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NUEVO ENTORNO ESTRATÉGICO
El Autor
Índice
I. Introduccion En la primera parte de estas páginas expondré sucintamente
II, Adiós al viejo orden Como sabemos, se trataba de un orden relativamente simple dos campos de ideologías enfrentadas, dos superpotencias nucleares sobrearmadas, una situación de vulnerabilidad mutua, un conjunto desigual de aliados en cada parte, unas fronteras bien delineadas defendidas, una serie de problemas supeditados a la estabilidad estratégica, a la relación entre los grandes. En suma, un mundo confrontación ideológica y militar, un mundo instalado confortablemente en eso que Hermán Kahn llamó "el delicado equilibrio del terror". Pues bien, como igualmente sabemos, ese orden de estabilidad inestable saltó por los aires a finales de 1989, cuando, bajo empuje de unas masas deseosas de disfrutar del consumo occidental y hartas de los repetidos fracasos de los totalitarismos de corte soviético, cayó el infame muro de Berlín, kilómetros de hormigón armado que desde los añios 60 materializaba aquel telón de acero que se refiriera, en su tristemente premonitorio discurso de Fultón Wastón Churcníll. A partir de ese momento, noviembre de 1989, se va a producir una
radical transformación del mapa político y, en tanto que reflejo militar,
del orden estratégico en Europa. Lo que pare impensable va a hacerse
realidad vertiginosamente: cae el muro
En fin, en menos de seis meses el comunismo sufrirá una derrota histórica en aquellos países donde había sido implantado gracias a los tanques del Ejército Rojo, puesto que allí donde la gente pudo votar con libertad sólo consiguió el descalabro electoral, y en poco más de un año, las fuerzas avanzadas de la Unión Soviética tendrán que replegarse a su país al no querer ninguna de las nuevas democracias contar con su presencia. Desde luego que este giro revolucionario de la Vieja Europa fue posible sólo cuando el poderío de la Unión Soviética dio muestras palpables de descomposición. Las exigencias de las reformas en el seno de la Unión Soviética y la necesidad para Moscú de un progresivo entendimiento con el mundo occidental, dependiente como era de las ayudas extranjeras, volvían impracticable una medida de fuerza por muy amparada que estuviera en la doctrina Breznev de defensa del campo socialista. De ahí la famosa "doctrina Sinatra" formulada por el entonces portavoz de Exteriores, Gennadi Guerasimov, según la cual cada país llevaría adelante sus reformas "a su manera". La Unión Soviética reconocía su fracaso frente al capitalismo, Que Europa y el mundo se quedaran sin el polo opuesto de referencia conllevaba tales implicaciones que no es de extrañar que tras largas décadas de vivir constantemente bajo la amenaza del holocausto nuclear, líderes y masas, sufriendo de la fatiga de la guerra fría, se encandilaran con las promesas de un nuevo orden, de una nueva arquitectura europea, más allá de los bloques, por encima de la confrontación. No es ilógico, por tanto, el auge de autores como Francis Fukuyama quien, dijera lo que quisiera en su breve artículo "¿El final de la Historia?", sirvió de justificación de todos aquellos deseosos de cobrarse rápidamente, casi anticipadamente, los dividendos de la paz pues, al fin y al cabo, si el enemigo ha muerto y el triunfo del liberalismo está asegurado, ¿por que no convertir las bases militares en áreas de recreo y esparcimiento, por qué no reducir al mínimo los gastos militares, por qué no desmantelar la defensa? Ciertamente, la imagen placentera y paradisíaca del porvenir que nos pintaba esa visión complaciente de los hechos, el llamado neoliberalismo optimista, se vería sacudida el 2 de agosto de 1990, cuando Saddam Hussein invadiera el emirato de Kuwait. Es verdad, la toma de conciencia de la fragilidad de la paz fue súbita aunque, no obstante, en la medida en que Kuwait e Irak eran naciones bien alejadas de nuestro continente -¿no hablaba Fukuyama de los pueblos que continuaban anclados en la Historia?- la idea de que Europa podía ser una burbuja de tranquilidad en medio de un mar de riesgos y peligros se admitía generalizadamente. De ahí las celebraciones casi simultáneas -y esquizofrénicas- de la cumbre de todos los europeos para firmar la Carta para una Nueva Europa y del final de la construcción operativa del "Escudo del Desierto". La primera, en París; la segunda, en Arabia Saudí. Incluso la guerra en el Golfo, la operación "Tormenta del Desierto", no
hizo sino reforzar, paradójicamente, el oportunismo histórico, elevándolo
en su amplitud de europeo, como hasta entonces, a mundial. ¿No había
vencido la coalición internacional, esto 11 1990 fue, por tanto, un largo año para el optimismo: de noviembre de 1989 a marzo de 1991- Sin embargo, los acontecimientos del verano del 1991 producirían un rápido enfriamiento de las expectativas generadas. Por un lado, el retraimiento de la Unión Soviética y la consiguiente "despresurización política" en lo que había sido su área de férrea influencia, hizo que las viejas tensiones étnico-nacionales de las minorías, así como el replanteamiento de las fronteras estuvieran a la orden del día. A veces, como en el caso de la explosión yugoeslava indicaba ya, de manera violenta. El fantasma de la guerra se cernía de nuevo sobre el continente. Por otra parte, el intento de golpe de estado de la Unión Soviética
puso de relieve, en un primer momento, la debilidad y las graves
incertidumbres sobre las reformas soviéticas. Posteriormente, sus
implicaciones darían la razón a los que afirmaban que el sistema soviético
no podía ser revisado en profundidad sin dejar de ser precisamente eso,
soviético. Así, la Unión Soviética desaparecería como tal en diciembre,
abandonada por algunas repúblicas, reconvertida en Comunidad de Estados
Independientes (CEI) por algunas otras. En cualquier caso, el proceso del
desmantelamiento soviético está lejos de concluir y, por lo que hemos
visto en lo que va de año, está repleto de trampas y riesgos
potenciales. ÍIL Colón 500 años después: e! Nuevo Mundo
La primera de todas, por sus profundas implicaciones, es que no va a haber ningún nuevo orden mundial, o arquitectura, o sistema, porque nadie puede garantizar por sí mismo tal cosa. Los Estados Unidos, la única superpotencia en activo fueron capaces, es verdad, de oponerse y vencer a Irak en el Golfo, pero también es cierto que necesitaron una justificación política internacional a través de Naciones Unidas y, sobre todo, pasar la gorra entre sus socios y aliados a fin de costearse la acción militar. Es más, Norteamérica parece sumida en una creciente crisis de identidad producto de sus problemas internos, el primero de ellos, el galopante déficit exterior, pero también sus cuestiones educativas y sociales. Como frecuentemente se le recuerda al presidente Bush en su campana electoral, para ordenar el mundo hay que arreglar antes la casa propia. En cuanto a la antigua Unión Soviética, al Este, nada indica que a
medio plazo apunte a su reconstrucción nacional y pueda jugar, libre de su
actual impotencia, un papel destacado en el con- cierto mundial. Si
todavía es importante el peso de Rusia y del resto de las repúblicas
ex-soviéticas, no es por la proyección de influencia política y militar
que ejercen sobre los demás países, sino por los riesgos que conllevaría
una implosión más acentuada de sus sistemas de gobierno. Si hoy las armas
nucleares rusas -o ucranianas, O kazakas- són temidas, no se debe a que se
piense en un ataque deliberado contra el mundo occidental, sino por el
espectro de 13 En segundo lugar, y a diferencia del viejo orden, el poder en el nuevo mundo no estará en proporción directa al número de misiles y cabezas nucleares. Para entender la emergente jerarquía de naciones no habrá que mirar a los arsenales nucleares ni a las fuerzas convencionales, sino a la economía. En el hemisferio Norte, como ya experimentan los americaños , quién controla la deuda de quién será una arma decisiva; exportaciones y una moneda estable, como disfrutan los alemanes, también. Cabe añadir, ademas, que los países ricos pasan por una mutación cultural que hace del recurso a la fuerza una opción indeseable, legítima, aunque sujeta a grandes controversias nacionales, sólo cuando los más altos intereses de la nación están en juego. Y a veces, ni eso. Desde una óptica circunscrita al mundo adelantado, la desmilitarización del pensamiento es un hecho. Nadie en su sano juicio propondría declarar la guerra contra los Estados Unidos porque cierren sus fronteras al calzado mediterráneo; como nadie en Londres o Dinamarca podría pensar en una acción bélica contra Bruselas para detener el proceso de integración europea. En tercer lugar, el nuevo mundo no se promete, muy a pesar nuestro, como un paraíso libre de conflictos. Bien al contrario. Aunque no sea hoy por hoy pensable dirimir querellas comerciales por las armas, sabemos tristemente que sentimientos nacionalistas pueden radicalizarse y convertirse, a pesar de todos los llamamientos e intentos de mediación, en sangrientas luchas. De hecho, desde hacía 40 años, nunca Europa había sufrido tantas guerras abiertas simultáneamente: Serbia contra sus vecinos; Armenia y Azerbayán sobre Nagorno-Karabaj; georgiaños contra osetios, moldavos y rusos... Finalmente, el nuevo mundo promete el avance del Sur frente al Norte,
no en el terreno económico, puesto que muchos de los países pobres de hoy
serán todavía más pobres mañana, pero sí en el terreno demográfico y, más
peligrosamente, en el militar, 14 En primer lugar, pues, la proliferación nuclear. Cuando a mediados de los años 60 se negociaba el texto del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que un país llegara a convertirse en muna potencia nuclear se veía como un proceso lento, técnicamente complejo y financieramente costoso. El articulado del propio TNP y las salvaguardas que se creaban para el control del material fusible por parte de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) podrían, aparentemente, detectar con gran antelación la investigación nuclear con fines militares en cualquier país signatario. De hecho, el mundo ha logrado vivir desde entonces con una proliferación muy limitada: sólo los Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido, Francia y China adquirían paulatinamente capacidades bélicas nucleares, mientras que la India realizaba explosiones formal, aunque engañosamente, con fines pacífícos. Después, pocos países són sospechosos de poseer ingenios nucleares, como Israel y Pakistán, aun cuando algunos más se han encontrado o se encuentran en los umbrales de la carrera nuclear, tales como Corea del Norte, Sudáfrica, Argentina, Brasil e Irak. Es más, en el último año se han dado pasos importantes que parecían
alejar el espectro de la proliferación. Por un lado, Sudáfrica se adhería
al régimen del TNP; por otro, Francia también anunciaba .su firma del
Tratado; a su vez. Argentina y Brasil conseguían 15 Paradójicamente, la tentación de proliferar, lejos de disminuir, no ha hecho sino volverse más patente en distintas zonas del globo. Es más, con la desintegración de la Unión Soviética y la debilidad endémica de la CEI, la posibilidad de que junto a la vía lenta a lo nuclear se abra una puerta a la adquisición rápida de conocimiento, componentes y armas, el fantasma de una proliferación súbita comienza a asustar. Pero vayamos por partes. A finales de octubre de 1991, las últimas unidades de la todavía flota
soviética en el Mediterráneo (SOVMEDRON), escasas de combustible y
recursos para su sostenimiento, se preparaban para abandonar sus
instalaciones en Libia y retirarse a sus puertos en el mar Negro. Poco
antes de su partida desde el puerto de Tobruk, los almirantes soviéticos
recibieron la inesperada visita del líder libio, Muamar el Gaddafi. No se
trataba de una cordial visita de despedida. Aparentemente, según informes
no confirmados de los que se ha hecho eco la prensa británica, Gaddafí
intentó comprar un submarino de la clase Yanki, armado con misiles
estratégicos, por el que ofreció a los mandos soviéticos mil millones de
dólares. Igualmente, realizaría otra oferta, ésta de 200 millones, por la
adquisición de un submarino nuclear de ataque. Sea exacta o no, la verdad es que la historia merece cierta atención, y
no sólo por LÍbia, de quien, al fin y al cabo, se conocen sus intentos
ocultos por comprar cabezas nucleares a China desde 16 La Guerra del Golfo parece tener un papel relevante en la nueva fiebre proliferadora. Es verdad, los ejércitos occidentales obtuvieron una clara superioridad humana, organizativa y de material frente a Irak, pero de ahí los países árabes parecen haber sacado una conclusión muy distinta a la de los occidentales. Cierto, se han dado cuenta de que nunca podrán competir con los desarrollados en el terreno del armamento convencional sofisticado, donde, a pesar del sostenido esfuerzo militar de los SO, todavía siguen a años luz de distancia. Es más, la crisis económica que padecen vuelve imposible que puedan gastarse las crecientes sumas que exigen unas fuerzas convencionales modernas. Por lo tanto, si quieren evitar una derrota humillante como la infligida a Bagdad, les es necesario poseer unos medios que sí influyan en los occidentales por su capacidad de disuasión. Nada mejor para ello que las armas de destrucción masiva y, en particular, las nucleares. Desde el punto de vista estratégico occidental puede parecer absurdo,
puesto que ni siquiera en lo nuclear podrían llegar a competir seriamente
en los números. Sin embargo, qué duda cabe de que la estrategia francesa
del débil al fuerte sí tiene su sentido. Es más, tanto el presidente Bush
como el presidente Miterrand declararon públicamente durante la operación
Tormenta del Desierto que nunca utilizarían armas nucleares contra Irak,
ni siquiera como represalia por el uso de armas de destrucción masiva
-químicas en concreto- contra la coalición internacional. En segundo
lugar, cuando se trata de armas nucleares, el balance militar no se debe
medir por el simple equilibrio de fuerzas, sino más bien por una
comparacion 17 El mundo avanzado es, en la práctica, un mundo post-nuclear. Como se decía, los arsenales nucleares existían para no ser usados. Igualmente, la perspectiva del desarme está siempre presente, sobre todo tras las ambiciosas propuestas del presidente Bush en septiembre pasado. Es más, el papel del armamento nuclear, otrora signo de potencia y prestigio, pasa a contar cada vez menos en la reordenación de las naciones en el nuevo orden internacional. Por contra, gran parte del hemisferio sur, los países del Tercer Mundo, viven todavía en un mundo pre-nuclear. Y las ambiciones nucleares vuelven las tentaciones irresistibles. Si el porqué de la proliferación es discutible, sobre el cómo hay más acuerdo. Dos son, al menos, las vías de la proliferación súbita. En primer lugar, la aparición de nuevos Estados nucleares, consecuencia de la desintegración de la débil CEI. Como se sabe, cuatro ex-repúblicas soviéticas guardan misiles nucleares estratégicos, mientras que al menos Otras cuatro más también almacenan cabezas tácticas. Hasta ahora las armas nucleares, sobre todo en Ucrania, han sido usadas como parte importante de la negociación entre las autoridades nacionales y las rusas, y no parece que el gobierno ucraniano aspire a poseer capacidad nuclear estratégica en el futuro; distinto se presenta el caso de Kazajstán, donde sus autoridades no han denunciado la posesión de armas nucleares y cuyas ambiciones pueden ser fuertes. La segunda vía también tiene que ver con la desintegración política
primero de la Unión Soviética y, después, de la CEI: la
18 Irak era un país signatario del TMP y que aceptaba las inspecciones regulares de la AIEA -que, dicho sea de paso, nunca encontraron nada sospechoso-. Y sin embargo, Saddam Hussein se dedicaba secretamente a perseguir por varios métodos el material necesario para un bomba nuclear. Para ello, utilizó tecnologías convencionales -consideradas obsoletas por muchos- no específicas para la producción de plutonio y cuyos componentes mecánicos se encuentran al margen de restricciones internacionales, tal como los utilizados en la separación electromagnética de isótopos. Igualmente, fue capaz de ocultar a la AIEA la producción de material enriquecido, plutonio y lítio (cuya única finalidad es la militar), en sus plantas nucleares sometidas a inspecciones. Por su parte, las nuevas tecnologías de reprocesado y enriquecimiento
del material fisible volverán cada vez más compleja la detección de
violaciones del TNP. Por un lado, los grandes complejos de reprocesado
franceses, británicos y japoneses permiten una producción diaria de
plutonio muy superior a la actual y, en consecuencia, acortando los plazos
para la consecución de los 6 ú 8 kilos necesarios para una bomba. Por
otro, los procedimientos de separación de isótopos por láser y centrífugas
permiten reducir sustancialmente la energía inicial del proceso y, por
ende, reducir la talla de las instalaciones, dificultando su localización
o s u designación. Así por ejemplo, la planta de investigación nuclear en
construcción a unos 200 kilómetros al sur de Argel cuenta con una potencia
declarada de 15 megavatios aunque las fotografías por satélite llevan a
pensar que por su tamaño el rendimiento puede ser, en realidad, el 19 Permítaseme un pequeño paréntesis para aclarar el ejemplo En un intento de calmar a sus vecinos, el antiguo gobierno de Argelia anuncio que sometería su instalación a las inspecciones de la AJEA, pero ya sabemos, tras el caso de Irak, que las salvaguardas y provisiones del TNP siempre impiden la proliferación si de verdad se busca. Parece claro que, con los actuales controles, si un país quiere hacerse con capacidades bélicas nucleares y está dispuesto a invertir su dinero y esfuerzos en ello, puede hacerlo, independientemente de ser signatario o no del TNP. En el nuevo mundo hacia el que caminamos, la proliferación opaca será un hecho de no adoptarse ahora las medidas oportunas. Y un Sur nuclear significa, cuando
20 El segundo conjunto de problemas "externos" al Viejo Continente afectan a la seguridad pero són de naturaleza claramente no militar. Por un lado está la galopante demografía del Tercer Mundo unida a la condición de pobreza estructural de muchos de esos países; por otro, la emergencia y propagación de movimientos religiosos radicales que ponen en peligro las frágiles instituciones políticas gobernantes. Europa se encuentra así rodeada de auténticas bolsas de inestabilidad. El hecho de que el Norte de África esté a tan sólo l4 kilómetros de las costas españolas no puede dejarnos indiferentes. Efectivamente, aunque no es clara ni unívoca, no cabe duda de que existe una sutil relación entre población y poder. En 1950 España contaba con una población de 27'9 millones; Egipto tenía 20'3, Marruecos, 9, y Argelia, 8'8. En 1988 Egipto ya ocupaba el primer puesto, con 5Ó'3 millones de habitantes; España el segundo, con 38'9, seguida de Argelia, 23'9, y Marruecos, 2 3'5. En el 2025, proyecciones moderadas realizadas por las Naciones Unidas estiman que Egipto tendrá 90'4 millones; Argelia, 50'6, Marruecos, 40, y España, 38, algo menos incluso que hoy. En efecto, la media del crecimiento de la población en los países del Magreb -que ha caído notablemente en lo últimos años- se sitúa hoy en el nivel del 3%, mientras que en la Comunidad es del 0'8%, bien por debajo de la tasa de reposición. La disparidad en los nacimientos entre el Norte rico y el Sur pobre explica que en elaño2025 la Comunidad contará con 326 millones de habitantes (tan sólo 2 más que en la actualidad) mientras que el Norte de África habrá doblado su potencial humano, desde los presentes 184 millones a los: 350, sobrepasando por primera vez al Norte. Estas cifras dan de por sí un cuadro muy diferente al que hoy tenemos,
pero encierran aún aspectos más inquietantes: dos. Tercios de la población
argelina de hoy tiene menos de 25 años y la pirámídes 21 De hecho, es de temer que la situación económica de estos países no
haga sino empeorar con el paso del tiempo. Una política totalmente
inadecuada de industrialización durante los años 70 y 80, ligada a una
urbanización salvaje, han llevado a un abandono de la agricultura y a una
dependencia de las importaciones de ciertos productos básicos.
Paralelamente, la integración de Grecia, España y Portugal en la Comunidad
conllevó una agudización de la crisis del sector exportador por excelencia
del Norte de África, la agricultura, volviéndola aún más ineficiente. Si a
todo ello se suma la reducción de las inversiones en la zona, así como una
pésima distribución de la riqueza (agravadas por un sostenido esfuerzo
militar), Cuando además la distancia entre el Norte y el Sur, lejos de
estrecharse, parece agrandarse, la presión para escapar de la pobreza
buscando la riqueza o mejores expectativas de vida allí donde es posible
se incrementa. La emigración a la Europa rica no es algo desconocido ni
nuevo. Sin embargo, él volumen de inmigración al que se pueden llegar a
ver sometidos los europeos en los próximos años hace que dicho fenómeno
sea un problema agudo. Flujos migratorios de millones de jóvenes del Sur
al Norte, justo cuando Europa Occidental debe encarar también la
posibilidad de cientos de miles de refugiados de las repúblicas de la
antigua Yugoslavia o la potencial emigración de las ex-repúblicas
soviéticas, no pueden
22 Por otro lado, ese descontento social puede acabar con la frágil
legitimidad de los actuales gobernantes en varios países del Norte de
África. El golpe de estado en Argelia es bien sintomático de la lucha
entre radicales, religiosos y laicos, que sólo se sabe resolver
temporalmente por la fuerza. Si el fundamentalismo se enquistase en
Argelia y se expandiera por la zona, Túnez y Marruecos también podrían ver
en peligro sus sistemas políticos. Cómo afectaría esto a Europa está
abierto a discusión, pero que tendría un impacto altamente negativo sobre
nuestro país parece claro, sobre todo si se tienen en mente Ceuta y
Melilla.
IV. España y el nuevo mundo: la hipoteca socialista 24 El pasado 21 de febrero se aprobaba la nueva Directiva de Defensa Nacional -unas pocas páginas que sirven de inspiración para el desarrollo posterior de la política de defensa y militar-. Las grandes innovaciones, tal y Cómo las ha recogido la prensa, se reducen a la adecuación de nuestros ejércitos a las nuevas estructuras preconizadas por la OTAN , esto es, contar con un núcleo verdaderamente operativo, un ejército de maniobra y una reserva fácilmente movilizable. También se ha señalado que por vez primera se reconoce que España puede tener intereses más allá de sus fronteras políticas. Lo que no se ha dicho es que la Directiva, aparte de reflejar miméticamenté la reforma OTAN , encierra implícita una filosofía y una visión del mundo edulcorada y benigna, muy del gusto de Fukuyama. Es más, la Directiva parece olvidar los aspectos específicamente españoles de la seguridad, aún cuando frente a ciertos riesgos -¿sería demasiado osado hacer referencia a la seguridad de Ceuta y Melilla?- España no cuenta formalmente con mecanismos de seguridad colectiva en los qué apoyarse. Ahora bien, que el gobierno se muestre muy optimista ante los cambios internacionales no es de extrañar. Al menos es coherente con su política de progresivo desmantelamiento de la defensa española. Porque, se tome el indicador que se tome, esa parece ser la única línea coherente en materia militar del actual gabinete. Felipe González, y Narcís Serra y Julián García Vargas como sus ministros, han reducido a la mitad el esfuerzo defensivo nacional
24 foto
El desequilibrio interno más claro de ios sucesivos presupuestos de
defensa en los últimos años es, sin lugar a duda, el peso excesivo 25 de las partidas de personal respecto a las inversiones en material.
Lejos de haberse alcanzado la relación 40/60 en favor de éstas últi- mas,
año tras ano el personal ha ido comiendo terreno al material. Como se
aprecia en la Tabla II, de los 758.883 millones que España gastará en su
defensa durante 1992, cerca del 55% se dedicará a pagar a sus hombres,
soldados y oficiales. Del material, no es que vaya todo a pagar los
uniformes, pero sólo el 10% del gasto total se invertirá en
armas.
26
27 Efectivamente, desde que en 1984 el presupuesto de defensa adquiriera una distribución por programas, todas las inversiones en equipo están comprendidas en el denominado "Programa de Modernización de las Fuerzas Armadas". Dicho programa de tan ambicioso nombre, paradójicamente, no sólo se ha reducido en sus cantidades netas sino que ha ido también perdiendo protagonismo dentro del presupuesto de defensa, pasando del 29'8% en 1984 al mero 13'7% este año. Reducción más dramática cuanto que, siguiendo esa tendencia a primar el
órgano central, ha sido éste quien más se beneficiara de dicho programa,
aumentando en más de dos veces su participación en el mismo, tal y como
puede verse en la Tabla IV, foto Total 12y9 161't f74'3 IN'3 18^4 10^9 10^9 28 V. 1992^ la penuria militar En los últimos cuatro años, la Armada ha visto disminuir sus recursos en más de un tercio, pasando de contar con 198.000 millones de pesetas en 1989 a disponer de 131.000 en 1992. Lo que en términos reales equivale a una pérdida de su capacidad adquisitra de casi un 50%. En los programas de modernización, la Armada empleó en el trienio 1987-1989 un total de 177.000 millones, mientras que en los años 1989-1992 pudo gastar únicamente 114.000. En 1992, como reconocía el Almirante en jefe del mando del apoyo logístico de la flota en el Congreso de los Diputados, la Armada española se verá obligada a suspender buena parte de sus ejercicios básicos y a navegar por derrotas próximas a la costa debido a la falta de combustible, cuyos fondos se han reducido en un 30% para este año. Es más, tendrá que amarrar algunas de sus unidades secundarias por falta de dinero con que mantenerlas, puesto que la partida para ello también se ha rebajado en un tercio. Pero quizá lo más grave sea que deberá retrasar la adquisición de
nuevas unidades con las que se pretendía compensar la retirada de muchos
de sus buques, ya obsoletos tras 40 años de servicio. Con la retirada de
los destructores, España se ha quedado sin buques de escolta paa la década
de los 90, ya que la construcción de las fragatas JF-100 que debían paliar
estas bajas ni siquiera están programadas. El aplazamiento de los nuevos
cazaminas imposibilita este año la obligada sustitución de los existentes,
con más de 40 años de servicio y cuyo mantenimiento se hace cada día más
costosa 30 A su vez, el Ejército del Aire deberá encajar las actuales reducciones a su tradicional infradotación presupuestaria. Desde 1989 la capacidad adquisitiva del Ejército del Aire se ha reducido en más de la mitad; su programa de modernización ha pasado de los casi 54.000 millones de 1989 a los poco más de 29.000 millones para el corriente ejercicio, lo que en términos reales significa una reducción mucho más fuerte dado el elevado índice de inflación de los mercados aeronáuticos internacionales. A eso hay que añadir que la Fuerza Aérea española sufrirá una merma del 30% en su combustible, perderá en la práctica su aviación táctica por el retraso experimentado en el programa de modernización de su F-5 y verá reducida su aviación de combate al tener que dar de baja al Mirage III, del que también se ha suspendido la modernización. La flota de caza y ataque quedará, así, en torno a los 120 aparatos, cifra a todas luces insuficiente para los requerimien- tos nacionales. Por otro lado, la ralentización de la sustitución de los viejos Caribus por el CASA CN-235, afecta muy negativamente al proceso de renovación de nuestra aviación de transporte medio, justo en un momento en el que la movilidad es un factor esencial para los ejércitos. En fín, carente de sistemas de alerta y control embarcados, seguirá teniendo serias deficiencias en la cobertura y vigilancia del espacio aéreo nacional. De los 258.000 millones que el Ejército de Tierra consumía en 1986,
esto es, casi el 41% del presupuesto de defensa para ese año, se habrá
pasado a contar con 276.000 millones en este año, lo que significa una
pérdida real al quedar el aumento muy por debajo de la inflación
acumulada. Es más, el Ejército de Tierra pierde en relación a su
porcentaje del presupuesto de defensa que queda en el 31 Desgraciadamente, quienes más se van a resentír de los recortes del gobierno serán los reclutas, ya que no se mejorarán ni sus condiciones de vida, ni la habitabilidad, ni se les darán las 100.000 pesetas al mes prometidas por el Ministerio. No nos engañemos; con un mero 1'37% del PIB, ningún país podría hacer
otra cosa. Y, en ese sentido, los militares españoles no pueden hacer
magia. Descuidar tanto la defensa es grave, gravísimo, Pero lo peor de
todo es que no se trata de un sólo año de dejadez gubernamental; ya lo
hemos visto antes. La penuria de hoy es el resultado de los recortes
acumuladosañotras año en el último quinquenio y, de no poner urgentemente
un freno, invertir dicha tendencia va a resultar imposible. Es más,
incluso con ligeros incrementos del presupuesto de defensa será casi
imposible volver a dotar a la Fuerzas Armadas de la operatividad que
gozaban hace pocos años. 32 No es éste el momento de reproducir la polémica entre los partidarios del sistema como está y quienes apuestan por un ejército formado exclusivamente por voluntarios, bien recogida en unos cuantos trabajos al alcance de todos. Simplemente apuntar lo que me parece són las dos quiebras esenciales de la nueva ley del servicio militar que reduce el mismo a nueve meses: por un lado, es una ley que no ha conseguido mitigar en lo más mínimo el descontento de los jóvenes hacia la prestación militar forzosa. Bien al contrario, la consideración de que la "mili", por muy a la carta y corta que se quiera presentar, sigue siendo excesiva para las expectativas juveniles, no ha redundado más que en el aumento de la objeción de conciencia. Por su parte, siendo el servicio social sustitutorio también valorado como excesivo, el resultado indeseado no ha sido otro que el crecimiento desmesurado de la insumisión. El rechazo generalizado de la mili ya bastaba para obligar a una reflexión a toda las fuerzas políticas del país; el aumento de la objeción de conciencia era motivo de replanteamiento de la antigua Ley del servicio militar; pero que en este país haya miles de insumisos a los que a veces ni siquiera la justicia quiere penar exige un replanteamiento en profundidad de cómo extraer los hombres y mujeres que necesitan nuestras Fuerzas Armadas. Además, no se trata de un problema electoral o de simple normalización
social. Hoy por hoy, la "mili" obligatoria, sobre todo sí es de nueve
meses, merma la capacidad operativa de los ejércitos. 33 Es más, las reducciones en el tiempo de servicio no sólo afectan negativamente al volumen de las fuerzas, sino que tienen un impacto negativo en la eficacia individual del soldado al disponer de un período menor de adiestramiento y de familiarización con sus unidades. A su vez, la merma de la adecuación e integración individual del soldado repercute negativamente en la cohesión interna de las unidades, elemento esencial de la eficacia militar. En fin, si lo que queremos es un sistema en el que la mayoría de
profesionales está dedicado a enseñar constantemente a un contingente de
reclutas que cuando comienzan a saber algo se licencian, el actual sistema
de reclutamiento es lo mejor. Pero si lo que queremos són unas Fuerzas
Armadas modernas, eficaces, que sean capaces de proteger nuestros
intereses y ofrecernos seguridad, la mili obligatoria, por muy a la carta
que sea, no es lo más indicado 34 La incertidumbre en la que los occidentales se habían instalado plácidamente en estos tres últimos años ha acabado degenerando en impotencia funcional: las instituciones multinacionales cuyo man- dato era la defensa de la paz y la estabilidad en el continente solo se movilizan en defensa de sus competencias contra aquellas otras organizaciones que pretenden arrebatárselas. Que en la cumbre de Roma de la OTAN se hablara más de la Unión Europea Occidental (ÜEO) que de Yugoslavia no fue casual; que hoy se discuta más sobre el llamado "euroejército" y no sobre la paz, tampoco. Es éste el contexto en el que el gobierno de Felipe González refuerza
tanto su pertinaz retórica europeísta en lo defensivo como, más
sorprendentemente, su apoyo a la Alianza Atlántica. Con esta última se
prosigue en la firma de los acuerdos de coordinación, no importa que su
sentido se pierda en la noche de la guerra fría ni que cada día que pasa
tengamos menos que coordinar; con la defensa europea se asume la
contribución en el seno de la ÜEO y, parece, se quieren sumar unidades al
cuerpo de Ejército franco-alemán, aunque no está nada claro qué unidades
podrían efectivamente emplearse para ello ni a qué precio. En el estado
actual de nuestras Fuerzas Armadas, y sí no aumentan los recursos a
asignar, cualquier iniciativa exterior, aunque tan sólo fuera una brigada,
conllevaría la ruina y la canibalización del resto de las tropas. 35 El esfuerzo por crear instituciones integradas, de carácter permanente, es loable, pero ilusorio. Hundida la amenaza soviética, pocos intereses estratégicos movilizan al conjunto de los europeos simultáneamente. La cuestión es saber si aquello que nosotros, en tanto que país soberano, reconocemos como nuestros riesgos -eso que se dice escenarios estratégicos- pueden convertirse en globales y si, en ése caso, podemos contar con la ayuda de los demás, o si vamos a Vernos relativamente solos cuando se materialicen. La falta de esa perspectiva común es la clave para entender la parálisis de la OTAN , cuya nueva personalidad se debate entre la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE) y la nada. El problema no es que vivamos libres de riesgos y amenazas, desgraciadamente. El problema es qué ni las instituciones ni las políticas y estrategias sobre las qué sé han basado aquellas pueden funcionar para eliminar -o reducir- las inestabilidades de hoy. Si la OTAN función ó durante cuatro décadas fue porqué su política de
contención y disuasión se correspondía felizmente con las necesidades del
momento: garantizar a los planificadores del Kremlin que si ponían en
marcha sus planes agresivos y expansionistas, sólo conseguirían su propia
destruccíon. Y la OTAN contara 36 ¿Cuales són los peligros para nuestra seguridad ahora mismo? En primer lugar, la descomposición de la Unión Soviética, de la CEI y de Rusia; en segundo lugar, los hipernacionalismos; finalmente, la proliferación de sistemas de destrucción masiva en la periferia de Europa, particularmente en Oriente Medio y el Norte de África. Ante ninguno de ellos es válida la disuasión, piedra angular de la política y el pensamiento estratégico aliado. Por un lado, la descomposición de la ex-Unión Soviética y la segregación hipernacionalista són fenómenos inspirados por fuerzas y sentimientos que por su propia naturaleza no són disuadibles. La capacidad militar de la OTAN de nada vale para disuadir a armenios y azeríes de que sigan matándose mutuamente, como de nada ha valido frente a serbios y croatas. Sencillamente porque ése es un papel imposible de la disuasión, porque no puede haber disuasión sin implicación directa de quien conduce la amenaza de represalias, de quien tiene que disuadir. Y por fortuna, eso seguirá siendo así mientras las luchas sean periféricas y no afecten los intereses vitales de las principales potencias europeas. Potencias contra las que ninguno de estos estallidos o conflictos están dirigidos y cuya seguridad, por tanto, se ve sacudida por derivación y de manera indirecta. Del mismo modo, difícilmente puede detenerse la proliferación en la
ex-Unión Soviética, o la venta de material a terceros, o impedir que
comandantes de campo se sientan tentados de vitrificar a sus vecinos
incómodos, esgrimiente la amenaza occidental de volar Moscú, Crimea, o
cualquier otro punto de la CEI, la amenaza última de la disuasión ortodoxa
empleada durante estos años pasados 37 En segundo lugar -y esto es esencial para comprender los requerimientos de nuestra seguridad nacional- la disuasión puede muy bien no funcionar frente a líderes amenazantes desde el Sur. Durante cuatro décadas el mundo occidental ha vivido en la ilusión de que con la fuerza de la disuasión sobre la Unión Soviética se disua- día igualmente al resto del mundo. Hoy, tras la experiencia del Golfo, sabemos que no siempre es así, que hay culturas estratégicas que priman otros factores distintos del cálculo de fuerzas militares en presencia, de la valoración de costes y beneficios. Saddam Hussein no se sintió disuadido porque la coalición internacional
no supo encontrar con qué disuadirle: ¿aniquilando a sus subditos? Ya se
encarga él muy bien de hacerlo. ¿Echándole de Kuwait? Sigue todavía al
frente de Irak. Posiblemente lo único inaceptable para él hubiera sido la
desaparición de su base de poder, su país; o su vida. Pero ni siquiera eso
puede darse por seguro. No lo olvidemos: la concepción de la violencia, de
la vida, de la muerte, del sacrificio, en otras partes del mundo es muy
diferente a la que nos inspira nuestro judeo-cristianismo, y, en
consecuencia, las cosas que nosotros valoramos más -la vida misma- no
tienen por qué ser, En fín, que la disuasión puede fallar es algo para lo que, mal que
bien, todos los dirigentes se preparan psicológicamente. Que no se siga su
lógica es ya otro problema, particularmente grave cuando se trata de
países en el umbral de lo nuclear. Saddam no disponía de armas atómicas;
de haberlas poseído no es difícil imaginar una respuesta mundial distinta
a la que se dio a su agresión. 38 Ya lo señalamos antes, hoy se cuenta con serios indicios de que países como Corea del Norte, Irán, Libia y Argelia pretenden convertirse en potencias nucleares más temprano que tarde. De lo que no hay indicios es de que los líderes de estos países vayan a estar más cerca de la moderación mostrada por los grandes que del radicalismo de Bagdad. Por el contrario, todos ellos disponen de elementos internos que los vuelven inestables y, sobre todo, descontentos con su actual situación, nacional e internacional. Una bomba atómica en sus maños podría serles de una altísima utilidad política. Puede arguirse que la proliferación no es un problema tan grave, puesto que el mundo occidental ha vivido con una Unión Soviética nuclear, así como con China, también potencia atómica. Y que puesto que no es posible congelar el número de naciones del club nuclear, al menos el arsenal nuclear occidental podría servir como garante disuasivo frente a estos países. Sin embargo, no es un razonamiento fácilmente aceptable. En primer lugar asume que todos van a compartir la lógica disuasiva y olvida que estos países, a diferencia de la Unión Soviética, amenaza evidente y global, supondrían una amenaza claramente contra sus vecinos, pero desigual frente a alianzas o agrupaciones mayores. ¿Temería Noruega de igual forma que Italia una Libia con armas nucleares? Por otra parte, ¿se podría confiar en que las actuales potencias
nucleares occidentales extenderían su disuasión sobre el territorio de
terceros países frente a chantajes limitados? No puede olvidarse que la
tranquilidad de los europeos en lo concerniente al compromiso americano
con la defensa del continente tuvo que pasar durante cuarenta años por el
despliegue en pleno arco de crisis de un notable 39 La disuasión se ha caracterizado por su alto grado de racionalidad, siendo uno de sus requisitos que los actores entendieran bien las reglas y los componentes de dicho juego. Si atendemos no tanto al cómo de la proliferación en el Norte de África o en el Medio Oriente sino al por que, nada hace suponer que Trípoli, Argel o Teherán conciben la lógica nuclear tal y como se piensa en el mundo occidental. Es verdad que el mundo puede vivir con varias culturas estratégicas, lo
que no está tan claro es que el mundo pueda vivir con varias culturas
nucleares divergentes al mismo tiempo. Particular- mente en un momento en
el que el mundo occidental en general entra en una fase de
post-nuclearidad, en la que el recurso al arma atómica se juzga claramente
desproporcionado y condenable. Precisamente por estas vacilaciones
nucleares, las armas atómicas resultan muy atractivas para los países
pre-nucleares, puesto que cotí ellas pueden ejercer una fuerte disuasión
sobre los disuadibles, los occidentales, quienes por su parte, cada día
tienen menos valor para Así, si las armas de destrucción masiva, en particular las nucleares,
són las que más aterrorizan a los países ricos del hemisferio norte, al
mismo tiempo que són las que menos dispuestos están a utilizar, la
posesión por una potencia revolucionaria de unos pocos sistemas bastaría
para conferirle un gran poder, independientemente del tamaño del arsenal
nuclear al que se enfrentara. El balance de fuerzas se ha trocado
sutilmente en un balance de debilidades, siendo el psicológicamente más
débil (no necesariamente el que menos carros de combate, aviones y buques
posea) el abocado a la derrota. 40 Siendo exactos, de parte de Europa. En realidad, se muere en Yugoslavia y en muchos otros sitios, pero nosotros -y al igual que españoles, franceses, británicos y tantos otros- podemos seguir disfrutando de la paz, de la estabilidad relativa y a lo mejor, quién sabe, hasta de la integración europea. Y ésta es la segunda gran lección a sacar: la paz, en Europa, es hoy perfectamente divisible. Su mantenimiento es desigual según los intereses en juego y la proximidad a los conflictos abiertos. De ahí una tercera gran enseñanza. lo que hoy nos permite mantenernos
al margen a nosotros, puede muy bien hacer que La Historia siempre avanza hacia adelante, aunque el mundo, a veces,
no. En un momento donde la civilización y la barbarie són igualmente
posibles, la mejor defensa comienza por uno mismo, porque sólo siendo
razonablemente fuertes podremos cooperar y ayudar a los demás. Pero si el
gobierno continúa empeñado en desmantelar la defensa de nuestro país,
posiblemente conserve unos miles de votos, pero lo hará sobre el riesgo de
los demás.
Alberto Aguilera 7 - 6º Dcha. 28015 Madrid Telfs: +34 91 445 58 47/48 Fax: +34 91 445 74 89 INCIPE Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior INCIPE 2005. Todos los derechos reservados - All rights reserved Diseño
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