integrales, respecto a los simples tratados de libre comercio

En la Cumbre de Guadalajara se avanza en el proceso de negociación para el Acuerdo de Asociación Interregional entre la Unión Europea y el MERCOSUR. Aunque las negociaciones entre ambos bloques regionales comenzaran ya hacia la segunda mitad de los años ’90, no será hasta la Cumbre de Guadalajara pasada cuando se vislumbre verdaderamente la posibilidad de concluir el Acuerdo de Asociación. Salvándose las reservas fundamentalmente de Brasil en el capítulo agrícola, se podría concluir formalmente un Acuerdo de Asociación UE-MERCOSUR en octubre de 2004. También se realizaron progresos en materia de relaciones de la UE con Centroamérica y la Comunidad Andina. Después de la conclusión de sendos Acuerdos de Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea y las regiones de Centroamérica y la Comunidad Andina el 15 de diciembre de 2003 en Roma, se lanza la señal positiva para comenzar a negociar los Acuerdos de Asociación. No obstante, el proceso negociador dependerá de una valoración conjunta de los respectivos procesos de integración económica de Centroamérica y la Comunidad Andina; además, cualquier futuro acuerdo se realizará construyendo sobre los resultados de trabajo de la Ronda de Doha y la realización de un nivel suficiente de integración económica regional. En la Cumbre de Guadalajara también se han adelantado los trabajos para la conclusión de un Acuerdo de Asociación Económica entre la Unión Europea y los países del Caribe. Estas negociaciones se enmarcan dentro del Acuerdo de Cotonú concluido por la Unión Europea con los países ACP en materia de cooperación al desarrollo.

A modo de conclusión se podría subrayar que la construcción de esa “Alianza Estratégica” entre nuestra Unión Europea y América Latina y el Caribe en la que ya incidiera la Cumbre de Madrid en mayo de 2002 se ha visto expuesta últimamente a una serie de desafíos e imponderables de las relaciones internacionales. La lucha contra el fenómeno del terrorismo internacional; las crisis económicas cíclicas; la sensación de descontento y falta de apoyo de las instituciones democráticas; o la propia erupción nuevamente del populismo en América Latina, son todos ejemplos ilustrativos de las incertidumbres y desafíos que caracterizan las relaciones internacionales de este nuevo siglo XXI. No obstante, frente a este aparente pesimismo, no hay que subestimar la importancia y el significado último de las Cumbres Iberoamericanas. Las mismas deberían ser concebidas como una “herramienta fundamental” para crear una verdadera “Iberoamérica de los ciudadanos”, dotándolas de poder de decisión y aumentando la cohesión social. En este sentido, las relaciones UE-América Latina y Caribe no deben limitarse a hacer frente a problemas de urgente solución – como la seguridad global o los efectos de una crisis económica - sino que deberán incluir el apoyo y el incentivo a las reformas que se estén llevando a cabo en las diferentes regiones. Adoptando esta perspectiva, la Unión Europea y América Latina se acercarán cada día más a esa deseada “Asociación Estratégica”. La IV Cumbre UE-América Latina y Caribe que se celebrará en Viena el 12 y 13 de mayo de 2006 podría dar fe de este hecho.

Madrid, 15 de julio de 2004

 

Alberto Aguilera 7 - 6º dcha. 28015 Madrid (España)

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